jueves, 8 de febrero de 2018

Le leyenda de la moneda de la suerte





La historia de una moneda cuya influencia hizo a un hombre inmensamente rico; poseedor de una gran fortuna, atribuyéndola tanta suerte a una moneda que guardaba celosamente.
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Le leyenda de la moneda de la suerte





La historia de una moneda cuya influencia hizo a un hombre inmensamente rico; poseedor de una gran fortuna, atribuyéndola tanta suerte a una moneda que guardaba celosamente.
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martes, 23 de enero de 2018

El animal más peligroso del mundo





El animal mas peligros del mundo, el el pequeño mosquito con millones de vidas a lo largo de los años, trasmitiendo enfermedades letales para los hpmbres.
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lunes, 22 de enero de 2018

HISTORIA DE AMOR, ESPERANZA Y BÚSQUEDA





La increíble historia de una mujer enferma de sus facultades mentales, la cual fue separada de su hijo y al que buscó incansablemente durante muchos años, bajo el sol y la lluvia, recorriendo  las calles una y otra vez.



Después de 25 años por azares del destino lo encontró convertido en todo un profesionista.
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martes, 16 de enero de 2018

Anciano se hace millonario con compra de bitcoin



Esta es la increíble historia de un anciano que es despedido por su falta de preparación y documentos oficiales; es indemnizado y con este dinero compra  miles de bitcoin, esto sucedió en el año 2009, ahora es un hombre muy rico que ha sabido incrementar su fortuna.
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sábado, 25 de noviembre de 2017

El árbol milagroso







La maravillosa historia de un árbol y su fruto capaz de curar todos los males del hombre; un árbol milagroso que sana a los enfermos, levanta a los tullidos y hace ver a los ciegos.
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jueves, 23 de noviembre de 2017

El modem mágico





El increíble modem mágico.



Es la historia de  como un hombre se encuentra frente a una tecnología  que le pareció cosa mágica.
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viernes, 17 de noviembre de 2017

El lapicero que te inspira a escribir





El bolígrafo mágico que ayuda a un hombre a escribir con talento. Una maldición o bendición  que llena a un  solitario hombre de una inspiración y un talento que nunca tuvo, logrando escribir grandes historias.
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martes, 23 de mayo de 2017

El cuidado del cuidador


Los cuidadores y cuidadoras saben que a medida que se extiende en el tiempo la tarea de cuidado su vida comienza a experimentar muchos cambios en distintas áreas de la vida. Es necesario que el cuidador esté preparado para atravesar por un proceso de ajuste que, la mayoría de las ocasiones, viene acompañado por tensiones y dificultades en los niveles individual y familiar. Resulta de gran importancia que el cuidador desarrolle estrategias y herramientas que le permitan afrontar los retos físicos, emocionales y sociales que implica esta tarea.

Cambios que se presentan en la tarea de cuidar

  • Cambios en las relaciones familiaresAunque muchas familias son muy unidas o se han relacionado a lo largo de su historia de convivencia de manera positiva, cuando se presenta una situación de dependencia de alguno de sus miembros se pueden generar tensiones y dificultades. Éstas están vinculadas a la forma en la que se toman decisiones respecto al cuidado o atención de la persona dependiente, a las actitudes de unos hacia otros o a la forma en la que se dividen o se distribuyen las tareas de cuidado. También es importante mencionar que cuando existe una persona dependiente en el hogar los gastos se incrementan y con ello también se pueden presentar fricciones en las familias.
    Algunos de los temas que generan mayor conflicto pueden ser:
    • ¿Dónde va a vivir la persona que requiere cuidados?
    • ¿Quién o quiénes serán los cuidadores primarios?
    • ¿Cómo se distribuirán los gastos?
    • ¿Cómo pueden apoyar quienes no serán cuidadores primarios?
    • ¿Quién o quiénes tienen una mayor responsabilidad?
    • ¿Qué pasa con la familia nuclear del cuidador o cuidadora?
    Es importante que, en la medida de lo posible, se hable, se externen puntos de vista y se traten de tomar decisiones por consenso debido a que no siempre todos estarán de acuerdo. Es importante que se promueva que todos los involucrados colaboren y que en el interior de la familia se comprenda que el cuidador o cuidadora primario, deberá tener un apoyo tan significativo y continuo como el de la persona dependiente. Debe apreciarse y reconocerse su labor en todo momento.
    Además, no se debe perder de vista que el cuidador o cuidadora puede tener una familia o una pareja que seguramente se verán afectadas por la nueva situación. Es importante que se promueva el uso de espacios de tiempo destinados exclusivamente a ellos. De lo contrario, pueden presentarse problemas adicionales como separaciones de pareja o rupturas familiares que podrían agobiar aún más al cuidador.
  • Cambios en el trabajo y en la situación económica:Para la mayoría de los cuidadores y cuidadoras es muy complicado combinar sus actividades laborales y las de cuidado. Esto se debe, por un lado, a que la demanda de tiempo y necesidades de la persona dependiente son muy abundantes. El cuidador muchas veces es quien tiene que acompañar a las citas médicas, a las terapias, hacerse cargo de la alimentación, etc. Estas actividades traen como consecuencia requerir permisos en el trabajo o incumplimiento de las obligaciones laborales. Es entonces cuando muchas y muchos cuidadores se ven en la necesidad de abandonar sus empleos para dedicar todo el tiempo a sus labores de cuidado. Por otro lado, también se puede presentar un conflicto emocional, pues el cuidador siente que abandona a su familiar cuando sale a trabajar y muchas veces esta presión también conduce al cuidador al abandono del empleo o a la disminución de la jornada laboral.
    Lo anterior implica una disminución de los ingresos familiares y, por consiguiente, una presión adicional, pues los gastos derivados de enfermedades y situaciones de dependencia tienden a elevarse mucho, lo que genera una situación adicional de estrés.
  • Cambios en el tiempo libreEl cuidado de otra persona implica mucha responsabilidad, exige mucho tiempo y mucha dedicación. Uno de los principales cambios en la dinámica de vida de los cuidadores es el hecho de que sus tiempos de ocio y recreación disminuyen o se extinguen e incluso, muchas veces, se alejan de amistades, actividades e intereses debido a su función de cuidado. Cuando estas situaciones no son consideradas y no se les da la importancia que tienen, es frecuente que el cuidador presente sentimientos de tristeza y aislamiento.
  • Cambios en la saludEs muy frecuente que los y las cuidadoras manifiesten sensación de cansancio físico y también refieran una precepción de deterioro continuo de su propio estado de salud a partir del inicio de sus actividades como cuidador. Desafortunadamente, no se trata de una “percepción”, es una realidad, pues cuando se comparan a personas que cuidan, con personas sin esa responsabilidad, las que cuidan tienen una peor salud. En este sentido, el desarrollo de habilidades de autocuidado es fundamental para evitar el deterioro del estado de salud.
  • Cambios en el estado de ánimoLa experiencia de cuidar, sobre todo cuando se trata de una persona a quien queremos o con quien hemos convivido por mucho tiempo, implica además un desgaste emocional que podría tener consecuencias psicológicas negativas. Algunos de los sentimientos que han referido los cuidadores con mayor frecuencia son:
    • Síntomas depresivos: tristeza, desesperación, indefensión, falta de esperanza
    • Enojo, enfado o irritabilidad
    • Ansiedad o preocupación
    • Culpa
    Es frecuente que al experimentar tantos cambios, nuevas responsabilidades, dolor, falta de tiempo libre, rupturas familiares, etc. el o la cuidadora comience a sentirse agobiado por estos sentimientos. Es muy importante que se desarrollen estrategias individuales, familiares e institucionales para proporcionar un soporte emocional que le permita seguir desempeñando sus actividades sin riesgo para él o ella o para la persona que cuida.
La satisfacción de cuidar
A pesar de todos los cambios y dificultades que hemos mencionado, cuidar puede ser una actividad que permita a la persona desarrollarse, ya sea por el hecho de aprender cosas nuevas, asumir retos, responsabilidades, enfrentar problemas, resolver conflictos o simplemente porque cuidar genera un sentimiento de satisfacción. Es importante que los y las cuidadoras logren mirar también todas esas cualidades de sí mismos que no conocían antes de comenzar a cuidar, las valoren y las desarrollen, pues esta experiencia también puede enriquecer a los seres humanos.
Signos de alarma
Es muy importante que la familia y el o la cuidadora estén conscientes sobre la existencia de riesgos para la integridad y la salud tanto de la persona que requiere cuidados como la del propio cuidador. Cuando los cambios familiares, físicos, emocionales, económicos, del uso del tiempo libre y de contacto con las redes de apoyo social se ven deteriorados y se afectan de manera constante, es posible que se pueda afectar de manera crónica e irreversible al cuidador. Es por ello que debemos tomar en cuenta y estar alerta ante los siguientes signos de alarma:
  • Trastornos de sueño (despertares continuos, problemas para conciliar el sueño, somnolencia, etc.)
  • Fatiga crónica (sensación de pérdida de energía, cansancio)
  • Aislamiento (evita reuniones, no habla por teléfono)
  • Consumo excesivo de sustancias como cafeína, alcohol o tabaco.
  • Consumo excesivo de medicamentos que pueden ser para el dolor o para dormir
  • Problemas físicos como molestias digestivas, dolores de espalda, temblores, dolor de cabeza constante, temblor de manos
  • Dificultades para concentrarse o para recordar datos
  • Aumento o disminución del apetito
  • Cambios frecuentes de humor: muy irritable o llora mucho
  • Falta o disminución del interés por cosas que eran objeto de interés en el pasado
  • Acciones repetitivas y exageradas como limpiar, recoger o lavar
  • Dar demasiada importancia a pequeños detalles
  • Dificultad para superar sentimientos de angustia, nerviosismo o tristeza
  • Propensión a sufrir accidentes
  • Incapacidad para admitir que la tarea de cuidado le afecta, incluso justificando el malestar en razón de situaciones ajenas

8.3 Plan de actividades

Sabemos que todos los días los cuidadores definen sus actividades y desempeñan sus labores de manera organizada. Sin embargo, muchas veces consideran como su prioridad principal el cuidado del otro y se dejan a sí mismos olvidados. Con la finalidad de evitar esta situación, te proponemos que cuando elabores un plan de actividades consideres los siguientes aspectos:
  • Jerarquiza.Todas las actividades que tengas que hacer y que te gustaría realizar deben ser organizadas en relación con su importancia. Haz dos columnas, una relacionada con la persona cuidada y otra contigo. Estima el tiempo que se requiere. Finalmente, combina ambas columnas. Probablemente no se podrá llevar a cabo todo hoy o esta semana, pero ya tienes la lista preparada y podrás intercalarlas cuando se disponga de tiempo.
  • Sé realista al planear. Tenemos que aceptar que no podremos satisfacer todas las necesidades de la persona que cuidamos, ni tampoco podremos complacer a toda la familia, a todos los amigos o a todas personas. Es necesario que analicemos qué tareas podemos realizar y nos corresponden y cuáles puede hacer la persona dependiente y el resto de la familia por sí mismos.
  • Aprende a delegar. Muchas veces el o la cuidadora manifiesta su inconformidad por la falta de tiempo o el exceso de responsabilidades, pero es muy cierto que muchas veces a pesar de que otras personas le ofrecen ayuda en diferentes tareas, el cuidador tiene la sensación de ser la única persona que podrá hacerlo bien. Es necesario que aprendas a delegar, que permitas que otras personas se responsabilicen, de otra forma, todo será mucho más agotador.
  • Busca, conoce y usa tus redes de apoyo. En la comunidad hay muchos grupos e instituciones que pueden apoyar a la mejor realización de la tarea de cuidado. Si tienes dudas, requieres capacitación o información, el ISSSTE te puede apoyar. También existen asociaciones civiles que brindan apoyo emocional o información relevante. No olvides que existen también asociaciones religiosas que dan soporte espiritual para quien requiere cuidado pero también para el cuidador.
  • Realiza una evaluación periódica. Recuerda que tu plan de actividades se puede modificar. Analízalo, revísalo y, si es necesario, haz las adecuaciones necesarias para que funcione lo mejor posible.
  • Toma tiempo de respiro. Incluye en tu plan espacios para ti, para el ocio, para realizar actividades fuera del ámbito de cuidado, por lo menos una vez a la semana, un día completo. Esto te permitirá descansar y separar de tus pensamientos la labor de cuidado un tiempo. No te sientas culpable, destinar tiempo para ti, beneficia a la persona que cuidas más de lo que te imaginas.

Derechos de los y las cuidadoras.

Tienen derecho a:
  • Recibir capacitación y orientación para el desempeño de sus actividades de cuidado
  • Conocer la importancia del autocuidado y a desarrollar habilidades para lograrlo
  • Recibir atención para el mantenimiento de su salud física, mental y social
  • Mantener una vida propia. Los y las cuidadoras no deben vivir para otros o por otros
  • Manifestar sus sentimientos, sean de alegría, de tristeza, de enojo, de ira o enfado por estar perdiendo o ver enfermo a un ser querido
  • Recibir ayuda instrumental, material, emocional y de información por parte de otros familiares, de la comunidad y de las instituciones
  • Ser tratados con dignidad y respeto
  • No padecer abusos ni explotación por parte de otros familiares
  • A decir “no” ante demandas poco realistas
  • Rechazar actitudes de manipulación por parte de quien cuidan o de la familia
  • A cometer errores y ser disculpados por ello
  • A recibir consideración, afecto, perdón y aceptación por lo que hacen por la persona querida a quien cuidan
  • Ser reconocidos como parte importante del equipo de salud y como miembros valiosos de la sociedad y de la familia
  • Formar o participar en grupos de ayuda mutua
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CUIDADOS ESPIRITUALES DEL ADULTO MAYOR


La Tanatología se encarga del estudio de la muerte y de las repercusiones del proceso de morir. En la etapa final de la vida tenemos la oportunidad de considerar al moribundo como lo que es, una persona con historia, que necesita compartir sus experiencias, sus angustias, temores, esperanzas y quien por supuesto habrá de dejarnos muchas enseñanzas.
Los que se sientan capaces de apoyar a los adultos mayores moribundos y a sus familiares descubrirán que es una experiencia mutuamente compensatoria. Entenderán el funcionamiento diverso que tiene la mente humana, conocerán aspectos de la conducta, únicos e irrepetibles, tendrán vivencias de las que saldrán enriquecidos y con menos ansiedad encararán su propia muerte o la de sus seres queridos.
En México la población de ancianos se incrementa día con día, un porcentaje de ellos cursa con enfermedades malignas y crónicas. El anciano no es sólo un conjunto de pérdidas acumuladas en el transcurso de su vida, aunque vive con facultades físicas disminuidas y con grandes limitaciones, puede enfrentar la soledad, el aislamiento y la angustia que le provoca la muerte. Cotidianamente y sin saberlo elabora “duelos”.
La muerte de un ser querido ocasiona uno de los más grandes sufrimientos en la vida, las reacciones ante tal evento son complejas. El duelo es un sentimiento de pérdida que hace sufrir, de manera común se conoce como “sentimiento de dolor”, y ante él huimos o tratamos de huir. En el proceso del duelo y ante la pérdida real del ser querido, hay el deseo vehemente de que no hubiera sucedido tal desgracia por el amor que se le tenía a esa persona, aunque se tenga la clara conciencia de que ha muerto y ha desaparecido para siempre y se sepa con certeza que no va a resucitar.
Un duelo incompleto o reprimido es anormal y conduce inexorablemente a la depresión, hay pérdida de la autoestima (el individuo no se siente bien consigo mismo), el sujeto tiende a auto-reprocharse y castigarse, sin que pueda reconocer claramente la causa de su abatimiento.
El duelo tiene como finalidad que el sobreviviente se adapte a la pérdida y continúe su vida, viviéndola a plenitud. La labor del promotor será detectar las características que tiene el duelo y fomentar que tanto el enfermo como el familiar manifiesten verbal y actitudinalmente su rabia, enojo y sentimientos que marcan el inicio de un duelo normal.
Sabemos del miedo que provoca la muerte, ciertamente es un acontecimiento aterrador y estremecedor; sin embargo, en los últimos años se ha tomado conciencia de la necesidad de comprender los problemas que aquejan a los moribundos y se encara la muerte de manera distinta. Sabemos que hablar de ella es desagradable porque le tememos y nos resulta muy difícil y triste imaginar el fin de nuestra propia vida, pero el temor no puede evitarla y resultará mucho más sencillo aceptar nuestro fin si se nos brinda ayuda, por tal motivo y para cumplir con su función de manera adecuada el promotor debe aceptar y reconocer su propio miedo.
Por ejemplo, un hombre y una mujer podrán llevar años peleándose, pero cuando muere uno de los dos, quien sobrevive sufre por la pérdida, llora y se llena de arrepentimiento, miedo y angustia, es a partir de la muerte de su pareja que teme su propia muerte más que antes.
La vergüenza y la culpabilidad no están alejadas de la cólera y la rabia que se sienten cuando enferma un familiar o uno mismo. El proceso de dolor siempre lleva consigo algo de ira y con esto el promotor aprenderá a admitir su propio enojo y dolor.
La forma de comportarse y aceptar la muerte ha cambiado. Ahora se habla de que el moribundo y la familia deben integrarse para hacerle frente de mejor manera, desterrando que la muerte es un miedo universal. Así como se ha modificado el hecho de morir, ha mejorado el trato con los individuos moribundos, a quienes se les brinda la oportunidad de despedirse y ponerse en bien con sus seres queridos, de comer o beber lo que deseen, de que arreglen sus asuntos pendientes. A los familiares se les debe invitar para que participen en los preparativos y resuelvan los conflictos. Antes de que muera su familiar, deben acompañarlo y reconfortarlo. El papel de la persona que brinde apoyo tanatológico es mostrar su sensibilidad y capacidad humana, facilitar el desenlace ayudando al individuo moribundo, con esto la familia aceptará más fácilmente la pérdida, y para el promotor será muy reconfortante el saberse y sentirse útil.
El individuo debe terminar su existencia en un ambiente familiar lleno de calidez, morir en su propia casa en paz y con dignidad, es el fin que se persigue y es labor del promotor de salud gerontológico ayudar a encarar la muerte con tranquilidad, tratar al moribundo como persona, nunca como cosa, y procurar su descanso y serenidad.
La persona que brinde apoyo tanatológico respetará los principios bioéticos y morales de justicia, beneficencia (buscar el bien del paciente) no maleficencia (nunca dañar) y autonomía (decisión del individuo que sólo a él compete), así como privilegiar los valores de respeto, confidencialidad y confianza.
Apoyará a quienes sufren la muerte de un ser querido o tienen una pérdida entrañable para que elaboren adecuadamente su “duelo”, que es una emoción normal. La depresión siempre será patológica, por lo que se debe reconocer cuando ésta se presente y sus manifestaciones son: sensación de abatimiento, falta de interés por la vida y por el mundo, pérdida de la seguridad, dolor opresivo en el pecho con sensación de vacío, ardor y pesantez en los ojos e inmensas ganas de llorar la pena.
Las personas que brinden apoyo tanatológico deberán tener los conocimientos sobre las diferentes etapas de duelo que se experimentan no sólo cuando fallece una persona, sino cuando se atiende a un adulto mayor en etapa terminal, con el fin de cumplir con los siguientes objetivos:
  • Brindar asistencia familiar como parte de la atención a un enfermo terminal.
  • Respetar las creencias religiosas y espirituales del paciente y su familia durante el apoyo tanatológico.
  • Proporcionar asesoría legal, sobre todo en lo relativo al testamento.
El miedo a la muerte (por todo lo que desconocemos de ella) es inherente al ser humano. La persona que brinde apoyo tanatológico deberá aprender como afecta la muerte extrapersonal (ajena y lejana), interpersonal (que se relaciona con él) e intrapersonal (dentro de él) para poder encarar su propia muerte y así poder ayudar a los demás.
La persona que brinde apoyo tanatológico debe aceptar la muerte como una experiencia natural de la que se puede hablar y logrará un acercamiento afectivo y efectivo con el individuo en fase terminal, así como con los familiares.
Cuando una persona muere, los sobrevivientes elaboran un “duelo”, que es la reacción ante la pérdida del familiar. La persona que brinde apoyo tanatológico deberá conocer las actitudes con respecto a la muerte y al moribundo. El proceso de “duelo” por lo general consta de cinco fases:
  • Negación. Es la etapa en la que no se acepta la idea de que murió o morirá una persona allegada. Tiene diferentes manifestaciones como son la apatía, la disminución de la comunicación oral y el aislamiento. Hay perturbación emocional e intelectual.
  • Ira o enojo. Son manifestaciones con agresión verbal para los que nos rodean. Hay molestia y se comienza por preguntar ¿por qué a mí? Hay miedo para tomar decisiones y acerca de lo que vendrá.
  • Negociación. Se adopta un comportamiento diferente, empieza el arrepentimiento, se desea con anhelo un poco más de tiempo (vida) para enmendar lo que haya que enmendar, se busca auxilio de todos tipos, algo “milagroso” que cure la enfermedad; llegada la muerte, los familiares dejarán la negociación y encararán la realidad.
  • Depresión. Incluye sentimientos de desamparo, pérdida de la esperanza, impotencia, tristeza, decepción y soledad. La persona deprimida suele alejarse de la gente y de todo tipo de actividad, no tiene interés por nada, sufre en ocasiones de malestares físicos y cansancio.
  • Aceptación. Es la etapa concluyente, se acepta la realidad de la pérdida, se deja de idealizar a la persona muerta y se comienzan a hacer nuevos planes para el futuro, se considera que en este momento el moribundo y el familiar aceptan la pérdida con resignación y se genera la esperanza.
La labor del promotor es cambiar la percepción que se tiene de la muerte y facilitar que se tome como la culminación natural del proceso de vida, lo que cambiará su mentalidad y forma de valorarla. Por tal motivo, debe cumplir con las siguientes funciones:
  • Aprender a acompañar a quienes sienten la cercanía de la muerte, apoyar a los familiares y amigos ya que tiene las herramientas para lograrlo.
  • Orientar a los familiares acerca de la atención que el paciente necesita, transmitiendo sentimientos de protección y pertenencia al grupo familiar.
  • Fomentar la libertad de expresión y la toma de decisiones del paciente y sus familiares
  • Ayudar a “sanear los pendientes” y malos entendidos, a que se disipen los rencores (si los hay), a que se expresen y exterioricen los sentimientos que llevan a generar una sensación de paz interior tanto al moribundo como a sus allegados.
  • Apoyar a los adultos mayores en la búsqueda de la solución de aquellos asuntos que va dejando la vida en relación con los demás, tales como viejos rencores familiares, la solución de malos entendidos, el reconocimiento de deudas, la revelación de “secretos familiares”, el reconocimiento de “culpas” y todo aquello que la persona considere que quisiera arreglar para lograr la paz interior.
  • Apoyar en los asuntos legales, sobre todo el testamento, y de ser posible dejar los bienes en vida.
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