sábado, 25 de noviembre de 2017

El árbol milagroso







La maravillosa historia de un árbol y su fruto capaz de curar todos los males del hombre; un árbol milagroso que sana a los enfermos, levanta a los tullidos y hace ver a los ciegos.
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jueves, 23 de noviembre de 2017

El modem mágico





El increíble modem mágico.



Es la historia de  como un hombre se encuentra frente a una tecnología  que le pareció cosa mágica.
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viernes, 17 de noviembre de 2017

El lapicero que te inspira a escribir





El bolígrafo mágico que ayuda a un hombre a escribir con talento. Una maldición o bendición  que llena a un  solitario hombre de una inspiración y un talento que nunca tuvo, logrando escribir grandes historias.
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martes, 23 de mayo de 2017

El cuidado del cuidador


Los cuidadores y cuidadoras saben que a medida que se extiende en el tiempo la tarea de cuidado su vida comienza a experimentar muchos cambios en distintas áreas de la vida. Es necesario que el cuidador esté preparado para atravesar por un proceso de ajuste que, la mayoría de las ocasiones, viene acompañado por tensiones y dificultades en los niveles individual y familiar. Resulta de gran importancia que el cuidador desarrolle estrategias y herramientas que le permitan afrontar los retos físicos, emocionales y sociales que implica esta tarea.

Cambios que se presentan en la tarea de cuidar

  • Cambios en las relaciones familiaresAunque muchas familias son muy unidas o se han relacionado a lo largo de su historia de convivencia de manera positiva, cuando se presenta una situación de dependencia de alguno de sus miembros se pueden generar tensiones y dificultades. Éstas están vinculadas a la forma en la que se toman decisiones respecto al cuidado o atención de la persona dependiente, a las actitudes de unos hacia otros o a la forma en la que se dividen o se distribuyen las tareas de cuidado. También es importante mencionar que cuando existe una persona dependiente en el hogar los gastos se incrementan y con ello también se pueden presentar fricciones en las familias.
    Algunos de los temas que generan mayor conflicto pueden ser:
    • ¿Dónde va a vivir la persona que requiere cuidados?
    • ¿Quién o quiénes serán los cuidadores primarios?
    • ¿Cómo se distribuirán los gastos?
    • ¿Cómo pueden apoyar quienes no serán cuidadores primarios?
    • ¿Quién o quiénes tienen una mayor responsabilidad?
    • ¿Qué pasa con la familia nuclear del cuidador o cuidadora?
    Es importante que, en la medida de lo posible, se hable, se externen puntos de vista y se traten de tomar decisiones por consenso debido a que no siempre todos estarán de acuerdo. Es importante que se promueva que todos los involucrados colaboren y que en el interior de la familia se comprenda que el cuidador o cuidadora primario, deberá tener un apoyo tan significativo y continuo como el de la persona dependiente. Debe apreciarse y reconocerse su labor en todo momento.
    Además, no se debe perder de vista que el cuidador o cuidadora puede tener una familia o una pareja que seguramente se verán afectadas por la nueva situación. Es importante que se promueva el uso de espacios de tiempo destinados exclusivamente a ellos. De lo contrario, pueden presentarse problemas adicionales como separaciones de pareja o rupturas familiares que podrían agobiar aún más al cuidador.
  • Cambios en el trabajo y en la situación económica:Para la mayoría de los cuidadores y cuidadoras es muy complicado combinar sus actividades laborales y las de cuidado. Esto se debe, por un lado, a que la demanda de tiempo y necesidades de la persona dependiente son muy abundantes. El cuidador muchas veces es quien tiene que acompañar a las citas médicas, a las terapias, hacerse cargo de la alimentación, etc. Estas actividades traen como consecuencia requerir permisos en el trabajo o incumplimiento de las obligaciones laborales. Es entonces cuando muchas y muchos cuidadores se ven en la necesidad de abandonar sus empleos para dedicar todo el tiempo a sus labores de cuidado. Por otro lado, también se puede presentar un conflicto emocional, pues el cuidador siente que abandona a su familiar cuando sale a trabajar y muchas veces esta presión también conduce al cuidador al abandono del empleo o a la disminución de la jornada laboral.
    Lo anterior implica una disminución de los ingresos familiares y, por consiguiente, una presión adicional, pues los gastos derivados de enfermedades y situaciones de dependencia tienden a elevarse mucho, lo que genera una situación adicional de estrés.
  • Cambios en el tiempo libreEl cuidado de otra persona implica mucha responsabilidad, exige mucho tiempo y mucha dedicación. Uno de los principales cambios en la dinámica de vida de los cuidadores es el hecho de que sus tiempos de ocio y recreación disminuyen o se extinguen e incluso, muchas veces, se alejan de amistades, actividades e intereses debido a su función de cuidado. Cuando estas situaciones no son consideradas y no se les da la importancia que tienen, es frecuente que el cuidador presente sentimientos de tristeza y aislamiento.
  • Cambios en la saludEs muy frecuente que los y las cuidadoras manifiesten sensación de cansancio físico y también refieran una precepción de deterioro continuo de su propio estado de salud a partir del inicio de sus actividades como cuidador. Desafortunadamente, no se trata de una “percepción”, es una realidad, pues cuando se comparan a personas que cuidan, con personas sin esa responsabilidad, las que cuidan tienen una peor salud. En este sentido, el desarrollo de habilidades de autocuidado es fundamental para evitar el deterioro del estado de salud.
  • Cambios en el estado de ánimoLa experiencia de cuidar, sobre todo cuando se trata de una persona a quien queremos o con quien hemos convivido por mucho tiempo, implica además un desgaste emocional que podría tener consecuencias psicológicas negativas. Algunos de los sentimientos que han referido los cuidadores con mayor frecuencia son:
    • Síntomas depresivos: tristeza, desesperación, indefensión, falta de esperanza
    • Enojo, enfado o irritabilidad
    • Ansiedad o preocupación
    • Culpa
    Es frecuente que al experimentar tantos cambios, nuevas responsabilidades, dolor, falta de tiempo libre, rupturas familiares, etc. el o la cuidadora comience a sentirse agobiado por estos sentimientos. Es muy importante que se desarrollen estrategias individuales, familiares e institucionales para proporcionar un soporte emocional que le permita seguir desempeñando sus actividades sin riesgo para él o ella o para la persona que cuida.
La satisfacción de cuidar
A pesar de todos los cambios y dificultades que hemos mencionado, cuidar puede ser una actividad que permita a la persona desarrollarse, ya sea por el hecho de aprender cosas nuevas, asumir retos, responsabilidades, enfrentar problemas, resolver conflictos o simplemente porque cuidar genera un sentimiento de satisfacción. Es importante que los y las cuidadoras logren mirar también todas esas cualidades de sí mismos que no conocían antes de comenzar a cuidar, las valoren y las desarrollen, pues esta experiencia también puede enriquecer a los seres humanos.
Signos de alarma
Es muy importante que la familia y el o la cuidadora estén conscientes sobre la existencia de riesgos para la integridad y la salud tanto de la persona que requiere cuidados como la del propio cuidador. Cuando los cambios familiares, físicos, emocionales, económicos, del uso del tiempo libre y de contacto con las redes de apoyo social se ven deteriorados y se afectan de manera constante, es posible que se pueda afectar de manera crónica e irreversible al cuidador. Es por ello que debemos tomar en cuenta y estar alerta ante los siguientes signos de alarma:
  • Trastornos de sueño (despertares continuos, problemas para conciliar el sueño, somnolencia, etc.)
  • Fatiga crónica (sensación de pérdida de energía, cansancio)
  • Aislamiento (evita reuniones, no habla por teléfono)
  • Consumo excesivo de sustancias como cafeína, alcohol o tabaco.
  • Consumo excesivo de medicamentos que pueden ser para el dolor o para dormir
  • Problemas físicos como molestias digestivas, dolores de espalda, temblores, dolor de cabeza constante, temblor de manos
  • Dificultades para concentrarse o para recordar datos
  • Aumento o disminución del apetito
  • Cambios frecuentes de humor: muy irritable o llora mucho
  • Falta o disminución del interés por cosas que eran objeto de interés en el pasado
  • Acciones repetitivas y exageradas como limpiar, recoger o lavar
  • Dar demasiada importancia a pequeños detalles
  • Dificultad para superar sentimientos de angustia, nerviosismo o tristeza
  • Propensión a sufrir accidentes
  • Incapacidad para admitir que la tarea de cuidado le afecta, incluso justificando el malestar en razón de situaciones ajenas

8.3 Plan de actividades

Sabemos que todos los días los cuidadores definen sus actividades y desempeñan sus labores de manera organizada. Sin embargo, muchas veces consideran como su prioridad principal el cuidado del otro y se dejan a sí mismos olvidados. Con la finalidad de evitar esta situación, te proponemos que cuando elabores un plan de actividades consideres los siguientes aspectos:
  • Jerarquiza.Todas las actividades que tengas que hacer y que te gustaría realizar deben ser organizadas en relación con su importancia. Haz dos columnas, una relacionada con la persona cuidada y otra contigo. Estima el tiempo que se requiere. Finalmente, combina ambas columnas. Probablemente no se podrá llevar a cabo todo hoy o esta semana, pero ya tienes la lista preparada y podrás intercalarlas cuando se disponga de tiempo.
  • Sé realista al planear. Tenemos que aceptar que no podremos satisfacer todas las necesidades de la persona que cuidamos, ni tampoco podremos complacer a toda la familia, a todos los amigos o a todas personas. Es necesario que analicemos qué tareas podemos realizar y nos corresponden y cuáles puede hacer la persona dependiente y el resto de la familia por sí mismos.
  • Aprende a delegar. Muchas veces el o la cuidadora manifiesta su inconformidad por la falta de tiempo o el exceso de responsabilidades, pero es muy cierto que muchas veces a pesar de que otras personas le ofrecen ayuda en diferentes tareas, el cuidador tiene la sensación de ser la única persona que podrá hacerlo bien. Es necesario que aprendas a delegar, que permitas que otras personas se responsabilicen, de otra forma, todo será mucho más agotador.
  • Busca, conoce y usa tus redes de apoyo. En la comunidad hay muchos grupos e instituciones que pueden apoyar a la mejor realización de la tarea de cuidado. Si tienes dudas, requieres capacitación o información, el ISSSTE te puede apoyar. También existen asociaciones civiles que brindan apoyo emocional o información relevante. No olvides que existen también asociaciones religiosas que dan soporte espiritual para quien requiere cuidado pero también para el cuidador.
  • Realiza una evaluación periódica. Recuerda que tu plan de actividades se puede modificar. Analízalo, revísalo y, si es necesario, haz las adecuaciones necesarias para que funcione lo mejor posible.
  • Toma tiempo de respiro. Incluye en tu plan espacios para ti, para el ocio, para realizar actividades fuera del ámbito de cuidado, por lo menos una vez a la semana, un día completo. Esto te permitirá descansar y separar de tus pensamientos la labor de cuidado un tiempo. No te sientas culpable, destinar tiempo para ti, beneficia a la persona que cuidas más de lo que te imaginas.

Derechos de los y las cuidadoras.

Tienen derecho a:
  • Recibir capacitación y orientación para el desempeño de sus actividades de cuidado
  • Conocer la importancia del autocuidado y a desarrollar habilidades para lograrlo
  • Recibir atención para el mantenimiento de su salud física, mental y social
  • Mantener una vida propia. Los y las cuidadoras no deben vivir para otros o por otros
  • Manifestar sus sentimientos, sean de alegría, de tristeza, de enojo, de ira o enfado por estar perdiendo o ver enfermo a un ser querido
  • Recibir ayuda instrumental, material, emocional y de información por parte de otros familiares, de la comunidad y de las instituciones
  • Ser tratados con dignidad y respeto
  • No padecer abusos ni explotación por parte de otros familiares
  • A decir “no” ante demandas poco realistas
  • Rechazar actitudes de manipulación por parte de quien cuidan o de la familia
  • A cometer errores y ser disculpados por ello
  • A recibir consideración, afecto, perdón y aceptación por lo que hacen por la persona querida a quien cuidan
  • Ser reconocidos como parte importante del equipo de salud y como miembros valiosos de la sociedad y de la familia
  • Formar o participar en grupos de ayuda mutua
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CUIDADOS ESPIRITUALES DEL ADULTO MAYOR


La Tanatología se encarga del estudio de la muerte y de las repercusiones del proceso de morir. En la etapa final de la vida tenemos la oportunidad de considerar al moribundo como lo que es, una persona con historia, que necesita compartir sus experiencias, sus angustias, temores, esperanzas y quien por supuesto habrá de dejarnos muchas enseñanzas.
Los que se sientan capaces de apoyar a los adultos mayores moribundos y a sus familiares descubrirán que es una experiencia mutuamente compensatoria. Entenderán el funcionamiento diverso que tiene la mente humana, conocerán aspectos de la conducta, únicos e irrepetibles, tendrán vivencias de las que saldrán enriquecidos y con menos ansiedad encararán su propia muerte o la de sus seres queridos.
En México la población de ancianos se incrementa día con día, un porcentaje de ellos cursa con enfermedades malignas y crónicas. El anciano no es sólo un conjunto de pérdidas acumuladas en el transcurso de su vida, aunque vive con facultades físicas disminuidas y con grandes limitaciones, puede enfrentar la soledad, el aislamiento y la angustia que le provoca la muerte. Cotidianamente y sin saberlo elabora “duelos”.
La muerte de un ser querido ocasiona uno de los más grandes sufrimientos en la vida, las reacciones ante tal evento son complejas. El duelo es un sentimiento de pérdida que hace sufrir, de manera común se conoce como “sentimiento de dolor”, y ante él huimos o tratamos de huir. En el proceso del duelo y ante la pérdida real del ser querido, hay el deseo vehemente de que no hubiera sucedido tal desgracia por el amor que se le tenía a esa persona, aunque se tenga la clara conciencia de que ha muerto y ha desaparecido para siempre y se sepa con certeza que no va a resucitar.
Un duelo incompleto o reprimido es anormal y conduce inexorablemente a la depresión, hay pérdida de la autoestima (el individuo no se siente bien consigo mismo), el sujeto tiende a auto-reprocharse y castigarse, sin que pueda reconocer claramente la causa de su abatimiento.
El duelo tiene como finalidad que el sobreviviente se adapte a la pérdida y continúe su vida, viviéndola a plenitud. La labor del promotor será detectar las características que tiene el duelo y fomentar que tanto el enfermo como el familiar manifiesten verbal y actitudinalmente su rabia, enojo y sentimientos que marcan el inicio de un duelo normal.
Sabemos del miedo que provoca la muerte, ciertamente es un acontecimiento aterrador y estremecedor; sin embargo, en los últimos años se ha tomado conciencia de la necesidad de comprender los problemas que aquejan a los moribundos y se encara la muerte de manera distinta. Sabemos que hablar de ella es desagradable porque le tememos y nos resulta muy difícil y triste imaginar el fin de nuestra propia vida, pero el temor no puede evitarla y resultará mucho más sencillo aceptar nuestro fin si se nos brinda ayuda, por tal motivo y para cumplir con su función de manera adecuada el promotor debe aceptar y reconocer su propio miedo.
Por ejemplo, un hombre y una mujer podrán llevar años peleándose, pero cuando muere uno de los dos, quien sobrevive sufre por la pérdida, llora y se llena de arrepentimiento, miedo y angustia, es a partir de la muerte de su pareja que teme su propia muerte más que antes.
La vergüenza y la culpabilidad no están alejadas de la cólera y la rabia que se sienten cuando enferma un familiar o uno mismo. El proceso de dolor siempre lleva consigo algo de ira y con esto el promotor aprenderá a admitir su propio enojo y dolor.
La forma de comportarse y aceptar la muerte ha cambiado. Ahora se habla de que el moribundo y la familia deben integrarse para hacerle frente de mejor manera, desterrando que la muerte es un miedo universal. Así como se ha modificado el hecho de morir, ha mejorado el trato con los individuos moribundos, a quienes se les brinda la oportunidad de despedirse y ponerse en bien con sus seres queridos, de comer o beber lo que deseen, de que arreglen sus asuntos pendientes. A los familiares se les debe invitar para que participen en los preparativos y resuelvan los conflictos. Antes de que muera su familiar, deben acompañarlo y reconfortarlo. El papel de la persona que brinde apoyo tanatológico es mostrar su sensibilidad y capacidad humana, facilitar el desenlace ayudando al individuo moribundo, con esto la familia aceptará más fácilmente la pérdida, y para el promotor será muy reconfortante el saberse y sentirse útil.
El individuo debe terminar su existencia en un ambiente familiar lleno de calidez, morir en su propia casa en paz y con dignidad, es el fin que se persigue y es labor del promotor de salud gerontológico ayudar a encarar la muerte con tranquilidad, tratar al moribundo como persona, nunca como cosa, y procurar su descanso y serenidad.
La persona que brinde apoyo tanatológico respetará los principios bioéticos y morales de justicia, beneficencia (buscar el bien del paciente) no maleficencia (nunca dañar) y autonomía (decisión del individuo que sólo a él compete), así como privilegiar los valores de respeto, confidencialidad y confianza.
Apoyará a quienes sufren la muerte de un ser querido o tienen una pérdida entrañable para que elaboren adecuadamente su “duelo”, que es una emoción normal. La depresión siempre será patológica, por lo que se debe reconocer cuando ésta se presente y sus manifestaciones son: sensación de abatimiento, falta de interés por la vida y por el mundo, pérdida de la seguridad, dolor opresivo en el pecho con sensación de vacío, ardor y pesantez en los ojos e inmensas ganas de llorar la pena.
Las personas que brinden apoyo tanatológico deberán tener los conocimientos sobre las diferentes etapas de duelo que se experimentan no sólo cuando fallece una persona, sino cuando se atiende a un adulto mayor en etapa terminal, con el fin de cumplir con los siguientes objetivos:
  • Brindar asistencia familiar como parte de la atención a un enfermo terminal.
  • Respetar las creencias religiosas y espirituales del paciente y su familia durante el apoyo tanatológico.
  • Proporcionar asesoría legal, sobre todo en lo relativo al testamento.
El miedo a la muerte (por todo lo que desconocemos de ella) es inherente al ser humano. La persona que brinde apoyo tanatológico deberá aprender como afecta la muerte extrapersonal (ajena y lejana), interpersonal (que se relaciona con él) e intrapersonal (dentro de él) para poder encarar su propia muerte y así poder ayudar a los demás.
La persona que brinde apoyo tanatológico debe aceptar la muerte como una experiencia natural de la que se puede hablar y logrará un acercamiento afectivo y efectivo con el individuo en fase terminal, así como con los familiares.
Cuando una persona muere, los sobrevivientes elaboran un “duelo”, que es la reacción ante la pérdida del familiar. La persona que brinde apoyo tanatológico deberá conocer las actitudes con respecto a la muerte y al moribundo. El proceso de “duelo” por lo general consta de cinco fases:
  • Negación. Es la etapa en la que no se acepta la idea de que murió o morirá una persona allegada. Tiene diferentes manifestaciones como son la apatía, la disminución de la comunicación oral y el aislamiento. Hay perturbación emocional e intelectual.
  • Ira o enojo. Son manifestaciones con agresión verbal para los que nos rodean. Hay molestia y se comienza por preguntar ¿por qué a mí? Hay miedo para tomar decisiones y acerca de lo que vendrá.
  • Negociación. Se adopta un comportamiento diferente, empieza el arrepentimiento, se desea con anhelo un poco más de tiempo (vida) para enmendar lo que haya que enmendar, se busca auxilio de todos tipos, algo “milagroso” que cure la enfermedad; llegada la muerte, los familiares dejarán la negociación y encararán la realidad.
  • Depresión. Incluye sentimientos de desamparo, pérdida de la esperanza, impotencia, tristeza, decepción y soledad. La persona deprimida suele alejarse de la gente y de todo tipo de actividad, no tiene interés por nada, sufre en ocasiones de malestares físicos y cansancio.
  • Aceptación. Es la etapa concluyente, se acepta la realidad de la pérdida, se deja de idealizar a la persona muerta y se comienzan a hacer nuevos planes para el futuro, se considera que en este momento el moribundo y el familiar aceptan la pérdida con resignación y se genera la esperanza.
La labor del promotor es cambiar la percepción que se tiene de la muerte y facilitar que se tome como la culminación natural del proceso de vida, lo que cambiará su mentalidad y forma de valorarla. Por tal motivo, debe cumplir con las siguientes funciones:
  • Aprender a acompañar a quienes sienten la cercanía de la muerte, apoyar a los familiares y amigos ya que tiene las herramientas para lograrlo.
  • Orientar a los familiares acerca de la atención que el paciente necesita, transmitiendo sentimientos de protección y pertenencia al grupo familiar.
  • Fomentar la libertad de expresión y la toma de decisiones del paciente y sus familiares
  • Ayudar a “sanear los pendientes” y malos entendidos, a que se disipen los rencores (si los hay), a que se expresen y exterioricen los sentimientos que llevan a generar una sensación de paz interior tanto al moribundo como a sus allegados.
  • Apoyar a los adultos mayores en la búsqueda de la solución de aquellos asuntos que va dejando la vida en relación con los demás, tales como viejos rencores familiares, la solución de malos entendidos, el reconocimiento de deudas, la revelación de “secretos familiares”, el reconocimiento de “culpas” y todo aquello que la persona considere que quisiera arreglar para lograr la paz interior.
  • Apoyar en los asuntos legales, sobre todo el testamento, y de ser posible dejar los bienes en vida.
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CUIDADOS AMBIENTALES


 Introducción
Los cuidados ambientales en la vejez son fundamentales para mantener la salud, bienestar y calidad de vida, sobre todo por el mayor riesgo de contraer enfermedades infecciosas. La higiene ambiental se refiere a la limpieza del hogar y del entorno para evitar el contacto con basura, contaminantes, excretas y parásitos de animales.
Higiene ambiental
Se debe mantener limpio el lugar en donde vive el adulto mayor, acorde con los siguientes lineamientos:
  • Barrer diariamente la casa (recámara, patio y banqueta de la calle).
  • Lavar con agua y jabón (trapear) los pisos de recámaras, sala, cocina y patios cada tercer día.
  • Lavar el baño de una a dos veces por semana.
  • Si tiene perro, recoger las heces al momento que evacúe y lavar el lugar donde transita cada tercer día, además bañarlo cada semana.
  • Si tiene otros animales domésticos debe mantener limpio el sitio en donde los tiene recluidos.
  • Mantener el agua y los alimentos siempre cubiertos y fuera del alcance de los animales.
  • Inicio
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Cuidados ambientales
6.1 CUIDADOS AMBIENTALES

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CUIDADOS PSICOLÓGICOS Y SOCIALES DEL ADULTO MAYOR


Introducción

Se ha demostrado que el control inadecuado de las enfermedades crónicas en la vejez, repercute negativamente en la funcionalidad física, mental y social, afectando la imagen que tiene el anciano de sí mismo y por consiguiente la autoestima, generando un círculo vicioso respecto al proceso de salud, enfermedad y bienestar.
Las causas de tipo psicosocial que afectan con mayor frecuencia a las personas con algún grado de dependencia son las pérdidas físicas, de estatus, exclusión o falta de oportunidades sociales, pérdida de autoridad, de autonomía, entre otras. Algunos ejemplos son:
  • Muerte del cónyuge o pérdida de los hijos. La muerte de alguno de los hijos o del cónyuge significa una pérdida muy significativa donde los sentimientos son devastadores.
  • La percepción de control en los ancianos. Los conceptos de autoeficacia y de percepción de control se encuentran estrechamente ligados y son los elementos más eficaces para afrontar problemas y circunstancias concretas. El control es concebido en función del grado de contingencia entre una respuesta y sus resultados, se refiere a la creencia que el sujeto tiene para disponer de la respuesta oportuna y adecuada que le permitirle influir sobre los aspectos aversivos de un suceso o una situación, para que la percepción de control sea efectiva no hay necesidad de que el control sea real o ejercitado, sino tan sólo de que el individuo crea poseerlo.
  • Pérdida de la autonomía y dependencia. Un anciano podrá tener sus funciones biológicas y cognitivas enlentecidas o mermadas, puede tener problemas de comprensión, de orientación, de elaboración de una respuesta coherente, etc., pero estos déficits no tienen por qué invalidarle totalmente para tomar decisiones autónomas.
  • Soledad y aislamiento. Resulta muy difícil para muchas personas el adaptarse a estar solos, sin embargo, para las personas adultas mayores resulta aún más difícil sobre todo cuando han perdido a su pareja o sus hijos que han fallecido o se han ido poco a poco del hogar.
  • Institucionalización. Con respecto a las personas adultas mayores que han sido institucionalizadas, se puede decir que la mayoría poseen una autoestima pobre, en comparación con la de los que viven con sus familiares, ya que tienen una mayor degradación y unas menores expectativas con respecto a su posible capacidad para enfrentarse con sus circunstancias y con el mundo exterior.
Un ejemplo de los motivos del descenso de la autoestima de los ancianos institucionalizados son los siguientes:
  • Disminuye el sentimiento de poder controlar sus propias vidas, ya que el internamiento presupone la pérdida de la independencia.
  • Interpretan la institucionalización como una demostración del rechazo y el abandono de sus familiares y la pérdida del papel social. Se enfrentan con la idea de su propia muerte, debido a que el traslado lo suelen ver como el último cambio que realizarán antes de morir, lo que genera miedo, hostilidad hacia su persona o hacia los demás.
    importante señalar que más que la institucionalización, inciden en la disminución de la autoestima otras variables secundarias como el tipo y las características de la institución, la calidad de la asistencia que en la misma se proporcione al anciano, o a las distintas vivencias biográficas y sociales que el anciano vive dentro de la institución.
  • Frustración por su trayectoria de vida. En ocasiones el adulto mayor ve en su vida pasada un mundo gris lleno de vacíos y con pocas satisfacciones, por lo tanto, la frustración de todas estas situaciones o experiencias le provoca no encontrarle un sentido a su existencia, un sentimiento de fracaso y de pérdida de identidad.
  • Jubilación. La jubilación constituye un cambio importante en el patrón de actividades, una reestructuración de la utilización del tiempo, una gama de asociados diarios. Es un proceso que conduce a su vez a otras pérdidas: de poder, de autonomía económica y del rol que venía ocupando dentro de la sociedad, es por eso que todo individuo debe prepararse anticipadamente a vivir este proceso de cambio en la vida, de otra manera provoca una situación de crisis.
Durante la jubilación se presentan las siguientes etapas:
  • Separación, que aparta al individuo o al grupo del antiguo estado.
  • Liminaridad o estado marginal respecto de una cultura social o cultural dada.
  • Reagregación al nuevo estado, este alejamiento deja un vacío muy importante en la identidad social de las personas y por tanto, de su autoestima.
De esta manera la jubilación no es el único problema que presenta el adulto mayor, algunos de ellos, ante la falta de ingresos o una pensión dependen del apoyo que les pueda dar la familia, sin embargo, no todos corren con la misma suerte pues muchos de los adultos mayores viven solos y por tanto, tienen que depender de ellos mismos.
  • Falta de participación familiar y social en la vejez. El adulto mayor muchas veces ya no participa en muchas actividades dentro de la familia o fuera de ella (en la sociedad) y esto le afecta en forma importante, ya que el no sentirse útil disminuye su autoestima.
El bienestar psicológico y el comportamiento adaptativo de la persona mayor serán, en gran parte, el resultado del grado de equilibrio entre los recursos psicológicos personales y las estructuras situacionales y de oportunidad ambiental. La conducta y la experiencia personal del anciano dependen de su interacción con el ambiente. Por tanto, actividad y participación van a ser los recursos adaptativos de la persona mayor en la interacción con el medio y estos recursos ayudan a mantener un bienestar psicológico y una mayor satisfacción con la vida.
  • Discriminación. Uno de los principales determinantes de la autoestima entre los ancianos, es el de etiquetarse así mismos como viejos de manera peyorativa, cosa que puede fácilmente deberse a las connotaciones negativas que éste término acostumbra a conllevar en nuestros días y en nuestro entorno (ver capítulo de viejismo).
  • Violencia. El maltrato se refiere a las acciones y omisiones, realizadas intencionada o negligentemente, que no tienen carácter de accidentalidad, y hacen referencia a daños físicos, psíquicos y/o económicos. Estas circunstancias conducen con frecuencia a una pérdida de la autoestima, a sentimientos de inferioridad cada vez mayores y a la esperable proximidad del fin de la vida, es decir, de la muerte.

5.2 ¿Qué puede hacer el cuidador/a?

Estrategias para mejorar o fortalecer la autoestima en la vejez

A continuación presentamos algunas estrategias para mejorar o fortalecer la autoestima en la vejez es necesario considerar los factores individuales y grupales que la determinan. Son de tipo multidimensional, por lo que se deben enmarcar en lo biológico, psicológico, social, cultural, ambiental, político, económico, familiar y comunitario. En este sentido, se deben establecer programas que consideren dicho enfoque multidimensional aunque sin descuidar los elementos individualizados.
Las estrategias para fortalecer o mejorar la autoestima que pueden ser utilizadas a nivel comunitario son: (i) planear metas a corto plazo, (ii) trabajar sobre la angustia y la ansiedad, (iii) fomentar la autonomía, (iv) permitirse dar y recibir afecto, y (v) aprender a perdonar. En este sentido, algunas acciones prácticas para mejorar la autoestima del anciano a nivel comunitario son: trabajar en el plano individual y grupal para que valore y disfrute la vida en su contexto sociocultural; se acepte a sí mismo; asuma su responsabilidad familiar y social; logre una autoafirmación; que viva con un propósito para un desarrollo personal y comunitario integral.

5.3 Recomendaciones

  • Debemos vigilar cambios en la conciencia
  • Vigilancia de los cambios en el estados de ánimo
  • Vigilancia sobre alteraciones del sueño.
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CUIDADOS FÍSICOS DEL ADULTO MAYOR


Introducción

El cuidado del adulto mayor enfermo en el hogar tiene como finalidad mantenerlo en casa con la familia, proporcionándole afecto, atención, cuidados y medidas de confort sin tener que ser hospitalizado o institucionalizado en casas hogar, evitando riesgos y complicaciones, y favoreciendo una vida más independiente. Para proporcionar esta atención en el hogar es importante conocer cuáles son los cuidados básicos para todos los adultos mayores, así como los más adecuados para cada enfermedad o limitación física.

Cuidados básicos

Medición y registro de signos vitales

Los signos vitales son indicadores clínicos del estado de salud física del ser humano, nos permiten detectar alguna alteración, mejoría o si está en peligro la vida del enfermo; además de que se utilizan en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad, por lo que es muy importante hacer una medición y registro preciso.
Los signos vitales que se deben valorar son presión arterial, pulso, respiración y temperatura. Se debe hacer el registro diario, las veces que el médico lo indique, se pueden anotar en una libreta, indicando la fecha, hora y cifra exacta, si detecta alguna alteración deberá comunicarla de inmediato al médico.

Baño de esponja en cama

Es muy recomendable para los enfermos que se encuentran en cama en reposo absoluto, o en los que por su enfermedad se encuentran incapacitados para realizar su aseo personal, ya que además de ser saludable siempre resulta muy relajante y estimulante para el paciente. El baño de esponja en cama estimula la circulación por medio del masaje y movimiento; proporciona bienestar, descanso e induce el sueño. Se le debe realizar al paciente mínimo cada tercer día.
Recomendaciones para el baño de esponja en cama:
  • Ofrezca el cómodo u orinal antes de iniciar el baño.
  • Mantenga la temperatura entre 40 y 42 grados centígrados a tolerancia del paciente.
  • Cambie el agua en cada región y cuantas veces sea necesario.
  • Coloque cerca de usted todos los utensilios personales del paciente: jabón, esponja, toallas de fricción, toallas para el secado, peine, crema hidratante, loción, rastrillo (según sea el caso), ropa para el paciente y ropa de cama, cubeta, lavamanos y un hule para evitar que se moje la cama.
  • Reúna el equipo necesario, explique el procedimiento al paciente y pida su colaboración. Respete su privacidad.
  • Evite corrientes de aire, retire la ropa de cama.
  • Coloque al paciente hacia el borde de la cama (solicite ayuda si es necesario).
  • Coloque el hule y la toalla debajo de la cabeza del paciente, con la toalla húmeda inicie el aseo de la cara limpiando los ojos del ángulo interno al externo, después asee la frente, mejillas, mentón y pabellones auriculares.
  • Para el lavado del cabello ponga una almohada debajo de la espalda del paciente de modo que la cabeza quede inclinada hacia abajo; coloque el hule por debajo de los hombros y utilice otro, poniéndolo debajo de la cabeza en forma de canal hasta la cubeta para facilitar el lavado y enjuagado, evitando así que se moje la cama.
  • Enseguida coloque al paciente a lo largo de la cama, extienda un hule y una toalla por abajo del cuerpo y lave los brazos, utilice una esponja o una toalla de fricción. Inicie con la muñeca, antebrazo, brazo y axila, al último lave la mano, seque y continúe con el otro brazo siguiendo los pasos anteriores.
  • Posteriormente, lave en el orden siguiente: cuello, hombros, tórax y abdomen con movimientos circulares y de arriba hacia abajo.
  • Retire el jabón, cambie el agua las veces que sea necesario, seque muy bien y aplique talco.
  • Coloque una toalla por debajo de la pierna, enjabónela desde la ingle hasta el pie; enjuague, seque y aplique talco.
  • Repita los mismos pasos con la otra pierna.
  • Coloque de lado al paciente y enjabone la espalda de arriba hacia abajo, por último los glúteos; enjuague, seque y proporcione masaje; aplique talco.
  • Posteriormente voltee al paciente boca arriba, coloque el cómodo, póngase guantes y lave los genitales o anime al paciente a lavarse, seque muy bien y, por último, tienda la cama con ropa limpia.
  • Peine al paciente y déjelo cómodo.

Aseo de cavidades

Es muy necesario el aseo de cavidades en los pacientes encamados para facilitar la eliminación de sustancias de desecho del cuerpo. Las cavidades que debemos limpiar son: oídos, nariz, boca y genitales. Es recomendable realizar este aseo diariamente, se puede aprovechar el momento en que se hace el baño de esponja en cama.
  • Aseo de oídos. Se recomienda utilizar cotonetes de algodón, gasas o toallas para el aseo de los pabellones auriculares (orejas). Procedimiento
    • Coloque de lado al paciente.
    • Humedezca con agua tibia el cotonete o gasa, agregue un poco de jabón y realice la limpieza sólo de la parte externa del oído; nunca introduzca algún objeto al interior del oído. Limpie con movimientos rotatorios y suaves el pabellón auricular las veces que considere necesario, posteriormente seque muy bien con la gasa o una toallita seca.
    • Voltee al paciente del lado contrario y repita los mismos pasos en el otro oído. Si la persona utiliza algún aparato para oír mejor se recomienda limpiarlo diariamente con agua y jabón.
  • Aseo de nariz. Utilice agua limpia para el aseo, se recomienda utilizar cotonetes de algodón. Procedimiento
    • Realice por separado el aseo de cada orificio de la nariz (narina).
    • Humedezca el cotonete en el agua, introdúzcalo en la narina teniendo mucho cuidado de no penetrar demasiado para no lastimar al paciente, realice movimientos muy suaves de dentro hacia fuera las veces que sea necesario. Puede aplicar antes de la limpieza, con un gotero, gotas de agua en la nariz para reblandecer y así evitar lastimar al paciente (no utilice gotas de otro tipo si no han sido indicadas por su médico).
    • Utilice un cotonete de algodón en cada orificio.
  • Aseo de genitales. Los órganos genitales masculinos y femeninos producen secreciones, por lo que se requiere de aseo diario para eliminarlas y evitar los olores desagradables, así como prevenir infecciones y proporcionar bienestar al enfermo. Utilice jabón neutro, recipiente con agua tibia, gasas o algodón, guantes, cómodo, un hule y una toalla para el secado. Procedimiento
    • Prepare y tenga a mano todo lo necesario.
    • Explique al enfermo el procedimiento y pida su colaboración.
    • Utilice el hule para evitar que se moje la cama.
    • Coloque el cómodo por debajo de los glúteos.
    • Pídale al enfermo que flexione las rodillas y separe las piernas, cúbralo con una sábana.
    • Colóquese los guantes e inicie el aseo, enjabonando primero el pubis (región superior de genitales externos), muslos e ingles; si la persona es del sexo femenino, para asear los genitales externos separe con los dedos índice y medio. Para el caso del sexo masculino, lavar el pene bajando el prepucio para limpiarlo completamente. Por último, lave la región del ano.
    • Se debe desechar la gasa o algodón al limpiar cada región, enjuague con agua tibia a chorro y seque perfectamente. Por último, retire el cómodo y el hule de la cama.

Higiene de la boca y dentadura postiza

El cuidado y la higiene de la boca requieren especial atención para los adultos mayores enfermos que están encamados e incapacitados, pero sobre todo para aquellos que se encuentran inconscientes, que reciben oxígeno o alimentación por sonda. La higiene de la boca permite retirar secreciones como moco y flemas que se producen normalmente y se adhieren a los dientes y lengua provocando olor desagradable, ulceraciones, grietas e infecciones. Utilice cepillo dental con cerdas suaves, pasta dental, cepille muy bien los dientes y la lengua después de las comidas. Cuando el paciente se encuentre inconsciente ábrale la boca con un abatelenguas protegido con gasa para evitar mordeduras. Utilice agua con bicarbonato. Evite usar cepillo al lavar la boca del paciente inconsciente, hágalo con cotonetes de algodón o gasas. Coloque una almohada atrás de la cabeza y hombros del paciente para mantenerlo semisentado, introduzca una gasa o cotonete en agua con bicarbonato y pásela entre los carrillos, dientes, muelas y lengua; haga movimientos hacia arriba y hacia abajo hasta retirar todas las secreciones. Lubrique los labios del paciente.
Cuidado a la dentadura postiza.
Para mantenerla en buenas condiciones es necesario lavarla diariamente con un cepillo de cerdas duras y enjuagarla al chorro del agua. Antes de colocarse la dentadura postiza se debe enjuagar bien la boca porque se adhiere mejor con las encías húmedas. Primero se coloca la parte superior y luego la parte inferior, tenga cuidado al quitársela y ponérsela porque puede romperse. La dentadura debe ponérsela todas las mañanas y mantenerla a lo largo del día y retirarla por las noches. Cepíllela, enjuáguela y póngala en un vaso con agua. En caso de tener prótesis mal ajustadas (movibles) se recomienda asistir con su dentista.

Cuidados de la piel

Debido al envejecimiento, la piel sufre grandes cambios, como pérdida de la elasticidad, resequedad, arrugas, es más sensible a traumatismos. Con frecuencia, aparecen moretones y manchas y hay pérdida de la sensibilidad.
Está comprobado que cuando el enfermo permanece mucho tiempo en cama en reposo absoluto, en una misma posición, la piel puede sufrir graves lesiones y aparecen llagas (úlceras) por la presión constante sobre la piel que genera problemas circulatorios.
Recomendaciones
Examinar la piel periódicamente buscando zonas oscurecidas, presencia de moretones, ampollas y alguna otra lesión; es recomendable lavarla con jabón neutro, mantenerla seca, lubricarla con cremas hidratantes o aceite de almendras dulces,. Asimismo, es importante dar masaje en la piel diariamente para estimular la circulación y realizar cambios de posición cada dos horas para evitar las llagas (úlceras por presión). La piel limpia y seca también previene la proliferación (crecimiento) de bacterias y hongos.

Movilización en cama

Uno de los aspectos más importantes en el cuidado del adulto mayor enfermo en casa es la movilización en cama, sobre todo en ancianos graves, inconscientes o incapacitados por parálisis como consecuencia de una enfermedad vascular cerebral (embolia). En estos casos es fundamental movilizarlos (cambiarlos de posición) cada dos horas para prevenir complicaciones como: úlceras por presión (llagas), estreñimiento, neumonía (infección en los pulmones), pérdida de la movilidad y deformación de las articulaciones.
Es importante que la persona que está a cargo del cuidado del enfermo conozca una forma sencilla y práctica de poder ayudar a mover o cambiar de posición al enfermo con facilidad.
Las posiciones más recomendadas para el adulto mayor enfermo en cama son:
  • Decúbito lateral izquierdo (de lado sobre su costado izquierdo). Solicite ayuda si le es posible, si no, pida al paciente que colabore. Estando el paciente boca arriba flexione usted la pierna contraria al lado que desee voltearlo, meta la mano por debajo de la espalda y gírelo hacia el lado izquierdo. Durante los cambios de posición se debe aprovechar para dar masaje en todo el cuerpo que ayude a activar la circulación y aumentar la estimulación sensorial (sensibilidad del cuerpo).
  • Decúbito lateral derecho.Siga los mismos pasos que en el anterior y realice la maniobra de igual forma.
  • Semifowler(semisentado). Se recomienda utilizar dos almohadas, las cuales se colocan por atrás de los hombros y la cabeza del paciente. Ayúdese girando al paciente sobre su costado, coloque las almohadas y regréselo a su posición inicial.
  • Sentado. Siéntese en la cama de frente al paciente, a la altura de su cintura, tome su brazo más cercano por debajo de la axila, pida al paciente que de igual forma le tome su brazo. Haga palanca con su cuerpo hacia atrás, jálelo hacia usted hasta sentarlo.
Movilizarlo hacia arriba. Si el paciente está consciente, solicite su ayuda pidiéndole que se impulse hacia arriba con sus codos y talones. Si el paciente está incapacitado, solicite la ayuda de otra persona. Utilice una sábana doblada a la mitad colocándola por debajo de la espalda y la pelvis del paciente, ambas personas tomen simultáneamente las puntas de la sábana de cada lado del paciente y al mismo tiempo lo levantan y deslizan hacia arriba.
Colocación del cómodo. Si el paciente está consciente, pídale que se apoye en sus codos y talones levantando su pelvis (cadera). Antes de introducir el cómodo ponga usted una toallita de papel para evitar enfriamientos. Déjelo solo, respete su intimidad. Al terminar, pídale a la persona (si está en condiciones de hacerlo) que limpie la región perianal y posteriormente proporcione un lavamanos con agua tibia y jabón para que se lave las manos.
Si el paciente está incapacitado y no puede colaborar, póngalo sobre su costado izquierdo, coloque su mano sobre su espalda tratando de voltearlo lo más que pueda, meta el cómodo y gírelo nuevamente. Déjelo solo. Al terminar limpie con agua y jabón la región perianal y retire el cómodo siguiendo los mismos pasos que al colocarlo.

4.b Ejercicios de rehabilitación activos y pasivos para el anciano enfermo en cama

Cuando el adulto mayor permanece por periodos muy largos en la cama debe ser estimulado a realizar ejercicios para incrementar su resistencia física, fuerza muscular y mantener su funcionalidad.
  • Ejercicios activos. El objetivo de estos ejercicios es mantener la movilidad de las articulaciones, a la vez que se realizan estiramientos musculares para ayudar a mantener la capacidad respiratoria, y evitar la aparición de deformidades y conseguir su máxima independencia. Los ejercicios han de ser progresivos. El anciano los realizará de acuerdo con su capacidad y resistencia, intercalando periodos de descanso y de movilidad. Si aparece fatiga o dolor excesivo se interrumpirán hasta que el paciente se recupere totalmente.En los ejercicios activos el paciente realiza movimientos de flexión, extensión y rotación de cabeza, cuello, hombros, tronco, espalda, manos, dedos y piernas. Deberá realizarlos suavemente sin llegar a ocasionar dolor, cada ejercicio deberá repetirse 10 veces y podrá aumentar el número de repeticiones de acuerdo a la tolerancia del paciente.
    Ejercicio activo de cabeza y cuelloFlexión y extensión. Intentar tocar con la barbilla el pecho, al extender hacia atrás mirar hacia el techo (lentamente).
    Inclinaciones laterales.Inclinar la cabeza lentamente a la derecha y a la izquierda intentando tocar el hombro.
    Ejercicio activo de hombros y brazos.Elevar los dos hombros a la vez inspirando lentamente y bajarlos de golpe al sacar el aire.
    Elevación de brazos para mejorar la movilidad articular de los hombros.Frente a una pared tocándola con los dedos como si estuviera caminando sobre ella eleve el brazo derecho lo más alto posible y bájelo lentamente de la mismaforma. Repita el mismo ejercicio con el brazo izquierdo.
    Extensión y elevación de brazos.Extender los brazos lateralmente, subirlos intentando juntar las palmas de las manos por encima de la cabeza.
    Ejercicio activo de espalda. Flexión de tronco.Sentado en una silla flexionar el tronco hacia delante tratando de llegar con el pecho a las rodillas con los brazos colgando
    Ejercicio activo de manos.Abrir y cerrar con fuerza ambas manos.
    Aproximar y separar los dedos con la mano extendida.
    Con el dedo pulgar tocar la punta del resto de los dedos.
    Ejercicio activo de piernasCruzar la pierna estirada una sobre la otra.
    Flexione la pierna sobre el abdomen alternando derecha e izquierda.
  • Ejercicios pasivos. En este tipo de ejercicios la región del cuerpo es movida por otras personas. Este tipo de ejercicios se puede realizar en la cama del anciano, ayudan a evitar la pérdida de la movilidad y la deformación de las articulacionesSe recomienda realizar ejercicios pasivos de flexión, extensión y rotación en articulaciones de cabeza, cuello, hombros, brazos, codos, muñecas, manos y dedos, piernas y dedos de los pies.
    Para realizar este tipo de ejercicios es importante que el promotor o el cuidador siga las instrucciones de los ejercicios activos antes señalados y los realice suavemente y en forma progresiva dos veces al día de 10 a 20 minutos por sesión.

    Medidas para prevenir el estreñimiento

    El estreñimiento o dificultad para defecar por la dureza de las heces es una de las alteraciones más frecuentes que presentan los adultos mayores enfermos que permanecen encamados por periodos muy largos.
    Causas
    • Inmovilidad.
    • Disminución en la ingesta de líquidos.
    • Dieta pobre en fibra y residuo.
    • Abuso de purgantes o laxantes.
    • Medidas que se recomiendan para prevenir el estreñimiento
      • Se debe evitar la inmovilidad.
      • Evite permanecer en cama por periodos muy largos.
      • Estimule al enfermo para que camine.
      • Evite el abuso de laxantes y enemas.
      • Tomar alimentos ricos en fibra (frutas: manzana, miel, papaya, jugo de naranja, ciruela pasa; verduras: brócoli, lechuga, espinacas; cereales: avena, salvado, pan integral, frutas secas y leguminosas como lentejas).
      • La dieta con fibra y residuo debe ir acompañada con un aumento en el consumo de líquidos.
      • Evite la ingestión de harinas, pastas, pasteles, pan, tortillas y grasas ya que favorecen la formación de heces duras.
      • Tomar de litro y medio a dos litros de agua diarios (si no existe contraindicación).
    • Ejercicios para prevenir el estreñimiento
      • Acostado en la cama flexione las piernas tratando de llevar las rodillas hacia el estómago.
      • Realizar ejercicios de flexión y extensión en las piernas.
      • Proporcionar masaje siguiendo el sentido de las manecillas del reloj, en todo el abdomen para estimular los movimientos del intestino y permitir la salida de heces fecales.
      • Recordar al anciano que debe responder al reflejo de defecación y tratar de ir al baño de inmediato.
      • Proporcione ayuda para que el adulto mayor pueda ir al baño a defecar si así lo prefiere, déjelo solo en ese momento, vigílelo y manténgase cerca por si necesita ayuda.
      • Si está imposibilitado para ir al baño, ofrézcale el cómodo y déjelo solo (evite enfriamientos al paciente, ponga una toallita de papel sobre el cómodo).
      • Si aún aplicando las medidas antes señaladas el paciente continúa con estreñimiento, se deberá avisar de inmediato al médico para que él determine el tratamiento a seguir.

    Recomendaciones para la alimentación del adulto mayor enfermo

    En los adultos mayores enfermos la falta de apetito (anorexia) es muy frecuente, lo grave de esto es que puede llevarlo a una desnutrición que empeorará aún más la enfermedad o contribuirá a que se presenten otras complicaciones, por lo cual es importante examinar algunas recomendaciones que son de utilidad para mejorar la alimentación del adulto mayor enfermo en casa:
    • Es importante considerar la dieta indicada por el médico.
    • Elija alimentos con un alto valor nutricional.
    • Es importante considerar los gustos y preferencias del adulto mayor al seleccionar los alimentos.
    • Seleccione alimentos con alto contenido en fibra y residuo que facilite la defecación y ayuden a prevenir el estreñimiento y la constipación, como: frutas, verduras, granos y cereales (avena y salvado).
    • Es importante programar y respetar los horarios de las comidas.
    • Se deben evitar los ayunos prolongados.
    • Los alimentos deben tener una presentación agradable a la vista del paciente.
    • Deben servirse a una temperatura adecuada.
    • Evite que el adulto mayor enfermo coma solo.
    • Si es necesario debe asistir al enfermo al comer.
    • Evite hacer comentarios desagradables durante la comida.
    • En ocasiones resulta muy placentero comer fuera de la habitación, sugiérale desayunar o comer en el jardín.
    • Aproveche para tomar el sol.
    • Otras veces puede desayunar o comer viendo un programa de televisióno escuchando música de su agrado.
    • Evite el consumo de papillas ya que pueden ocasionar atrofia muscular (que disminuya la función de los músculos masticatorios), las papillas sólo están indicadas en enfermos con problemas para deglutir, en su lugar proporcione alimentos de consistencia blanda.
    • Tenga paciencia y dele su tiempo para comer, no lo apresure.
    • Si no quiere comer platique con la persona, no lo obligue ni lo regañe, mejor anímelo recordándole que es importante que coma para recuperar más rápido su salud.
    • Proporciónele agua y jabón para que se lave o ayúdele a lavarse las manos antes y después de cada comida.
    • Mantenga la higiene de la boca proporcionándole cepillo y pasta dental, de ser necesario bríndele ayuda.
    • Si el adulto mayor continúa sin apetito y ha dejado de comer un día completo será necesario avisar al médico.

    Recomendaciones y precauciones para la administración de medicamentos en el adulto mayor

    La administración de medicamentos es uno de los cuidados fundamentales para la recuperación y control del adulto mayor enfermo en el hogar. Por tal motivo, el familiar o el cuidador no debe tener ninguna duda para la dosificación, combinación de medicamentos, horarios, posibles reacciones secundarias e interacciones con otros medicamentos.
    Los lineamientos recomendados son los siguientes:
    • Los medicamentos deben tomarse siempre bajo indicación del médico a las horas establecidas por él.
    • Se debe tener muy claro la vía y la dosis del medicamento que se va a tomar o administrar.
    • Es necesario fijarse siempre en la fecha de caducidad del medicamento, pues si ya ha caducado no será de utilidad terapéutica.
    • No tomar medicamentos con el estómago vacío, pues puede irritarse y ocasionar gastritis (inflamación de la mucosa gástrica).
    • Los medicamentos no deben interrumpirse sin indicación médica.
    • No combinar varios medicamentos en una sola toma, pues además de alterar la acción del otro se pueden presentar reacciones secundarias graves (consulte a su médico).
    • Si el adulto mayor tiene problemas de deglución será necesario triturar (moler) las tabletas, en el caso de las cápsulas no se debe quitar la capa entérica (plástico) porque puede irritar la mucosa del estómago o perder su efecto; será necesario consultar con el médico la posibilidad de cambiar la presentación del medicamento.
    • No tomar el medicamento por más tiempo del indicado por el médico, pues puede producir efectos tóxicos.
    • Es importante recordar que los medicamentos pueden ocasionar mayores reacciones secundarias en las personas de edad avanzada, debido a su proceso normal de envejecimiento, por lo que no debe auto medicarse.
    • Se debe tener vigilancia de signos y síntomas que pudiera presentar el paciente luego de la ingestión de los medicamentos.
    • No tomar bebidas alcohólicas si se están tomando medicamentos.
    • Evitar, hasta donde sea posible, ingerir remedios caseros mientras se está con tratamiento médico.
    • En los adultos mayores con problemas mentales se deben mantener los medicamentos fuera de su alcance.
    • Mantener los medicamentos en lugares frescos y secos.
    • Conservar las recetas y los frascos originales de los medicamentos para evitar equivocaciones.
    • Conservar las recetas anteriores y mostrarlas al médico en su próxima visita.
    • Dar dieta sin irritantes.
    • Tomar suficiente cantidad de líquidos, es recomendable tomar de litro y medio a dos litros de agua diario (si no existe contraindicación).
    Consejos para recordar las tomas de los medicamentos
    • Ponga en sobres pequeños los medicamentos del día, señalando en cada uno de ellos, por ejemplo: desayuno, comida y cena.
    • Se recomienda comprar en el mercado una cajita de plástico con compartimentos para colocar los medicamentos de cada día y ponerlo a la vista.
    • Pegue etiquetas con letras grandes en las cajas de los medicamentos y escriba en ellas las horas, o bien desayuno, comida y cena y el día o días de la semana en que tiene que tomar el medicamento.

4.c Cuidados específicos

Signos y síntomas de alarma

Existen algunos signos y síntomas de alarma que nos ponen sobre aviso de que la vida del enfermo está en peligro, por ello, es importante que quien está al cuidado del enfermo los conozca y detecte en forma eficaz y oportuna para evitar complicaciones que podrían ser irremediables. Dentro de los signos y síntomas que nos deben poner en alerta están:
  • Un aumento repentino en la presión arterial, el pulso, la respiración o la temperatura.
  • Un aumento por arriba de 160mg/dL o baja significativa (menor de 60mg/ dL) de glucosa (azúcar) en la sangre.
  • Piel fría, pálida y húmeda.
  • Coloración azul en labios, manos, uñas (cianosis) o en todo el cuerpo.
  • Dolor intenso en el pecho.
  • Dolor intenso o calambres en brazo izquierdo.
  • Palpitaciones y pulso rápido y débil.
  • Dificultad para respirar.
  • Respiraciones rápidas y profundas.
  • Respiración lenta y superficial.
  • Sangrado por cualquier parte del cuerpo.
  • Vómito con sangre fresca o aspecto de café molido.
  • Vómito continuo.
  • Diarrea continua.
  • Náuseas durante períodos prolongados.
  • Dolor de cabeza frecuente e intenso.
  • Visión borrosa.
  • Mareos, sensación de vértigo.
  • Palabras o frases sin sentido (incongruencia, estado de confusión).
  • Alucinaciones visuales y auditivas (ver o escuchar cosas que no existen).
  • Adormecimiento u hormigueo en pies y manos.
  • Parálisis en alguna parte del cuerpo.
  • Pérdida del habla.
  • Pasividad, angustia.
  • Presencia de convulsiones (movimientos del cuerpo involuntarios).
  • No orinar.
  • No obrar (evacuar) en varios días y sin causa aparente.
Si el paciente presenta algunos de estos signos y síntomas, el familiar o cuidador responsable se debe poner en contacto con el médico tratante para que le oriente sobre las medidas que debe adoptar y, si es necesario, solicitar una valoración hospitalaria.

Cuidados para prevenir el pie diabético

El pie diabético es una complicación que puede presentar el adulto mayor con diabetes mellitus. Se caracteriza por una disminución parcial o total de la circulación sanguínea en la parte distal del pie, generalmente en los dedos, asociada a una infección local y cuyo tratamiento puede ser la amputación (cortar parcial o totalmente el pie). Por tal motivo, es fundamental establecer medidas preventivas para evitar esta complicación. Examine diariamente con detenimiento sus pies en busca de callosidades, deformación de los dedos, juanetes, lesiones entre los dedos de los pies, úlceras, hormigueo, cambios en la coloración y la temperatura.
Se recomienda lavarlos diariamente con agua tibia y jabón neutro, secar perfectamente, sobre todo en los espacios de los dedos, lubricarlos y mantenerlos ventilados; es importante revisar en las uñas el color, grosor anormal o infección por hongos; el corte de uñas se debe realizar cada mes, utilizando un cortaúñas o alicata, según se facilite más el corte, la uña debe cortarse siguiendo su propia anatomía y la del dedo, es decir, siguiendo el borde libre del dedo, sin profundizar más de un tercio en el borde lateral, sin dejar picos excesivos o se recomienda que sólo se limen, utilizando una lima fina, no corte cualquier callosidad, solicite ayuda si la requiere. Asimismo, es conveniente usar calcetas de algodón sin resorte y cambiarlas diariamente; se recomienda no caminar descalzo, ya que podría lesionarse con algún objeto; usar calzado cómodo y utilizar sandalias para bañarse.
Evitar la aplicación de parches, soluciones y la automedicación.
No usar bolsas con agua caliente ni almohadillas eléctricas para calentar sus pies, pues podrán ocasionarle quemaduras.
Es recomendable hacer ejercicio (caminatas sobre superficies planas) diariamente y elevar los miembros inferiores para mejorar la circulación. En caso de detectar alguna de las alteraciones anteriores, acudir de inmediato con el médico o con el podólogo, aunque es mejor visitarlo mínimo cada seis meses.

Vigilancia y cuidados para prevenir úlceras por presión

La úlcera (llaga) es una lesión de la piel que puede ser superficial o más profunda, pudiendo llegar hasta el hueso. Esta lesión aparece por una presión prolongada en alguna zona de la piel. Su curación es muy lenta y a veces se complica sobre todo en ancianos con problemas circulatorios.
Causas
  • Inmovilidad. Adultos mayores cuya movilidad es muy limitada y que permanecen sentados o encamados durante largo tiempo.
  • Falta de higiene de la piel. El contacto prolongado con ropas húmedas, incontinencia urinaria (salida involuntaria de la orina), incontinencia fecal (salida involuntaria de excremento), sequedad extrema de la piel (descamación o grietas pueden dar lugar a una irritación de la piel), etc.
  • Alimentación inadecuada. Cuando el adulto mayor ha sufrido una pérdida de peso importante o cuando son obesos y presentan zonas de la piel poco vascularizada (con poca circulación); la presión constante también favorece las úlceras.
  • Diabetes. Los adultos mayores con problemas circulatorios y que tienen presión constante en algunas zonas del cuerpo.
Las zonas donde aparecen con mayor frecuencia las úlceras son talones, región sacra, coxis (“rabadilla”), omóplatos (espalda), dedos de los pies y rodillas.
  • Disminuir la presión constante sobre la piel. Se logrará principalmente a través de los cambios de posición, que deberán realizarse en un anciano encamado cada dos horas; además, es muy recomendable el uso de un colchón de aire con presiones alternas o un colchón de agua.
  • Cambios de posición que se recomiendan para prevenir úlceras por presión. Posición decúbito supino (boca arriba). Las zonas que se deben proteger son los talones, la pelvis, región sacra o coxis (“rabadilla”); para ello es conveniente utilizar un colchón de agua y colocar una almohada o toalla debajo de la cintura, otra debajo de los muslos y otra debajo de las piernas. De esta forma se conseguirá aliviar la presión en la pelvis, gemelos y talones.
Posición de decúbito supino
Posición decúbito prono (boca abajo). Las zonas a proteger son las rodillas, dedos de los pies y cadera (cara anterior), las almohadas se colocarán en el abdomen, muslos, piernas y tobillos.
Posición de decúbito lateral (sobre el lado derecho o izquierdo). Se protegerá la parte superior de la pierna (fémur), rodillas y tobillos. Se colocará una almohada entre las dos piernas a fin de evitar que una rodilla se apoye sobre la otra.
Posición decúbito lateral
Sedestación (sentado). Se protegerá la presión sobre los omóplatos (espalda o paletas), la pelvis, coxis (“rabadilla”) y los talones.
Los cambios de posición deberán realizarse levantando al paciente y nunca arrastrándolo. La mejor posición para evitar las úlceras por presión es la de decúbito lateral (de lado derecho o izquierdo). Es recomendable adoptar esta posición por la noche ya que favorece la respiración y el sueño del anciano. Se recomienda utilizar almohadillas rellenas de alpiste y toallas enrolladas, según sean necesarias, porque están indicadas en los cambios de posición.
Sedestación
Cuidar la higiene de la piel y de la ropa. Se debe hacer el aseo corporal diariamente (ver baño en la cama y cuidados a la piel), mantener la piel siempre limpia y seca. Evitar que el adulto mayor descanse sobre sábanas o ropas húmedas, que tengan líquidos, secreciones o sudoración.
En ancianos con incontinencia (salida de orina o excremento en forma involuntaria), no utilizar hules o plásticos para proteger el colchón pues favorecen la sudoración y la humedad. Mejor utilice pañales de absorción de orina y lave los genitales diariamente porque la orina y el excremento son irritantes y favorecen las úlceras.
Tienda diariamente la cama y restire muy bien las sábanas para evitar arrugas que favorezcan las úlceras. Se recomienda realizar ejercicios pasivos y activos para estimular la circulación (ver apartado de ejercicios de rehabilitación).
Vigilar la dieta. En ancianos desnutridos y con anemia es conveniente extremar la vigilancia de la dieta. Dar una dieta rica en proteínas, vitaminas y minerales, (pues regeneran el tejido celular y su carencia favorece las úlceras, ver capítulo de alimentación y nutrición en el adulto mayor). El enfermo deberá ingerir como mínimo litro y medio de agua (1,500 ml) al día para evitar la sequedad de la piel.
Curación de las úlceras por presión
  • Lavar la zona con agua hervida tibia y jabón o con suero fisiológico.
  • Usar algún antiséptico indicado por el médico.
  • Secar cuidadosamente.
  • Estimular la circulación de la zona con masajes.
  • Evitar que la úlcera progrese evitando la presión sobre la piel.
  • Cambios de posición cada dos horas.
  • Suministrar un aporte suplementario de proteínas y de vitamina C.
  • No aplicar ningún medicamento sobre la úlcera si no ha sido prescrito por el médico.

Curación de heridas

La curación de heridas en el hogar la puede llevar a cabo el familiar o cuidador siguiendo estrictas medidas de limpieza, para lo cual es indispensable recibir adiestramiento por el personal profesional de la salud.
Siga estas recomendaciones. Prepare el siguiente material y téngalo a la mano:
  • Agua hervida durante 10 minutos (dejarla enfriar).
  • Jabón antiséptico líquido o sólido.
  • Gasas estériles.
  • Lave sus manos escrupulosamente, cepille sus uñas, tome una gasa y póngale un poco de agua y jabón.
  • Limpie la herida comenzando del centro y siguiendo hacia los bordes.
  • Tire la gasa.
  • Tome otra gasa con agua y jabón, limpie el centro, los bordes de la herida y la piel alrededor de la herida.
  • Tome otra gasa y seque la herida, con una nueva gasa seque los bordes y la piel, aplique alguna sustancia antiséptica (sólo si está indicada por el médico).
  • Por último, antes de colocar una gasa o apósito para cubrir la herida, observe que la herida y la piel que la rodea estén secas.
  • Se recomienda lavar la herida diariamente.

Cuidados en el adulto mayor con incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria de la orina, es uno de los problemas que se presentan con mayor frecuencia en los adultos mayores. La incontinencia urinaria afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres.
Causas
Enfermedades mentales, demencia, infección urinaria, crecimiento de la próstata, flacidez de los músculos de la vejiga, en mujeres, haber tenido muchos hijos (multíparas), lesiones de la médula espinal, embolias, inmovilidad, etc.
La incontinencia no es un hecho inevitable ni algo que no se pueda controlar o curar, hay casos en los que una intervención quirúrgica (operación) puede solucionar el problema. En otros casos, la utilización de medidas sencillas encaminadas a la adquisición de hábitos, mejora la calidad de vida. Cada caso debe tratarse en forma individual.
Cuidados en la incontinencia urinaria
  • En primer lugar, el anciano y los cuidadores deberán entender y afrontar el problema.
  • No enojarse ni regañar al anciano si no puede controlar la salida de orina.
  • Debemos orientarlo sobre cómo reeducar su vejiga, esto se refiere a acostumbrar a la vejiga nuevamente a orinar con un ritmo determinado, es decir, intentar recuperar los hábitos de la micción (eliminación de la orina).
  • Conocer en qué momento el anciano tiene mayor predisposición a la incontinencia.
  • Establecer un horario, recordándole y acompañándolo al baño.
  • Para facilitar orinar, es necesario pedir al anciano que meta su mano en un recipiente con agua tibia. También es útil abrir una llave para que escuche correr el agua.
  • Tener el hábito de defecar después del desayuno y orinar antes y después de cada comida.
  • Orinar antes de acostarse.
  • Si el anciano vive solo puede utilizar un reloj con alarma a las horas que deba vaciar la vejiga.
  • Asegurar que el anciano tenga fácil acceso al baño, el cual debe tener una buena iluminación.
  • Utilizar un baño con asiento elevado (pues los ancianos tienen dificultad para levantarse de asientos bajos).
  • Si el anciano está encamado, debe tener a su alcance un orinal.
  • Utilizar ropa fácil de quitar y poner.
  • Si toma sedantes o tranquilizantes, llévelo cada dos horas al baño (los tranquilizantes pueden inhibir la sensación de orinar).
  • Si el anciano toma diuréticos, procurar que los tome muy temprano por la mañana, así evitará que orine muchas veces en la noche.
  • No tomar mucho café o refrescos de cola (ya que favorecen la urgencia de orinar). Controlar la cantidad de líquidos que toma al día.
  • Evite que el anciano tome líquidos dos horas antes de acostarse para que no se orine en la cama.
  • Nunca restrinja la cantidad de líquidos como tratamiento en la incontinencia.
  • Mantener al anciano siempre seco y limpio.
  • Puede usar pañales desechables absorbentes (llevarse con discreción bajo la ropa), su elección será de acuerdo a la incontinencia y capacidad de absorción.
  • En incontinencia moderada, se recomienda usar pañales con capacidad de absorción de 800 cc.
  • En incontinencia grave, se recomienda pañales con capacidad de absorción de 1400 CC. Cuando se utilizan pañales, se deben tener las siguientes precauciones:
    • Revisar con frecuencia y cambiarlos cuando sea necesario (recuerde que el contacto prolongado de la orina con la piel puede irritarle y ocasionarle úlceras).
    • Lavar y secar sin restregar la piel.
    • Aplicar crema protectora en toda la zona de la piel.
    • Comprobar que no haya enrojecimiento o irritación de la piel.
  • En algunos casos se utilizan colectores masculinos para recoger la orina (son en forma de bolsa, envuelven el pene y recogen la orina, se sujetan con un cinturón al cuerpo, son útiles para hombres que tienen pequeñas pérdidas de orina).
  • No es recomendable instalar una sonda en la vejiga pues, además de ocasionar mucho dolor y ardor, produce infección de vías urinarias.
  • Para evitar infecciones de vías urinarias se recomienda vaciar la vejiga completamente cada vez que se tengan ganas de orinar.
  • Tomar jugos naturales que contengan vitamina C (para mantener la acidez de la orina y evitar el desarrollo de bacterias).
  • Pedirle al anciano que realice ejercicios para fortalecer los músculos del suelo pélvico y así ayudar a controlar la incontinencia urinaria. Es una técnica conocida ampliamente llamada Ejercicios de Kegel.

Cuidados en el adulto mayor con enfermedad en fase terminal

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Enfermedad terminal es una enfermedad avanzada progresiva incurable que culminará en la muerte.
Dentro de las enfermedades terminales más frecuentes en los adultos mayores se encuentran:
  • Cáncer.
  • Enfermedades neurológicas con muerte cerebral.
  • Enfermedades respiratorias obstructivas crónicas.
  • Insuficiencia renal.
  • Insuficiencia hepática.
Las enfermedades terminales tienen un gran impacto emocional, social y económico para el anciano y la familia, debido a que en algunos casos tienen un proceso de duración muy largo por lo que no es recomendable mantenerlos hospitalizados. Lo más adecuado es mantenerlos en casa, rodeados de amor, cariño, afecto, con medidas de confort y cuidados terminales específicos.
El cuidado terminal (paliativo) es aquél que no cura pero sí mitiga. Su objetivo primordial consiste en proporcionar el mayor grado de bienestar al enfermo, tratando de aliviar y satisfacer sus necesidades físicas, psicológicas, emocionales, sociales y/o espirituales; así mismo, mejorar la calidad de vida de los enfermos y familiares.
Problemas y síntomas más frecuentes que presentan los pacientes con enfermedad terminal:
  • Inmovilización en cama.
  • Debilidad extrema.
  • Dolor intenso.
  • Dificultad respiratoria.
  • Falta de apetito.
  • Náusea.
  • Vómito.
  • Incontinencia urinaria (pérdida involuntaria de orina).
  • Úlceras por presión (llagas).
  • Estreñimiento (heces fecales muy duras).
  • Cuidados al adulto mayor con enfermedad terminal. Los ancianos con enfermedad terminal generalmente permanecen postrados en cama sin moverse, lo cual les ocasiona mayores complicaciones y contribuye a la debilidad extrema, por lo que se recomienda la movilización, cambios de posición cada 2 horas y ejercicios pasivos y activos (siga las técnicas y procedimientos descritos).
    Es muy importante la higiene personal y aseo en los pacientes con enfermedad terminal, sobre todo en los que están inconscientes o en estado de agonía, ya que les proporciona bienestar y comodidad. Dentro de los cuidados que se deben proporcionar están:
    • Baño de esponja en cama.
    • Cuidados y lubricación de la piel.
    • Aseo de cavidades: ojos, nariz, órganos genitales.
    • Higiene de la boca (es muy importante para prevenir infecciones que afectan la lengua y las mucosas, causando dolor, falta de apetito y dificultades en la comunicación, por lo que se debe mantener limpia y bien hidratada, Aplique gasas mojadas con agua de manzanilla sobre los labios varias veces al día).
    • Higiene adecuada de la dentadura postiza.
    • Cuidado de los pies, corte de uñas (siga las técnicas y procedimientos ya descritos en este capítulo).
    • Instale un colchón de agua o de aire en la cama del enfermo.
    • Proporcione ejercicios pasivos asistidos.
    • Evite arrugas en la ropa de cama.
    • Realice cambios de posición cada dos horas para evitar las úlceras por presión (llagas), la deformidad de articulaciones y contracturas de los músculos, neumonías (infección en pulmones) y estreñimiento.
    • En caso de estreñimiento (ver capítulo de estreñimiento), proporcionar masaje en la espalda, cuello, hombros, glúteos (nalgas) y pies (con ambas manos utilizando la yema de los dedos aplicando aceite de almendras).
    • Si el anciano tiene sonda en la vejiga para orinar deben tenerse ciertos cuidados y precauciones:
      • Limpiar dos veces al día la zona alrededor de la sonda con agua y jabón, secándola si frotar.
      • Si es anciana la que tiene sonda, al lavarla y secarla realice la higiene con movimiento de delante hacia atrás (de la zona del tracto urinario a la zona del recto para evitar el arrastre de microbios y gérmenes que podrán contaminar la sonda y el tracto urinario causando infecciones urinarias).
    • Mantenga siempre la sonda y la bolsa colectora por debajo del nivel de la vejiga.
    • Nunca jale la sonda ya que puede provocar lesiones internas.
    • Vacié la bolsa colectora 3 o 4 veces al día (anote la cantidad y características de la orina), no deje que se llene por completo, lávela y enjuáguela.
    • No utilice la misma bolsa más de un mes.
    • Es necesario que el enfermo tome agua (claro, si su estado se lo permite).
    • Vigile la obstrucción de la sonda.
    • Los siguientes signos alertarán de su obstrucción:
      • El nivel o cantidad de orina ha dejado de aumentar.
      • El sitio donde se encuentra está mojado.
      • El anciano se muestra inquieto, incómodo, tiene dolor en el bajo vientre o tiene muchas ganas de orinar pero no puede; consulte a su médico o al personal de salud para retirar o cambiar la sonda.
    • Anote cuándo deberá cambiarse nuevamente la sonda
  • Alimentación en el anciano con enfermedad terminal. En estos pacientes es frecuente la alimentación por sonda debido a falta de apetito y estado nauseoso, problemas de deglución o estado de inconsciencia, pero ésta debe ser una decisión tomada entre el médico y la familia. Se analizará en cada caso riesgo y beneficio. Si está indicada, el familiar o cuidador primario deberá recibir capacitación para su manejo por parte del personal de salud.
    La náusea y el vómito son frecuentes en el anciano con enfermedad terminal, estos síntomas deberán consultarse y ser tratados con medicamentos por el médico ya que ocasionan mucho sufrimiento al enfermo.
    En el caso de que el anciano presente dificultad respiratoria deberá consultar con el médico para valorar la indicación de instalación de oxígeno en casa, se deberá mantener en posición semi-sentado con ayuda de almohadas para facilitar la respiración.
  • Alteraciones de sueño / descanso en el enfermo con enfermedad terminal. Son frecuentes y es necesario identificar las causas que las están provocando; se deben controlar los síntomas, como dificultad respiratoria, dolor agudo, náusea, vómito, etc., proporcionando los medicamentos prescritos por el médico.
    Medidas
    • Acompañarlo o dormir cerca de la persona para disminuir su miedo y angustia; así mismo, el médico valorará la necesidad de indicar un tranquilizante para dormir.
    • Utilice cobertor(es) para mantener la temperatura adecuada del anciano.
    • Si el anciano enfermo está consciente, mantener la comunicación constante y evitar en lo posible dejarlo solo.
  • Dolor y manejo del dolor en el anciano con enfermedad terminal. El dolor agudo o crónico es muy frecuente en el enfermo terminal y ocasiona una sensación muy desagradable y mucho sufrimiento.
    • Es necesario conocer la causa del dolor y tipo de dolor.
    • El dolor agudo es un síntoma de enfermedad, y el dolor crónico es aquél en donde el propio dolor es la enfermedad.
    • Es necesario conocer el tipo y ubicación del dolor.
    • Se debe evaluar la intensidad del dolor, ya que esto servirá para determinar la potencia del analgésico que hay que utilizar.
    • Es necesario tener un conocimiento muy claro y muy preciso de la dosis y vía de administración del analgésico, así como sus efectos indeseables, manteniendo una vigilancia estrecha y consultando siempre al médico responsable.
    • La sedación en el anciano con enfermedad terminal está indicada cuando el sufrimiento del paciente es intenso y la muerte está ya próxima, esta decisión debe ser determinada por el enfermo, la familia y los profesionales de la salud. La familia necesita prepararse psicológicamente y ha de adquirir destreza en los cuidados.
    • Si el anciano enfermo está consciente, mantenga la comunicación en todo momento, permítale que exprese sus necesidades, inquietudes, miedos, temores, ayude a resolver sus problemas no resueltos y pendientes, trate de comprenderlo y complacerlo hasta donde sea posible, tóquelo, acarícielo.
    • Facilite los medios para resolver, si así lo desea, la legalidad de sus bienes raíces.
    • Permita la visita de los familiares y amigos, esto ayudará a mejorar su estado emocional.
    • Se deben utilizar todas las redes de apoyo social posibles.
    • Es necesario brindar apoyo emocional y preparar a los demás integrantes de la familia para el momento del desenlace, para lo cual es necesario recurrir a la ayuda de profesionales en salud.
    • Se deben prever todos los trámites y recursos necesarios para cuando se presente el fallecimiento (trámites del sepelio).
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EL CUIDADO Y EL CUIDADOR

El cuidado ha existido en todos los tiempos y en todas las edades manifestándose de diversas formas dependiendo de cada cultura. A raíz de los cambios demográficos, sociales y económicos que se han suscitado en el mundo y en particular en México, es que el cuidado ha adquirido una significación importante, en especial el que se les proporciona a las personas mayores.

¿Qué es el cuidado?

De acuerdo con la Encuesta Laboral y de Corresponsabilidad Social, elaborada por el INEGI e INMUJERES, los cuidados son actividades que realizan las personas –generalmente adultas- para satisfacer algunas de las necesidades de otras personas de su hogar o de otros hogares como bañar, vestir, preparar alimentos, dar de comer, llevar o acompañar a distintos lugares (médico, terapia, a realizar pagos o trámites), administrar medicamentos, y hacer compañía, entre otros.
Las necesidades de cuidado difieren en tipo e intensidad según la edad, características de salud y condición de discapacidad.

¿Quién es el cuidador/a?

De acuerdo con estimaciones del INEGI, entre el 69 y 77 por ciento de quienes proporcionan cuidado al interior de los hogares, son mujeres. Ellas se desempeñan como cuidadoras informales, ya sea por elección o por imposición moral y social. Son un grupo socialmente vulnerabilizado, pues a pesar de que existe conocimiento de las condiciones desfavorables con las que tienen que lidiar las cuidadoras, no se han establecido mecanismos que permitan a las mujeres afrontar estas desventajas sociales y liberarlas de la carga que les impone el cuidado. De aquí la importancia de promover estrategias de capacitación a todos los niveles.
Del 6 y 12 por ciento de mujeres entre 14 y 70 años realizan trabajo doméstico o de cuidado de personas como apoyo gratuito a otros hogares, mientras que el 22% ha renunciado a su trabajo o disminuido su jornada laboral porque deben realizar actividades de cuidado, lo que tiene importantes implicaciones en su independencia económica.
El cuidado y el derecho a recibir cuidados deben ser considerados como una corresponsabilidad social y colectiva, es decir, una responsabilidad compartida entre las instituciones, la comunidad, la familia y quien requiere cuidado.

¿Qué hace el cuidador?

El cuidador o cuidadora se encarga de apoyar a la persona que requiere asistencia en la realización de las actividades básicas, instrumentales y avanzadas de la vida diaria.

La funcionalidad

La funcionalidad en la vejez se refiere a la capacidad de la persona adulta mayor para ejecutar de manera independiente y autónoma aquellas acciones relativas a su quehacer cotidiano a nivel individual y social, considerando sus intereses, deseos y recursos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la independencia como “la capacidad de desempeñar las funciones relacionadas con la vida diaria, es decir, la capacidad de vivir con independencia en la comunidad recibiendo poca ayuda, o ninguna, de los demás”, y la autonomía como “la capacidad percibida de controlar, afrontar y tomar decisiones personales acerca de cómo vivir al día de acuerdo con las normas y preferencias propias”.

En este contexto, una persona adulta mayor puede ser funcionalmente independiente (no tener ninguna limitación física, psicológica ni social), pero tener dificultades o limitaciones para ejercer su autonomía decisional, lo cual puede ser debido a una sobreprotección o falta de conocimiento familiar, institucional y social. Aunque también podría ser consecuencia de los prejuicios y estereotipos que tengan el propio adulto mayor y la sociedad en general de la vejez. Por ejemplo, un familiar (cuidador) de un adulto mayor puede propiciar una dependencia al asumir que la persona mayor, por su edad, no debe o no puede hacer ciertas actividades: “una hija le dice a su mamá, a tu edad ya no debes ir de compras, para eso estamos tus hijos, lo que necesites pídemelo”. En este sentido, lo apropiado para fortalecer la función sería asistir (acompañar) a la persona para que realice sus compras de manera segura y no generar una dependencia artificialmente.

Por otro lado, cuando un anciano requiere apoyo para llevar a cabo alguna actividad se corre el riesgo de que la persona que le brinda la ayuda no se limite a lo solicitado y tome otras decisiones sin considerar los deseos e intereses del anciano, apropiándose de su autonomía. Por tal motivo, el apoyo que se les debe brindar a los adultos mayores que lo requieran es de acompañamiento, el cual se define como “hacerse ayudar de modo personalizado en una gestión específica”. Durante el acompañamiento se deben respetar los deseos e intereses de la persona y sólo apoyarle en lo que necesite sin invadir su autonomía.

La calidad de vida constituye uno de los objetivos primordiales de los programas de atención gerontológica, la cual se vincula directamente con la independencia y la autonomía en la vejez. La OMS define a la vejez como «la percepción individual de la propia posición en la vida dentro del contexto del sistema cultural y de valores en que se vive y en relación con sus objetivos, esperanzas, normas y preocupaciones. Es un concepto de amplio espectro, que incluye de forma compleja la salud física de la persona, su estado psicológico, su nivel de independencia, sus relaciones sociales, sus creencias personales y su relación con las características destacadas de su entorno». Asimismo, la esperanza de vida saludable se utiliza comúnmente como sinónimo de «esperanza de vida libre de discapacidad».

La funcionalidad física es la capacidad que tiene la persona para ser independiente en las actividades de la vida diaria (AVD). Se determina a través de la valoración de dichas actividades, las cuales se dividen en básicas, instrumentales y avanzadas.

Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD). Son transculturales y relativas a la especie humana. Se refieren a las capacidades elementales de independencia para “comer, usar el excusado y controlar esfínteres”; y las inmediatamente superiores “asearse, vestirse y poder caminar”, las cuales son esenciales para el autocuidado. Su alteración se produce de manera ordenada e inversa a su adquisición en la infancia. Su valoración se lleva a cabo a través de la observación directa y se registra en escalas como la de KATZ y la de BARTHEL.

Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (AIVD). Se refieren a la capacidad que tiene el adulto mayor para ser independiente en la comunidad. Es decir, su independencia para “ir de compras, preparar alimentos, realizar la limpieza doméstica, manejar las finanzas, usar el transporte, el teléfono y el autocuidado de la medicación”. Algunas de estas actividades tienen cierta influencia sociocultural relativa al género, como la capacidad para preparar alimentos o ir de compras, sin embargo, el hecho de que no las realice el anciano del sexo masculino, no indica que sea incapaz de poder hacerlo, de ahí que la valoración se basa en el juicio y no en la observación.

Los primeros grados de deterioro son detectados a través de la evaluación de estas actividades. La escala de LAWTON & BRODY es la más utilizada para valorar estas actividades.
Actividades Avanzadas de la Vida Diaria (AAVD). Se refieren a la capacidad de llevar a cabo funciones complejas que le permiten al adulto mayor una participación y socialización activa, entre las que destacan las actividades de ocio, de trabajo, la participación en grupos religiosos, los deportes, la formación académica y viajar de manera independiente.

La funcionalidad cognitiva es la capacidad para mantener una interacción consciente con el medio que nos rodea, para lo cual es indispensable la conservación de las funciones cerebrales superiores como la memoria, el lenguaje, la atención y el razonamiento abstracto. Estas capacidades se evalúan a través de instrumentos de detección de deterioro como la escala de FOLSTEIN. La funcionalidad cognitiva también abarca la valoración de la autoestima y del estado afectivo.

Por otro lado, la funcionalidad social se refiere al número de contactos sociales familiares y extrafamiliares que tiene de manera cotidiana el adulto mayor, los tipos de apoyo que recibe de ellos y la satisfacción de los mismos. Las redes de apoyo social formales e informales influyen directamente en las actividades de la vida diaria. Uno de los instrumentos utilizados para medir la funcionalidad social es la Escala de Redes de Apoyo Social para Adultos Mayores (ERASAM).
La funcionalidad constituye uno de los indicadores fundamentales de salud y calidad de vida en la vejez, ya que su afección puede ser un factor de riesgo para las enfermedades crónicas, alteraciones cognitivas (memoria y lenguaje), afectivas (depresión y autoestima) y sociales (aislamiento y maltrato) en la población adulta mayor. Por tal motivo, uno de los objetivos prioritarios de la gerontología comunitaria es establecer estrategias para mantener, prolongar y recuperar la funcionalidad física, mental y social con la participación activa del adulto mayor, así como las redes de apoyo social formales e informales.

Dicho lo anterior, como parte del autocuidado en la vejez se debe promover en la familia, las instituciones, los profesionistas y la sociedad en general que el adulto mayor ejercite y conserve las actividades básicas, instrumentales y avanzadas de la vida diaria en todo momento, para mantener, prolongar y recuperar la funcionalidad y no propiciar de manera innecesaria y anticipada su dependencia física, psicológica y social ya que la función que no se ejerce y se fortalece, se pierde. En este sentido, se debe considerar que aún los adultos mayores dependientes y frágiles, si se mantienen activos en las esferas física, psicológica y social de acuerdo con su condición y sus capacidades, evitarán un deterioro acelerado, lo que repercutirá en su calidad de vida.
La funcionalidad constituye uno de los componentes y elementos centrales del envejecimiento saludable, ya que la adopción y mantenimiento de estilos de vida saludables se vinculan directamente con la capacidad física, mental y social del adulto mayor y, consecuentemente, con la calidad de vida. De ahí que el envejecimiento saludable y la funcionalidad sean uno de los objetivos primordiales de la gerontología comunitaria.
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