jueves, 16 de junio de 2011

Jeremías






Jeremías
Jeremías, libro del Antiguo Testamento. En algunas de las versiones inglesas de la Biblia católica se denomina Profecía de Jeremías.
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AUTOR
Jeremías
En la imagen, escultura del profeta Jeremías que se encuentra en la columna central del pórtico de la iglesia de Moissac (Francia). Se cree que dicho profeta hebreo jugó un papel fundamental en las actividades reformadoras emprendidas por el rey Josías de Judá, pero que tras la muerte de éste cayó en desgracia y fue perseguido por las autoridades civiles y religiosas.

Jeremías nació en torno al año 650 a.C., emprendió su vida profética en el 627 a.C. y falleció, en fecha indeterminada, tras ser conquistada Jerusalén por Babilonia (c. 586 a.C.). Su obra rompe un silencio casi absoluto de los profetas en Israel que se prolongaba desde Isaías (unos 70 años antes). Además, marca un hito en la tradición profética. Aunque en los primeros años de su vida gozó de la protección de poderosos amigos en la corte, y quizá incluso colaboró en las actividades reformadoras del rey Josías de Judá, tras la muerte de éste en el 609 a.C., Jeremías cayó en desgracia ante los dirigentes religiosos y civiles de su pueblo. El aura reverencial que en el pasado había rodeado su misión profética desapareció. En varias ocasiones fue sometido a arresto en su propia casa, se le impidió hablar en público, fue lanzado a una cisterna que hizo las veces de calabozo y, asimismo, se le consideró traidor y derrotista en tiempo de guerra. Tras la derrota final de Jerusalén, Jeremías fue llevado a Egipto contra sus deseos por los más intransigentes oponentes a la conquista babilónica. La tradición judía, que sostiene que acaso fuera asesinado por esas mismas personas, no cae en el campo de lo improbable, aunque sin duda se basa más en relatos populares que en hechos probados.
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ORIGEN DEL TEXTO
Al igual que todos los libros proféticos de la Biblia, Jeremías es fruto de sucesivas ediciones y redacciones. Las profecías conocidas por boca del profeta fueron recordadas, y sólo años más tarde transcritas por sus discípulos. Por lo general, son breves y tienen forma de poemas. En estos libros, cuando aparecen la prosa y prolongados pasajes proféticos, suele deberse al trabajo de editores que, en la mayoría de los casos, combinaron fragmentos más pequeños de la versión original, y en ocasiones incluso los desarrollaron añadiendo detalles adicionales. La composición del libro de Jeremías posee una complicada historia, parte de la cual puede discernirse con relativa facilidad a partir del propio texto, mientras que la de otras partes se basa sobre todo en conjeturas. En el capítulo 36 se discute el origen del libro. El rollo escrito por Baruc, discípulo de Jeremías, constituye la fuente principal, aunque no es factible reconstruir su contenido exacto a partir del texto que ha llegado a nuestros días, que también fue compilado gracias a otras fuentes, con toda probabilidad durante un largo periodo de tiempo.
Los críticos modernos han distinguido tres tipos de materiales utilizados para la composición de Jeremías: (a) oráculos proféticos y relatos narrados en primera persona por el propio profeta; (b) relatos en tercera persona acerca de Jeremías, que aparecen en un estilo coherente que quizá sea el de Baruc; (c) las llamadas secciones deuteronómicas, que constan de profecías derivadas de Jeremías, aunque ampliadas y modificadas por otros escritores, conforme a la tradición acuñada en el Deuteronomio.
El libro de Jeremías es una de las obras del Antiguo Testamento que difieren de forma palmaria según se presenten en la versión hebrea tradicional (el texto masorético) o en la antigua traducción griega del original (la Septuaginta). La versión griega es más amplia que la hebrea y aparece en un orden diferente. Esto sugiere que el libro de Jeremías fue tardío en lo que se refiere a alcanzar un modelo canónico fijo y concluyente en la Biblia hebrea. El material jeremíaco circuló con libertad y fue muy a menudo adaptado y aplicado a nuevas situaciones que afectaban a la comunidad judía.
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CONTENIDO
Esta obra puede dividirse en tres partes muy diferenciadas. En la primera (capítulos 1 al 25) se reproducen las profecías contra Judá y Jerusalén pronunciadas por el profeta durante el reinado de los reyes Josías, Joaquim (o Yoyaquim), Joaquín y Sedecías. Casi todas relatadas en primera persona y es probable que en su mayoría deriven del rollo de Baruc. En esta primera parte se incluyen, asimismo, un relato de la vocación de Jeremías (1,4-19); una serie de confesiones introspectivas de Jeremías (11,18-12,6; 15,10-21; 17,14-18; 18,18-23; 20,7-18), que son párrafos de naturaleza privada los cuales, es de suponer, el profeta no tenía previsto publicar; detalles biográficos como el sermón de Jeremías en el Templo (7,1-15), y sus actividades en apoyo a las reformas religiosas del rey Josías (11,1-17). Los dos últimos capítulos refieren dos visiones sobre la caída de Judá y la cautividad de Babilonia.
La segunda parte distintiva de Jeremías (capítulos 26 al 29 y 32 al 45) incluye un relato, compuesto casi por entero en prosa, de las actividades del profeta, de las pruebas a las que fue sometido y de las persecuciones que sufrió desde el 608 a.C. hasta el final de sus días. El profeta aparece aquí en tercera persona, y es probable que casi toda la narración sea obra de Baruc. Los acontecimientos históricos aparecen reflejados con precisión, aunque el orden original fuera modificado por escritores o editores posteriores. Los capítulos 26 y 45, por ejemplo, dan cuenta de los hechos que se produjeron bajo la monarquía de Joaquim, mientras que gran parte del material que nutre los capítulos 27 al 44 datan del reinado de Sedecías. Los capítulos 30 y 31, el así llamado Libro de la Consolación, son valorados como profecías originales del propio Jeremías, y auguran la restauración de Israel y de Judá, su reunificación y una nueva alianza“con la casa de Israel y con la casa de Judá” (31,31).
La tercera parte del libro de Jeremías la componen una colección de pronunciamientos contra las naciones extranjeras (capítulos 46 al 51) y por un apéndice histórico (capítulo 52, que quizá fuera extraído de 2 Re. 24,18-25,30). Indica el número de judíos llevados al cautiverio, un dato de gran valor histórico que 2 Re. no registra.
Algunas de las enseñanzas teológicas contenidas en Jeremías afectaron de modo significativo a la evolución del judaísmo posterior al exilio. Entre las más importantes puede mencionarse la opinión de que el Dios de Israel y de Judá no tiene por qué adorarse tan sólo en los santuarios de Silo y Jerusalén, idea que permitió a los judíos de la diáspora conservar y perpetuar su religión. Otra aportación relevante es el énfasis puesto sobre el concepto de responsabilidad individual (31,30) que en última instancia hallaría su expresión adecuada en una nueva alianza entre Dios y su pueblo elegido (31,31-34).

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