miércoles, 31 de agosto de 2011

Luis XIV





Luis XIV
Luis XIV
Luis XIV, llamado ‘el Rey Sol’ por elegir este astro como emblema real, promovió el arte y la literatura francesas e hizo de su país la potencia militar más poderosa de Europa. Su objetivo era la supremacía de Francia, ya fuera en tiempo de guerra o de paz.

Luis XIV (1638-1715), rey de Francia (1643-1715), conocido como el Rey Sol, impuso el absolutismo y emprendió una serie de guerras con el fin de dominar Europa. Su reinado, el más largo de toda la historia europea, se caracterizó por un gran desarrollo de la cultura francesa.
Perteneciente a la Casa de Borbón, era hijo del rey francés Luis XIII y de Ana de Austria, hija del monarca español Felipe III. Nació el 5 de septiembre de 1638, en Saint-Germain-en-Laye.
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PRINCIPIO DE SU REINADO
El palacio de Versalles (Francia)
Luis XIV ordenó la construcción de Versalles, que se inició en 1661. El palacio barroco de Versalles cuenta con más de 1.300 habitaciones y fueron necesarios 40 años para finalizarlo. Fue la residencia real hasta la revolución de 1789.

Cuando en 1643 accedió al trono tras el fallecimiento de su padre, la esposa de éste, Ana de Austria, con la ayuda de su principal ministro, el cardenal de origen italiano Giulio Mazarino, gobernó Francia como regente. Tuvo tutores amables pero mediocres que le proporcionaron una educación pobre que fue ampliada personalmente por su madre, desde postulados católicos. Mazarino le instruyó en las costumbres de la corte, la guerra y el arte de reinar. El conjunto de rebeliones en contra de la monarquía que tuvo lugar entre 1648 y 1653 y ha pasado a ser conocido como La Fronda convenció a Luis XIV de la necesidad de imponer orden, estabilidad y reformas en Francia, además de provocar en él una profunda desconfianza hacia la nobleza.
De acuerdo con la Paz de los Pirineos, firmada con España en 1659, contrajo matrimonio un año después con su prima, la infanta María Teresa de Austria, hija del rey español Felipe IV y de Isabel de Borbón. Cuando en 1661 murió Mazarino, Luis XIV sorprendió a Francia al negarse a designar un nuevo primer ministro; decidió gobernar sin la existencia de un jefe de ministros y en 1665 eligió como ministro dedicado al control general de las finanzas a Jean-Baptiste Colbert, quien favoreció la industria nacional y las exportaciones al mismo tiempo que desde 1669, con su nuevo cargo de secretario de Estado para la Marina, reconstruyó la Armada francesa.
A pesar de su libertina juventud, Luis XIV demostró ser un rey entregado a las labores de gobierno. Todos los lunes, miércoles y sábados presidía las reuniones de una junta en la que él y un grupo escogido de ministros formulaban políticas que afectaban a la vida de sus 20 millones de súbditos. Desarrolló dos nuevos y eficaces instrumentos de poder: un cuerpo de diplomáticos profesionales y un Ejército permanente. A partir de 1682 pasó casi todo su tiempo en la localidad de Versalles, cerca de París, donde desde 1661 había ordenado la construcción de un magnífico palacio que se convertiría en uno de los principales monumentos arquitectónicos europeos.
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GUERRAS EXTERIORES
Retrato de Luis XIV
Este retrato del más afamado monarca francés, Luis XIV, es obra de Hyacinthe Rigaud (1701) y se encuentra desde 1827 en el Museo del Prado (Madrid, España). Hasta ese último año, formó parte de la colección regia que se encontraba en el palacio español de La Granja (en la localidad segoviana de San Ildefonso).

En política exterior, el firme objetivo de Luis XIV fue el de engrandecer Francia, consolidar sus defensas en las fronteras septentrional y oriental e impedir cualquier incremento del dominio por parte de la Casa de Habsburgo, que anteriormente había amenazado a Francia desde dos frentes, debido al inmenso poder que ejercían sus miembros en tanto que reyes de España y emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. En cuatro guerras demostró a toda Europa su habilidad como jefe militar. En 1667, alegando el derecho hereditario de su esposa (ius devolutionis o derecho de devolución), Luis invadió los Países Bajos españoles, con lo que dio comienzo la llamada guerra de Devolución. Sus rápidas victorias obligaron en 1668 a Inglaterra, las Provincias Unidas y Suecia a unirse en la Triple Alianza para frenar a Francia y dieron lugar al Tratado de Aquisgrán, firmado en mayo de ese año. Luis XIV obtuvo doce fortalezas en Flandes y no tardó en aislar a los holandeses negociando la neutralidad inglesa y sueca. En 1672 lanzó un ejército contra las Provincias Unidas, dando así comienzo a la denominada guerra de Holanda. Durante seis años los holandeses, con la ayuda de España y del Sacro Imperio, rechazaron los ataques franceses. Los tratados firmados en Nimega en 1678 y 1679 no le proporcionaron los territorios españoles en los Países Bajos, pero concedieron a Luis XIV la región del Franco Condado y más fortalezas en Flandes.
Al mismo tiempo que sus ejércitos combatían a los protestantes holandeses, Luis negaba la libertad religiosa a los protestantes de Francia (hugonotes) y reforzaba el control sobre el clero católico. En 1685, decidido a lograr la conversión de los hugonotes, revocó su carta de libertades, el Edicto de Nantes, y envió a más de 200.000 al exilio, lo que daría paso desde 1702 a la rebelión de los camisards. Aunque la revocación fue aplaudida por sus súbditos católicos, endureció sus relaciones con la Europa protestante.
De otro lado, en 1684, un año después de la muerte de la reina María Teresa de Austria, Luis contrajo matrimonio morganático con una mujer piadosa pero de pasado oscuro, Françoise d'Aubigné, marquesa de Maintenon, quien le instó para que contuviera la inmoralidad que reinaba en la corte.
Demasiado confiado y mal asesorado, envió un ejército a Renania en 1688 con el fin de reclamar el Palatinado para su cuñada, Isabel Carlota de Baviera. La consiguiente guerra de la Liga de Augsburgo puso de manifiesto las graves deficiencias del Ejército de Luis XIV. A pesar de que sus tropas devastaron Renania, la Paz de Ryswick, acordada en septiembre de 1697, no mejoró las defensas francesas ni incrementó la gloria de la monarquía. Al mismo tiempo, en 1689 se produjo la formación de la conocida como primera Gran Alianza, que, encabezada por el rey británico Guillermo III de Orange, vio reconocidos en los acuerdos firmados en Ryswick los principios que habían llevado a su creación.
La última empresa militar de Luis XIV, la guerra de Sucesión española (1702-1714), se debió al apoyo dado a su nieto, Felipe V, como rey de España. Los ejércitos franceses, enfrentados a una alianza de potencias europeas (la denominada segunda Gran Alianza), perdieron casi todas las grandes batallas, pero lograron que el trono español fuera ocupado por la Casa de Borbón en la persona de Felipe V. De hecho, el principal Tratado de Utrecht (1713), que otorgaba a los británicos varios territorios franceses en Norteamérica, también reconocía a Felipe V como rey de España. Luis XIV gobernó una Francia harta de guerras hasta que su salud se quebró en 1715. A pesar de padecer fiebre y gangrena, reunió las fuerzas necesarias para decir su célebre frase: “Yo me voy, Francia se queda”, antes de morir el 1 de septiembre de 1715, en Versalles. Le sucedió en el trono su bisnieto, Luis XV.
Luis XIV no logró poner fin a las tensiones entre una elite gobernante, entregada al trabajo, y una sociedad estamental, basada en privilegios hereditarios, lo cual explica muchos de los fracasos de su reinado. Sin embargo, su plena dedicación a las tareas de gobierno y su larga duración en el desempeño de la monarquía convirtieron a Francia en el modelo burocrático de la Europa absolutista del siglo XVIII.
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MECENAS CULTURAL
Campos Elíseos, París
La amplia avenida de los Campos Elíseos, flanqueada por hileras de árboles, detenta un papel principal en las celebraciones nacionales de Francia. La avenida comienza en los bellos jardines de la plaza de la Concordia y corre hacia el noroeste, hasta la plaza Charles de Gaulle, donde se alza el Arco de Triunfo. Su diseño se debe al interés de Luis XIV por mejorar París.

Similar a su búsqueda de gloria en la guerra fue su mecenazgo en el campo de las artes. Molière y Racine escribieron obras de teatro que fueron representadas en su corte. Las pinturas de maestros franceses, entre los que cabe mencionar a Hyacinthe Rigaud, decoraban sus palacios, donde la música de Jean Baptiste Lully amenizaba a sus invitados. Luis XIV fundó las academias de Pintura y Escultura (1655), de Ciencias (1666) y de Arquitectura (1671), y en 1680 creó la Comédie-Française. Su gran palacio de Versalles constituía el marco ideal para su lujosa corte.
El interés de Luis XIV por mejorar París le llevó a ordenar la demolición de las murallas medievales de la ciudad, la construcción de Los Inválidos (un hogar para veteranos de guerra), el diseño de los planos de la gran avenida de los Campos Elíseos y la restauración de la catedral de Notre Dame.




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viernes, 26 de agosto de 2011

Carlos IV





Carlos IV
Carlos IV
Francisco de Goya pintó este retrato del monarca español Carlos IV (Museo del Prado, Madrid) hacia 1789. La crisis política del final del Antiguo Régimen coincidió con el reinado de este Borbón, hijo de Carlos III y padre de Fernando VII.





Carlos IV (1748-1819), rey de España (1788-1808), sus gobiernos hubieron de hacer frente a las consecuencias de la vecina Revolución Francesa.
Carlos IV y su familia
Este óleo, titulado La familia de Carlos IV, pintado en 1800 por Francisco de Goya y que se encuentra en el Museo del Prado (Madrid, España), muestra, de izquierda a derecha, entre otros, a: Carlos María Isidro (vestido de rojo), el propio autor, el príncipe Fernando (futuro Fernando VII, de azul), la reina María Luisa de Parma (en el centro) y el rey Carlos IV (situado a la derecha de su mujer, separado de ella por el infante Francisco de Paula, de rojo). La efigie que aparece de perfil, situada en el sector de la derecha, pudiera ser la primogénita de Carlos IV, Carlota Joaquina, casada con quien sería rey de Portugal, Juan VI. Se supone que la mujer cuyo rostro no se distingue representa a la futura princesa de Asturias, en aquellas fechas desconocida por no haberse casado el príncipe Fernando.

Hijo de Carlos III y de María Amalia de Sajonia, nació el 11 de noviembre de 1748 en Portici (residencia real de su padre, entonces rey de Nápoles, y en la actualidad perteneciente al área suburbana de la ciudad italiana de Nápoles). En 1765, contrajo matrimonio con María Luisa de Parma. Llegó al trono con cuarenta años, tras el fallecimiento paterno, y, aunque no estaba exento de experiencia política, carecía del talento y la energía que las circunstancias en que iba a verse envuelto requerían.
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PRIMEROS AÑOS DE SU REINADO
Conde de Floridablanca
El conde de Floridablanca fue la principal figura política de la última fase del reinado del monarca español Carlos III (e, incluso, de los cuatro primeros años de la monarquía de Carlos IV). Su nombre aparece asociado a una institución de la que fue su inspirador y único jefe: la Junta Suprema de Estado (conocida también como Junta de Estado). Aquí podemos observar la reproducción de un retrato suyo hecho por Francisco de Goya (c. 1788) y conservado en el Museo del Prado (Madrid).

El inicio del reinado de Carlos IV, con el gobierno en manos de José Moñino, conde de Floridablanca, marcó un intento de continuidad, cada vez más controlada, del reformismo ilustrado. Se trató de poner trabas a la acumulación de bienes en manos muertas civiles y eclesiásticas, se tomaron medidas para impedir el acaparamiento y la especulación de grano, derivados de las crisis agrícolas, y se fomentó la libertad industrial y comercial. El periodo estuvo definido por la oposición radical a las ideas de la Revolución Francesa, razón por la cual se adoptó la denominada política de ‘cordón sanitario’, destinada a impedir su penetración en España.
Conde de Aranda
El conde de Aranda, cuyo nombre completo era Pedro Pablo Abarca de Bolea y Giménez de Urrea, distinguido militar e importantísima figura política de la segunda mitad del siglo XVIII español, pasó los últimos años de su vida desterrado, primero en distintos puntos de Andalucía y, finalmente, en su casa solariega de Épila (Zaragoza), donde falleció. Fue el presidente del Consejo de Castilla desde 1766 hasta 1773.

El conde de Aranda, sucesor de Floridablanca desde febrero de 1792, tuvo como objetivo primordial el mantenimiento de una sólida neutralidad armada en los escasos meses de su gestión, la cual apenas duró hasta noviembre de ese año.
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EL GOBIERNO DE GODOY
Manuel Godoy en campaña
La que ha pasado a ser conocida como guerra de la Naranjas fue una breve contienda entre España y Portugal que tuvo lugar en 1801. El que fuera primer ministro del rey español Carlos IV, Manuel Godoy, dirigió a los ejércitos españoles vencedores, lo que le valió el nuevo ascenso a la gobernación del país. Ese mismo año, el pintor español Francisco de Goya inmortalizó a Godoy en este óleo que se encuentra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).

A partir de este momento y salvo un corto intervalo, Manuel Godoy dominó el panorama político español; los acontecimientos precipitaron su encumbramiento desde la Secretaría de Estado. Godoy era un asiduo en los ambientes de la corte, un hombre de ideas ilustradas que se mostraba tradicional y antirrevolucionario en lo que afectaba a la estructura política del Estado. No contaba, sin embargo, con la simpatía de los círculos de la ilustración española.
Gaspar Melchor de Jovellanos
El más importante miembro del movimiento ilustrado en España fue, sin duda, el asturiano Gaspar Melchor de Jovellanos. Este excelente retrato suyo, pintado por Francisco de Goya en 1797, cuando aquél desempeñaba el cargo de secretario (ministro) de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, se encuentra en el Museo del Prado (Madrid).

El progreso de las reformas, aunque con sobresaltos, continuó. Adquirió un gran desarrollo la obra cultural emprendida durante el gobierno de Carlos III, y surgieron nuevas instituciones de corte moderno como el Real Colegio de Medicina o el Observatorio Astronómico, junto con no pocas escuelas de artes y oficios. La promoción de las manufacturas o el fomento de las Sociedades Económicas de Amigos del País marcaron también una línea de continuidad de la política ilustrada.
La batalla de Trafalgar
El 21 de octubre de 1805, una flota hispanofrancesa fue derrotada por otra británica a las órdenes de Horatio Nelson frente a las costas del cabo de Trafalgar (Cádiz, España). Este combate naval, que supuso un importante episodio peninsular de las Guerras Napoleónicas, fue reflejado en el cuadro que aquí vemos por Jack Wilson.

Pero el gobierno de Godoy tuvo una piedra de toque fundamental en sus relaciones con la Francia revolucionaria, que determinaron la política interior y exterior, extraordinariamente unidas. Esta circunstancia, agravada por el ajusticiamiento de Luis XVI en enero de 1793, dio lugar a largos años de desastrosa guerra. En una primera fase, España emprendió la denominada guerra de la Convención (o guerra de los Pirineos) que se saldó con la Paz de Basilea de 1795. Posteriormente, entró en la órbita de Francia, lo que implicó, después de la firma del Tratado de San Ildefonso (1796), la ruptura con Gran Bretaña. La lucha planteada en el mar en los años siguientes le fue desfavorable. Además, Godoy se vio en la difícil situación de mantener una alianza con Francia al tiempo que, en el interior, se llevaba a cabo un verdadero combate frente a las ideas revolucionarias promovidas por aquélla. Todo ello provocó, en 1798, su caída.
Vuelto al poder en 1801, Godoy intentó desvincularse de la política francesa, en manos ya de Napoleón Bonaparte, sin demasiado éxito, hasta que, en 1804, la aparición del partido fernandino, liderado por el príncipe de Asturias (el futuro rey Fernando VII), le orientó de nuevo a la colaboración con el país vecino. La alianza trajo la guerra, y ésta el desastre de Trafalgar (1805), que supuso un golpe durísimo para la Marina de guerra española.
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ABDICACIONES DE CARLOS IV
A partir de 1806, la situación política fue cada vez más difícil, y ello condujo a los sucesos de marzo de 1808 (motín de Aranjuez), los cuales provocaron la primera abdicación de Carlos IV en la persona de su hijo Fernando. Su segunda abdicación tuvo lugar el 6 de mayo de ese año, en la localidad francesa de Bayona, y benefició al emperador Napoleón I Bonaparte, en quien depositó la autoridad regia española, forzado tanto por la presencia de tropas francesas en España, en tránsito teórico hacia Portugal, como por la posición de su hijo Fernando, quien, a su vez, había abdicado en su propio padre en la misma fecha.
Desde entonces, comenzó para Carlos, y para su esposa, un verdadero exilio que habría de comenzar en territorio francés (Compiègne y Marsella) y que finalizaría en Italia, en cuya ciudad de Roma falleció el 20 de enero de 1819, sin que su hijo, el entonces rey español Fernando VII (reinstaurado tras el triunfo de la guerra de la Independencia española), se aviniera a poner fin al destierro de sus progenitores a causa del temor al uso que, en su contra, pudieran hacer sus enemigos liberales de las personas de sus padres.




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jueves, 25 de agosto de 2011

Felipe IV





Felipe IV
Felipe IV
Durante el reinado de Felipe IV el proceso de decadencia española como potencia internacional se aceleró. La pérdida de la hegemonía en Europa no conllevó detrimento alguno en el aspecto cultural, y España vivió la etapa más importante de su denominado 'siglo de Oro'. El propio soberano, que delegó sus funciones de gobierno en sendos validos, el conde-duque de Olivares y Luis Menéndez de Haro sucesivamente, fomentó la actividad cultural de la corte y en 1623 nombró pintor de cámara a Diego de Silva Velázquez. El pintor sevillano realizó este retrato ecuestre del monarca, actualmente conservado en el Museo del Prado.

Felipe IV (1605-1665), rey de España (1621-1665), durante cuyo gobierno tuvo lugar el más evidente proceso de decadencia de la Monarquía Hispánica. Hijo de Felipe III, a quien sucedió tras su fallecimiento, y de Margarita de Austria, nació el 8 de abril de 1605 en Valladolid.
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PRINCIPALES INFLUENCIAS
Conde-duque de Olivares
El conde-duque de Olivares dirigió la política de la Monarquía Hispánica durante veinte años del reinado de Felipe IV, concretamente desde 1623 hasta 1643. Aquí aparece representado en uno de los más famosos retratos del sevillano Diego Velázquez, expuesto en el Museo del Prado de Madrid.

Su favorito, el valido Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, contribuyó decisivamente a su formación y aprendizaje del “oficio” real. Inteligente, culto, sensible y capacitado para las tareas de gobierno, Felipe IV adolecía, sin embargo, de falta de seguridad en sí mismo, y era indeciso y débil de voluntad. Su dedicación al trabajo, admirable en muchos momentos, se veía contrarrestada por su propensión a las diversiones cortesanas. La fuerte influencia que tuvo sobre él Olivares fue reemplazada en 1643 por la de sor María de Jesús de Ágreda, con quien mantuvo una correspondencia constante durante el resto de su vida, un dilatado periodo en el que las desgracias familiares y las de la Monarquía Hispánica incrementaron su tendencia a la melancolía y su sentimiento de culpa.
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LA FAMILIA Y LA CORTE DE FELIPE IV
Las Meninas
Las Meninas (1656) es un cuadro complejo. Está considerado como la obra maestra de Velázquez. La figura del centro es la infanta Margarita Teresa, hija del rey Felipe IV, flanqueada por dos meninas o damas de honor. A la izquierda del cuadro está el propio Velázquez frente a un enorme lienzo, en el que quizá esté pintando al rey y a la reina, que aparecen reflejados en el espejo del fondo y que ocupaban, por lo tanto, el lugar donde ahora se encuentra el espectador del cuadro. La figura que baja la escalera en el extremo opuesto de la habitación sirve para acentuar el plano horizontal.

Felipe IV se casó en 1615 con Isabel de Borbón (seis años antes de acceder al trono), con quien tuvo, además de otros hijos malogrados, al príncipe heredero Baltasar Carlos (1629) y a la infanta María Teresa (1638), futura esposa del rey de Francia Luis XIV, cuya unión propiciaría, en 1700, el acceso de la Casa de Borbón al trono de España. Tras las sucesivas muertes de la reina Isabel de Borbón (1644) y del príncipe heredero (1646), Felipe IV se casó en 1649 con su sobrina Mariana de Austria, de cuyo matrimonio sólo dos hijos alcanzaron la edad adulta: la infanta Margarita Teresa (1651), futura emperatriz (por su matrimonio con el emperador Leopoldo I), y el que sería heredero del trono, Carlos II (1661). El más famoso de sus diversos hijos naturales fue don Juan José de Austria (1629).
Su reinado, sobre todo en los años de gobierno del conde-duque de Olivares, fue un periodo de lujo, fiestas y exaltación cortesana. En 1633 comenzó la construcción del palacio del Buen Retiro, escenario principal de la corte planeado por Olivares como el espacio perfecto para proclamar al mundo la grandeza y el triunfo de la Monarquía Hispánica. Aficionado a la música, el teatro, la poesía y la pintura, el Rey fue un auténtico mecenas que favoreció la creación literaria, teatral y artística en el momento culminante del Siglo de Oro.
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EL REINADO
La rendición de Breda
Conocido también como Las lanzas, este lienzo es una de las más afamadas y bellas muestras de la historia de la pintura. Lo pintó, hacia 1634, el sevillano Diego de Silva Velázquez para adornar el principal salón del palacio regio del Buen Retiro. En la actualidad, se conserva en el madrileño Museo del Prado. El cuadro representa la entrega de las llaves de la ciudad de Breda (Países Bajos) que efectuó Justino de Nassau a Ambrosio de Spínola, el 5 de junio de 1625. El hecho se enmarca en la denominada guerra de los Países Bajos que la Monarquía Hispánica mantuvo contra el intento, finalmente logrado, de independencia de esos territorios.

El reinado de Felipe IV puede dividirse en varias etapas: una primera, hasta 1643, en que el protagonismo esencial le corresponde a su valido, el conde-duque de Olivares; una segunda, en la cual Luis Menéndez de Haro, marqués de Carpio, dirigió los destinos de la Monarquía Hispánica (1643-1661); y, finalmente, los últimos años de la vida de Felipe IV, hasta 1665.
Batalla de Rocroi
La Batalla de Rocroi, pintura anónima del siglo XVII que se conserva en la Galerie de Monsieur le Prince de Condé (Chantilly, Francia), refleja el combate librado el 19 de mayo de 1643 entre tropas españolas, que sitiaban dicha ciudad, y francesas, en el transcurso de la guerra de los Treinta Años.

Con Olivares, la Monarquía se implicó plenamente en la guerra de los Treinta Años y reanudó la guerra de los Países Bajos. El valido pretendía compaginar la ofensiva bélica con las reformas interiores, tendentes a aliviar a la Corona de Castilla del enorme peso fiscal y militar. En este último sentido, su programa político tuvo como referente indiscutible el proyecto de Unión de Armas (1624-1626). Tras unos años de brillantes victorias, el fracaso de su política interior, la falta de recursos y la intervención de Francia en la guerra comenzaron a cambiar la situación. Ésta alcanzó cotas de gravedad tales como para ser considerada la mayor crisis interna sufrida por la Monarquía Hispánica, y estuvo salpicada por numerosas sublevaciones, como la rebelión de Cataluña (1640), la guerra de Separación de Portugal (también iniciada en 1640) o la rebelión de Andalucía (1641). Los múltiples descontentos provocados llevaron a la destitución del conde-duque en 1643, aunque con posterioridad a este hecho, en los últimos años de la década de 1640, los motines y conspiraciones se reprodujeron en Nápoles, Sicilia y Navarra. También en 1643, el 19 de mayo de aquel año, los Tercios españoles fueron derrotados por las tropas francesas en la batalla de Rocroi, hito bélico que tradicionalmente se ha considerado como el punto y final de la hegemonía de la infantería hispánica en Europa.
Batalla de Montjuïc
En enero de 1641, las tropas que defendían Barcelona vencieron a los ejércitos del rey español Felipe IV en la batalla de Montjuïc. Este óleo de Pandolfo Reschi (Galería Corsini, Florencia, Italia) ilustra un momento crucial del combate.

Los años posteriores no pudieron alterar el curso de los acontecimientos. El Tratado de Münster (que, firmado en 1648, formaba parte del conjunto de acuerdos que se conoce como Paz de Westfalia) consagró la pérdida de las provincias del norte de los Países Bajos. La guerra franco-española continuó, pero, a pesar de éxitos como la recuperación de Cataluña, el apoyo de la Inglaterra republicana resultó decisivo para la victoria de Francia, consumada en 1659 con la Paz de los Pirineos.
En los últimos años de su reinado, concluidos los grandes conflictos, Felipe IV pudo concentrarse en el frente portugués. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Meses antes de su muerte (ocurrida en Madrid, el 17 de septiembre de 1665), la derrota de Villaviciosa (17 de junio) permitía vaticinar la pérdida de Portugal. La situación en Castilla no era más halagüeña, y la crisis humana, material y social afectaba profundamente a las regiones del interior.

Cronología: Felipe IV
AÑO
ACONTECIMIENTO

1605
Nace el 8 de abril, en Valladolid, hijo del rey de España Felipe III y de Margarita de Austria.
1615
Contrae matrimonio con Isabel de Borbón, hija del rey francés Enrique IV.
1621
Accede al trono tras el fallecimiento de su padre. Se reanuda la guerra de los Países Bajos.
1623
Da comienzo la actividad como valido regio del conde-duque de Olivares. Diego de Silva Velázquez es designado pintor de cámara del Rey.
1629
Nacen el príncipe heredero Baltasar Carlos, que fallecerá 17 años después, y Juan José de Austria, hijo natural del Rey.
1633
Se inicia la construcción del madrileño palacio del Buen Retiro.
1638
Nace la infanta María Teresa de Austria, que 22 años más tarde accederá al trono francés al casarse con Luis XIV.
1640
Cataluña y Portugal se rebelan contra su pertenencia a la Monarquía Hispánica.
1643
El marqués de Carpio sustituye al conde-duque de Olivares como valido regio. La infantería española sufre una decisiva derrota en Rocroi a manos francesas, en el marco de la guerra de los Treinta Años.
1644
Fallece Isabel de Borbón.
1648
El Tratado de Münster, integrante de la llamada Paz de Westfalia, pone fin a la guerra de los Países Bajos: la Monarquía Hispánica reconoce la independencia de las Provincias Unidas.
1649
Contrae segundas nupcias con su sobrina Mariana de Austria, hija del emperador Fernando III de Habsburgo.
1651
Nace la infanta Margarita Teresa, futura esposa del emperador Leopoldo I.
1659
Se firma con Francia la Paz de los Pirineos, acuerdo que asimismo marca el definitivo final de la rebelión catalana.
1661
Nace su sucesor, el futuro Carlos II, y fallece el marqués de Carpio.
1665
Junio: la derrota española en la batalla de Villaviciosa (Vila Viçosa) abre el camino al reconocimiento español de la independencia portuguesa.
Septiembre: fallece el día 17, en Madrid.





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