viernes, 26 de agosto de 2011

Carlos IV





Carlos IV
Carlos IV
Francisco de Goya pintó este retrato del monarca español Carlos IV (Museo del Prado, Madrid) hacia 1789. La crisis política del final del Antiguo Régimen coincidió con el reinado de este Borbón, hijo de Carlos III y padre de Fernando VII.





Carlos IV (1748-1819), rey de España (1788-1808), sus gobiernos hubieron de hacer frente a las consecuencias de la vecina Revolución Francesa.
Carlos IV y su familia
Este óleo, titulado La familia de Carlos IV, pintado en 1800 por Francisco de Goya y que se encuentra en el Museo del Prado (Madrid, España), muestra, de izquierda a derecha, entre otros, a: Carlos María Isidro (vestido de rojo), el propio autor, el príncipe Fernando (futuro Fernando VII, de azul), la reina María Luisa de Parma (en el centro) y el rey Carlos IV (situado a la derecha de su mujer, separado de ella por el infante Francisco de Paula, de rojo). La efigie que aparece de perfil, situada en el sector de la derecha, pudiera ser la primogénita de Carlos IV, Carlota Joaquina, casada con quien sería rey de Portugal, Juan VI. Se supone que la mujer cuyo rostro no se distingue representa a la futura princesa de Asturias, en aquellas fechas desconocida por no haberse casado el príncipe Fernando.

Hijo de Carlos III y de María Amalia de Sajonia, nació el 11 de noviembre de 1748 en Portici (residencia real de su padre, entonces rey de Nápoles, y en la actualidad perteneciente al área suburbana de la ciudad italiana de Nápoles). En 1765, contrajo matrimonio con María Luisa de Parma. Llegó al trono con cuarenta años, tras el fallecimiento paterno, y, aunque no estaba exento de experiencia política, carecía del talento y la energía que las circunstancias en que iba a verse envuelto requerían.
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PRIMEROS AÑOS DE SU REINADO
Conde de Floridablanca
El conde de Floridablanca fue la principal figura política de la última fase del reinado del monarca español Carlos III (e, incluso, de los cuatro primeros años de la monarquía de Carlos IV). Su nombre aparece asociado a una institución de la que fue su inspirador y único jefe: la Junta Suprema de Estado (conocida también como Junta de Estado). Aquí podemos observar la reproducción de un retrato suyo hecho por Francisco de Goya (c. 1788) y conservado en el Museo del Prado (Madrid).

El inicio del reinado de Carlos IV, con el gobierno en manos de José Moñino, conde de Floridablanca, marcó un intento de continuidad, cada vez más controlada, del reformismo ilustrado. Se trató de poner trabas a la acumulación de bienes en manos muertas civiles y eclesiásticas, se tomaron medidas para impedir el acaparamiento y la especulación de grano, derivados de las crisis agrícolas, y se fomentó la libertad industrial y comercial. El periodo estuvo definido por la oposición radical a las ideas de la Revolución Francesa, razón por la cual se adoptó la denominada política de ‘cordón sanitario’, destinada a impedir su penetración en España.
Conde de Aranda
El conde de Aranda, cuyo nombre completo era Pedro Pablo Abarca de Bolea y Giménez de Urrea, distinguido militar e importantísima figura política de la segunda mitad del siglo XVIII español, pasó los últimos años de su vida desterrado, primero en distintos puntos de Andalucía y, finalmente, en su casa solariega de Épila (Zaragoza), donde falleció. Fue el presidente del Consejo de Castilla desde 1766 hasta 1773.

El conde de Aranda, sucesor de Floridablanca desde febrero de 1792, tuvo como objetivo primordial el mantenimiento de una sólida neutralidad armada en los escasos meses de su gestión, la cual apenas duró hasta noviembre de ese año.
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EL GOBIERNO DE GODOY
Manuel Godoy en campaña
La que ha pasado a ser conocida como guerra de la Naranjas fue una breve contienda entre España y Portugal que tuvo lugar en 1801. El que fuera primer ministro del rey español Carlos IV, Manuel Godoy, dirigió a los ejércitos españoles vencedores, lo que le valió el nuevo ascenso a la gobernación del país. Ese mismo año, el pintor español Francisco de Goya inmortalizó a Godoy en este óleo que se encuentra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).

A partir de este momento y salvo un corto intervalo, Manuel Godoy dominó el panorama político español; los acontecimientos precipitaron su encumbramiento desde la Secretaría de Estado. Godoy era un asiduo en los ambientes de la corte, un hombre de ideas ilustradas que se mostraba tradicional y antirrevolucionario en lo que afectaba a la estructura política del Estado. No contaba, sin embargo, con la simpatía de los círculos de la ilustración española.
Gaspar Melchor de Jovellanos
El más importante miembro del movimiento ilustrado en España fue, sin duda, el asturiano Gaspar Melchor de Jovellanos. Este excelente retrato suyo, pintado por Francisco de Goya en 1797, cuando aquél desempeñaba el cargo de secretario (ministro) de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, se encuentra en el Museo del Prado (Madrid).

El progreso de las reformas, aunque con sobresaltos, continuó. Adquirió un gran desarrollo la obra cultural emprendida durante el gobierno de Carlos III, y surgieron nuevas instituciones de corte moderno como el Real Colegio de Medicina o el Observatorio Astronómico, junto con no pocas escuelas de artes y oficios. La promoción de las manufacturas o el fomento de las Sociedades Económicas de Amigos del País marcaron también una línea de continuidad de la política ilustrada.
La batalla de Trafalgar
El 21 de octubre de 1805, una flota hispanofrancesa fue derrotada por otra británica a las órdenes de Horatio Nelson frente a las costas del cabo de Trafalgar (Cádiz, España). Este combate naval, que supuso un importante episodio peninsular de las Guerras Napoleónicas, fue reflejado en el cuadro que aquí vemos por Jack Wilson.

Pero el gobierno de Godoy tuvo una piedra de toque fundamental en sus relaciones con la Francia revolucionaria, que determinaron la política interior y exterior, extraordinariamente unidas. Esta circunstancia, agravada por el ajusticiamiento de Luis XVI en enero de 1793, dio lugar a largos años de desastrosa guerra. En una primera fase, España emprendió la denominada guerra de la Convención (o guerra de los Pirineos) que se saldó con la Paz de Basilea de 1795. Posteriormente, entró en la órbita de Francia, lo que implicó, después de la firma del Tratado de San Ildefonso (1796), la ruptura con Gran Bretaña. La lucha planteada en el mar en los años siguientes le fue desfavorable. Además, Godoy se vio en la difícil situación de mantener una alianza con Francia al tiempo que, en el interior, se llevaba a cabo un verdadero combate frente a las ideas revolucionarias promovidas por aquélla. Todo ello provocó, en 1798, su caída.
Vuelto al poder en 1801, Godoy intentó desvincularse de la política francesa, en manos ya de Napoleón Bonaparte, sin demasiado éxito, hasta que, en 1804, la aparición del partido fernandino, liderado por el príncipe de Asturias (el futuro rey Fernando VII), le orientó de nuevo a la colaboración con el país vecino. La alianza trajo la guerra, y ésta el desastre de Trafalgar (1805), que supuso un golpe durísimo para la Marina de guerra española.
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ABDICACIONES DE CARLOS IV
A partir de 1806, la situación política fue cada vez más difícil, y ello condujo a los sucesos de marzo de 1808 (motín de Aranjuez), los cuales provocaron la primera abdicación de Carlos IV en la persona de su hijo Fernando. Su segunda abdicación tuvo lugar el 6 de mayo de ese año, en la localidad francesa de Bayona, y benefició al emperador Napoleón I Bonaparte, en quien depositó la autoridad regia española, forzado tanto por la presencia de tropas francesas en España, en tránsito teórico hacia Portugal, como por la posición de su hijo Fernando, quien, a su vez, había abdicado en su propio padre en la misma fecha.
Desde entonces, comenzó para Carlos, y para su esposa, un verdadero exilio que habría de comenzar en territorio francés (Compiègne y Marsella) y que finalizaría en Italia, en cuya ciudad de Roma falleció el 20 de enero de 1819, sin que su hijo, el entonces rey español Fernando VII (reinstaurado tras el triunfo de la guerra de la Independencia española), se aviniera a poner fin al destierro de sus progenitores a causa del temor al uso que, en su contra, pudieran hacer sus enemigos liberales de las personas de sus padres.




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