lunes, 31 de octubre de 2011

Las antiguas civilizaciones andinas





Las antiguas civilizaciones andinas

En el sur de Perú existen unas misteriosas líneas que solo pueden verse desde una gran altura. Se trata de uno de los restos más enigmáticos del pasado americano. Pertenecieron a una cultura llamada Nazca, una de las antiguas civilizaciones andinas...
¿CUÁLES FUERON LAS CIVILIZACIONES ANDINAS?
Hace más de 4.000 años comenzaron a desarrollarse una serie de civilizaciones en la zona de la cordillera de los Andes y en sus áreas cercanas. Aproximadamente, en los espacios que hoy ocupan Perú, gran parte de Ecuador y Bolivia, y el norte de Chile. La última de aquellas civilizaciones fue la de los incas, que, en el siglo XV, crearon un gran imperio. En el siglo XVI, el Imperio incaico (de los incas) fue conquistado por los españoles.
Las principales civilizaciones andinas hasta la llegada de los españoles fueron las siguientes:
·                     Huaca Prieta.
·                     Chavín de Huantar.
·                     Paracas.
·                     Mochica o moche.
·                     Nazca.
·                     Huari.
·                     Tiahuanaco.
·                     Chimú.
·                     Inca.
La historia de aquellas civilizaciones se suele dividir en varios periodos. Sigue leyendo si quieres acercarte a aquellos momentos tan interesantes de la historia de América.
EL PERIODO PRECERÁMICO
Este periodo comenzó hace aproximadamente 4.500 años, es decir, sobre el 2500 antes de Cristo.
En aquella época fueron construidas unas monumentales tumbas ceremoniales en Huaca Prieta. Este lugar está situado en el valle de Chicama, en el norte de la costa peruana. Los restos de Huaca Prieta son los más antiguos de las civilizaciones andinas.
Hace 3.800 años, se construyeron, en Las Haldas (también en la costa norte de Perú), los considerados primeros templos y pirámides de toda América.
EL PERIODO PRECLÁSICO
Las dos culturas más importantes del periodo preclásico fueron las de Chavín de Huantar y Paracas.
Chavín de Huantar. Hace casi 3.000 años (en el 900 a.C.) floreció en el norte del altiplano peruano, en el centro ceremonial de Chavín de Huantar, una civilización similar a la cultura mesoamericana de los olmecas. Su notable influencia en la costa cercana a los Andes duró hasta hace unos 2.200 años. Chavín de Huantar fue el centro de esa civilización; otros puntos fueron Cerro Blanco y Cerro Sechín. De la cultura de Chavín de Huantar hay que destacar su escultura y su cerámica.
Paracas. Esta cultura se desarrolló en la costa sur del Perú. Los historiadores tienen dudas sobre cuándo nació y cuándo desapareció. Sus fechas de inicio oscilan entre el 1200 a.C. y el 600 a.C. Su finalización pudo tener lugar entre los años 100 d.C. y 500 d.C. Debes saber que uno de los aspectos más interesantes de esta cultura fueron sus tejidos, que se han conservado en perfecto estado gracias a la aridez de la zona. Los muertos eran envueltos con telas y enterrados en tumbas (en ellas, la sequedad del aire momificaba los cuerpos, por eso, también se han encontrado momias de individuos de Paracas muy bien conservadas). Las telas de la cultura de Paracas estaban bordadas, tejidas o pintadas de forma muy elaborada, con decoraciones de felinos que recuerdan a los de Chavín de Huantar.
PERIODO CLÁSICO
En el periodo clásico destacaron las culturas mochica (o moche), la de Nazca, la de Tiahuanaco y las relacionadas con Huari.
Mochica o moche. La cultura mochica apareció en torno al año 200 a.C. (es decir, hace unos 2.200 años) y duró aproximadamente hasta el año 700 d.C. Se desarrolló en la costa norte de Perú, y su capital fue Moche. Esta ciudad se extendía alrededor de dos grandes pirámides de adobe: las huacas del Sol y de la Luna. Los mochicas fueron una sociedad militar, pero también mostraron un delicado gusto artístico. En las tumbas mochicas se han encontrado objetos de cerámica y orfebrería muy refinados; una de las más importantes es la tumba del Señor de Sipán.
Nazca. Esta cultura, que descendía de la de Paracas, se desarrolló en el sur de la costa peruana, en el valle del río Nazca. Su momento de esplendor se produjo entre los años 100 d.C. y 800 d.C. Destacó por sus tejidos y por su cerámica. Uno de los mayores misterios de las civilizaciones precolombinas son las líneas dibujadas en el desierto de Nazca: son enormes representaciones de animales y formas geométricas, que solo pueden apreciarse en su totalidad desde el aire.
Tiahuanaco. Esta ciudad (cercana al lago Titicaca, en la actual Bolivia) fue el centro de otra importante civilización del periodo preclásico. Surgió en torno al año 200 a.C., y su vida se prolongó hasta casi el 900 d.C. Sus creadores fueron los aimaras. El principal resto de Tiahuanaco es la monumental Puerta del Sol, que está hecha con un solo bloque de piedra y decorada con bellos relieves. Sus numerosas estatuas con forma humana alcanzan alturas de más de 6 metros y están igualmente decoradas con relieves.
Huari (o Wari). Esta civilización se desarrolló en el sur peruano entre los años 650 y 800 de nuestra era. Era una sociedad guerrera, pero también apreciaba el arte.
PERIODO POSCLÁSICO
Las últimas civilizaciones andinas anteriores a la llegada de los españoles fueron la chimú y la incaica.
Chimú. Aproximadamente entre los años 1000 y 1470, la civilización chimú dominó el norte de Perú. La cultura chimú era heredera de la mochica. Su capital fue Chanchán, que ya era una verdadera ciudad, pues en ella había centros ceremoniales, viviendas, mercados, talleres, jardines y depósitos de agua y alimentos. Los edificios estaban decorados con mosaicos hechos con ladrillos de adobe y adornados con relieves que representan animales, pájaros y figuras mitológicas. La cultura chimú destacó también por su cerámica, su orfebrería y sus tejidos.
Inca. Desde su capital, Cuzco o Cosco, los incas gobernarían, a partir del siglo XV, un imperio que se extendía por el área central andina: desde Ecuador hasta Chile. Llegaron a Cuzco hacia el año 1100 d.C., y su esplendor se prolongó hasta el siglo XVI, cuando su gran imperio fue conquistado por los españoles.




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La cultura azteca o mexica





La cultura azteca o mexica

El Imperio azteca
A comienzos del siglo XVI, los aztecas habían formado un gran imperio que se extendía desde el centro de México hasta Guatemala.






Tláloc
En la mitología azteca, Tláloc era el dios de la lluvia, el señor del rayo, del trueno, del relámpago, el que hacía fluir los manantiales de las montañas.

Tocado de Moctezuma II

Se cree que este penacho o tocado cubrió alguna vez la cabeza del emperador azteca Moctezuma II. Estos objetos se hacían con plumas de colores y se adornaban con joyas. Eran símbolos de poder.

Al parecer, la palabra ‘azteca’ hace referencia a un lugar mítico, Aztlán, situado, posiblemente, al norte del actual México. Pero los aztecas se denominaban a sí mismos ‘mexicas’.
¿QUÉ FUE LA CIVILIZACIÓN AZTECA?

La civilización azteca se desarrolló en Mesoamérica, a partir del siglo XIV, durante el llamado periodo posclásico. Hasta el siglo XVI de nuestra era, los aztecas dominaron el centro y el sur de México, y crearon un gran imperio, que desapareció tras la conquista española.
FUNDACIÓN DE TENOCHTITLÁN
Cuando la cultura tolteca decayó, durante el siglo XII d.C., muchos pueblos llegaron a la meseta central de México, a los territorios que rodean el lago de Texcoco. Los aztecas, que fueron de los últimos, tuvieron que conformarse con establecerse en la zona pantanosa del oeste del lago. Estaban cercados por enemigos poderosos que les exigían tributos, y la única tierra firme que ocupaban eran los islotes del lago, rodeados de ciénagas.
En 1325, los aztecas fundaron la ciudad de Tenochtitlán, situada donde se encuentra la actual ciudad de México. Los aztecas convirtieron el lago, que era poco profundo, en superficies muy fértiles, llamadas chinampas. Eran unas islas artificiales en las que se cultivaban verduras, hortalizas y flores, y también les servían para criar aves. Además, los aztecas construyeron puentes para unir esas islas con la tierra firme; levantaron una especie de acueductos, y excavaron canales por toda la ciudad para hacer posible el transporte de mercancías y personas.
En la arquitectura de Tenochtitlán destacaban los edificios religiosos; eran gigantescas pirámides escalonadas, en cuya parte superior construían templos. Poco a poco, Tenochtitlán se convirtió en una gran ciudad, con una extraordinaria actividad comercial.
EL IMPERIO AZTECA
Los aztecas establecieron alianzas militares con otros pueblos. Gracias a ello, y a su propio poder, lograron crear un imperio que se extendía desde México central hasta la actual frontera con Guatemala.
La máxima autoridad de los aztecas, y de su imperio, era el tlatoani, el supremo gobernante, que tenía un poder absoluto en cuestiones políticas, militares y de justicia. ¿Quieres saber el nombre de los tlatoanis aztecas? Fueron los siguientes (entre paréntesis verás las fechas de su reinado): Acamapichtli (1361 o 1375-1395), Huitzilíhuitl (1396-1417), Chimalpopoca (1417-1427), Itzcóatl (1427-1440), Moctezuma I (1440-1469), Axayácatl (1469-1481), Tizoc (1481-1486), Ahuízotl (1486-1502), Moctezuma II (1502-1520), Cuitláhuac (1520) y Cuauhtémoc (1520-1521).
A principios del siglo XV, los aztecas gobernaban desde Tenochtitlán un enorme territorio, de forma conjunta con el reino de Acolhuacan y la ciudad de Tlacopan. Tenochtitlán, Acolhuacan y Tlacopan formaron la Triple Alianza para derrotar a los tepanecas. Cien años después, los aztecas habían logrado el poder absoluto.
DESAPARICIÓN DEL IMPERIO AZTECA
Durante el siglo XVI, crecieron las divisiones y los conflictos en el imperio. El enfrentamiento con algunos pueblos de la región facilitó, finalmente, la derrota de los aztecas frente a los invasores españoles, que contaron con la alianza de uno de aquellos pueblos enemigos de los aztecas: los tlaxcaltecas.
En 1519, el español Hernán Cortés había sido bien recibido por Moctezuma II, lo que no evitó ni la muerte del soberano azteca ni la conquista de Tenochtitlán por los españoles, en agosto de 1521. El último emperador azteca fue Cuauhtémoc. Aunque había logrado expulsar a Cortés de Tenochtitlán en 1520, no pudo evitar la derrota final azteca, y fue ejecutado por los españoles en 1525.
LA RELIGIÓN AZTECA: DIOSES Y SACRIFICIOS
Los principales dioses aztecas eran Huitzilopochtli (dios del Sol y de la guerra), Coyolxauhqui (diosa de la Luna), Tláloc (dios de la lluvia) y Quetzalcóatl (símbolo de la sabiduría).
Los sacrificios, de animales y de seres humanos, eran muy importantes en la religión azteca. El máximo honor para un guerrero era morir en batalla u ofrecerse voluntario para ser sacrificado en una ceremonia importante. Los aztecas también realizaron las llamadas guerras floridas; servían para extender las tierras de su imperio, pero también para conseguir prisioneros en los señoríos cercanos y luego sacrificarlos. Los aztecas creían que la sangre humana ofrecida en esos sacrificios alimentaba a los dioses solares; pensaban que así el Sol podría salir cada día, permitiendo la continuidad de la vida humana, animal y vegetal sobre la Tierra.
EL ARTE Y LA CULTURA AZTECAS
En el arte azteca destacan, sobre todo, las impresionantes pirámides que nombramos antes. Pero también fue muy importante el arte plumario, es decir, el realizado con plumas de aves. Los aztecas nos han dejado muy bellas y originales muestras, que hacían con plumas de aves procedentes de los bosques tropicales del sur de México y Guatemala. Un ejemplo muy famoso es el penacho de Moctezuma, un gran tocado o corona hecho con plumas de quetzal y adornado con oro.
Los aztecas utilizaban la escritura pictográfica grabada en papel o en piel de animales. Todavía se conservan algunos de estos escritos, llamados códices.
Tras la conquista española, muchos textos aztecas fueron recopilados en libros escritos en lengua náhuatl. Entre ellos, los Anales de Tlatelolco, los Códices Matritenses, la Colección de cantares mexicanos y Los romances de los señores de la Nueva España.





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miércoles, 26 de octubre de 2011

Cabeza olmeca





Cabeza olmeca

El pueblo olmeca desarrolló una de las civilizaciones mesoamericanas más antiguas. Sus manifestaciones artísticas más conocidas fueron las “cabezas colosales”. Estas grandes esculturas fueron hechas con basalto y tenían una altura de entre 2,4 y 3,6 metros. La que ves en la imagen se encuentra en el parque de Villahermosa, en la capital del estado de Tabasco (México). Allí se conservan algunas cabezas colosales encontradas en dos de las principales ciudades olmecas: La Venta y San Lorenzo.





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jueves, 20 de octubre de 2011

Stalin, el sucesor de Lenin





Stalin, el sucesor de Lenin

Cuando Lenin murió en 1924, sus seguidores, sobre todo Stalin y Trotski, se disputaron el poder. Stalin se convirtió en 1929 en el máximo dirigente del país. Lo fue hasta 1953, y durante esos años eliminó a todos los que se le opusieron (entre ellos, a Trotski). En la fotografía puedes ver a Lenin (izquierda) y a Stalin (derecha).





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lunes, 17 de octubre de 2011

Napoleón Bonaparte





Napoleón Bonaparte

Napoleón I Bonaparte fue emperador de los franceses a principios del siglo XIX, consolidó muchas de las reformas de la Revolución Francesa y está considerado uno de los más grandes militares de todos los tiempos.

PRIMERA ETAPA DE SU VIDA
Nació el 15 de agosto de 1769, en Ajaccio (Córcega). Estudió en la Escuela Militar de París. Ya iniciada la Revolución Francesa, reconquistó la base naval de Tolón. Ascendió a general a los veinticuatro años, y en 1795 logró restablecer el orden tras una insurrección de las fuerzas contrarrevolucionarias. Al año siguiente, contrajo matrimonio con Josefina de Beauharnais.
Ese mismo año, fue a Italia, donde obligó a Austria y sus aliados a firmar el Tratado de Campoformio, donde se estipulaba que Francia podía conservar los territorios que había conquistado. En ellos, Napoleón fundó, en 1797, la República Cisalpina (Venecia), la República Ligur (Génova) y la República Transalpina (Lombardía). En 1798, conquistó Egipto, pero un año después regresó a su país ante la delicada situación política.
Ya en Francia, Napoleón se unió a una conspiración que, en noviembre de 1799, dio un golpe de Estado y estableció un nuevo régimen político: el Consulado. En 1800, derrotó a los austriacos en la batalla de Marengo. Su poder político fue cada vez mayor: de primer cónsul pasó a cónsul vitalicio y, en 1804, se proclamó emperador.
NAPOLEÓN, EMPERADOR DE LOS FRANCESES
Napoleón reorganizó la administración y ordenó e integró la legislación civil en el llamado Código de Napoleón y en otros que garantizaban los derechos y las libertades conquistados durante el periodo revolucionario.
Aunque Gran Bretaña, Rusia y Austria se unieron en 1805 en la Tercera Coalición (ya se habían formado otras antes contra Francia en los primeros años de las Guerras Napoleónicas), Napoleón parecía invencible: derrotó a sus enemigos en la batalla de Austerlitz (1805); conquistó el reino de Nápoles (1806) y nombró rey de éste a su hermano mayor, José; se tituló rey de Italia; fundó el reino de Holanda, al frente del cual situó a su hermano Luis; incorporó al Imperio el reino de Westfalia y el ducado de Varsovia; impuso un bloqueo sobre las mercancías británicas; conquistó Portugal (1807), e invadió España y nombró rey de este país a su hermano José (1808), lo que originó la guerra de la Independencia española.
Por todos los territorios conquistados extendía las reformas liberales. En 1809, creó las Provincias Ilirias (en la zona que un siglo más tarde sería Yugoslavia) y conquistó los Estados Pontificios. En 1810, tras repudiar (rechazar) a Josefina, contrajo matrimonio con María Luisa, archiduquesa de Austria e hija del emperador austriaco, Francisco I.
En 1812, las tropas napoleónicas fracasaron en su campaña contra Rusia. Toda Europa se había unido contra el temible Napoleón, que, en 1814, vio de nuevo derrotados a sus ejércitos, esta vez en España. En ese mismo año abdicó y se retiró a la isla de Elba. Pero en marzo de 1815, de nuevo como emperador, afrontó un último periodo de poder (llamado de los Cien Días), durante el cual promulgó una nueva Constitución, más democrática. Todo concluyó al ser derrotado en la batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815. Fue recluido en Santa Elena, una lejana isla en el sur del océano Atlántico, donde falleció, el 5 de mayo de 1821.





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Las ideas revolucionarias llegan a Europa





Las ideas revolucionarias llegan a Europa

Tras la caída del Directorio, Napoleón Bonaparte se convirtió en el principal protagonista de los siguientes periodos de la historia francesa: el Consulado (1799-1804) y el Imperio (1804-1815). Además, su figura resultó fundamental para que, durante las llamadas Guerras Napoleónicas, los ideales revolucionarios llegaran a distintos lugares de Europa. Así, durante el siglo XIX, las ideas liberales triunfaron en muchos países en los que, como en Francia, desapareció el Antiguo Régimen.




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viernes, 14 de octubre de 2011

Las hilanderas





Velázquez: Las hilanderas
Esta es una de las obras más importantes del pintor barroco español Diego de Silva Velázquez.

Diego de Silva Velázquez
Diego de Silva Velázquez (1599-1660), pintor español, máximo representante de la pintura barroca en su país.
Nació en Sevilla el 6 de junio de 1599. Procedente de una familia burguesa sevillana, fue el mayor de seis hermanos. Entre 1611 y 1617 el joven Velázquez trabajó como aprendiz en el taller del que sería su futuro suegro, Francisco Pacheco, pintor manierista y autor de un importante tratado titulado El arte de la pintura (1649). Durante sus años de aprendizaje, Velázquez aprendió el naturalismo tenebrista imperante en su época, derivado del realismo italiano y del flamenco.
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PRIMERAS OBRAS
Las obras más tempranas de Velázquez, realizadas entre los años 1617 y 1623, pueden dividirse en tres categorías: el bodegón (objetos de uso cotidiano combinados con naturalezas muertas), retratos y escenas religiosas. Muchas de sus primeras obras tienen un marcado acento naturalista, como La comida (c. 1617, Museo del Ermitage, San Petersburgo), bodegón que puede considerarse como la primera obra independiente del maestro. En sus bodegones, como el Aguador de Sevilla (c. 1619-1620, Aspley House, Londres), los magistrales efectos de luz y sombra, así como la directa observación del natural, llevan a relacionarlo inevitablemente con Caravaggio. Para sus pinturas religiosas utilizó modelos extraídos de las calles de Sevilla, tal y como Pacheco afirma en su biografía sobre Velázquez. En la Adoración de los Magos (1619, Museo del Prado, Madrid), las figuras bíblicas son, por ejemplo, retratos de miembros de su familia, incluido su propio autorretrato.
Velázquez fue también un pintor conocido en los círculos intelectuales de Sevilla, uno de los cuales, la Academia de Artes, fue dirigida de manera informal por Pacheco. En dichos encuentros, tuvo la ocasión de conocer a personalidades de su tiempo, como el gran poeta Luis de Góngora y Argote (cuyo retrato, ejecutado en el año 1622, se encuentra en el Museum of Fine Arts, Boston). Esos contactos fueron importantes para las obras posteriores de Velázquez sobre temas mitológicos o clásicos.
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ENCUENTROS EN LA CORTE
En el año 1621 Velázquez realizó su primer viaje a Madrid (tal y como Pacheco nos dice) para, presumiblemente, conocer en persona las colecciones reales y probablemente para buscar, sin éxito en esta ocasión, un puesto como pintor de corte. Sin embargo, en el año 1623 regresó a la capital para pintar un retrato del rey Felipe IV (1623, Museo del Prado) y el monarca le nombró su pintor de cámara. Este lienzo fue el primero de una serie de retratos soberbios y directos, no sólo del rey, sino también de la familia real y otros miembros de la corte, ya que, realmente, su principal ocupación en la corte era la de retratar, aunque también abordó temas mitológicos, como El triunfo de Baco, popularmente llamado Los borrachos (1628-1629, Museo del Prado). Esta escena de bacanal en un paisaje abierto, en la que el dios del vino bebe junto a los borrachos, atestigua el interés del artista por el realismo.
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VIAJE A ITALIA
En el año 1628 Petrus Paulus Rubens llegó a la corte de Madrid en misión diplomática y entre los pocos pintores con los que trabó amistad estaba Velázquez. Aunque el gran maestro flamenco no causó un decisivo impacto sobre la obra del pintor, sus conversaciones le impulsaron a visitar las colecciones de arte en Italia que tanto admiraba Rubens. En agosto de 1629 Velázquez abandonó Barcelona rumbo a Génova y pasó dos años viajando por Italia. De Génova se dirigió a Milán, Venecia, Florencia y Roma; regresó a España desde Nápoles en enero de 1631. En el transcurso de este viaje estudió de cerca el arte del renacimiento y de la pintura italiana de su tiempo. Algunas de las obras realizadas durante sus viajes dan muestra de la asimilación de estos estilos; un ejemplo representativo es su La túnica de José (1639, Monasterio de El Escorial, Madrid) y La fragua de Vulcano (1630, Museo del Prado), que combinan los efectos escultóricos miguelangelescos con el claroscuro de maestros italianos tales como Guercino y Giovanni Lanfranco.
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REGRESO A ESPAÑA
De vuelta a España, Velázquez reanudó sus encargos como retratista de corte con la obra Príncipe Baltasar Carlos con un enano (1631, Museum of Fine Arts, Boston), imagen conmovedora del príncipe, quien moriría antes de alcanzar la mayoría de edad. Desde la década de 1630 poco se conoce acerca de la vida personal del artista, a pesar de que su ascenso en círculos cortesanos está bien documentado. En el año 1634 Velázquez llevó a cabo el programa decorativo del Salón de Reinos en el nuevo palacio del Buen Retiro. Constaba de 12 escenas de batallas, junto a retratos ecuestres en los que las tropas españolas habían resultado victoriosas. En esta obra no sólo intervino Velázquez, sino otros artistas de prestigio. Velázquez incluyó en este ciclo de batallas el cuadro titulado Las lanzas o La rendición de Breda (1634, Museo del Prado), que retrata al comandante genovés Spínola, después de sitiar las ciudades del norte en el año 1625, recibiendo las llaves de la ciudad de manos del gobernador. La delicadeza en la asombrosa manera de ejecución la convierte, como obra individual, en una de las composiciones históricas más célebres del arte barroco español.
Hacia 1640 pinta los retratos de caza de la familia real para la Torre de la Parada, un pabellón de caza cerca de Madrid. Perteneciente a la década de los últimos años de 1630 y principios de 1640 son los famosos retratos de enanos de corte que reflejan el respeto y la simpatía con que eran tratados en palacio. Velázquez pintó pocos cuadros religiosos, entre ellos destacan el Crucificado (c. 1632), La coronación de la Virgen (c. 1641) y San Antonio Abad y san Pablo primer ermitaño (c. 1634), todos ellos en el Museo del Prado.
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ÚLTIMOS TRABAJOS
Durante los últimos años de su vida, Velázquez trabajó no sólo como pintor de corte, sino también como responsable de la decoración de muchas de las nuevas salas de los palacios reales. En el año 1649 regresó a Italia para adquirir obras de arte para la colección del rey. Durante su estancia en Roma (1649-1650) pintó el magnífico retrato de Juan de Pareja (Museo de Arte Metropolitano, Nueva York), así como el inquietante y profundo retrato del papa Inocencio X (Galería Doria Pamphili, Roma). Al poco tiempo fue admitido como miembro en la Academia de San Lucas de Roma. Su elegante Venus del espejo (National Gallery, Londres) data probablemente de esta época.
Las obras clave de las dos últimas décadas de la vida de Velázquez son Las hilanderas o La fábula de Aracne (c. 1657, Museo del Prado), composición sofisticada de compleja simbología mitológica, y una de las obras maestras de la pintura española, Las Meninas o La familia de Felipe IV (1656, Museo del Prado), que constituye un imponente retrato de grupo de la familia real con el propio artista incluido en la escena. Velázquez continuó trabajando para el rey Felipe IV, como pintor, cortesano y fiel amigo hasta su muerte, acaecida en Madrid el 6 de agosto de 1660. Su obra fue conocida y ejerció una importante influencia en el siglo XIX, cuando el Museo del Prado la expuso en sus salas.




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jueves, 13 de octubre de 2011

El nacimiento de Venus





El nacimiento de Venus
Arte del Renacimiento
En 1482, Lorenzo de Medici encargó a Sandro Botticelli este cuadro, conocido como El nacimiento de Venus.
 Sandro Botticelli
Sandro Botticelli (1445-1510), uno de los pintores más destacados del renacimiento florentino. Desarrolló un estilo personalísimo, caracterizado por la elegancia de su trazo, su carácter melancólico y la fuerza expresiva de sus líneas.
Nació en Florencia, hijo de un curtidor, y su verdadero nombre era Alessandro di Mariano Filipepi. El apelativo por el que se le conoce (diminutivo italiano de la palabra botijo) era probablemente el apodo de su hermano mayor o el nombre del orfebre del que fuera aprendiz. Más tarde fue discípulo de Fra Filippo Lippi. Trabajó con el pintor y grabador Antonio del Pollaiuolo, del que aprendió el dominio de la línea, y también recibió gran influencia de Andrea del Verrocchio.
Hacia 1470 Botticelli ya tenía su propio taller. Dedicó casi toda su vida a trabajar para las grandes familias florentinas, especialmente los Medici, para los que pintó retratos, entre los que destaca su Retrato de Giuliano de Medici (1475-1476, Galería Nacional de Arte, Washington, D.C.). La adoración de los Magos (1476-1477, Galería de los Uffizi, Florencia) no fue encargo de los Medici pero en él pintó a los personajes con rasgos muy parecidos a los de dicha familia. Como integrante del brillante círculo intelectual y artístico de la corte de Lorenzo de Medici, Botticelli recibió la influencia del neoplatonismo cristiano de ese círculo, que pretendía conciliar las ideas cristianas con las clásicas. Esa síntesis se expresa en La primavera (c. 1478) y en El nacimiento de Venus (posteriores a 1482), dos obras realizadas para una de las villas de la familia Medici, que hoy se hallan en la Galería de los Uffizi y que, probablemente, son las obras más conocidas de Botticelli. Aunque los expertos no han llegado a un acuerdo definitivo sobre la interpretación de estos dos cuadros, sus elegantes personajes, que forman diseños lineales abstractos bañados por una suave luz dorada, podrían representar a Venus como símbolo del amor tanto cristiano como pagano. Dentro de este ámbito profano también destaca la serie de cuatro cuadros Nastapio degli Honesti (Museo del Prado, Madrid), donde recrea una de las historias del Decamerón, de Boccaccio.
Botticelli también pintó temas religiosos, principalmente tablas de Vírgenes, como La Virgen escribiendo el Magnificat (década de 1480), La Virgen de la granada (década de 1480) y La coronación de la Virgen (1490), todas ellas en los Uffizi, y Virgen con el niño y dos santos (1485, Staatliche Museen, Berlín). Entre sus otras obras de tema religioso destacan San Sebastián (1473-1474, Staatliche Museen) y un fresco sobre San Agustín (1480, Ognissanti, Florencia). En 1481 Botticelli fue uno de los artistas llamados a Roma para trabajar en la decoración de la Capilla Sixtina del Vaticano, donde pintó los frescos Las pruebas de Moisés, El castigo de los rebeldes y La tentación de Cristo.
En la década de 1490, cuando los Medici fueron expulsados de Florencia y el monje dominico Girolamo Savonarola predicaba la austeridad y la reforma, Botticelli sufrió una crisis religiosa, aunque no abandonó la ciudad, donde moriría el 17 de mayo de 1510. Sus obras posteriores, como la Pietà (principios de la década de 1490, Museo Poldi Pezzoli, Milán) y sobre todo la Natividad mística (década de 1490, National Gallery, Londres) y la Crucifixión mística (c. 1496, Fogg Art Museum, Cambridge, Massachusetts) expresan una intensa devoción religiosa y un retroceso en el desarrollo de su estilo.





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