miércoles, 4 de mayo de 2011

Lohengrin




Lohengrin
Descubra, en el siguiente texto, la historia de Lohengrin, héroe de la leyenda del rey Arturo en su versión germánica.
Lohengrin
Lohengrin es el nombre del hijo de Perceval (Parsifal), el caballero del Santo Grial, en las versiones germánicas de la leyenda del rey Arturo. Por orden del rey Arturo, Lohengrin fue llevado en un barco con forma de cisne a Amberes, donde luchó por una noble señora, Elsa de Brabante, derrotando a su perseguidor y casándose con ella con la condición de que nunca le preguntara su nombre ni origen. Elsa rompió su promesa, y Lohengrin desapareció. Este es el tema de la primera versión de la leyenda, la epopeya Parzival (c. 1210), del poeta germano Wolfram von Eschenbach. El compositor alemán Richard Wagner usó una versión del relato como argumento de su ópera Lohengrin (1850).




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Humedales




Humedales

Las zonas pantanosas, marismas y turberas, conocidas con el nombre colectivo de humedales, son ecosistemas en la frontera entre agua y tierra. Independientemente de su vegetación, cada humedal se encuentra sobre un sustrato que está saturado de agua, al menos parte del año. Los humedales se encuentran en todos los tipos de regiones de vegetación natural, aunque la mayor parte de ellos son demasiado pequeños para estar representados en los mapas a pequeña escala.
Los pantanos y zonas pantanosas son áreas de vegetación inundadas. Las zonas pantanosas de agua dulce pueden situarse en las orillas de un río o en las llanuras de inundación. Otras pueden encontrarse en los márgenes de lagos o en depresiones cenagosas. Son ejemplos de grandes zonas pantanosas las selvas anegadas várzea e igapó en la Amazonía; los pantanos de Okefenokee Swamp y Big Cypress Swamp y las tierras bajas del río Mississippi en los Estados Unidos; y los pantanos de la cuenca del Congo y del curso medio del Nilo en África. En Europa, las principales zonas pantanosas son las de las desembocaduras de los ríos Danubio, Ródano, Po y Ebro.
Los manglares son el tipo de vegetación de las desembocaduras de los ríos o de las zonas costeras, de forma que el agua que inunda las raíces (y, en ocasiones, los troncos y las copas) de los árboles con la subida de la marea es salobre o salada. Las especies que crecen en los manglares pertenecen a diferentes familias, pero todas ellas están adaptadas a este medio. Los manglares son muy frecuentes en las zonas tropicales y ecuatoriales. Un manglar importante es el que se desarrolla en la región de Sundarbans de Bangladesh, donde el río Ganges desemboca en el Golfo de Bengala. Otros manglares importantes se encuentran en Filipinas, Isla de Nueva Guinea y Belice. En la desembocadura del Níger, en el Golfo de Guinea, el manglar ocupa más de 10.000 km².
En las marismas la vegetación dominante es herbácea. Las marismas de agua dulce bordean las márgenes de numerosos lagos y corrientes de agua, y pueden formarse en cualquier depresión poco profunda en que se acumule agua. En una marisma las hojas y brotes de las plantas se mantienen por encima de la superficie del agua. Las marismas pueden estar cubiertas de agua todo el año o ser estacionales. La región de As Sudd, al sur de Sudán es una marisma inmensa, y también lo son las del Delta del Okavango en Botsuana, los llanos de Venezuela, los pantanales de Brasil, Bolivia y Paraguay y The Everglades al sur de Florida en los Estados Unidos. En las Grandes Llanuras del norte en Canadá y los Estados Unidos hay numerosas depresiones en cuyas marismas anidan la mayor parte de los patos del continente.
Las marismas pueden desarrollarse en agua salobre o salada, al igual que los pantanos. Las marismas saladas de la zona templada son de los ecosistemas más productivos de la Tierra. Desempeñan un papel importante en las cadenas alimentarias de las áreas costeras; muchos de los peces y moluscos se reproducen en las marismas. Casi todas las marismas saladas se encuentran junto a las costas, pero algunas se forman tierra adentro, especialmente en zonas desérticas. Las marismas de The Wash, al este de Inglaterra, la Camarga al sur de Francia y el Parque nacional de Doñana al suroeste de España son extensas marismas, al igual que las de la Bahía de Chesapeake en los Estados Unidos.
Las turberas son humedales en los que se desarrolla la turba, restos parcialmente descompuestos de musgo y otras plantas. Por el contrario, los suelos sobre los que se forman las zonas pantanosas y las marismas se componen de minerales con una mayor o menor proporción de humus orgánico mezclado. Los humedales desarrollados sobre turba son especialmente frecuentes en las frías y húmedas regiones boreales con un alto nivel freático y drenaje insuficiente. En las turberas, el género Sphagnum y otras especies de musgo son la vegetación dominante. Como las turberas están anegadas por el agua, principalmente procedente de la lluvia, son por lo general áreas poco fértiles por lo que algunas plantas completan su dieta atrapando y digiriendo insectos. Los pantanos, con sus juncos, hierbas y arbustos, se mantienen húmedos mediante filtraciones del agua subterránea, corrientes de agua y manantiales y son más fértiles que las turberas. En la región de brezales de la costa atlántica de las Islas Británicas y de Escandinavia, se desarrollan turberas bajas pero no pueden compararse en extensión con las vastas turberas del oeste de Siberia.
Los humedales son un estadio intermedio entre tierra firme y agua en los que su aspecto puede variar radicalmente de una estación a otra, por lo que no son fáciles de clasificar.
Sobre todo en los países industrializados, los humedales se han considerado históricamente un obstáculo para el desarrollo, y en muchos casos se han desecado y colmatado para su posterior explotación. En la actualidad se aprecia cada vez más el enorme valor de los humedales, que proporcionan un control natural sobre las inundaciones y constituyen el hábitat de peces y de fauna y flora variada.



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Frankenstein




Frankenstein
Frankenstein, personaje creado por Mary Wollstonecraft Shelley en 1818, se ha convertido en una de las figuras más populares de la literatura de terror, habiendo sido llevado a la escena y a la pantalla en numerosas ocasiones. A continuación encontrará información sobre su origen y posterior desarrollo.
Frankenstein
Personaje arquetípico de la literatura y el cine de terror.
Su creadora, Mary Wollstonecraft Shelley, esposa del poeta Percy Bysshe Shelley, ideó esta figura en la novela Frankenstein o el moderno Prometeo (1818). Frankenstein es un científico suizo que, gracias a sus experimentos en el campo de la electricidad, logra galvanizar una monstruosa criatura, compuesta con órganos de diversos cadáveres. La trágica relación entre el sabio y su engendro cautivó a numerosos lectores, y su éxito se prolongó en los escenarios gracias a la adaptación teatral representada por el actor Thomas Potter Cooke, Presumption; or the Fate of Frankenstein (1823).
En 1910 Thomas Alva Edison comercializó el filme Frankenstein, dirigido por J. Searle Dawley, y en 1915 se estrenó una versión libre, Life without Soul, obra de Joseph W. Smiley. A estas películas estadounidenses hay que sumar una adaptación italiana, Il mostro di Frankenstein (1920), de Eugenio Testa.
Años después, el actor Hamilton Deane popularizó en Reino Unido y Estados Unidos la producción teatral Frankenstein: An Adventure in the Macabre (1927), antecedente de las dos películas más conocidas en torno al personaje: Frankenstein (1931) y La novia de Frankenstein (Bride of Frankenstein, 1935), dirigidas por el británico James Whale. Su protagonista, Boris Karloff, lucía un peculiar maquillaje, realizado por Jack Pierce, que fijó la estética del monstruo.
En lo sucesivo, la industria cinematográfica internacional produjo numerosos largometrajes inspirados en la obra de Mary W. Shelley. Destaca entre ellos La maldición de Frankenstein (Curse of Frankenstein, 1957), del director inglés Terence Fisher, uno de los principales renovadores de este mito popular. Otro cineasta, Mel Brooks, llevó el argumento al campo de la comedia en El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, 1974). Por su parte, Roger Corman dirigió en 1990 una versión de la novela Frankenstein desencadenado (1973), de Brian Wilson Aldiss, protagonizada por un científico del siglo XXI que participa en la animación del monstruo. En 1994, el actor y director británico Kenneth Branagh llevó a cabo una adaptación más fiel a la novela original, titulada precisamente Frankenstein de Mary Shelley.



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Fausto




Fausto
Este fragmento es el principio de Fausto del escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe, obra en la que trabajó toda su vida. En este largo monólogo el sabio doctor Fausto se pregunta, lleno de zozobra, qué ha conseguido tras una vida entregado al estudio, alejado de las grandezas mundanas para no ser capaz de mejorar y convertir a los hombres.
Fragmento de Fausto.
De Johann Wolfgang von Goethe.
Capitulo I.
LA NOCHE
Una estancia gótica, estrecha y de elevada bóveda. FAUSTO, inquieto, sentado en un sillón delante de un pupitre.
FAUSTO.-Con ardiente afán ¡ay! estudié a fondo la filosofía, jurisprudencia, medicina y también, por mi mal, la teología; y héme aquí ahora, pobre loco, que no sé más que antes. Me titulan maestro, me titulan hasta doctor y cerca de diez años ha llevo de nariz a mis discípulos, de acá para allá, a diestro y siniestro... y veo que nada podemos saber. Esto llega casi a consumirme el corazón. Verdad es que soy más entendido que todos esos estultos, doctores, maestros, escritorzuelos y clérigos de misa y olla; no me atormentan escrúpulos ni dudas, no temo al infierno ni al diablo... pero, a trueque de eso, me ha sido arrebatada toda clase de goces. No me figuro saber cosa alguna razonable, ni tampoco imagino poder enseñar algo capaz de mejorar y convertir a los hombres. Por otra parte, carezco de bienes y caudal, lo mismo que de honores y grandezas mundanas, de suerte que ni un perro quisiera por más tiempo soportar semejante vida. Por esta razón me di a la magia, para ver si mediante la fuerza y la boca del Espíritu, me sería revelado más de un arcano, merced a lo cual no tenga en lo sucesivo necesidad alguna de explicar con fatigas y sudores lo que ignoro yo mismo, y pueda con ello conocer lo que en lo más íntimo mantiene unido al universo, contemplar toda fuerza activa y todo germen, no viéndome así precisado a hacer más tráfico de huecas palabras. ¡Oh luna que brillas en toda tu plenitud! ¡Ojalá vieras por vez postrera mi tormento! Tú, a quien tantas veces a la medianoche esperaba yo velando junto a este pupitre; entonces, inclinado sobre papeles y libros, te me aparecías, triste amiga mía. ¡Ah! ¡Si a tu dulce claridad pudiera al menos vagar por las alturas montañosas o cernerme con los espíritus en derredor de las grutas del monte, moverme en las praderas a los rayos de tu pálida luz, y, libre de toda densa humareda del saber, bañarme sano en tu rocío! ¡Ay de mí! ¿Todavía estoy metido en esa mazmorra? Execrable y mohoso cuchitril, a través de cuyos pintados vidrios se quiebra mortecina la misma grata luz del cielo. Estrechado por esa balumba de libros roídos por la polilla, cubiertos de polvo, y a cuyo alrededor, llegando hasta lo alto de la elevada bóveda, se ven pegados rimeros de ahumados papeluchos; cercado por todas partes de redomas y botes; atestado de aparatos e instrumentos; abarrotado de cachivaches, herencia de mis abuelos... iHe aquí tu mundo! ¡Y a eso se llama un mundo! ¿Y aún preguntas por qué tu corazón se oprime ansioso en tu pecho, por qué un dolor indecible paraliza en ti todo movimiento vital? En lugar de la naturaleza viviente en cuyo seno creó Dios a los hombres, sólo ves en torno tuyo esqueletos de animales y osamentas de muertos, todo confundido entre el humo y la podredumbre. ¡Ea! ¡Fuera de aquí! ¡Huye al dilatado campo! ¿Acaso no es para ti suficiente sal vaguardia este misterioso libro de la propia mano de Nostradamus? Entonces conocerás el curso de los astros, y si la Naturaleza te alecciona, entonces se te descifre aquí los sagrados signos. ¡Vosotros espíritus que espíritu a otro espíritu. En vano es que la árida meditación te descifre aquí los sagrados signos. Vosotros espíritus que flotáis junto a mí, respondedme, si oís mi acento! (Abre el libro y ve el signo del Macrocosmos). ¡Ah! ¡Qué deleite invade súbitamente todos mis sentidos a la vista de este signo! Siento circular por mis nervios y venas, otra vez enardecida una nueva y santa dicha de vivir. ¿Fue un dios quien trazó estos signos que claman el hervor de mi pecho, llenan de gozo mi pobre corazón, y mediante un misterioso impulso descubren en torno mío las fuerzas de la Naturaleza? ¿Soy un dios? ¡Todo se hace para mí tan claro! En estos simples rasgos veo expuesta ante mi alma la Naturaleza en plena actividad. Ahora por vez primera, comprendo lo que dice el Sabio: «El mundo de los espíritus no está cerrado; tu sentido está obtuso, tu corazón está muerto. ¡Animo, discípulo, baña sin descanso tu pecho terrenal en los rayos de la aurora!» (Contempla el signo.) ¡Cómo se entretejen todas las cosas para formar el Todo obrando y viviendo lo uno en otro! ¡Cómo suben y bajan las potencias celestes pasándose unas a otras los cubos de oro! Con alas que exhalan bendiciones, penetran desde el cielo a través de la tierra, llenando de armonía el Universo entero. ¡Qué espectáculo! Mas ¡ay! ¡un espectáculo tan sólo! ¿Por dónde asirte, Naturaleza infinita? ¿Cómo coger tus pechos, manantiales de toda vida, de quienes están suspendidos el cielo y la tierra, y contra los cuales se oprime el lánguido seno? Os mostráis repletos, ofrecéis el sustento que mana de vosotros, ¿y yo me consumiré así en vano? (Vuelve con despecho la hoja del libro, y percibe el signo del Espíritu de la Tierra.) ¡Cuán diversamente obra en mi ser este signo! Estás más cerca de mí, Espíritu de la Tierra; siento ya más exaltadas mis fuerzas y hállome enardecido, como si fuera por efecto del vino nuevo. Siéntome con bríos para aventurarme en el mundo, para afrontar las amarguras y dichas terrenas, para luchar contra las tormentas y permanecer impávido en medio de los crujidos del naufragio. Las nubes se acumulan sobre mí... Ia luna vela su luz... mi lámpara se amortigua. Exálanse vapores... rojas centellas surcan el aire en derredor de mis sienes... un frío estremecimiento baja como un soplo desde la bóveda y se apodera de mí. Bien lo veo: eres tú que flotas en torno mío, Espíritu que yo imploro. ¡Muéstrate a mi vista! ¡Ah! ¡cómo se sobresalta mi corazón! Todos mis sentidos pugnan por abrirse a nuevas impresiones. Siento cómo mi corazón se te entrega por completo. ¡Aparece! ¡aparece! Preciso es, aunque me cueste la vida.
Fuente: Goethe, Johann Wolfgang von. Fausto. Edición de Manuel José González y Miguel Ángel Vega. Traducción de José Roviralta. Madrid: Ediciones Cátedra, 1987.



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Cumacanga




Cumacanga
La cumacanga o curacanga, personaje de leyenda de origen brasileño, es la versión femenina del hombre lobo. En el siguiente texto encontrará información sobre su origen, sus características, su significado...
Cumacanga
La versión femenina del hombre lobo recibe el nombre de cumacanga. Según la leyenda, los viernes por la noche, su cabeza se separa del cuerpo y sale volando como una bola de fuego, mientras que el cuerpo permanece en casa. Se trata de un mito del estado de Pará, en Brasil, y es siempre la concubina de un cura o la séptima hija de un amor sacrílego. En Maranhão recibe el nombre de curacanga. La cabeza luminosa, uno de los elementos comunes a los mitos relacionados con el fuego, significa castigo, encantamiento o señal de riquezas.
La creencia en hombres lobo o cumacangas viene de la antigüedad y fue registrada por Virgilio. En Europa representa a los espíritus del bosque. En todos los lugares donde aparece la leyenda, el rasgo común a los hombres lobo y las cumacangas es su carácter voraz. El acto de devorar, como arquetipo simbólico, está ligado a la alternancia día/noche, muerte/vida. La garganta devora y vomita. Es, por tanto, la “iniciadora”. Adquiere, según la fauna local, la apariencia del animal más voraz: lobo, cocodrilo o jaguar. En “Mi tío el yaguareté”, cuento de João Guimarães Rosa, el personaje narrador se va transformando en jaguar mientras conversa con un visitante. Al final lo devora. El término yaguareté tiene origen tupí (véase Lenguas aborígenes de Hispanoamérica) y significa “jaguar auténtico”. El hombre lobo, y principalmente la cumacanga, equivalen a representaciones simbólicas del deseo sexual, la libido del amor y la supervivencia.





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