martes, 21 de junio de 2011

La Celestina





La Celestina
La Celestina, obra medieval por excelencia con la que se inicia la modernidad literaria en España y que sería la obra cumbre de las letras españolas de no ser por la existencia del Quijote.
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EL AUTOR
'El bachiller Fernando de Rojas acabó la Comedia de Calisto y Melibea y fue nascido en la Puebla de Montalban' dicen los versos acrósticos que sirven de presentación a la obra. Durante mucho tiempo se ha especulado sobre la veracidad de la afirmación y la identidad real del autor, pero, aunque no se tenga una gran información sobre Rojas, a la crítica actual le parece incuestionable que el bachiller nació en la Puebla de Montalbán (Toledo) hacia el 1470 en el seno de una familia acomodada de judíos conversos. Puede que no alcanzara el título de bachiller pero sí estudió leyes en la Universidad de Salamanca. También está documentado que fue alcalde, en varias ocasiones, de Talavera de la Reina, y que allí se casó y vivió. Por el inventario de sus bienes se sabe que contaba con una abundante biblioteca de libros jurídicos y profanos, entre ellos, muchos históricos, enciclopédicos e incluso la obra latina del poeta italiano Petrarca; de estas lecturas proceden las abundantes referencias a libros clásicos que, a partir del acto segundo de La Celestina, aparecen en la obra. Murió en 1541 en Talavera de la Reina.
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PRIMERAS EDICIONES Y FIJACIÓN DEL TEXTO
Portada de La Celestina
Portada de La Celestina
Esta portada de una de las ediciones de La Celestina de 1502 y que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid recoge el momento crucial de la obra, el encuentro amoroso entre Calisto y Melibea en el jardín de su casa. La ilustración parece un boceto para la representación, incluso figuran las iniciales de los nombres de los personajes. Tras Melibea se encuentra su criada Lucrecia y detrás de Calisto está Pármeno, cuidando su caballo. Celestina aparece fuera de escena llamando con la aldaba en casa de Melibea.

La Celestina tuvo un éxito de publico extraordinario desde su primera aparición por eso se conservan bastantes ejemplares que proceden de primeras ediciones antiguas e incluso tempranas traducciones. El texto de estas ediciones no es el mismo ya que el autor fue modificando la obra. La primera edición y más antigua de las conservadas se imprimió en Burgos, por Fadrique de Basilea en 1499, y consta de dieciséis actos con el título de Comedia de Calisto y Melibea. Hubo después varias segundas ediciones de Toledo, Valencia y Salamanca (1500), de las que se conserva la de Toledo, impresa por Pedro Hagenbachc, que añade los versos acrósticos. Estos libros tienen en común el título, que constan de dieciséis actos, que incluye una carta del autor a un amigo en el que le dice que se ha encontrado un texto anónimo y que como le ha gustado mucho ha decidido reunirlo todo en un acto —el primero— y concluir la obra. Después siguen los versos acrósticos sobre la intención de la obra en los que figura su nombre, aunque ningún ejemplar está firmado. Entre 1502 y 1507 aparecieron muchas ediciones ampliadas y con el título de Tragicomedia de Calisto y Melibea, y también El libro de Calisto y Melibea y de la puta vieja Celestina, en Sevilla, Toledo, Salamanca y Zaragoza; ésta, de 1507, es la más antigua que se conserva de la Tragicomedia, que inserta cinco actos nuevos entre el XIV y el XV de la Comedia, fijándose el texto en veintiún actos definitivamente. Dado el enorme éxito de la obra y la garra del personaje de la alcahueta empezó a llamársela La Celestina, título que ha triunfado, y además el nombre del personaje ha pasado a designar en el léxico español a aquellas mujeres que median en amores bien por interés o gusto.
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ARGUMENTO
La acción de La Celestina se construye sobre los amores de Calisto y Melibea, en torno a los cuales se incorporan otros episodios que a su vez son causa y consecuencia del argumento principal. Calisto, de noble linaje y claro ingenio, persiguiendo un halcón entra en la huerta de casa de Melibea, joven, rica y de serenísima sangre; queda prendado de ella; intenta hablarle pero ésta le despide con gesto airado. Marcha a su casa compungido y su criado Sempronio le convence para que use los servicios de una vieja alcahueta llamada Celestina. Los criados se ponen de acuerdo con ella en repartir el dinero que consiga sacarle a Calisto. Celestina cumple su misión y Melibea se entrega a Calisto. Los criados van a casa de Celestina a reclamar su parte, mas cuando ésta se niega a darles nada, ellos la matan, y ante los gritos de las pupilas de Celestina, Elicia y Areúsa, acude la justicia, los prende y ejecuta públicamente. Elicia y Areúsa deciden vengar las muertes y, sabiendo que esa noche los amantes se verán en la torre de casa de Melibea, envían a un brabucón contra Calisto, el cual al oír ruidos intenta acudir en ayuda de su criado, se cae de la escala y muere. Melibea se desespera y ante la presencia de su padre se tira de la torre.
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SU GÉNERO LITERARIO
En la obra todo es diálogo; los personajes se van definiendo por lo que dicen y hacen, sin necesidad de anotaciones de un autor externo, por eso se ha valorado la teatralidad de La Celestina. Pero como consta de veintiún actos, con cambios de escenarios constantes y variados —el huerto, la casa de Calisto, la casa de Melibea, la casa de Celestina, la torre, varias calles—, hace muy difícil su montaje escénico; por eso se ha dicho que se trataba de una obra de teatro irrepresentable. La crítica actual la clasifica como una comedia humanista, que es un género creado por Petrarca en Italia en el siglo XIV y que alcanzó un gran desarrollo en el renacimiento europeo. Se caracterizaba por un argumento sencillo cargado de tensión dramática, con mucho diálogo y con fines moralizantes o educadores. Lo importante era el texto y la enseñanza, lo de menos que fuese representable o no, aunque siempre cabía la posibilidad del escenario circular en una plaza que con efectos lumínicos alumbrase el rincón en el que tenía lugar la acción. Quienes defienden La Celestina como obra educadora no representable se apoyan en algunos párrafos largos, de difícil dicción, en sus muchas citas eruditas y en las resonancias de los clásicos que se perderían en una audición ligera. Lo cierto es que Rojas utilizó el castellano y no el latín propio de estas comedias, introdujo un realismo fuera de lo común, además de caracterizar, con gran profundidad psicológica a todos sus personajes y que por lo tanto creó una gran obra precursora de la modernidad.
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MEDIEVALISMO Y RENACENTISMO EN LA CELESTINA
El argumento de La Celestina procede de una comedia latina medieval Panphilus, que cuenta cómo un caballero enamora a una dama gracias a los ardides de una vieja, que a su vez está tomada de las comedias de Plauto. La deuda al Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita es indudable. Calisto y Melibea son prototipos del amor cortés y en la obra se tocan los tres grandes temas medievales: el amor, la fortuna y la muerte. Pero anuncia el renacimiento porque ninguno de estos temas se trata de una manera jerarquizada sino individualizada: cada personaje es autónomo y se labra su propio fin, con independencia de cuál sea su cuna y rango social. Hay también una sensualidad más exaltada que reprimida y en ningún momento se plantea la posibilidad de que los jóvenes enamorados tengan intención de casarse como hubiese sido el fin natural en el teatro coetáneo. A Rojas le interesa retratar una sociedad desasosegada y explorar el mundo de las pasiones humanas, lo que le aleja de los ejemplos medievales de premios y castigos transcendentes según la vida llevada.
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LOS PERSONAJES
Celestina se alza como el personaje central de la obra por su inteligencia, habilidad, avaricia, falsedad y malas artes. Es el lado oscuro medieval y pecador, y a la vez quien va repartiendo sexualidad y pasiones porque también las ha conocido. Será su avaricia lo que la conduzca a la muerte, no sus artes para despertar el deseo en jóvenes que están deseando caer en sus redes. Calisto y Melibea proceden del amor cortés pero serán los arquetipos físicos de la poesía renacentista sentimental, aunque Rojas va más allá y en su indagación humana no duda en presentar a un joven indolente dispuesto a gastar su fortuna por satisfacer su deseo y en manifestarse ante su diosa Melibea como un ser vulgar y grosero ante su apetito carnal. Melibea es un personaje lleno de matices: es la más espiritual de la obra, lo que no significa que sea ingenua, es tentada y una vez que su lujuria se ha despertado lucha por no caer en el deshonor que presiente que se le avecina, mas no puede resistirse. En definitiva son personajes humanos y creíbles que se van transformando conforme avanza la acción.
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LENGUAJE Y ESTILO
Hay en La Celestina una fusión constante entre lo erudito y lo vulgar, entre lo retórico más elaborado y el lenguaje llano más directo, entre la cita clásica y el refrán. A Calisto y Melibea les corresponde el lenguaje propio de las clase cultas y del mundo universitario de la época de los Reyes Católicos. Celestina y los criados usan un lenguaje popular con registros picarescos y realistas muy elaborado por Rojas, ya que no sólo usan refranes, como marca la tradición para caracterizar el habla popular, sino que incluso se permiten bromas a propósito de citas filosóficas y humanistas. Este doble registro lo utilizará de una manera genial Miguel de Cervantes, especialmente en Don Quijote de la Mancha, novela que ha suplantado a La Celestina el privilegio de ser la obra cumbre de las letras españolas.




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Luteranismo





Luteranismo
Martín Lutero
Martín Lutero
El teólogo alemán y reformador religioso Martín Lutero precipitó la Reforma protestante con la publicación en 1517 de las 95 tesis que detallaban las indulgencias y excesos de la Iglesia católica apostólica romana. Lutero creía que la esencia del cristianismo no descansa en una organización encabezada por el papa, sino en la comunicación directa de cada persona con Dios. La crítica de Lutero provocó el alejamiento de muchos fieles de la Iglesia católica apostólica romana y preparó el terreno para posteriores movimientos protestantes, como el calvinismo y el presbiterianismo.

Luteranismo, denominación que recibe la doctrina aceptada por la principal comunidad vinculada al protestantismo, cuyos orígenes como movimiento se remontan al siglo XVI, cuando Martín Lutero (del que recibe su nombre) enunció sus principios básicos, germen a su vez de la llamada Reforma protestante.
Lutero, monje agustino y catedrático de Teología Bíblica de la Universidad de Wittenberg desde 1512, asumió como objetivo básico de su vida la reforma de la Iglesia cristiana de Occidente. Tras ser excomulgado en 1521 junto a sus seguidores por el papa León X, el luteranismo tuvo que desarrollarse a partir de la creación de iglesias nacionales independientes, precipitando así la ruptura de la unidad del cristianismo occidental. Lutero deploraba el término “luterano”, por lo que en un principio esta comunidad se llamó Iglesia evangélica de la Confesión de Augsburgo o Iglesia evangélica. Los luteranos escandinavos adoptaron los nombres de sus respectivos países para denominar sus iglesias (por ejemplo, Iglesia de Suecia). Como resultado del activo movimiento misionero que protagonizó durante los siglos XVIII y XIX, el luteranismo se convirtió en una comunión de alcance mundial y en la actualidad es la confesión protestante más importante del planeta, profesada por aproximadamente 80 millones de personas.
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DOCTRINA Y PRÁCTICAS
El luteranismo proclama la autoridad definitiva de la Palabra de Dios (según aparece en la Biblia) en materias de fe y vida cristiana, y señala a Cristo como la clave para la comprensión de las Sagradas Escrituras.
2.1
Salvación por la fe
La salvación, según la doctrina luterana, no depende del mérito o de la virtud de los hombres sino que es un regalo inmerecido de la gracia soberana de Dios. Todos los seres humanos son considerados pecadores y, como consecuencia del pecado original, son esclavos del mal e incapaces de contribuir a su liberación (doctrina del mal radical). Los luteranos sostienen que la fe, entendida como la confianza en el amor inquebrantable de Dios, es la única forma apropiada que los individuos tienen para responder a la iniciativa de salvación por parte de Dios. De esta forma la “salvación sólo por la fe” se convirtió en el característico, y polémico, estandarte del luteranismo. Sus adversarios sostenían que esta opinión no hace justicia a la responsabilidad cristiana de practicar buenas obras, aunque los teólogos luteranos respondieron que la fe debe hallarse viva en el amor y que las buenas obras emanan de la fe igual que un buen árbol produce buenos frutos.
2.2
Culto
La Iglesia luterana se define a sí misma como “la asamblea de creyentes entre los que se predica el Evangelio y se administran los santos sacramentos según el Evangelio” (Confesión de Augsburgo, VII). Por lo tanto, la Biblia fue considerada el núcleo fundamental del culto luterano y los sacramentos quedaron reducidos al bautismo y a la eucaristía, en tanto que, según la interpretación luterana de las Sagradas Escrituras, son los únicos que fueron instituidos por Cristo. El culto se celebraba en las distintas lenguas autóctonas (conocidas por el pueblo, que no hablaba, en cambio, el latín, lengua oficial de la liturgia católica) y se destacaba la predicación en el oficio divino. El luteranismo no cambió de forma radical la estructura de la misa de la edad media, pero la utilización de las lenguas vernáculas realzó la importancia de los sermones, que se basaban en la exposición de las Escrituras, y, asimismo, estimuló la participación comunitaria en el culto, en especial a través del canto de la liturgia y de los himnos. El propio Lutero escribió muchos de estos últimos, que alcanzaron gran popularidad.
En la celebración luterana de la eucaristía el pan y el vino son recibidos por todos los comulgantes, mientras que los católicos permitían el vino sólo a los sacerdotes. A diferencia de otros grupos protestantes, en particular los anabaptistas, los luteranos proclaman la presencia física real de Cristo “en, con y bajo” los elementos del pan y el vino en la eucaristía, creencia que defienden por la promesa que el propio Jesucristo hizo en la institución de la Sagrada Comunión cuando dijo: “Este es mi cuerpo” y “Esta es mi sangre” (Mt. 26, 26-28).
2.3
Bautismo
El luteranismo insiste en la práctica tradicional del sacramento del bautismo infantil para que la gracia de Dios ilumine al recién nacido. En su opinión, el bautismo significa amor incondicional de Dios, que es independiente de cualquier mérito intelectual, moral o emocional por parte de los seres humanos.
2.4
Vida cristiana
Para el luteranismo los santos no constituyen una clase superior de cristianos, sino que también son pecadores salvados por la gracia a través de la fe en Jesucristo; todo cristiano es, a la vez, santo y pecador. La doctrina luterana del sacerdocio de todos los creyentes está relacionada con el bautismo, por el que todos los cristianos, hombres y mujeres, se convierten en ministros de Dios, sirviéndole durante toda su vida a partir de sus actividades personales, entendiendo que todas ellas brindan las mismas opciones al conjunto de los fieles. La misión de pastor posee un valor especial, basado en una llamada de Dios y con la aprobación de una congregación de cristianos. A diferencia de los sacerdotes católicos romanos, los pastores luteranos pueden contraer matrimonio.
2.5
Textos doctrinales
Aunque los luteranos aceptan los libros canónicos de la Biblia como “la única regla y norma según la cual todas las doctrinas y maestros deben ser juzgados” (Fórmula de concordia), recomiendan también la consulta de los Libros apócrifos del Antiguo Testamento para promover la edificación cristiana y los han introducido según la tradición en las versiones canónicas de la Biblia. Los luteranos aceptan la autoridad de los tres credos ecuménicos (Credo apostólico, Credo de Nicea y Credo de Atanasio) y utilizan de modo regular los dos primeros en los servicios de culto. Las declaraciones doctrinales más destacadas del luteranismo son: la Misa alemana y Orden del culto (1525); los Artículos de Esmalcalda (1537); el Pequeño catecismo (1529) y el Gran catecismo (1529), obras de Lutero; la Confesión de Augsburgo (1530); la Apología (1531), escrita por Philip Melanchthon; y la Fórmula de Concordia (1577), redactada por una comisión de teólogos tras la muerte de los primeros reformadores. Estos documentos constituyeron el Libro de Concordia, adoptado por los príncipes y las ciudades luteranas en 1580. Sin embargo, tan sólo los credos, la Confesión de Augsburgo y los dos catecismos de Lutero han sido reconocidos por la totalidad de las Iglesias luteranas.
2.6
Organización y gobierno de la Iglesia
Debido a haber surgido en el siglo XVI, las comunidades luteranas europeas más antiguas están vinculadas de forma muy estrecha a sus respectivos gobiernos en calidad de iglesias nacionales oficiales, bien de forma exclusiva (como en los países escandinavos) o en un acuerdo paralelo con el catolicismo romano (como sucede en Alemania). En ambas situaciones los demás grupos religiosos tienen completa libertad de culto pero no el mismo apoyo por parte del gobierno. En los países no europeos las iglesias son organizaciones religiosas voluntarias. El luteranismo nunca se ha desarrollado como un sistema uniforme de gobierno eclesiástico; existen estructuras comunitarias, presbiterianas y episcopales, aunque en el siglo XX ha aparecido una tendencia a otorgar el título de obispo a dirigentes electos de judicaturas (sínodos, distritos, iglesias).
3
HISTORIA E INFLUENCIA
La evolución inicial del luteranismo estuvo influida de un modo extraordinario por los acontecimientos políticos. El emperador Carlos V no pudo sofocar el avance del luteranismo porque en ese momento el Imperio era amenazado por los turcos. A pesar del Edicto de Worms (1521), que prohibía la actividad de los luteranos, el movimiento continuó extendiéndose. Siguieron de forma intermitente guerras religiosas que concluyeron con la Paz de Augsburgo (1555), acuerdo donde se estipulaba que la religión del gobernante de cada territorio dentro del Sacro Imperio Romano Germánico tenía que ser la religión de sus súbditos, autorizando de un modo efectivo así a las iglesias luteranas y reconociendo además a los príncipes territoriales como primados de sus respectivas iglesias. La Fórmula de Concordia (1577), redactada por teólogos para resolver los enfrentamientos surgidos en el seno de los luteranos, fue suscrita por los dirigentes políticos para asegurar la unidad del movimiento luterano en un periodo en el que amenazaban nuevas guerras religiosas. La supervivencia del luteranismo tras la guerra de los Treinta Años (1618-1648) fue consolidada por la intervención del rey sueco Gustavo II Adolfo, luterano, y de Francia. La Paz de Westfalia (1648) puso fin a la guerra en Europa y consolidó la supremacía de Francia en el continente (en detrimento de la Casa de Habsburgo).
Los orígenes del movimiento conocido como pietismo se remontan a finales del siglo XVII, cuando se proclamó la conversión individual y una forma de vida devota que revitalizó el luteranismo en Alemania y permitió a la Reforma extenderse a otros países. Durante el siglo XVIII la teología luterana reflejó el racionalismo aportado por la Ilustración. Durante el siglo XIX, el teólogo alemán Friedrich Schleiermacher puso de relieve la experiencia religiosa universal y ejerció un gran influjo sobre los doctrinarios luteranos liberales. De igual modo, el idealismo, movimiento dominante en la filosofía moderna alemana, tuvo profundos efectos en el pensamiento teológico luterano. En el siglo XX, la neoortodoxia del teólogo protestante suizo Karl Barth y una interpretación próxima al existencialismo han sido las influencias más destacadas en la teología luterana.
La ascendencia política de Prusia entre los estados alemanes a principios del siglo XIX favoreció la fundación de la Iglesia de la Unión Prusiana (1817), que reunió a calvinistas y a millones de luteranos alemanes en una sola Iglesia. A este proceso se opuso de forma resuelta un elevado número de luteranos, algunos de los cuales se escindieron y formaron una comunidad separada. La situación de la política alemana en el siglo XX afectó gravemente al luteranismo en dicho país. El intento de Adolf Hitler por controlar las iglesias condujo a numerosas divisiones en el seno de la Iglesia luterana alemana y al internamiento de algunos luteranos (como Martin Niemöller) en campos de concentración así como la ejecución de otros (el teólogo Dietrich Bonhoeffer, por ejemplo). Los dirigentes luteranos de Noruega y Dinamarca tuvieron un papel importante en la resistencia de sus países a la ocupación nacionalsocialista, y la Iglesia alemana, que se había opuesto a Hitler, realizó una importante contribución a la reconstrucción de Alemania la República Federal de Alemania tras la II Guerra Mundial. El luteranismo llegó a América con los primeros colonos europeos. Tras la guerra de la Independencia estadounidense (1775-1783) cada grupo sucesivo de inmigrantes europeos fundó su propia Iglesia y sínodo que celebraba sus oficios en la lengua de su país de origen. Como consecuencia del elevado número de inmigrantes que se desplazaron a Estados Unidos y Canadá en el siglo XIX y principios del XX, el luteranismo se dividió en numerosos grupos: alemán, sueco, noruego, danés, finlandés y eslovaco. A principios de la década de 1980 las fusiones han consolidado a la mayoría de los luteranos de Estados Unidos y Canadá. El luteranismo es la tercera confesión religiosa más importante en Estados Unidos.
3.1
El luteranismo en el mundo
Aunque una gran parte de los luteranos del orbe sigue viviendo en los países de Europa central y del norte, el luteranismo ha crecido con mayor intensidad en África y Asia. En realidad, el único país fuera de Europa donde la mayoría de la población es luterana es Namibia, en el sur de África. La Federación Luterana Mundial (LWF), cuya sede se encuentra en Ginebra (Suiza), coordina las actividades de gran parte de las iglesias luteranas de todo el mundo y supervisa las relaciones ecuménicas, los estudios teológicos y los servicios; está dirigida por un comité ejecutivo. Casi todas las iglesias luteranas pertenecen también al Consejo Mundial de las Iglesias.
3.2
Influencia cultural
Albert Schweitzer
Albert Schweitzer
El teólogo y filósofo alemán Albert Schweitzer fue galardonado en 1952 con el Premio Nobel de la Paz.
El luteranismo siempre se mostró preocupado por los aspectos culturales e intelectuales de la fe cristiana. Su influencia en la música a través de compositores como Johann Sebastian Bach, Dietrich Buxtehude, Michael Praetorius y Heinrich Schütz, ha sido tan importante como lo fue en la filosofía. Pensadores de formación luterana, tales como Immanuel Kant, Johann Gottlieb Fichte, Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Søren Kierkegaard, articularon sus ideas en diálogo, y a veces en oposición, con la tradición luterana. El luteranismo también ha inspirado a una serie de importantes investigadores bíblicos, como David Friedrich Strauss y Albert Schweitzer y teólogos como Albrecht Ritschl, Adolf von Harnack, Rudolf Otto, Rudolf Bulmann y Paul Johannes Tillich, entre otros.




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