viernes, 1 de julio de 2011

Periodización





Periodización
Periodización, en el campo de las ciencias sociales, división en periodos de la historia o de cualquier manifestación de la actividad humana: literatura, artes, ciencias. Cada uno de los periodos intenta abarcar, bajo un nombre específico, rasgos comunes y constantes, sean éstos los de un tipo de gobierno determinado, una tendencia estética, descubrimientos científicos o importantes transformaciones en la estructura económica de una sociedad. El principio y el final de un periodo —sus hitos fundamentales— coinciden con hechos que rompen con la época anterior y ejercen influencia en la siguiente.
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EL MITO DE LAS EDADES
Periodizar implica el intento de dominar el tiempo, de obtener una perspectiva que permita crear un marco de referencia. El poeta Hesíodo, en el siglo VIII a.C., estableció en su Teogonía una cronología mítica que se proponía explicar la evolución de la sociedad humana a través de cuatro edades: la de Oro, la de Plata, la de Bronce y la de Hierro. Los metales señalaban una decadencia progresiva de la humanidad, aunque con la certeza de un retorno cíclico. Este mito, retomado por Ovidio en las Metamorfosis y, entre otros, por Virgilio en la IV de sus Églogas, se convirtió en fuente de muchas reelaboraciones literarias y del deseo —o de la utopía nostálgica de un pasado mejor— de reconquistar la edad de Oro o de esperar su retorno. El discurso sobre la edad de Oro aparece en textos de las épocas siguientes, en los que la tradición clásica se une con el mito cristiano del paraíso. Don Quijote elabora una proclama sobre la felicidad de ese tiempo y se lamenta por las abominaciones del presente. Varias décadas más tarde, John Milton escribe El paraíso perdido.
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LA RELATIVA HISTORIA DE LAS EDADES
Christoph Keller (1638-1707), más conocido como Cellarius, fue el creador de la división periódica de la historia en edad antigua, media y nueva (posteriormente moderna). El concepto de edad contemporánea surgió en Francia para designar los hechos posteriores a la Revolución Francesa.
No todos los historiadores coinciden cuando se trata de fijar el final de un periodo y el comienzo de otro. Es comprensible y hasta deseable: dados el dinamismo de los hechos y la conjunción de múltiples factores en la génesis de un proceso histórico, no siempre es fácil fijar una fecha como definitiva, porque su mayor o menor importancia también depende de la perspectiva del historiador, del país que estudia y, naturalmente, de su posición ideológica frente a los acontecimientos. Ciertas periodizaciones eligen el punto de vista político; otras, recurren a la división por ciclos económicos. La historia y la historiografía no son ajenas a las corrientes filosóficas y, por tanto, puede dominar en su análisis una visión idealista —la historia hecha por los grandes héroes— o materialista —la historia como resultado de la acción anónima de los pueblos, de las técnicas de trabajo y su influencia en los cambios de concepción del mundo.
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MITO, HISTORIA, ECONOMÍA
La periodización dominante (cuatro edades, como en el mito) tiene el límite de la visión eurocéntrica. Por esta razón, algunas tendencias historiográficas se preguntan cómo aplicar el concepto de edad media, por ejemplo, a la evolución de los pueblos africanos, a algunas sociedades asiáticas e incluso a las culturas del periodo precolombino. La teoría marxista de los modos de producción —asiático, antiguo, feudal, burgués moderno o capitalista, socialista como etapa previa a la construcción del comunismo— constituye el primer intento de definir periodos que, más allá del sentido restringido de lo histórico, incorporan fenómenos económicos como base para explicar la transformación de las sociedades. Karl Marx también contempla la existencia, anterior a los modos de producción enumerados, de la comunidad primitiva, el tiempo de la sociedad tribal, en el que la tierra pertenecía a todos y el clan era la unidad básica. A pesar del avance que representa esta teoría —por considerar factores materiales y no sólo ideales en la evolución de la humanidad—, aún permanece la visión de un tiempo donde todo era de todos y de un futuro armonioso, sin lucha de clases. Precisamente la reflexión crítica de los propios filósofos marxistas llega a señalar que Marx acercó a la tierra lo que la religión prometía en el cielo. Haber estimulado en la conciencia de los seres humanos la posibilidad de construir la utopía a través de la lucha, no impide la lucidez de la visión irónica, como ocurre en la película del director italiano Elio Petri (1929-1982) titulada La clase obrera va al paraíso (1971).
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VISIONES IDEALISTAS Y TOTALITARISMO
La periodización vigente parte de un hecho cuestionable: la separación entre la era cristiana y la anterior a Cristo. Pero religiones como el judaísmo o el islamismo no tienen el mismo calendario. Cualquier periodización hecha tomando como referencia un criterio no universal conduce al etnocentrismo, es decir, a una visión que deja fuera otras concepciones del mundo. Para superar tal límite, deben tomarse en consideración constantes decisivas para comprender e interpretar los fenómenos sociales, entendiéndolos como confluencia de las leyes económicas, los hechos políticos, las luchas por el poder, las revueltas populares, la coexistencia en diferentes espacios y en un tiempo concreto de un cuerpo de creencias, formas de alimentación, usos indumentarios. Todos esos rasgos no se excluyen, sino que se iluminan en la captación del conjunto.
Los fundamentalismos religiosos y/o políticos, por el contrario, tienden a negar el hecho del cambio inevitable de las costumbres y de las estructuras sociales. Fenómenos como el nazismo, el fascismo, el franquismo, las dictaduras latinoamericanas, y tantas otras tentaciones mesiánicas, se obstinan en detener el tiempo, atribuyéndose la representación de valores o de instituciones inmutables: la raza aria y la exaltación del Sacro Imperio Romano Germánico en Hitler, la gloria del imperio de Roma en Mussolini, la reserva espiritual de Occidente en Franco, los valores occidentales y cristianos en otros regímenes totalitarios.
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CONCLUSIONES E INTERROGANTES
La periodización de Cellarius sigue siendo una guía para ordenar los acontecimientos y hasta para comprender el tránsito de un movimiento artístico o literario a otro, así como para abarcar descubrimientos científicos y procesos históricos relevantes: el cambio en las mentalidades que produjo el sistema de Copérnico, el descubrimiento de América, la Revolución Francesa y su relación con el nacimiento del liberalismo, la Revolución Rusa o la Cubana como primeras pruebas de la posibilidad del socialismo, el descubrimiento de la penicilina, las vanguardias artísticas y literarias del siglo XX.
Pero también la periodización utilizada en el ámbito artístico o literario debe ser considerada una simple guía. La comprensión de ciertas tendencias en el arte es aún más complicada, porque muchas veces el deseo de establecer principios generales se enfrenta con la singularidad de creadores que van más allá de la época en la que viven e incluso llegan a superarla. Artistas como El Bosco o Arcimboldo tienen validez porque, aun perteneciendo al siglo XVI, anticipan preocupaciones y búsquedas del siglo XX. Muy difícil es también fijar rígidamente los límites que separan al renacimiento del barroco y del manierismo. Dilema semejante surge cuando se piensa en el tránsito del romanticismo al realismo y al naturalismo. En la caracterización del neobarroco, por su parte, coexisten movimientos, estilos y escuelas diferentes.
Cualquier periodización no debería perder de vista la complejidad de los fenómenos humanos en cada una de sus manifestaciones, la relevancia de la función de las minorías en la sociedad y, con ellas, la difusión cada vez mayor de los principios de la tolerancia y el respeto a la diferencia, sin hablar de los comportamientos y de la importancia de los factores subjetivos. La periodización no es sólo un sistema útil para clasificar. Es también una señal para comprender la diversidad social e histórica.




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