miércoles, 6 de febrero de 2013

José María Morelos y Pavón



José María Morelos y Pavón
Reconocido como uno de los padres y mártires de la patria mexicana, el sacerdote José María Morelos y Pavón aparece en esta reproducción de una litografía del artista italiano Claudio Linati, perteneciente al libro Trajes civiles, militares y religiosos de México (1828).

José María Morelos y Pavón (1765-1815), sacerdote e insurgente mexicano, principal caudillo de la emancipación de su país tras la ejecución de Miguel Hidalgo y Costilla en 1811.
Nació en la actual Morelia (Michoacán), ciudad en la que también cursó sus estudios. Era mestizo, con algún ascendiente negro, aunque se le declaró criollo. Desde 1779 hasta 1790 fue agricultor y arriero en el camino de México a Acapulco. Después de su ordenación sacerdotal (1795), fue párroco hasta que, en 1810, se unió a la rebelión independentista de Hidalgo. Morelos se presentó ante éste con la intención de servir a sus órdenes como sacerdote, pero, en cambio, fue comisionado para lograr la insurrección del sur. Tras recibir el mando militar, no tardó en hacerse con el control de un amplio territorio en el sur de México. Hacia finales de 1811, dominaba parte de Michoacán, México, Oaxaca y Puebla, siendo reconocido por todos como sucesor de Hidalgo. En el sitio de Cuautla, que duró más de dos meses (1812), causó grandes pérdidas a las tropas realistas, lo que le supuso mayor prestigio. Tomó Acapulco en 1813 y, a finales de ese año, convocó el Congreso de Chilpancingo, que emitió una Declaración de Independencia, promulgó la denominada Constitución de Apatzingán (aprobada un año más tarde y que supuso el arranque del constitucionalismo mexicano) y nombró a Morelos generalísimo del gobierno insurgente. En diciembre de 1813, las fuerzas realistas lo derrotaron en Santa María, momento a partir del cual se vio obligado a mantener una estrategia defensiva. Destituido de su cargo de generalísimo por el Congreso, formó parte del triunvirato del Supremo Gobierno en Apatzingán. Acosado por las fuerzas realistas enviadas por el virrey, Félix María Calleja del Rey, fue capturado en noviembre de 1815, mientras protegía al Congreso en su retirada hacia Tehuacán. Después de ser conducido a México, se inició su proceso por un tribunal de la Inquisición, que lo acusó de herejía y despojó de sus hábitos. Condenado a muerte, el 22 de diciembre de 1815 fue fusilado. Tras la independencia, se le convirtió en un auténtico héroe nacional, y para exaltar su figura se levantaron estatuas y monumentos, se puso su nombre a calles y escuelas, y su ciudad natal pasó a recibir, en su memoria, su actual denominación.
Con su ejecución, se da por terminado el primer periodo del movimiento insurgente en el virreinato de Nueva España.

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