sábado, 20 de julio de 2013

El avaro



El avaro, comedia en prosa dividida en cinco actos representada por Molière en 1668 y publicada al año siguiente.

Con El avaro, inspirado en La marmita de Plauto, Molière demuestra mejor que nunca su perfecta maestría en la escritura teatral. Sobrado del apoyo del rey Luis XIV y del de otros influyentes cortesanos como el príncipe de Conti, Molière alcanza la cumbre de su arte y su fama en el escenario del Teatro Petit-Bourbon. Los tradicionalistas religiosos, a la sazón muy poderosos, habían conseguido la prohibición real de Tartufo, pero El avaro le proporcionó un nuevo triunfo.
Viudo y terriblemente avaro, Harpagón quiere casar a su hija Elisa con Anselmo, viejo y rico, dispuesto a tomarla sin dote. Pero Elisa se quiere casar con Valerio, que ha conseguido entrar en la casa de Harpagón contratado como intendente. Al mismo tiempo, Harpagón y su hijo varón, Cleonte, rivalizan por el amor de Mariana. Para ayudar a su amo, el criado de Cleonte, La Flèche, roba el oro de Harpagón. Acusado en falso, Valerio revela su amor por Elisa. Este tradicional recurso de la confesión termina desenredando toda la intriga: Anselmo descubre que Mariana y Valerio son los hijos que creía haber perdido en un naufragio. Al final, ambas parejas de jóvenes podrán casarse y Harpagón quedará satisfecho al recuperar su preciado oro.
En esta comedia, Molière utiliza todos los resortes del humor: el personaje cómico de Harpagón, lo cómico de la situación —todos los personajes fingen— y, por supuesto, lo cómico de las palabras y los gestos, heredados de la farsa y del baile que el autor conocía muy bien. Desde ese momento, el amor y la juventud, además de triunfar, se ríen de la autoridad que quiere casarlos en contra de sus deseos.
En El avaro, Molière juega con los personajes entre la confesión y el engaño, reconciliando a los que lo consideran un moralista con los que sólo reconocen en él a un autor teatral inspirado. La comedia otorga al juego de máscaras todo su poder subversivo para convertir la verdad del deseo en la verdad de todos, permitiendo que también se imponga la moral.



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