miércoles, 31 de julio de 2013

Guernica


Guernica, cuadro pintado por Pablo Picasso en 1937, inspirado en el bombardeo del pueblo vasco de Guernica y Luno (Vizcaya) por la aviación alemana al servicio de Francisco Franco.
El Guernica (óleo s/lienzo, 349 × 776,6 cm, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid) responde a un encargo del gobierno republicano español para la Exposición Internacional de París de 1937. Cuadro de circunstancias, la obra es una verdadera toma de posición política del pintor contra Franco (apoyado por la Alemania nazi) durante la Guerra Civil española.
El pintor, cuya estética era hasta ese momento básicamente egotista, sale de su entorno habitual y pinta un cuadro violentamente comprometido en donde cada detalle de la composición ha sido pacientemente elaborado, como así lo testimonian las fotos tomadas por su compañera, Dora Maar, de las siete versiones sucesivas del cuadro o el centenar de estudios realizados antes y durante su ejecución.
La composición triangular, que recuerda los frontispicios de los templos griegos o los tímpanos romanos, confiere a la obra una dimensión trágica. Lo que compone aquí Picasso es una alegoría del odio y un monumento a los muertos en blanco y negro. Después de dudar si dejar en la tela una lágrima recortada en papel rojo, la obra definitiva es en blanco, negro y gris, los mismos colores de las impresionantes fotos de la ciudad en llamas publicadas por la prensa.
Las figuras representadas, el caballo, el toro, la paloma, el sol o la mujer que sostiene un quinqué, están provistas de una función simbólica que confiere al cuadro su carácter universal y atemporal. Por otra parte, es esta preocupación por ir más allá del evento histórico propiamente dicho (la masacre del 26 de abril de 1937) lo que explica la ausencia de fecha de ejecución y de la propia firma del autor, datos que, sin embargo, Picasso hacía figurar sistemáticamente en toda su producción.
El pintor se encuentra doblemente comprometido en su cuadro, ya que la réplica militante va acompañada de un testimonio personal que tiene también en sí mismo un valor de compromiso: su vida sentimental también resulta evocada por la presencia de sus dos compañeras Marie Thérèse Walter y Dora Maar (la mujer que llora) en el cuadro. Por voluntad del pintor en el lienzo se entremezclan su historia íntima y la historia propiamente dicha.
Esta obra, expuesta en el Museo de Arte Moderno de Nueva York durante el periodo franquista, se encuentra desde 1981 en Madrid.



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