martes, 30 de julio de 2013

International Style


International Style o Movimiento moderno, en arquitectura, corriente aparecida en las primeras décadas del siglo XX, que marca una ruptura radical con las formas compositivas tradicionales. El movimiento moderno aprovechó las posibilidades de los nuevos materiales industriales, especialmente el hormigón armado, el acero laminado y el vidrio plano en grandes dimensiones. Se caracteriza por sus plantas y secciones ortogonales, a menudo asimétricas, la ausencia de decoración en las fachadas y los grandes ventanales horizontales divididos por perfiles de acero. Los interiores tienden, por lo general, a ser luminosos y diáfanos. Aunque los orígenes de este movimiento pueden buscarse ya a finales del siglo XIX, sus mejores ejemplos se construyeron a partir de la década de 1920, de la mano de arquitectos como Walter Gropius, Mies van der Rohe, J. J. P. Oud y Le Corbusier. El término International Style comenzó a generalizarse en Estados Unidos tras la exposición de arquitectura moderna celebrada en 1932 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, con motivo de la cual Henry-Russell Hitchcock y Philip Johnson escribieron el libro International Style: Architecture since 1922. También se denomina con el nombre de racionalismo (especialmente en Europa meridional), mientras que el funcionalismo se aplicó a la arquitectura preocupada por el diseño de edificios con criterios estrictamente funcionales, prácticos más que estéticos. Pese a que tras la II Guerra Mundial hubo aún importantes construcciones dentro de este estilo, las últimas décadas del siglo XX han estado dominadas por otros movimientos críticos, herederos en cualquier caso del movimiento moderno.
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LOS PIONEROS (HASTA 1914)
Durante los últimos años del siglo XIX y primeros del XX varios movimientos arquitectónicos empezaron a cuestionar los estilos eclécticos e historicistas que por entonces dominaban las escuelas occidentales de Bellas Artes. De entre ellos, uno de los más importantes fue el movimiento Arts & Crafts, precursor del racionalismo por sus formas arquitectónicas simples, escasa decoración y preocupación por el papel social de la arquitectura. Pese a estos criterios de modernidad, los arquitectos del Arts & Crafts, como C. F. A. Voysey y Philip Webb, se manifestaron contra los progresos industriales reivindicando los oficios artísticos propios de la sociedad preindustrial. Esta preocupación contrasta enormemente con el decidido apoyo a la tecnología proclamado por otros arquitectos de la época, en especial por algunos seguidores del Art Nouveau, como el belga Victor Horta.
El camino hacia el empleo arquitectónico de los nuevos materiales industriales en detrimento de los tradicionales, lo abrieron a comienzos del siglo XX figuras como los hermanos Perret en Francia (véase Auguste Perret), con sus experimentaciones con hormigón armado, y Louis Sullivan como integrante de la Escuela de Chicago. Sullivan levantó una serie de rascacielos con estructura reticular de acero y hierro colado, como los excepcionales almacenes Carson, Pirie & Scott (1899-1904). El discípulo predilecto de Sullivan fue Frank Lloyd Wright, que exploró nuevas vías de innovación formal con sus prairie houses (literalmente, casas de la pradera) levantadas en los alrededores de Chicago. Aunque inspiradas en el movimiento Arts & Crafts, las unifamiliares prairie houses, con sus proporciones horizontales, presentan ya una apariencia notablemente moderna. Más radical fue la postura adoptada por Adolf Loos, arquitecto vienés que visitó Chicago a comienzos de la década de 1890. A su regreso a Austria realizó un inflexible ataque contra la ornamentación arquitectónica, en especial contra los excesos decorativos del Art Nouveau, y proyectó varios edificios extremadamente austeros, como la asimétrica casa Steiner en Viena (1910).
La arquitectura industrial tuvo su línea evolutiva particular a partir de las innovaciones de la Deutsche Werkbund, asociación de artistas, artesanos y arquitectos fundada en Munich en 1907 para colaborar con la pujante industria alemana. Entre sus miembros destacaron Peter Behrens, autor de la fábrica de turbinas AEG, Hermann Muthesius, Henry van de Velde y Walter Gropius. Muthesius buscó la promoción del diseño industrial, extendiendo a la arquitectura los procesos de producción en serie. En 1914, sin embargo, se opuso a la inclusión en la Werkbund de Colonia de los expresionistas, que promovían un estilo más artístico a la hora de proyectar, acorde con las prácticas constructivas tradicionales. Los expresionistas estuvieron apoyados por Van de Velde y Gropius, que por entonces también proyectaban obras sumamente radicales, tanto tecnológica como estilísticamente. Dentro de este mismo periodo cabe resaltar, por último, la labor de otros arquitectos que promovieron las cualidades renovadoras que con el tiempo llegaron a convertirse en señas de identidad del movimiento moderno.
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1914-1932
La devastación provocada por la II Guerra Mundial trajo consigo, en el caso de Bélgica, la necesidad de reemplazar los edificios destruidos por otros alojamientos de bajo coste. Esta circunstancia propició la invención del sistema ‘dominó’, diseñado por el joven arquitecto suizo Charles Édouard Jeanneret que, con el nombre de Le Corbusier, se convirtió en el arquitecto más famoso del siglo XX. Discípulo de los hermanos Perret, Jeanneret propuso crear edificios con estructura de hormigón armado y tres cuerpos horizontales, apoyando los dos cuerpos superiores sobre pilares de planta cuadrada. Estos apoyos sostenían las vigas en voladizo, permitiendo que los forjados se proyectaran más allá de la línea de los pilares. Dada la resistencia de este sistema constructivo, el muro exterior quedaba liberado de la función de soporte, permitiendo por tanto aligerar su carga y abrir los vanos que se consideraran necesarios.
Aunque el sistema dominó anticipara posteriores logros, nunca se llevó a la práctica. Además, durante cierto tiempo los intereses de Le Corbusier oscilaron entre la arquitectura y la pintura, tras su traslado a París en 1917. Junto a Amédée Ozenfant fundó el movimiento denominado purismo, creando bodegones en los que combinaba el carácter científico del cubismo con un sentido clásico de la armonía. Esta asociación de modernidad y clasicismo se convirtió en una constante de toda la obra de Le Corbusier. En su libro Hacia una arquitectura (1923) reclamaba para ésta el rigor compositivo de los templos clásicos al mismo tiempo que la generalización de un nuevo lenguaje basado en la estética de las máquinas. En el citado libro, Le Corbusier yuxtapone con brillantez fotografías de templos clásicos con otras de automóviles, afirmando que esos objetos fueron los que expresaron con mayor autenticidad sus respectivas épocas. El desafío para los arquitectos modernos radicaba, según él, en construir edificios de acuerdo con los nuevos modelos tecnológicos.
Hacia 1923, por tanto, Le Corbusier había formulado ya los principios que caracterizaron sus construcciones a lo largo de la década de 1920. El año siguiente estuvo marcado en Holanda por otro importante acontecimiento: la construcción de la casa Schröder en Utrecht, obra del arquitecto Gerrit Rietveld. Al igual que Le Corbusier, Rietveld se asoció a los movimientos artísticos de vanguardia. Fue miembro del neoplasticismo difundido por De Stijl, fundado en Leiden el año 1917, integrado por el arquitecto J. J. P. Oud y los pintores Piet Mondrian y Theo van Doesburg. La independencia de las formas, rectangulares y de colores primarios, es evidente en la casa Schröder. El edificio se caracteriza además por la perfecta integración entre arquitectura y detalles ornamentales, incluyendo el mobiliario. Otro rasgo destacable del edificio es su articulación asimétrica a base de planos ortogonales.
La influencia de De Stijl se extendió más allá de Holanda, infiltrándose con fuerza a comienzos de la década de 1920 en la Bauhaus de Weimar (Alemania). La Bauhaus fue una escuela de arquitectura, arte y diseño fundada en 1919 bajo la dirección de Gropius, encaminada en un principio más hacia trabajos artesanales que industriales. En 1922, sin embargo, Van Doesburg pronunció una serie de conferencias en la Bauhaus que, junto a otras influencias, provocaron un cambio radical en la orientación de la escuela. La manifestación más evidente de la nueva tendencia fue el edificio creado por Gropius en 1925-1926 para la nueva sede de la escuela en Dessau. La economía expresiva, los volúmenes puros y sin ornamentación y sus grandes fachadas de vidrio componen una de las más importantes realizaciones del movimiento moderno.
Mientras la Bauhaus florecía bajo el liderazgo de Gropius, otros grupos como Der Ring representaban un destacado papel en la evolución de la arquitectura alemana. Der Ring estaba integrado por arquitectos como Bruno Taut y Ludwig Mies van der Rohe, quien también fue director de la Bauhaus desde 1930. Aunque Mies van der Rohe había experimentado con el expresionismo inmediatamente después de la I Guerra Mundial, desde 1923 participó de la tendencia racionalista predominante. De entre sus principales trabajos en esta época destacan la dirección de la exposición Wiessenhof en 1927, a las afueras de Stuttgart y la construcción del pabellón alemán para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. En esta exposición, organizada por la Deutscher Werkbund, destacan el edificio de apartamentos del propio Mies y las villas de Le Corbusier, J. J. P. Oud y Hans Scharoun. Los proyectos de Oud fueron casas de volúmenes simples y geométricos, mientras que Le Corbusier ejemplificó sus preferencias personales por las formas blancas y cúbicas apoyadas sobre pilares exentos (pilotis) y rematadas por terrazas ajardinadas.
Al igual que en sus edificios residenciales, Le Corbusier ideó un novedoso proyecto para el edificio de la Sociedad de Naciones en Ginebra. Su ingenio arquitectónico, aplaudido con entusiasmo por otros arquitectos de vanguardia, fue uno de los factores que provocaron la creación, en 1928, de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM). Los CIAM, cuya última reunión fue en Dubrovnik (Croacia) en 1956, sirvieron por encima de todo para generalizar y consensuar los principios de la nueva arquitectura, a la que se habían acogido numerosos arquitectos de diferentes nacionalidades.
Un hito importante de este proceso fue la exposición de arquitectura celebrada en 1932 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Aunque dominada por los principales arquitectos europeos, la muestra atrajo también a destacados arquitectos japoneses y estadounidenses. Los japoneses contaron con la presencia de Mamoru Yamada, mientras que entre los estadounidenses estaban George Howe, William Lescaze, Richard Neutra y, sobre todo Frank Lloyd Wright, quien, pese a mantenerse a distancia de la estética industrial del movimiento moderno, ejerció y recibió influencias del neoplasticismo holandés y asumió la sintaxis racionalista como nuevo lenguaje arquitectónico internacional. En la exposición de Nueva York también se dieron a conocer algunos excepcionales arquitectos escandinavos, especialmente el sueco Erick Gunnar Asplund y el finés Alvar Aalto.
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DESDE 1933
El auge del estalinismo en la Unión Soviética y del nacionalsocialismo en Alemania detuvo de forma drástica la evolución de la arquitectura moderna en estos países. El fascismo italiano, en cambio, adoptó esta tendencia arquitectónica como expresión del nuevo orden social, lo que permitió la construcción de edificios racionalistas tan significativos como la casa del Fascio en Como (1932-1936), obra de Giuseppe Terragni. Por el contrario, el nazismo alemán procedió al cierre de la Bauhaus en 1933, obligando con ello a Mies van der Rohe y Walter Gropius a exiliarse en Estados Unidos en 1937.
Mientras el régimen nazi buscó para la reconstrucción de las ciudades alemanas un estilo clásico y monumental, el movimiento moderno se inclinó hacia una forma diferente de planificación urbanística (véase Urbanismo). Durante el periodo de entreguerras, Le Corbusier llevó a cabo una serie de anteproyectos para la ciudad moderna ideal, dividida en diversas zonas dedicadas a diferentes actividades sociales. Según esta ordenación, las personas vivirían en rascacielos residenciales separados entre sí por extensas zonas verdes. Estos diseños culminaron en 1933 con la Carta de Atenas, promulgada por los CIAM bajo el auspicio de Le Corbusier. Aunque él nunca pudo ver realizadas por completo sus ideas urbanísticas, su influencia fue enorme tanto en proyectos de posguerra, como la construcción de la ciudad de Brasilia (inaugurada en 1960), como en los años precedentes a la II Guerra Mundial, en que se construyeron las villas de Highpoint I en Highgate (Londres, Inglaterra) del arquitecto Berthold Lubetkin.
Le Corbusier tuvo que esperar hasta después de la guerra para poder realizar la unité d’habitation en Marsella (1947-1952). El edificio, un bloque residencial de enormes proporciones, sirvió de inspiración a muchos proyectos posteriores, preocupados también por el tema del espacio y la alta densidad de ocupación de las viviendas, pero muy pocos tuvieron una calidad semejante al del maestro franco-suizo. A las formas arquitectónicas tradicionales en su obra, como los pilotis y las terrazas ajardinadas, la unité d’habitation añade un énfasis expresivo que inicia una nueva etapa en su carrera. Así, en el Capitolio de Chandīgarh (India), Le Corbusier evolucionó hacia una arquitectura intensamente emotiva denominada brutalismo (del francés béton brut, que significa hormigón visto), con la que se incluye en la corriente crítica del movimiento moderno y se aleja definitivamente del International Style popularizado en Estados Unidos.
Los últimos trabajos de Le Corbusier tuvieron una gran influencia en arquitectos como James Stirling y Peter y Alison Smithson, que desarrollaron el nuevo brutalismo en Gran Bretaña; así como en el japonés Kenzo Tange. Al mismo tiempo Philip Johnson aplicó el International Style a su propia casa (1951), un contenedor de acero y cristal conocido como la Glass House y situado en New Canaan (Connecticut). La influencia de Mies van der Rohe también es evidente en los grandes bloques de oficinas construidos en Estados Unidos y Europa durante las décadas de 1950 y 1960. Ejemplos destacados fueron los realizados por Skidmore, Owings & Merril, así como también la obra del propio Mies en el edificio Seagram de Nueva York, un majestuoso rascacielos de vidrio oscuro levantado en 1957.
Durante la década de 1960 una joven generación de arquitectos, entre los que destacaron los Five Architects (Peter Eisenman, John Hejduk, Michael Graves, Charles Guathmey y Richard Meier) de Nueva York, proyectaron edificios cúbicos inspirados en la arquitectura racionalista. A partir de 1960 el movimiento moderno entró en sucesivos periodos críticos, mientras que el International Style, su corriente menos ideológica, perdía notoriedad ante las nuevas tendencias: posmodernismo, high-tech y deconstructivismo. Sin embargo, los principios del movimiento moderno continúan siendo la referencia fundamental, crítica o adepta, de la arquitectura contemporánea.



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