martes, 30 de julio de 2013

Movimiento pacifista


Movimiento pacifista, movimiento de opinión internacional que lucha por el desarme y por otros objetivos asociados con el pacifismo, especialmente surgidos después de la I Guerra Mundial. Aunque el movimiento pacifista contemporáneo se describe frecuentemente como una organización monolítica de izquierdas, se puede comprender mejor analizándola como una heterogénea alianza de individuos, organizaciones no gubernamentales, grupos de presión, organizaciones propagandísticas y entes educativos. Desde perspectivas políticas y religiosas muy variadas, el pacifismo contemporáneo se ocupa de un amplio espectro de problemas, entre los cuales se encuentran la prevención de la guerra, la resolución de conflictos, el control internacional de armas, el desarme, la desmilitarización de la sociedad y la reducción del gasto militar en los presupuestos nacionales.
Durante siglos, los pensadores religiosos y los filósofos han buscado algún medio para la prevención de la guerra. En Europa, durante los siglos XVII y XVIII, los trabajos de William Penn, Jacques Henri Bernardin de Saint-Pierre, Jean-Jacques Rousseau, e Immanuel Kant fueron los pensadores que mayores intentos realizaron para definir el camino hacia una paz duradera. Pero los verdaderos antecedentes del movimiento pacifista contemporáneo se originan a principios del siglo XIX en Gran Bretaña. En 1816, la Sociedad de los amigos (o cuáqueros) fundó la Sociedad para el Fomento de la Paz Universal Permanente. Las primeras sociedades para la paz de Gran Bretaña y Estados Unidos compartían la doctrina cuáquera respecto al pacifismo absoluto cristiano y la fe en la bondad intrínseca del ser humano. A causa de su orientación más espiritual que política, las sociedades para la paz ocuparon una posición importante, pero algo aislada, en el naciente debate sobre las relaciones interestatales y el recurso a la guerra. Sin embargo, existía una faceta más laica del movimiento pacifista inicial que fue haciéndose cada vez más activa. Filósofos políticos como Jeremy Bentham y John Stuart Mill argumentaban que su objetivo de unas sociedades reformadas y civilizadas redundaría en un mundo en el que la guerra no sería necesaria o, al menos, un acontecimiento poco frecuente. Esta idea fue reforzada por el movimiento de libre mercado de mediados del siglo XIX y por la creencia de que el “comercio está dejando la guerra obsoleta” (John Stuart Mill). Otro pensador inglés, Richard Cobden, llevó el concepto aún más lejos al insistir en que la paz debía ser el objetivo, en vez de una característica, del libre mercado. Desde este punto de vista, los conflictos entre los estados serían tan raros que sólo se necesitaría un sistema de arbitraje para solucionar las ocasionales tensiones.
Según avanzaba el siglo XIX, el pacifismo cristiano fue desacreditado en muchos lugares por utópico e incluso por subversivo. Al mismo tiempo, el número de guerras y de retos a los intereses nacionales hicieron obvio que el libre mercado era mucho menos pacificador de lo que se había esperado. Lo que se necesitaba era algún tipo de organización internacional. Como resultado, al final del siglo XIX y a principios del XX, Europa mostró un interés renovado en ideas anteriores que abogaban por una paz mantenida a través de algún mecanismo internacional o de una federación de países. Las guerras llevadas a cabo durante el siglo XIX en Europa también provocaron la fundación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en 1863. La campaña del CICR por un comportamiento humanitario en tiempos de guerra culminó en una serie de convenciones de Ginebra que comenzaron en 1864 y en la Conferencias de La Haya de 1899 y de 1907. A finales del siglo XIX, el movimiento laico por la paz estaba dominado por los conceptos de ley internacional, arbitraje y cooperación entre los parlamentos nacionales. La Unión Interparlamentaria fue fundada en 1892.
La I Guerra Mundial influyó poderosamente en el movimiento pacifista. Sus convicciones pacifistas llevaron a muchos cuáqueros, a socialistas de la Sociedad Fabiana y a otros a declararse objetores de conciencia al servicio militar. Otros legados de la guerra fueron las obras de poetas y escritores como Wilfred Owen, Siegfried Sassoon y Erich Maria Remarque, así como los esfuerzos filantrópicos para avanzar en favor de la paz. En 1918 el industrial estadounidense Andrew Carnegie estableció su Fundación para la Paz Internacional que financia la investigación en este campo desde entonces. Algunos pacifistas concluyeron que el mayor obstáculo para la paz en Europa y en el mundo seguía siendo la soberanía sin restricciones de los estados. Las propuestas para establecer sistemas federales europeos o incluso mundiales no avanzaron. La Sociedad de Naciones, el primer organismo internacional dedicado a la búsqueda de la paz y a la seguridad colectiva, adquirió carácter oficial en enero de 1920, luego de una inclusión previa en la introducción del Tratado de Versalles (1919). La Sociedad constituyó desde su fundación un compromiso entre los estados y sus gobiernos más que un intento de imponer una autoridad superior sobre los países. El periodo de entreguerras (1919-1939) alumbró nuevas leyes humanitarias para tiempos de guerra, especialmente con el Protocolo de Ginebra de 1925 contra el uso de armas químicas y biológicas. La atención se centró también en los vendedores de armas cuyas actividades habían provocado y exacerbado supuestamente la guerra. Como resultado, muchos gobiernos aprobaron sistemas especiales de control de las exportaciones para limitar el comercio de armas.
Tras la II Guerra Mundial se hizo un nuevo intento con la creación de la Organización de las Naciones Unidas. Pero en pocos años volvieron a perderse las esperanzas de que comenzara un nuevo orden mundial pacífico con el inicio de la Guerra fría y la carrera armamentística entre este y oeste. Aunque el empleo de bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki impresionó y horrorizó a muchas personas, el movimiento pacifista fue muy lento en su desarrollo, en parte por el deseo de no verse asociado con el estigma de su posición antes de 1939. Pero su presencia se hizo notar finalmente durante toda la Guerra fría. Aunque algunas facciones del movimiento por la paz habían intentado formular un sistema internacional ideal y pacífico, durante la Guerra fría la actividad se centró en las actuaciones de los gobiernos, especialmente en el campo del desarrollo y obtención de armas atómicas. El escape de plutonio en la planta de Windscale (Gran Bretaña) en 1957 motivo el inició de la Campaña por el Desarme Nuclear (CDN) en un momento en que la política de defensa británica enfatizaba las ventajas de las armas nucleares. A partir de ese momento, el movimiento por la paz se mantuvo muy asociado al desarme nuclear. Las llamadas a favor del desarme unilateral continuaron hasta el final de la Guerra fría, aunque se argumentaba que el único método seguro de hacerlo era mediante tratados de control de armas multilaterales.
La participación de Estados Unidos en la guerra de Vietnam fue una cuestión especialmente polémica, sobre todo durante las revueltas estudiantiles de finales de la década de 1960.
La invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética en diciembre de 1979 provocó un importante deterioro en las relaciones Este-Oeste. Ese mismo mes la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) decidió la instauración de la política de ‘vía doble’: se desplegaron varios centenares de armas nucleares de alcance medio del modelo Tomahawk y Pershing en Europa Occidental. Esto provocó un enorme movimiento de protesta en toda Europa protagonizado por el CDN y por el nuevo grupo Desarme Nuclear Europeo (END). Una de las acciones más conocidas de la campaña fue la Acampada por la Paz de las Mujeres, que se inició 1983 en el exterior de la base aérea de Greenham Common (Inglaterra) cuando llegaron los primeros misiles estadounidenses a Inglaterra según el plan de despliegue 1979. La campaña no consiguió detener el despliegue de las armas nucleares pero reavivó el debate público sobre la paz y el desarme. Durante la década de 1980, la Iniciativa de Defensa Estratégica, o ‘Guerra de las Galaxias’, propuesta por el presidente estadounidense Ronald Reagan provocó una intensa polémica sobre la conveniencia de buscar una protección completa contra los ataques nucleares y sobre los recursos financieros y tecnológicos que habrían de utilizarse para tal objetivo. El movimiento por la paz europeo empezó a ocuparse de otros problemas no nucleares como la defensa territorial o no ofensiva: si las fuerzas armadas poseen cohetes antitanque en vez de tanques no serán capaces por su propia estructura de organizar un ataque, el despliegue de estos cohetes serviría para rebajar la tensión.
En noviembre de 1989, el muro de Berlín fue derribado. El comienzo del fin de la Guerra fría significaba que en adelante el movimiento pacifista tendría que ser definido en términos más amplios. El Pacto de Varsovia, cada vez con menos miembros, luchó por mantener su posición hasta su desaparición el 1 de julio de 1991. A los seis meses ocurrió lo mismo con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Al ser los enemigos y las amenazas militares más difíciles de definir, el movimiento pacifista europeo parecía haber perdido de nuevo su objetivo. Pero por el contrario, el movimiento amplió su campo de intereses e incluyó muchas ideas y temas nuevos, al mismo tiempo que repasaba cuestiones que hasta ese momento se habían considerado periféricas. Un ejemplo de esto es el tema de la defensa no ofensiva que ha recibido una atención creciente por parte de la investigación académica y política. El comercio de armamento y de las tecnologías asociadas, así como la relación entre las ayudas al extranjero y la venta de armas, han interesado más a otros componentes del movimiento pacifista. La destrucción de las minas se ha convertido en el objetivo de una campaña internacional especialmente diseñada, como quizás lo sean también en el futuro armas como los proyectores láser. Otros pacifistas se han centrado en la libertad de prensa, el control parlamentario de los temas relacionados con la defensa y la seguridad, y la reconversión de las industrias militares hacia usos civiles. Otros temas de interés son el sentido de las intervenciones militares, como en los casos de la guerra del Golfo Pérsico, la antigua Yugoslavia y Somalia, o la creación del sistema de defensa europeo y el futuro papel de la OTAN. En un plano más conceptual, la definición y el sentido de términos como defensa y seguridad tras la Guerra fría preocupan a muchos miembros del movimiento pacifista contemporáneo. Existe actualmente un consenso sobre el hecho de que la seguridad no puede enfocarse únicamente en los tradicionales términos militares, sino que deben tenerse en cuenta aspectos económicos, ambientales y sociales.
El principal interés del movimiento pacifista tras la Guerra fría sigue siendo el control y la prohibición de las armas de destrucción en masa, nucleares, biológicas o químicas. A pesar de la Conferencia sobre Armas Químicas de 1993, aún persisten problemas en el cumplimiento y verificación en temas biológicos y químicos, como puso de manifiesto el ataque con gas sarín realizado en marzo de 1995 en el metro de Tokio. Sin embargo, la principal preocupación sigue siendo la proliferación de armas nucleares. Respecto al Tratado de No Proliferación Nuclear firmado en 1968 y que fue revisado en 1995, el CDN abogaba por una extensión limitada para obligar a las naciones poseedoras de armas nucleares a respetar las promesas hechas en 1968. Otras cuestiones relacionadas con la revisión de este tratado son la prohibición de las pruebas nucleares, el control, almacenamiento y reprocesamiento del material fisible, el compromiso en cuestiones de seguridad de las naciones con armas nucleares respecto a las que no las poseen, y la adecuación del sistema de salvaguardas controlado por la Agencia Internacional de la Energía Atómica. En lo que respecta a las armas de destrucción en masa, los gobiernos y los grupos de presión comparten ahora unas preocupaciones similares frente a los peligros de su proliferación. El descubrimiento de avanzadas instalaciones de armas nucleares, biológicas y químicas en Irak después de la guerra, el temor al programa de desarrollo de armas nucleares de Corea del Norte y la probabilidad de que materiales y armas nucleares se vendan en el mercado negro internacional, se han combinado para crear un sentimiento compartido de peligro y urgencia. Las diversas organizaciones no gubernamentales y grupos de presión involucrados son ya expertos técnicamente, además de hábiles políticamente, hasta el punto de que muchas veces parecen hacer más campañas desde dentro del gobierno que contra el gobierno, por lo que son más eficaces. En otras cuestiones como el comercio internacional de armas y el problema de las minas, que antes se consideraban de segundo orden, el movimiento pacifista conserva sus características más reivindicativas. Cualquiera que sea el tema, el movimiento pacifista, en todos sus aspectos, tiene asegurada una respuesta amplia y activa, especialmente en las sociedades democráticas, y continuará sometiendo las cuestiones de defensa y seguridad a un debate público.
Recientemente, las amenazas de guerra contra Irak lideradas por Estados Unidos y Reino Unido han producido un renacimiento internacional del movimiento pacifista, concretado en masivas manifestaciones callejeras por todo el mundo: Europa, América, Oriente Medio, Oceanía y África. Especialmente relevante fue la jornada del 15 de febrero de 2003, cuando millones de personas unieron sus gritos antibelicistas simultáneamente en todo el planeta: otra señal de la importancia de Internet para la labor de estos colectivos.



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