miércoles, 7 de agosto de 2013

Canek


Canek, la historia y leyenda de un héroe maya, es una obra poética en prosa que narra la vida de un indio del Yucatán que ama a los débiles y odia a los poderosos. En su lucha contra la injusticia, termina liderando a su pueblo en rebelión y muere ajusticiado. En “La doctrina”, de la que hemos extraído las ocho primeras enseñanzas, Canek reflexiona y sentencia algunas de las verdades más obvias sobre los hombres blancos y los indios mayas, auténticos dueños de su historia y de su destino.
Fragmento de Canek.
De Ermilo Abreu Gómez.
La doctrina.
1
Canek dijo:
—Hoy día los blancos celebran la fiesta de la fundación de su ciudad edificada entre los cerros de la antigua T-Hó. Nosotros debemos recordar también las historias de nuestras ciudades ocultas. Así debemos recordar, en la intimidad de nuestro corazón, que cuando vino el tiempo bueno fue revelado el misterio de la ciudad de Chichén Itzá; abandonada después de muchos soles.
2
Canek dijo:
—Los hombres blancos no saben de la tierra ni del mar ni del viento de estos lugares. ¿Qué saben ellos si noviembre es bueno para quebrar los maizales? ¿Qué saben si los peces ovan en octubre y las tortugas en marzo? ¿Qué saben si en febrero hay que librar a los hijos y a las cosas buenas de los vientos del sur? Ellos gozan, sin embargo, de todo lo que producen la tierra, el mar y el viento de estos lugares. Ahora nos toca entender, cómo y en qué tiempo debemos de librarnos de este mal.
3
Canek dijo:
—Los blancos hicieron que estas tierras fueran extranjeras para el indio; hicieron que el indio comprara con su sangre el viento que respira. Por esto va el indio, por los caminos que no tienen fin, seguro de que la meta, la única meta posible, la que le libra y le permite encontrar la huella perdida, está donde está la muerte.
4
Canek dijo:
—Es bueno saber cuán diferente es la necesidad del indio y la necesidad del blanco. Al indio le basta para su sustento un cuartillo de maíz; al blanco no le basta un almud. Se debe esto a que el indio come y bendice su tranquilidad, mientras el blanco come y, desasosegado, guarda todo lo que puede para mañana. El blanco no sabe que una jícara no lleva más agua que el agua que señalan sus bordes. La demás se derrama y se desperdicia.
5
Canek dijo:
—Si te fijas puedes conocer la naturaleza y la intención de los caminantes. El blanco parece que marcha; el indio parece que duerme. El blanco husmea; el indio respira. El blanco avanza; el indio se aleja. El blanco quiere poder; el indio, descanso.
6
Canek dijo:
—Nosotros somos la tierra; ellos son el viento. En nosotros maduran las semillas; en ellos se orean las ramas. Nosotros alimentamos las raíces; ellos alimentan las hojas. Bajo nuestras plantas caminan las aguas de los cenotes, olorosas a las manos de las vírgenes muertas. Sobre ellas se despeñan las voces de los guerreros que las ganaron. Nosotros somos la tierra. Ellos son el viento.
7
Canek dijo:
—El futuro de estas tierras depende de la unión de aquello que está dormido en nuestras manos y de aquello que está despierto en las de ellos. Mira a ese niño: tiene sangre india y cara española. Míralo bien: fíjate que habla maya y escribe castellano. En él viven las voces que se dicen y las palabras que se escriben. No es ni de la tierra ni del viento. En él, la razón y el sentimiento se trenzan. No es de abajo ni de arriba. Está donde debe estar. Es como el eco que funde con nuevo nombre, en la altura del espíritu, las voces que se dicen y las voces que se callan.
8
Canek dijo:
—Los señores son rojos. Ellos dicen que son blancos. Los señores son rojos. Son rojos como la mancha del Oriente que los trajo; como el fuego que brota de sus manos; como el oro que se enciende y se arisca en sus barbas; como la palabra que estalla en sus bocas; como las llagas de sus dioses; y como el grito de las vírgenes que desgarran, sin advertir que son avecillas ciegas. Los señores son rojos.
Fuente: Abreu Gómez, Ermilo. Canek. México: Oasis, 1973.



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