sábado, 17 de agosto de 2013

Deforestación


La escasez de recursos

Cada año se estima que desaparecen unos 170.000 km² de pluvisilva, el equivalente a cuatro veces la superficie de Suiza. De seguir el ritmo actual de destrucción, las selvas tropicales de las zonas bajas habrán dejado de existir dentro de veinte años. Hoy día, la selva ocupa menos del 8% de la superficie de la Tierra, es decir, menos de la mitad del área que ocupaban antes de que comenzara su explotación.

A escala mundial, hay entre un 20 y un 30% menos de selva tropical de la que había históricamente, concentrándose en Brasil e Indonesia más del 45% de la pérdida total.
En la selva tropical viven numerosos pueblos indígenas como los penan de Isla de Borneo y los kayapó de Brasil. En 10 km² de selva hay más de 1.500 especies de plantas y árboles, 700 especies animales y miles de tipos de insectos. Por consiguiente, la destrucción de grandes superficies conlleva graves problemas medioambientales, pérdida de hábitats y la extinción de culturas indígenas.
La deforestación afecta a la capacidad de la Tierra para limpiar la atmósfera. La pluvisilva y otras grandes regiones boscosas sirven de pulmón al planeta al convertir el anhídrido carbónico en oxígeno y filtrar los contaminantes. Los científicos creen que la deforestación altera el clima, contribuye al calentamiento global y es responsable del 25% del anhídrido carbónico que se libera en la atmósfera cada año.
A nivel local, la deforestación produce efectos desastrosos. El suelo de las laderas, al contar con una menor cubierta vegetal para que lo fije, se erosiona rápidamente a causa de la lluvia y de la escorrentía, colmatando los ríos y lagos de limos y perjudicando a la vida acuática. Los suelos desnudos de la selva son relativamente poco fértiles y sólo son utilizables con fines agrícolas durante uno o dos años. Además, los suelos desnudos retienen sólo una parte del agua que podrían absorber con cobertura vegetal y favorecen ciclos de inundaciones y sequía en lugar de un aporte constante de agua.
Crecimiento de la población
La principal causa de la deforestación es el crecimiento de la población y el consiguiente aumento en la demanda de productos de madera de las tierras forestales. La búsqueda de nuevas tierras de cultivo en los países en vías de desarrollo es la causa de la tala y clareo de los bosques. Los ganaderos talan miles de hectáreas de selva para que el ganado paste durante uno o dos años, trasladándose una vez agotado el suelo. Con el fin de satisfacer la demanda cada vez mayor de madera y pasta de madera para casas, muebles y papel, también los países desarrollados han acudido a las enormes reservas de las selvas húmedas. Para la población cada vez más numerosa de África y Asia, la madera sigue siendo el combustible básico tanto para la preparación de alimentos como para la calefacción.
Aunque la deforestación sigue siendo un grave problema, los gobiernos y los grupos conservacionistas están adoptando medidas para reducir las pérdidas. Los países desarrollados favorecen el reciclaje con el que se reduce la utilización de productos obtenidos a partir de la madera y algunos países, como Brasil, han eliminado las subvenciones que animan a la gente a talar y establecerse en la selva tropical. Algunos grupos ecologistas privados trabajan con el fin de fortalecer las reivindicaciones de los pueblos indígenas y desarrollar mercados de productos forestales obtenidos mediante una producción sostenible; por ejemplo, las especias y plantas medicinales pueden cosecharse en las selvas sin dañar el ecosistema. Muchos países desarrollados y grupos conservacionistas internacionales han establecido intercambios de 'deuda por naturaleza', que cancela deudas por créditos internacionales a cambio de una mejor protección de los bosques.



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