martes, 20 de agosto de 2013

Duelo


La sensibilidad y finura lírica de la gran autora alemana Annette von Droste-Hülshoff brillan a gran altura en imágenes de la vida cotidiana llenas de ternura.

Fragmento de La madre junto a la tumba de su hija.

De Annette von Droste-Hülshoff.
Eras tan riente, pía y apacible,
mi bien, y de morir hubiste tú:
era tu alma asaz pura para un cuerpo
y á su patria voló, rayo de luz.
Si yo y tu padre, los que aquí más te aman,
llorando estamos de tu tumba á par;
la obscura puerta de tu fosa sólo,
tu dicha no podemos contemplar.
¡Oh, pudiese una vez ojo de madre
penetrar esa incógnita región!
en tu ventura de inocencia verte,
aun cuando fuese en sueño, en dormición;
Mirara quieta yo el lugar do el polvo
con el polvo á juntarse sólo va.
Pero el mundo de espíritus se oculta:
puede vagar por él la fe no más.
Bien sé que sobre el lloro nuestro te alzas
alta entre esplendorosa claridad;
y que entendiendo mi ansia más oculta,
amas conmigo ir, mi ángel tutelar;
Y allá mirando, por divina mano
me siento muchas veces levantar;
y siento que hay un lazo de las almas,
y que mi hija me vino á sustentar.
De aquel claro astro suave ¿luce acaso
en mis llorosos ojos tu mirar?
y en la aura que me orea, ¿darme acaso
consuelo tu amante hálito querrá?
Libre de vínculos que aquí nos ligan,
rica de fuerzas que no son de aquí,
tu aliento cércame quizá á menudo.
¿No me puedes, Constancia, esto decir?
Creo que el ver de pena desgarrados
los padres que tú amabas de por ti;
el ver que tu alentar ellos no entienden:
creo, mi hija, que tal te hará sufrir.–
Mas no: tu ojo de espíritu domina
de esta senda de espinas claro el fin.
Verás así el cuitar humano un juego;
y nuestro depurar te hará feliz.
Rociada de mis lágrimas ardientes
rogábasme te bendijera ya:
«Nunca, mi madre, tú me has bendecido:
á Constancia bendice ya, mamá.»
Luego: «Conmigo todos vais al cielo;
después que muera, con vosotros soy.»
Y cual un soplo, tu alma fué, buscando
de los puros y píos la región.
En medio á mi dolor yo te bendije;
y en la gélida frente te besé;
bendíjete con alma desgarrada,
mortal angustia en la candente sien.
Bendíceme á tu vez, ser de pureza,
ángel de luz en celestial confín;
!oh! con rociante amor tú me bendice!
¡oh! me devuelve lo que yo te di!
Con tu paciencia y suavidad inspira,
en todo el grave terrenal afán,
mi frágil corazón, y haz que dirija
mi errante vista á la eternal bondad.
Ayuda á reflejar lo grande, eterno
en medio al goce, en medio del pesar.
Así mi hija murió al fugace tiempo:
resucitó, á ser mi ángel tutelar.
Fuente: Jünemann, Guillermo. Antología universal. Friburgo: Herder, 1910.



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