martes, 20 de agosto de 2013

Estampa



Pintor y escritor, máximo exponente del modernismo catalán, Rusiñol traza en su prosa poética delicadas estampas en las que consigue otorgar nuevo vigor al paisaje más sombrío, como ocurre, en este caso, con el ciprés de cementerio.

Contraste.

De Santiago Rusiñol.

Una de las cosas más alegres que he visto jamás era un ciprés de cementerio.
Había dos en el osario: uno, el ciprés triste, un ciprés cadáver, flaco, descarnado, nervioso, tan viejo y débil, que cuando el aura le movía parecía como si temblase, y cuando llovía dijérase talmente que lloraba; y el otro, alegre, espeso, de terciopelo vestido, ufano y vírgen, todo él modelado, tierno y siempre lleno de verdor.
Pero lo que le hacía ser alegre era el enjambre de pajarillos que dormían en sus brazos y allí anidaban y vivían. Parecía un árbol con palabra y canciones entre aquella quietud; una casa de vecindad cercana á los nichos; una escuela llena de gritos y de risadas.
Todo el santo día, yendo y viniendo, bajaban, subían, iban de visita, se holgaban, reñían, se llevaban las noticias del lugar donde había panizo y no había cazadores, volcaban las criaturas, les lavaban las patas y les enseñaban gimnasia; reían, lloraban, y se contaban sus vacilaciones, todo el día era un tejemaneje de pelliscos, de besos y de picotazos; de subir briznas de paja para mullir los cojines, de meter la cabeza so el ala y espantar las lagartijas.
Al atardecer aumenta la algazara para disputarse una ramita: había una furia de gritos para lograr un toldo de hojas, un guirigay para conseguir una alcoba; y después, una vez persignados los pequeños entre los nidos de las ramas y rezada la oración, el árbol se queda dormido entre los fuegos fatuos que corrían.
¡Oh, árbol alegre! En ningún lugar estaban tan seguros como bajo aquel dosel de dulzura; en ninguno tan respetados por los hombres como en el mismo osario; en inguno tan contentos como entre aquella paz poblada; siempre ellos con ellos; siempre con los suyos; siempre llenando la soledad con su festiva alegría.
Hasta cuando llevaban un muerto subía del ciprés un vuelo de vida.
Fuente: Nervo, Amado. Lecturas literarias. París: Librería de la Vda. de C. Bouret, 1918.



0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Entradas populares