miércoles, 21 de agosto de 2013

Homilía


Padre de la Iglesia oriental y genio de la elocuencia cristiana, san Juan Crisóstomo predicaba todos los días ante una audiencia que quedaba extasiada por el poder de su palabra. Esta homilía es uno de sus más bellos triunfos.

Fragmento de La homilía por Eutropio.
De san Juan Crisóstomo.
I.
Siempre, sobre todo ahora, oportuno es decir: «Vanidad de vanidades; todo, vanidad.» ¿Dónde están ahora las brillantes vestimentas consulares? ¿Dónde las esplendorosas antorchas? ¿Dónde los aplausos, y las danzas, y los festines, y las fiestas, y las coronas y los cortinajes? ¿Dónde el estrépito de la ciudad y las aclamaciones del hipódromo y las adulaciones de los espectadores del teatro? Todo eso se fué: sopló súbito el viento; derribó el follaje; mostrónos desnudo el árbol, sacudido, hasta las raíces mismas, lo que de él queda. Tan recia fue la ráfaga del viento, que amenazó arrancarlo de cuajo y trastornar hasta sus fibras. ¿Dónde están ahora los improvisados amigos? ¿Dónde el beber y banquetear? ¿Dónde el enjambre de parásitos, y el beber vinos generosos todo el día, y las mil artes de los marmitones, y el obrar y hablar siempre complacientes de los esclavos del poder? Noche era todo aquello y sueño: nació el día, y se desvaneció. Flor era primaveral: pasó la estación: la flor se marchitó. Sombra era, y voló: humo era, y disipóse: pompas eran de agua, y deshiciéronse: tela era de araña, y se rompió. He aquí por qué no nos cansaremos de proclamar la citada sentencia del Espíritu Santo: «Vanidad de vanidades; todo, vanidad.» Ella en muros, vestiduras, plazas, hogares, vías, puertas, vestíbulos, y sobre todo en la conciencia de cada cual indeleblemente escribirse debe y meditarse sin cesar. Desde que la conducta fraudulenta, el antifaz, la hipocresía parecen ser para muchos verdad, precisa que todos los días, al comer, al cenar, al platicar, repita cada uno esta frase á su vecino y se la oiga repetir; porque «Vanidad de vanidades, y todo, vanidad».
Fuente: Jünemann, Guillermo. Antología universal. Friburgo: Herder, 1910.



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