domingo, 1 de septiembre de 2013

Autobiografía del pícaro



La obra de Mateo Alemán revela una amarga visión del mundo. El pícaro concibe la vida como una lucha.

Fragmento de Guzmán de Alfarache.

De Mateo Alemán.
Parte I. Capítulo I: En que cuenta quien fué su padre.
El deseo que tenía (curioso lector) de contarte mi vida, me daba tanta priesa para engolfarte en ella sin prevenir algunas cosas que, como primer principio, es bien dejarlas entendidas, porque siendo esenciales á este discurso tambien te serán de no pequeño gusto, que no olvidaba de cerrar, un portillo por donde me pudiera entrar, cuando cualquier terminista de mal latin, redarguyéndome de pecado porque no procedí de la definición á lo definido, y antes de contarla no dejé dicho quiénes y cuales fueron mis padres y confuso nascimiento, que en su tanto, si dellos hubiera de escribirse, fuera sin duda más agradable, y bien recibida que esta mia: tomaré por mayor lo mas importante, dejando lo que me es lícito para que otro haga la baza.
Podrásme bien creer, que si valiera elegir de adonde nos pareciera, que de la masa de Adán procurara escoger la mejor parte, aunque anduvieramos al puñete por ello. Mas no vale á eso, sino á tomar cada uno lo que le cupiere, pues el que lo repartió pudo y supo bien lo que hizo: él sea loado, que aunque tiene jarretes y manchas, cayeron en sangre noble de todas partes. La sangre se hereda y el vicio se apega; quien fuese cual debe será como tal premiado, y no purgará las culpas de sus padres. Cuanto á lo primero, el mio y sus deudos fueron levantiscos. Vinieron á residir á Jénova, donde fueron agregados á la nobleza, y aunque de allí no naturales, aquí los habré de nombrar como tales. Era su trato el ordinario que aquella tierra, y lo es ya por nuestros pecados en la nuestra: cambios y recambios por todo el mundo. Hasta en esto lo persiguieron infamándolo de logrero: muchas veces lo oyó á sus oidos, y con su buena condicion pasaba por ello.
Tenía mi padre un largo rosario entero de quince dieces, en que se enseñó á rezar (en lengua castellana hablo), las cuentas gruesas mas que avellanas; este se lo dió mi madre, que lo heredó de la suya: nunca se le caia de las manos; cada mañana oia su misa sentadas ambas rodillas en el suelo, juntas las manos, levantadas del pecho arriba, el sombrero encima de ellas, Arguyéronle maldicientes, que estaba de aquella manera rezando para no oir, y el sombrero alto para no ver. Juzguen de este juicio los que se hallan desapasionados, y digan si haya sido perverso y temerario, de gente desalmada, sin conciencia. Tambien es verdad que esta murmuración tuvo causa; y fué su principio, que habiéndose alzado en Sevilla un su compañero, y llevándole gran suma de dineros, venia en su seguimiento, tanto á remediar lo que pudiera del daño, como á componer otras cosas. La nave fué saqueada, y él con los mas que en ella venían, cautivo y llevado á Arjel, donde medroso y desesperado, el temor de no saber como ó con qué volver en libertad, desesperado de cobrar la deuda por bien de paz, como quien no dice nada, renegó. Allá se casó con una mora hermosa y principal, con buena hacienda, que en materia de interés (por lo general de quien siempre voy tratando, sin perjuicio de mucho número de nobles caballeros, y gente grave y principales, que en todas partes hay de todo) diré de paso lo que en algunos deudos de mi padre conocí el tiempo que los traté. Eran amigos de solicitar casas agenas, olvidándose de las propias, que se les tratase verdad, y de no decirla; que se les pagase lo que se les debía, y no pagar lo que debian; ganar y gastar largo, diese donde diese, que ya estaba rematada la prenda, y como dicen, á Roma por todo. Sucedió pues que asegurado el compañero de no haber quien le pidiese, acordó tomar medios con los acreedores presentes, poniendo condiciones y plazos con que pudo quedar de allí en adelante rico y satisfechas las deudas.
Cuando esto supo mi padre, nacióle nuevo deseo de venirse con secreto y diligencia, y para engañar á la mora le dijo se queria ocupar en ciertos tratos de mercancias. Vendió la hacienda, y puesta en cequiés (moneda de oro fino berberisca), con las mas joyas que pudo, dejándola sola y pobre, se vino huyendo, y sin que algun amigo ni enemigo lo supiera, reduciéndose á la fe de Jesucristo, arrepentido y lloroso, delató de sí mismo, pidiendo misericordia y penitencia, la cual siéndole dada, después de cumplida, pasó adelante á cobrar su deuda. Esta fué la causa por que jamás le creyeron obra que hiciese buena. Si otra les piden, dirán lo que muchas veces (con impertinencia y sin propósito) me dijeron: que quien una vez ha sido malo, siempre se presume serlo en aquel genero de maldad. La proposicion es verdadera, pero no hay alguna sin escepcion. ¿Qué sabe nadie de la manera que toca Dios á cada uno, y si, conforme dice una auténtica, tenía ya reintegradas las costumbres?
Veis aquí, sin mas acá ni mas allá, los linderos de mi padre; porque decir que se alzó dos ó tres veces con haciendas ajenas, también se le alzaron á él. No es maravilla; los hombres no son de acero, ni están obligados á tener como los clavos, que aun á ellos les falta la fuerza, y suelen soltar y aflojar. Estratagemas son de mercaderes, que donde quiera se practican en España, especialmente donde lo han hecho granjería ordinaria. No hay de que nos asombremos: allá se entiendan, allá se lo hayan, á sus confesores den larga cuenta de ello, solo es Dios el juez de aquestas cosas, mire quien los absuelve lo que hace. Muchos veo que lo traen por uso, y á ninguno ahorcado por ello: si fuera delito, mala cosa ó hurto, claro está que se castigara; pues por menos de seis reales vemos azotar y echar cien pobres á las galeras. Por no ser contra mi padre, quisiera callar lo que siento, aunque si he de seguir al filósofo, mi amigo es Platon, y mucho más la verdad conformándome con ella: perdone todo viviente, que canonizo este caso por muy gran bellaquería, digna de muy ejemplar castigo.
Fuente: Enseñat, Juan B. Lecturas literarias en prosa y verso. París: Librería de la Vda. de C. Bouret, 1908.



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