domingo, 1 de septiembre de 2013

Caída de Jerusalén


Entre las narraciones históricas del Antiguo Testamento, una de las más dolorosas es la que se ofrece en el siguiente fragmento del libro segundo de los Reyes, que describe la caída de la ciudad de Jerusalén después del largo asedio a que fue sometida por las huestes de Nabucodonosor. Este hecho llevó consigo la deportación del pueblo judío a Babilonia, uno de los periodos más dolorosos y llorados de la historia antigua de Israel.
Fragmento del Libro Segundo de los Reyes.
25, 1-21.
1En el año noveno de su reinado, en el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército contra Jerusalén; acampó contra ella y la cercaron con una empalizada. 2La ciudad estuvo sitiada hasta el año once de Sedecías. 3El mes cuarto, el nueve del mes, cuando arreció el hambre en la ciudad y no había pan para la gente del pueblo, 4se abrió una brecha en la ciudad y el rey partió con todos los hombres de guerra, durante la noche, por el camino de la Puerta, entre los dos muros que están sobre el parque del rey, mientras los caldeos estaban alrededor de la ciudad, y se fue por el camino de la Arabá. 5Las tropas caldeas persiguieron al rey y le dieron alcance en los llanos de Jericó; entonces todo el ejército se dispersó de su lado.
6Capturaron al rey y lo subieron a Riblá donde el rey de Babilonia, que lo sometió a juicio. 7Los hijos de Sedecías fueron degollados a su vista, y a Sedecías le sacó los ojos, le encadenó y le llevó a Babilonia.
Saqueo de Jerusalén y segunda deportación.
8En el mes quinto, el siete del mes, en el año diecinueve de Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nebuzaradán, jefe de la guardia, siervo del rey de Babilonia, vino a Jerusalén. 9Incendió la Casa de Yahveh y la casa del rey y todas las casas de Jerusalén. 10Todas las tropas caldeas que había con el jefe de la guardia demolieron las murallas que rodeaban a Jerusalén. 11Cuanto al resto del pueblo que quedaba en la ciudad, los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y el resto de la gente, Nebuzaradán, jefe de la guardia, los deportó. 12El jefe de la guardia dejó algunos para viñadores y labradores de entre la gente pobre.
13Los caldeos rompieron las columnas de bronce que había en la Casa de Yahveh, las basas, el Mar de bronce de la Casa de Yahveh, y se llevaron el bronce a Babilonia. 14Tomaron también los ceniceros, las paletas, los cuchillos, las cucharas y todos los utensilios de bronce de que se servían. 15El jefe de la guardia tomó los incensarios y los aspersorios, cuanto había de oro y plata. 16Cuanto a las dos columnas, el Mar y las basas que Salomón había hecho para la Casa de Yahveh, no se pudo calcular el peso del bronce de todos aquellos objetos. 17La altura de una columna era dieciocho codos, y encima tenía un capitel de bronce; la altura del capitel era cinco codos; había un trenzado y granadas en torno al capitel, todo de bronce. Lo mismo para la segunda columna.
18El jefe de la guardia tomó preso a Seraías, primer sacerdote, y a los tres encargados del umbral. 19Tomó a un eunuco de la ciudad, que era inspector de los hombres de guerra, a cinco hombres de los cortesanos del rey, que se encontraban en la ciudad, al secretario del jefe del ejército, encargado del alistamiento del pueblo de la tierra, y a sesenta hombres de la tierra que se hallaban en la ciudad. 20Nebuzaradán, jefe de la guardia, los tomó y los llevó a Riblá, donde el rey de Babilonia; 21y el rey de Babilonia los hirió haciéndoles morir en Riblá, en el país de Jamat. Así fue deportado Judá, lejos de su tierra.
Fuente: Biblia de Jerusalén. Equipo de traductores de la edición española de la Biblia de Jerusalén. Bilbao: Editorial Desclée de Brower, SA, 1994.



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