viernes, 6 de septiembre de 2013

Cerámica de Talavera


De toda la producción cerámica española, quizá la más notable y conocida tanto dentro como fuera del país es la de la localidad toledana de Talavera de la Reina. Alcanzó su punto culminante entre los siglos XVI y XVIII, aunque hoy día se pueden adquirir piezas de factura moderna, y existen numerosos testimonios de la gran difusión que alcanzó durante esos años.

Fragmento de Historia de las artes industriales y aplicadas en España.

De Antonio Bonet Correa (coordinador) y otros.
Capítulo XXI.
Talavera constituye uno de los capítulos más brillantes porque supone un verdadero crisol de las distintas funciones cerámicas.
Desde el siglo XVI es elogiada en diversos textos, especialmente la loza, hasta el punto de que el topónimo Talavera se convierte en apelativo de loza, como Sacavem lo es en Portugal y China llegará a ser sinónimo de porcelana y Bristol en Inglaterra es de loza.
Los documentos dan fe de la fama, difusión y bajo precio de la loza talaverana, lo que nos lleva a la conclusión de considerarla como producción de un fuerte carácter popular, entendiendo por popular no lo decadente, sino lo que es conocido y usado por una gran mayoría y donde los valores estéticos y artísticos no tienen por qué estar ausentes.
La loza de Talavera debe estudiarse desde una doble vertiente, que ya fue iniciada por Frothingham y Ainaud de Lasarte. Esto no significa que no hubiera una producción que alcanzó cotas realmente artísticas y suntuarias, que se plasmó en las series polícromas de los siglos XVII y XVIII y en bastantes piezas de las series azules de igual cronología. Sin embargo, el favor que las lozas talaveranas gozaron entre los altos estamentos sociales de la época tiene que matizarse por el hecho de la promulgación de una Pragmática de Sobriedad en 1601, dictada por el duque de Lerma durante el reinado de Felipe III, que prohibía el uso de vajillas talaveranas. Este condicionamiento socioeconómico se refleja en textos de la literatura clásica tales como Tirso de Molina. Lope de Vega y Castillo Solórzano. En estos textos se elogia el «lustre», la blancura y la policromía que indudablemente han sido notas características de la loza talaverana.
La doble vertiente de cerámica popular y artística en Talavera es paralela, siendo complicado afirmar que una serie decorativa sea sólo popular y otra sólo artística. Sin embargo, adelantamos que la serie de mariposas, buena parte de la serie tricolor (azul, naranja y manganeso), las de estrellas de plumas, la esponjada y la jaspeada, gran número de piezas de la serie chinesca de helechos así como de las azules, deben encuadrarse en la vertiente popular mientras que la serie de ferroneries y la polícroma tienen un carácter más culto y artístico. A partir de 1727, fecha de creación de la fábrica de Alcora, el favor que las lozas polícromas habían disfrutado pasa a las producciones de la fábrica del conde de Aranda. Talavera tratará de imitar los productos alcoreños, sin conseguirlo, volviendo a triunfar lo popular. Esta situación se mantendrá durante todo el siglo XIX, hasta 1908, fecha de creación de la fábrica de Guijo y Ruiz de Luna, cuando se retoma la corriente artística del esplendor polícromo del siglo XVII y primer tercio del XVIII.
En resumen, las dos corrientes son paralelas y alternantes.
Para la datación de muchas piezas de Talavera un criterio tenido en cuenta ha sido los periodos de mandato de los priores del Monasterio de El Escorial, siempre clientes de Talavera.
Del siglo XVI es la serie de mariposas. En realidad es un motivo vegetal estilizado, semejante a las aranhoes portuguesas que adorna los bordes. En el centro animales en solitario de filiación mudéjar. Mucho más restringido fue el motivo de las ferroneries, relacionado con Amberes y que adorna orzas y botes de la farmacia de El Escorial. En la serie tricolor —azul, naranja y manganeso— destaca por primera vez la influencia italiana palpable en la aparición de figuras humanas aunque de trazo muy poco ducho que lo acerca a lo caricaturesco. Las piezas más antiguas son de finales del XVI pero se extendió por todo el XVII. Se hizo también en Puente y se imitó en Sevilla. De Sevilla vendría, en cambio, la técnica de esponjado azul que se usó con manchas amarillas en muchas piezas de la segunda mitad del XVI. Relacionadas con la tricolor, las vasijas —platos, salvillas, pilas bautismales— decoradas con estrellas de plumas. Serie muy popular. Se fabricó en los siglos XVII y XVIII. En el siglo XVII alcanzó Talavera su gran fama gracias a las series polícromas. Es una justa reputación porque la paleta de gran fuego introducida en España por Niculoso Pisano, es usada en Talavera con talento y sentido artístico indudable. Se fabrican nuevas formas con el uso del molde y se acomoda a los gustos de una clientela selecta. Sigue, sin embargo, siendo una obra anónima, si bien los temas se basan en grabados de la época, sobre todo de Stradanus y C. Bouzonet. Se despliega el paisaje, se pintan escenas de caza, de niños, de acoso de toros y heráldicas. Pocas escenas religiosas y mitológicas a diferencia de la cerámica italiana. Dentro de la policromía, existe una serie reducida con predominio del amarillo que se hizo también en Sevilla. Es la punteada que se hace a finales del siglo XVI y principios del XVII. De este siglo hay otros temas como el de encaje, inspirado en las randas portuguesas. El de figuras galantes entre ramos de hojas menudas conocidos en la jerga ceramística como flor de patatas es de finales del siglo XVII o ya del XVIII. En lo azul destaca la serie chinesa de helechos del siglo XVII y primera mitad del XVIII, por las hojas que decoran las alas de los platos. Tema que viene de Delft y de Portugal. Se fabrican vasijas igual que las polícromas y con igual tema pero sólo en azul. Este color se maneja en Talavera con gran maestría en el dominio de los claroscuros. Son característicos unos árboles escalonados que enmarcan los motivos centrales.
Fuente: Bonet Correa, Antonio (coordinador) y otros. Historia de las artes industriales y aplicadas en España. Madrid: Ediciones Cátedra, 1982.



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