lunes, 22 de abril de 2013

Anvari



Anvari, nombre completo Auaduddin Alí Anvari (1126-1190), poeta persa, nacido en Jurasán, estudió en Ţūs (actualmente Firdaus, Irán). Su panegírico en honor del sultán Sanjar, o Sinjar, gobernante de Jurasán, le granjeó el favor real, y gracias a eso continuó disfrutando del mecenazgo de los dos sucesores de Sanjar. Anvari (o Anwari) profetizó que determinada conjunción de las estrellas en octubre de 1185 vendría acompañada de una tormenta espantosa y de terribles desastres. La profecía no se cumplió, y como consecuencia fue desterrado.
Los poemas de Anvari, reunidos en Divan, son obras magistrales. En sus versos combina el dominio de un panegirista romántico con la sutil energía de un audaz satírico. Su elegía 'Lágrimas de Jurasán' está considerada como uno de los poemas más hermosos de la literatura persa.


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Antonio Gamoneda



Antonio Gamoneda (1931- ), poeta y crítico de arte español, nunca ha participado en agrupaciones generacionales, y su obra se caracteriza por un extremado rigor y una gran calidad.
Nacido en Oviedo el 30 de mayo de 1931, desde muy niño reside en León, ciudad en la que ha desarrollado una amplia labor cultural, destacando la dirección de la Fundación de Sierra-Pambley. Su primer libro de poemas fue Sublevación inmóvil (1960) y con él trata de escapar a cualquier restricción realista. Siguieron Descripción de la mentira (1977), León en la mirada (1979) y Blues castellano (1982), que incluye poemas redactados casi veinte años antes. Lápidas (1986) le supuso un gran reconocimiento por parte de la crítica, y con Edad (1987), una recopilación de su poesía hasta el momento con algunos inéditos, obtuvo el Premio Nacional de Poesía. Libro del frío (1992) volvió a confirmarle como uno de los poetas más importantes del siglo. En 2000 publicó la antología Sólo luz y en 2003 reeditó Libro del frío, con la incorporación de veinte poemas nuevos. Entre sus obras posteriores cabe citar Arden las pérdidas (2003), una reflexión sobre el paso del tiempo y la memoria, Cecilia (2004) o Antología poética (2006), reunida por Tomás Sánchez Santiago.
También ha publicado estudios monográficos de escultores, como José Luis Sánchez (1981) o Julio Hernández (1981), y de pintores: Francisco Echanz (1978) o Juan Barjola (1980).
Antonio Gamoneda fue galardonado en 2006 con el Premio Cervantes, el más prestigioso en lengua española. Además, ha recibido, entre otros, el Premio Castilla y León de las Letras en 1985, el Premio Nacional de Poesía en 1988 y el XV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2006, motivo por el cual, ese mismo año, se publicó su antología Sílabas negras.


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Antonia Palacios



Antonia Palacios (1904-2001), narradora y poeta venezolana, nacida en Caracas.
Antonia Palacios ha destacado en la ficción venezolana por el cultivo de una prosa artística, dentro de la literatura escrita por mujeres, más ligada a los temas sociales. Su novela Ana Isabel, una niña decente (1949), es una rememoración de la infancia feliz de la protagonista, la cual recupera en sus recuerdos ciertas zonas del centro de la ciudad de Caracas. En 1954 publicó Crónicas de las horas. Tras un prolongado silencio de varios años inició, con Los insulares (1964), un ciclo de cuentos en los que realizaba una incursión poética en el devenir de la conciencia. Su prosa es, en su elegancia, heredera directa del mensaje de Teresa de la Parra (1889-1936). También ha dejado su huella en el cultivo del poema en prosa con el libro Textos del desalojo (1973), que avanza en la línea iniciada por José Antonio Ramos Sucre (1890-1930). Es autora también del volumen de ensayos París y tres recuerdos (1944) y de las crónicas de Viaje al frailejón (1955). Obtuvo el Premio Nacional de Literatura con El largo día ya seguro (1975).


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Anne Hébert



Anne Hébert (1916-2000), poeta y novelista francocanadiense, nació en Sainte-Catherine, provincia de Quebec, el 1 de agosto de 1916 y murió en Montreal el 21 de enero de 2000. Su padre, Maurice Hébert, era crítico literario y su primo, Saint-Denys Garnequ, un poeta reconocido dentro del panorama de la literatura canadiense. Además de su fecunda obra de ficción literaria, Anne Hébert escribió varios textos documentales para el Office du Film Canadien. En 1954 viajó a París con una beca de la Société Royal de Canadá.
Su obra describe el conflicto entre la vida interior y la exterior —el mundo moderno— del artista creativo, enfatizando en su poesía la necesidad de trabajar en el mundo cotidiano como camino hacia la redención espiritual. Su primera novela fue Las habitaciones de madera (1958), premio France-Canadá y premio Duvernay, que describe el regreso de una joven a una vida más natural y sencilla con su amante campesino. Ha publicado además los siguientes textos narrativos: el volumen de cuentos El torrente (1950) y, entre otras, las novelas El tiempo salvaje (1967); Hijos del sabbath (1975) y La sombra del viento (1983), que se ocupan de temas como la posesión demoniaca y el asesinato; Heloïse (1980); El primer jardín (1988); y ¿Te estoy molestando? (1998). También ha escrito los libros de poesía Sueños en equilibrio (1942), que obtuvo el Premio David; La tumba de los reyes (1953); los poemarios Poemas (1960) y Poemas para la mano izquierda (1997). Ha escrito también textos dramáticos.

Dos de sus novelas han sido objeto de adaptación cinematográfica: Kamouraska (1970; edición española, Kamuraska, 1972), por el director Claude Jutra en 1973; y Los locos de Bassan, por la que recibió en 1982 el Premio Fémina y cuya versión, dirigida por Yves Simoneau, mantuvo en francés el título original, Les fous de Bassan, y en inglés In the Shadow of the Wind. Estrenada en 1987, los autores del guión fueron la propia Anne Hébert, el director, Marcel Beaulieu y Sheldon Chad. Ambas películas son coproducciones de Canadá y Francia. Su última novela, del año 1999, se titula Habit de lumière y obtuvo el Premio France-Québec/Jean Hamelin, también concedido al conjunto de la obra, tres días antes de la muerte de la autora. La novela narra la historia de un joven travesti, hijo de inmigrantes españoles pobres en París, que frecuenta una sala de fiestas llamada Paradis perdu, referencia inmediata al cabaré situado en el distrito 5º de la capital francesa, llamado Paradis latin, y alusión literaria a Paraíso perdido de John Milton.


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Amado Nervo



Amado Nervo (1870-1919), poeta, novelista, periodista y ensayista mexicano, afiliado en sus comienzos al modernismo, evolucionó hacia el misticismo con una poesía de enorme contenido espiritual.
Nació en Tepic (Nayarit) y realizó estudios de ciencias, filosofía y teología. Inició su carrera periodística en Mazatlán, desde donde se trasladó, en 1894, a ciudad de México. Allí conoció a Manuel Gutiérrez Nájera y con él fundó la Revista Azul, que pretendía llevar a cabo una renovación artística. En ciudad de México escribió para distintas publicaciones, como El Mundo Ilustrado, El Nacional o El Imparcial, así como para las mejores revistas literarias del momento. Su producción de esos años, muy variada, incluía cuentos, reseñas, críticas literarias, semblanzas y versos. La obra que le dio a conocer fue la novela corta El bachiller (1896), que todavía mantenía rasgos naturalistas; pero sus primeros libros de poemas, Perlas negras y Místicas, ambos de 1898, ya presentaban características de la poesía modernista. Ese año fundó también la Revista Moderna, y al año siguiente se representó en el Teatro Principal una zarzuela suya, Consuelo.
En 1900 fue enviado como corresponsal de El Mundo a la Exposición Universal de París, donde entró en contacto con Rubén Darío y Leopoldo Lugones, cuya influencia le hizo abrazar por completo el modernismo. También conoció a importantes figuras de la literatura mundial, como Paul Verlaine y Oscar Wilde. Escribió en aquella época cuentos, libros de viaje, ensayos y, por supuesto, poesías, que agrupó en el libro El éxodo y las flores del camino (1902), un compendio de intimismo y simbolismo.
Nervo fue una personalidad marcada por la búsqueda obsesiva de Dios y por la preocupación de establecer una relación con la naturaleza de corte místico trascendente. Su religiosidad le llevó a apartarse del modernismo para encontrar una vía propia teñida de panteísmo y fervor religioso, que algunos de sus coetáneos consideraron anacrónica. Su exuberancia religiosa la manifestó en obras como Los jardines interiores (1905), que anuncia libros de serena intimidad, como En voz baja (1909), Serenidad (1914), Elevación (1917) y Plenitud (1918). Pero la obra por la que Amado Nervo es recordado y leído todavía con gran interés es La amada inmóvil (1922), publicada póstumamente, inspirada en la muerte de Ana Daillez, mujer a la que el poeta amó en vida. También escribió ensayos, como Juana de Asbaje (1910), en torno a la figura de la poetisa mexicana sor Juana Inés de la Cruz.
Desde 1905, y hasta el final de sus días, fue miembro del cuerpo diplomático, primero como secretario de la Legación mexicana en Madrid (España) y después como ministro de México en Buenos Aires (Argentina) y Montevideo (Uruguay). Nervo murió en esta ciudad y sus restos fueron conducidos a México, donde recibieron sepultura en la Rotonda de los Hombres Ilustres.


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Alonso de Ercilla y Zúñiga



Alonso de Ercilla y Zúñiga (1533-1594), poeta y soldado español, autor de la primera gran epopeya americana: La Araucana.
Nacido en Madrid, de familia noble, entró a servir en la corte como paje del entonces príncipe, Felipe II. En 1556 llegó a Perú con el virrey Hurtado de Mendoza y en 1557, cuando el hijo del virrey, García Hurtado de Mendoza, fue nombrado Gobernador de Chile, Ercilla lo acompañó y participó en la expedición contra los araucanos. La campaña duró un año y medio y le supuso tal experiencia que se referirá después a ella como “los más floridos años de mi vida”. Y es que la contemplación del heroísmo y del espíritu indómito de los indígenas araucanos y de los soldados españoles le inspiraron el poema épico La Araucana. Publicada la primera parte en 1569 y las dos partes restantes en 1578 y 1589, La Araucana es la gran obra épica culta de la literatura americana acerca de la conquista de La Araucania, que formó parte del virreinato del Perú. En la obra también se habla de intrigas y disputas entre los españoles. En una de ellas, según el texto, rompió su relación con Hurtado de Mendoza y tuvo que regresar a España en 1562, lo que no significa que perdiera los favores reales. Prueba de ello es que en 1564 fue nombrado duque de Lerma.
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LA ARAUCANA
Esta obra es la epopeya más famosa del renacimiento español y el primer poema épico americano. Sobre ella se ha escrito mucho y se han extendido numerosas leyendas, como que Ercilla la escribió en el campo de batalla o en descansos nocturnos y que usaba cuero cuando no tenía papel. En su época se consideró una obra historiográfica, casi una crónica, y no se cuestionó en absoluto nada de lo que en ella se decía. Durante mucho tiempo se tuvo al autor como un gran humanista y erudito, aunque la crítica actual, al rastrear las influencias que pueden descubrirse en La Araucana, concluye que aun tratándose de un hombre culto, su espíritu humanista se formó a su regreso a España.
Sin embargo, las mayores discusiones sobre esta epopeya se deben al juicio sobre la intencionalidad del autor. Hay quienes consideran que, a pesar de estar concebido como un canto nacionalista, se lo dedicó a Felipe II. Sin embargo, el protagonista real es el pueblo araucano y sus caudillos, sobre todo Lautaro y Caupolicán. Por otra parte, al exaltar el valor y la grandeza de los araucos, podría incluso ser considerado un texto indigenista. Otro punto de vista es considerar el poema, según las convenciones del momento, como una glorificación de la gesta conquistadora española, tanto mayor cuanto más fuertes, aguerridos y valerosos fueran sus enemigos. Lo cierto es que las páginas más emotivas y brillantes son las dedicadas a los araucanos y sus caudillos, bien porque el autor quedó prendado del exotismo de todo lo nuevo que veía, o bien porque el descubrimiento de una civilización diferente de la europea renacentista se prestaba para aplicar a ella los tópicos característicos de la epopeya clásica.


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Alfred Jarry



Alfred Jarry (1873-1907), dramaturgo y poeta francés, nacido en Laval. Destaca en la literatura por sus hilarantes obras de teatro y su estilo de vida disoluto y excéntrico. Su primera obra, Ubu rey (1896), la escribió cuando tenía 15 años y se interpretó por primera vez en el teatro de marionetas de Pierre Bonnard (1898), siendo una de sus voces la de la actriz Jovita Nadal. La obra la llevó a escena Firmin Gémier en 1896 y desde la noche del estreno se convirtió en una referencia clave para el surrealismo francés. En ella Jarry arremete contra la visión tradicional de la autoridad a través de la llegada al poder de un grotesco y pomposo rey, Ubu, y su esposa, Madre Ubu, que simbolizan la codicia, la ignorancia y las actitudes burguesas. Esta farsa, cuya presentación provocó un auténtico escándalo, está considerada como la primera obra del teatro del absurdo; realizó después dos secuelas sobre el mismo tema. Jarry escribió también poesía simbolista y una novela surrealista, El supermacho (1902). La revista literaria y teatral Airón, de Buenos Aires, fundada en 1960, tradujo y difundió la obra de Jarry.


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Alfonso Lopes Vieira



Alfonso Lopes Vieira (1878-1946), poeta portugués.
Redactor de la Cámara de Diputados de la Monarquía y de la Primera República, se dedicó casi exclusivamente a la vida literaria, distinguiéndose sobre todo como poeta, de formación y tendencia tradicionalista. Su primer libro fue Para Quê? (1897), con poemas de cuño decadentista y simbolista (véase Simbolismo). Su obra más representativa es O Poeta Saudade (1901). Publicó, entre otros, O Encoberto (1905), Canções do Vento e do Sol (1911) y Onde a Terra Se Acaba e o Mar Começa (1940). Se dedicó también a la recuperación de los valores que consideraba más representativos del ‘alma portuguesa’ haciendo adaptaciones en prosa poética, especialmente A Campanha Vicentina (1915), con la que logró que el gran público teatral tuviese nuevo acceso a Gil Vicente. Ilustres personalidades de las letras, como António Sardinha, lo han considerado un nombre importante de la literatura portuguesa.


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Alexander Pope



Alexander Pope (1688-1744), poeta inglés que se inspiró en los grandes poetas clásicos de la antigüedad para escribir una poesía intensamente elaborada, con frecuencia en estilo didáctico o satírico. Sus traducciones de poesía, ensayos de crítica o moral, y sus sátiras le convierten en el poeta más importante de su época, que elevó el dístico heroico, que había sido refinado por John Dryden, a su máxima perfección.
Pope fue hijo de un comerciante de ropa londinense, cuya religión católica le impidió estudiar en las universidades protestantes de Inglaterra. Hasta los 12 años recibió clases de sacerdotes, aunque después fue principalmente autodidacta. Leyó ampliamente literatura inglesa, además de francesa, italiana, latina y griega. En la infancia sufrió una grave enfermedad, probablemente tuberculosis de la médula espinal, que le dejó deforme.
En 1717, se trasladó a una casa de campo en Twickenham junto al río Támesis, al oeste de Londres, donde vivió hasta su muerte y donde recibió las visitas de los personajes más famosos de la época. Hombre amargamente pendenciero, atacó ferozmente, muchas veces sin mediar provocación, a los literatos de su tiempo. Para otros, sin embargo, fue cordial y afectuoso, y mantuvo una estrecha y larga amistad con los escritores ingleses Jonathan Swift y John Gay.
La carrera literaria de Pope comenzó en 1704, cuando el dramaturgo William Wycherley, complacido por su poesía, le presentó a un círculo de escritores e ingenios londinenses del momento que le recibieron como a un prodigio. Sin embargo, la primera vez que atrajo la atención del público fue en 1709 con sus Pastorals. En 1711, publicó su Ensayo sobre la crítica, brillante exposición de los cánones del gusto. Su poema más famoso, El rizo robado (publicado por primera vez en 1712, y en edición revisada en 1714), una obra ingeniosa e imaginativa, parodia heroica en la que describe la vida de los 'salones' le consolidó como escritor. En 1713 publicó El bosque de Windsor, obra de poco interés y acogida sin grandes entusiasmos, por lo que decidió dedicarse a la traducción. Tradujo en verso la Iliada (1715-1720) y la Odisea (1725-1726). Estas traducciones le proporcionaron un gran prestigio conseguido también por la publicación de un libro de poemas en 1717 que contiene sus mejores poesías. En 1725 también escribió una edición de las obras de Shakespeare.
Pope y su amigo Swift escribieron durante años desdeñosas y famosas críticas a quienes consideraban los peores escritores del momento, y en 1727 empezaron una serie de parodias de los mismos escritores. A su vez, sus adversarios insultaron a Swift y Pope. En 1728 Pope se burló de ellos con una de sus obras más famosas: La Dunciada, una sátira que celebra la estupidez. Más tarde alargaría la obra a cuatro volúmenes, el último apareció en 1743. En 1734 terminó su Ensayo sobre el hombre. Sus últimas obras, Imitaciones de Horacio (1733-1739), fueron ataques a los enemigos políticos de sus amigos.
Pope empleó el dístico heroico con excepcional brillantez, dándole una cualidad ingeniosa a veces mordaz. Su éxito hizo que se convirtiera en la forma poética dominante del siglo, y que su poesía fuera traducida a muchas lenguas. Fue el primer poeta inglés que disfrutó en vida de una fama que abarcó todo el continente europeo.


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Poetas mateístas



Poetas mateístas, grupo que dio a conocer poemas propios y ajenos a través de pintadas murales en la ciudad de Bahía Blanca (provincia de Buenos Aires, Argentina) entre 1985 y 1994. Su nombre está en relación con el mate, diaria infusión argentina, y con la pretensión de que, como esa bebida que pasa de mano en mano, la poesía circule cotidianamente: uno de los muros pintados exhibe una musa que barre la acera mientras un vecino le da charla desde una ventana.
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ORIGEN Y ANTECEDENTES
Si bien se podría establecer una afinidad con antecedentes argentinos de la década de 1920 —la revista mural Prisma editada por Jorge Luis Borges y amigos o el Oliverio Girondo que voceaba sus Veinte poemas para ser leídos en tranvía—, la elección de las paredes como el espacio más adecuado para la circulación de los versos estuvo ligada, sin duda, al auge de la militancia política en la calle después de la dictadura militar en Argentina (1976-1983). También, como los mismos integrantes lo destacan, respondía a la necesidad de quebrar la circulación tradicional de la poesía en una ciudad que se ha caracterizado en las últimas décadas por un monopolio de prensa de derecha.
Los mateístas acompañaban la pintada de sus poemas con eslogans como 'Poesía es salú', 'Tómese una poesía' (aludiendo al vínculo entre “leer un poema” y “tomarse un mate”), o simplemente con versos leídos desde una rotunda efectividad: “Hay otro mundo y está en este” (Paul Eluard); “Poesía: / perdonáme por haberte hecho comprender / que no estás hecha / sólo de palabras” (Roque Dalton). Esta convicción política de la poesía respondía al menos a dos lecturas: por un lado, el gesto surrealista de André Breton en su versión conjugada de Arthur Rimbaud y Lenin (“Hay que atreverse a vivir la poesía”), con el lema “La poesía debe ser hecha por todos” del conde de Lautréamont; por otro, la apuesta pública de ciertos poetas argentinos de la década de 1960, como Francisco Urondo o Miguel Angel Bustos (quien hablaba, según recuerda Alberto Spunzberg, de “una poesía que sea tan natural como el aire”).
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ÚTILES Y MATERIALES
Los mateístas fueron modificando sus herramientas a lo largo de los años. A un comienzo nocturno de versos dibujados con aerosol, le siguió la incorporación de la letra a pincel, la pintura mural y una práctica de trabajo desarrollada durante varios días. En 1994 se realizó una 'Pintada Vecinal' que combinó pinturas, banderas, esculturas en hierro y poemas en más de 200 metros de pared y en la que participaron alrededor de 70 personas. Ese fue el último de sus paredones. Culminaba con unos versos de César Vallejo: “Hasta el día en que vuelva de esta piedra”.
Al mismo tiempo, los mateístas ejercitaron de modo diverso esta puesta en escena de la poesía en la calle. Además de las pintadas, editaron más de veinte números del Mate-fleto ('panfleto poético de los poetas mateístas”), el cual se repartía por las calles de la ciudad; cinco números de Cuernopanza, una 'revista mural imperdonablemente para-literaria' de grandes dimensiones en la que aparecían versos y notas sobre poesía; y dos números de la revista Ochomilquinientos. Entre sus actos más recordados se cuenta también un lanzamiento de aviones de papel desde el cuarto piso de un edificio abandonado.
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ARTE POÉTICA
Más allá de la intención de “poner la poesía en la calle”, no es posible definir una poética común a los poemas de los distintos integrantes del grupo. Se pueden apuntar, sin embargo, dos características de los versos murales: por un lado, la necesidad física de presentar poemas breves, de no más de cuatro versos, y la consiguiente vecindad con el efectismo de la cita o, como ya se apuntó, la utilización de la consigna política (“Benedetti go home”); por otro, la conciencia gradual de la motivación de nuevos hábitos de lectura —desde la ventanilla de los automóviles o los autobuses en movimiento— que comenzaron a afectar la disposición general de las pintadas, las cuales adquirieron en ocasiones la forma de un gran poema hecho de fragmentos.
“Papá, me pusiste en la cesta / y sigo río abajo / (nada más que limo en las orillas, / pequeñas hogueras a veces, / en los ojos de quienes esperan / ver pasar un cadáver)” (Fabián Alberdi).
Hacia mediados de la década de 1990, el final de las pintadas mateístas coincide con la sofisticación mediática de la propaganda política, la creciente y consecuente ausencia del militante en la calle y la aparición de los graffiti del rock, tal como lo testimonia un tema del grupo argentino Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: 'Me voy corriendo a ver / qué escribe en mi pared / la tribu de mi calle / la banda de mi calle / la tribu de tu calle'.
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OTRAS EXPERIENCIAS
Es importante destacar que la labor mateísta en Bahía Blanca no constituye el único ejemplo de poesía mural en Argentina. Entre 1960 y 1970, “el poeta manco” hizo uso de las paredes de la ciudad de Rosario con versos de Felipe Aldana. De 1989 a 1994 se editaron en Viedma (Río Negro) 18 números de la revista mural Cavernícolas, dirigida por Alberto Fritz, la cual se puede vanagloriar de haber publicado a todos los poetas existentes entre Río Negro y Tierra del Fuego. Por la misma época salía en San Salvador de Jujuy la revista mural Megafón, cuyo título es una alusión directa a la novela Megafón o la guerra, de Leopoldo Marechal.
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MATEÍSTAS CON NOMBRE Y APELLIDO
El elenco estable de los poetas mateístas estuvo formado por “el Turco” Espinoza o “El loco del pomo” (1964- ), Marcelo Díaz (1965- ), Fabián Alberdi (1967- ), Omar Chauvié (1964- ) y Sergio Raimondi (1968- ). La mayoría de las pinturas murales fueron realizadas por Silvia Gattari (1968- ). También participaron Guillermina Prado (1966- ), César Montangie (1967- ), Judith Villamayor (1964- ) y Alicia Antich (1950- ).


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Poetas laquistas



Poetas laquistas, término libremente aplicado a tres poetas ingleses, Robert Southey, Samuel Taylor Coleridge y William Wordsworth (y en ocasiones a Thomas De Quincey), que vivieron en el Lake District de Inglaterra. La obra de estos poetas guarda escasa relación entre sí, pero todos ellos ejemplifican en su poesía los principios del romanticismo.


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Poetas crepusculares



Poetas crepusculares, poetas italianos de principios del siglo XX, que, pese a tener una idea común de la poesía, no formaban una verdadera escuela y no elaboraron una poética precisa.
El principal representante del grupo fue Guido Gozzano (El camino del refugio, 1907; Los coloquios, 1911); otros exponentes fueron Sergio Corazzini, Marino Moretti y Fausto Maria Martini. El término crepuscular fue empleado por primera vez por Giuseppe Antonio Borgnese en una reseña que subrayaba el tono humilde, sosegado y un poco triste de su poesía. En efecto, tanto los temas como las opciones expresivas de estos poetas producen un efecto de modesto realismo cotidiano. El lenguaje es sencillo, las palabras pertenecen con frecuencia a la lengua hablada, el verso tiende a la prosa porque el mundo representado está hecho de 'pequeñas cosas de pésimo gusto', por citar un verso de Gozzano. En este mundo doméstico se mueven personajes corrientes que viven existencias humildes y banales, como la señorita Felicitá, ama de casa feúcha, protagonista de una célebre poesía de Gozzano. Frente a este mundo provinciano, la actitud del poeta es de melancolía junto a una clara conciencia de distanciamiento irónico.
Todo esto no significa en absoluto que la poesía crepuscular sea ingenua y simple; al contrario, la elección literaria de estos autores es rigurosa y consciente. Si por una parte rechaza y supera el modelo noble y grandilocuente de Gabriele D’Annunzio, a pesar de que imita una colección suya de poesías de tono muy sosegado, concretamente, el Poema paradisíaco, no obstante, sigue modelos italianos y extranjeros concretos, como la poesía prosaica del tipo de Vittorio Betteloni, y el simbolismo de Giovanni Pascoli, Paul Verlaine y algunos poetas decadentes flamencos y franceses, como Maurice Maeterlinck, Georges Rodenbach o Jules Laforgue.


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