martes, 30 de julio de 2013

Movimiento carismático


Movimiento carismático (del griego, charismata, 'dones espirituales'), movimiento cristiano internacional, interconfesional y evangelista, también conocido como neo-pentecostalismo. Sus seguidores creen que han sido 'llenados' o 'bautizados' por el Espíritu Santo a través de la imposición de manos. Los signos de este bautismo incluyen dones espirituales como hablar en idiomas desconocidos, o glosolalia, la profecía, la curación, interpretación de lenguas y discernimiento de espíritus (1 Cor. 12, 8-10). Las Iglesias pentecostales tienen su origen en un movimiento similar a principios del siglo XX, como pequeños grupos de creyentes alejados de las normativas protestantes, con el fin de rezar, estudiar la Biblia y practicar sus enseñanzas.
Se considera con frecuencia, que este movimiento carismático empezó en California en 1960, formado por un grupo de episcopalianos. Pronto surgieron redes y organizaciones distintivas y carismáticas dentro de las denominaciones bautismales, luteranas, metodistas y presbiterianas, así como protestantes. Existe un pequeño núcleo adscrito a la ortodoxia oriental.
El más llamativo desarrollo reciente es la renovación católica carismática, que comenzó en 1967 en las universidades estadounidenses. En 1969 se publicó en la conferencia episcopal de Estados Unidos, un estatuto exhaustivo y favorable relativo a la renovación y en 1975 el papa Pablo VI pronunció un detallado discurso a una audiencia especial de 10.000 carismáticos que asistían a una conferencia en Roma. El cardenal Leon Joseph Suenens, de Bélgica, miembro participante en el Concilio Vaticano II, se convirtió en el patrocinador del movimiento dentro de la jerarquía católica, pero muchos de sus líderes más destacados eran seglares.
El movimiento carismático ha producido una serie de grupúsculos y activistas independientes así como unas cuantas ramas esotéricas culturales. Sin embargo, la mayoría de los carismáticos, son ortodoxos en el plano doctrinal y actúan de acuerdo con estas premisas. Su culto es extático, aunque, por lo general, más sereno que los pentecostales y se suman a otros protestantes en su énfasis en el evangelismo y la fe personal en Cristo.



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Montanismo


Montanismo, movimiento herético cristiano fundado en el siglo II d.C. por el profeta Montano en la región de Frigia, ahora parte de Turquía. Hacia el año 156, Montano apareció en un pequeño pueblo, entró en trance, y empezó a profetizar en lo que él decía era la voz del Espíritu Santo. Acompañado de dos jóvenes mujeres, Priscila y Maximila, predicó su doctrina por toda Asia Menor.
El montanismo sostenía que el Espíritu Santo (o Paráclito) aparecía a través de Montano y sus seguidores. Los montanistas enseñaron que la segunda venida de Cristo era inminente y que un alejamiento de la gracia no podía redimirse. Los discípulos fueron instruidos para buscar, y en ningún caso eludir, la persecución e incluso hasta el martirio.
El montanismo encontró pronto adeptos, debido a surgir en un momento en que el Imperio romano ejercía una dura persecución sobre la Iglesia. Los montanistas evitaban lo secular, concentrándose, en cambio, en la preparación para la parusía de Cristo.
Alrededor del 177, los jerarcas de la Iglesia, temiendo los potenciales efectos disgregadores del movimiento, excomulgaron a los montanistas. Desde entonces convertida en una secta separatista, el montanismo alcanzó su culminación en el siglo III en Cartago, donde recibía el apoyo del teólogo romano Tertuliano. Hacia el siglo VI, el montanismo alcanzó la cima de su influencia, pero fue el punto en el que el movimiento se extinguió.



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Modernismo (teología y filosofía)


Modernismo (teología y filosofía), en teología y filosofía, los intentos de un grupo de científicos y eclesiásticos para reinterpretar la doctrina cristiana en los términos del pensamiento científico del siglo XIX. Esos intentos, aunque no constituían un sistema único, fueron tratados en bloque y llamados modernismo por el Papa Pío X en 1907.
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MODERNISMO Y CATOLICISMO
Los modernistas de la Iglesia católica tendían a negar el valor objetivo de las creencias tradicionales y a considerar determinados dogmas de la Iglesia como simbólicos más que como verdades literales. Entre las más importantes figuras de este grupo se encuentran el teólogo irlandés George Tyrrell, el teólogo británico (de familia austriaca) barón Friedrich von Hügel, y el teólogo y orientalista francés Alfred Loisy. Obras como Vida de Jesús (1863), del filólogo e historiador francés Ernest Renan, ayudaron a mitigar la autoridad de las enseñanzas de la Iglesia del cristianismo originario.
El modernismo en Europa fue también causa de controversia política. Aquéllos que defendían las opiniones tradicionales sobre la Iglesia y el Estado se oponían a los modernistas y a su deseo de reformas sociales. Dentro de la Iglesia católica se atacó la centralización organizativa desde Roma y la influencia de la Curia papal. La disciplina de la Iglesia sobre el clero fue cuestionada con gran dureza. Quizás lo más notable fue la petición de los eruditos de trabajar y publicar sin la supervisión de las autoridades eclesiásticas.
La censura del movimiento alcanzó su máximo auge en 1907. El 3 de julio de ese año, un decreto, Lamentabili sane (‘Con resultados lamentables’) fue publicado por el Santo Oficio con la aprobación de Pío X. Enumeraba y condenaba como heréticas, falsas, temerarias, audaces y ofensivas 65 propuestas, 38 de las cuales se referían a la crítica bíblica y el resto al modernismo. El 8 de septiembre del mismo año, el papa publicó una encíclica, Pascendi dominici gregis (‘De las obligaciones principales’). El modernismo, se afirma en el texto, es una síntesis de todas las herejías, “una alianza entre la fe y la falsa filosofía”, resultado de la curiosidad y el “orgullo, que despierta el espíritu de la desobediencia y demanda un compromiso entre la autoridad y la libertad”. Pío X concluía su ataque al movimiento el 1 de septiembre de 1910, en un motu propio (mensaje que sólo puede elaborarse por exclusiva iniciativa papal) denominado Sacrorum antistitum (‘De los obispos sagrados’). Sancionaba todos los artículos de fe católicos y disentía de todos los dogmas condenados por la Iglesia de Roma en cualquier época. En el mismo escrito, se exigía un juramento antimodernista a todos los clérigos de la Iglesia católica.
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MODERNISMO Y PROTESTANTISMO
También se había desarrollado un movimiento similar entre los protestantes. Si se aceptaban los hallazgos históricos de los estudiosos bíblicos y la llamada crítica superior, se planteaban cuestiones que no podían ser contestadas en los mismos términos de las creencias tradicionales. La importancia filosófica de la Ilustración, a finales del siglo XVIII, y la revisión contemporánea de los orígenes de la expresión religiosa personal añadieron fuerza a tales materias. Destacados entre los modernistas protestantes fueron los teólogos alemanes Friedrich Schleiermacher y Albrecht Ritschl.
Estos grupos protestantes trataban de encontrar nuevas interpretaciones acerca de la experiencia religiosa y un entendimiento de la historia que pudiera adaptar las implicaciones de la teoría de la evolución y los descubrimientos en psicología, arqueología e historia antigua. En gran parte, negaron la inspiración literaria de la Biblia y la historicidad del Jesucristo de los Evangelios (véase Ciencia bíblica). Insistieron en comportamientos éticos y morales, más que en la adhesión a credos formalizados y sistemáticos, como esencia de la vida cristiana. Implantaron y recondujeron las actividades de los oficiantes religiosos hacia áreas sociales lejanas de la esfera académica y teórica.



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Jansenismo


Jansenismo, movimiento de reforma religiosa que se dio dentro de la historia de la Iglesia católica, sobre todo en Francia durante los siglos XVII y XVIII. El nombre del movimiento fue tomado del teólogo flamenco y obispo de Ypres, Jansenio, cuyas ideas fueron resumidas en el tratado Augustinus (1640). Basándose en la interpretación más estricta de un aspecto de la filosofía de san Agustín de Hipona, Jansenio defendía la doctrina de la predestinación absoluta. Mantenía que todos los individuos son incapaces de hacer el bien sin la ayuda de la gracia divina; están destinados por Dios para ser salvados o condenados, y al final, sólo unos pocos serán los elegidos. En este sentido, la doctrina se asemeja mucho a la del calvinismo, y desde el comienzo, tanto Jansenio como sus seguidores fueron acusados de ser protestantes disfrazados. Sin embargo, los jansenistas siempre se declararon católicos, y proclamaban que no era posible la salvación fuera de la Iglesia católica. El jansenismo fue enseñado en Francia, especialmente por el seguidor de Jansenio, Jean Duvergier de Hauranne, conocido como el abad de Saint Cyran, quien también proponía una forma muy austera de piedad y una moral estricta. Estaban absolutamente en contra de las prácticas éticas más tolerantes y de las pomposas ceremonias religiosas, fomentadas por grupos que, en aquella época eran los más influyentes dentro de la Iglesia católica, como los jesuitas.
A comienzos de 1640, el convento de Port-Royal-des-Champs, cerca de París, se convirtió en el centro espiritual jansenista más importante. Asistían muchos nobles, jueces de la capital e intelectuales simpatizantes con el movimiento, a hacer retiros religiosos. Desde el principio, el jansenismo fue víctima de la hostilidad de los jesuitas y también del gobierno francés, que asociaba a sus seguidores con diferentes movimientos políticos de oposición. En 1653, el Papa condenó cinco tesis relacionadas con la predestinación, dentro del terreno hipotético, defendidas en los escritos de Jansenio. Los jansenistas, liderados por el teólogo y filósofo Antoine Arnauld, apoyado por el monasterio de Saint Cyran, y por el científico y filósofo de la religión Blaise Pascal, se defendieron con fuerzas, declarando que las cinco tesis no provenían de los tratados de Jansenio, al tiempo que atacaban a los jesuitas. Finalmente, en 1713, y como resultado de la presión ejercida por el rey Luis XIV, el Papa, en la bula Unigenitus, condenó otras 101 tesis, que fueron, ahora sí, encontradas en los tratados de un jansenista francés, Pasquier Quesnel. (El rey ya había clausurado Port-Royal-des-Champs y había arrasado su convento en 1709.)
Durante el siglo XVIII, el jansenismo arraigó especialmente entre el clero de las parroquias francesas: cientos de clérigos se negaron a aceptar la bula papal, haciendo un llamamiento para convocar un concilio nacional eclesiástico que estudiara el tema, independientemente de la influencia papal. El movimiento también se expandió a otras zonas de Europa, como España, Italia y Austria. En los ámbitos cortesanos, los jansenistas contaron con el apoyo de los galicanos, a quienes tampoco les gustaban los jesuitas y estaban en contra de la intervención del Papa en los asuntos internos de Francia (véase Galicanismo). Los tribunales civiles defendieron a los jansenistas cuando algunos obispos, apoyados por el gobierno del rey, trataron de negarles los últimos sacramentos. Se produjo un fuerte enfrentamiento político entre los tribunales y el Gobierno durante la década de 1750. El mayor triunfo de la alianza entre jansenistas y galicanistas se produjo en la década de 1760, cuando los tribunales forzaron la expulsión de los jesuitas de Francia. Después de esto, el movimiento empezó a perder importancia y protagonismo, aunque, sobrevivieron hasta los siglos XIX y XX, pequeños grupos de jansenistas.



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Gnosticismo


Gnosticismo (del griego gnosis, 'conocimiento revelado'), movimiento religioso esotérico que floreció durante los siglos II y III y supuso un desafío para la cristiandad ortodoxa. La mayoría de las sectas gnósticas profesaban el cristianismo, pero sus creencias eran diferentes a las de la mayoría de los cristianos de los primeros tiempos de la Iglesia. Para sus seguidores el gnosticismo prometía un conocimiento secreto del reino divino. Chispas o semillas del Ser Divino cayeron desde este reino transcendental hasta el universo material, que es malo en su totalidad, y fueron encarceladas en los cuerpos humanos. El conocimiento podría volver a despertar a esos elementos divinos que de este modo volverían a su propia casa en el reino espiritual.
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ORÍGENES
Los textos gnósticos no revelan nada de la historia de las sectas y de las vidas de sus maestros más importantes. En consecuencia, la historia del movimiento tiene que deducirse de las tradiciones reflejadas en los textos opuestos al gnosticismo. No se ha resuelto la cuestión de si este movimiento se desarrolló primero como una doctrina no cristiana independiente, pero lo cierto es que las sectas paganas gnósticas existieron. La mitología gnóstica puede haber nacido de la especulación judía establecida en Siria y Palestina a finales del siglo I, que a su vez recibió la influencia de las religiones dualistas persas, de modo preponderante del zoroastrismo. Hacia el siglo II, los maestros gnósticos cristianos habían sintetizado esta mitología con la especulación metafísica platónica y algunas tradiciones cristianas heréticas. Los gnósticos cristianos más importantes fueron Valentín y su discípulo Tolomeo, que fueron influyentes en la Iglesia de Roma durante el siglo II. Todos ellos, a la vez que seguían formando parte de la comunidad cristiana, se reunían en pequeños grupos para practicar sus enseñanzas y rituales secretos.
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MITOLOGÍA
Para explicar el origen del universo material, los gnósticos desarrollaron una complicada mitología. Del Dios original no cognoscible se habían generado por emanación una serie de divinidades menores; la última de estas divinidades, Sofia (sabiduría), manifestó el deseo de conocer al Ser Supremo no cognoscible. De este deseo ilegítimo nació un dios deforme y malvado, un demiurgo que creó el universo. Las chispas divinas que moraban en la humanidad habían sido enviadas por Dios para su redención. Los gnósticos identificaban el dios mal con el Dios del Antiguo Testamento, al que consideraron como el esfuerzo de ese dios para mantener a la humanidad sumergida en la ignorancia y el mundo material, y para castigarla por su intento de alcanzar el conocimiento. Fue siguiendo esa idea como interpretaron la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, el diluvio y la destrucción de Sodoma y Gomorra.
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GNOSTICISMO Y CRISTIANISMO
A pesar de que muchos gnósticos se consideraban a sí mismos cristianos, algunas sectas asimilaron sólo los elementos menores del cristianismo en un conjunto de textos gnósticos no cristianos. Los cristianos gnósticos se negaban a identificar el Dios del Nuevo Testamento, el Padre de Cristo, con el Dios del Antiguo Testamento, y elaboraron una interpretación no ortodoxa del ministerio de Jesús; así, escribieron evangelios apócrifos (como los evangelios de Tomás y de María) para justificar su afirmación de que Jesús expuso a sus discípulos la verdadera interpretación gnóstica de sus enseñanzas: Cristo, el espíritu divino, habitó el cuerpo del hombre Jesús pero no murió en la cruz, sino que ascendió al reino divino del cual había venido. Los gnósticos rechazaban así el sufrimiento, la muerte expiatoria de Jesús así como la resurrección del cuerpo terrenal. También rechazaban otras interpretaciones literales y tradicionales del Evangelio.
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RITOS
Algunas sectas gnósticas rechazaron todos los sacramentos; otras conservaron el bautismo y la eucaristía, interpretándolos como signos del despertar de la gnosis. Otros ritos gnósticos estaban destinados a facilitar la ascensión del elemento divino desde el alma humana hasta el reino espiritual. Se recitaban himnos y fórmulas mágicas para ayudar a alcanzar una visión de Dios; otras fórmulas se recitaban en el momento de la muerte para impedir que los demonios pudieran capturar el espíritu ascendente y encarcelarlo de nuevo en un cuerpo. En la secta de Valentín se practicaba un rito especial, llamado la cámara nupcial, para celebrar la reunión del espíritu perdido con su parte celestial.
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ÉTICA
Las enseñanzas éticas de los gnósticos iban desde el ascetismo hasta el libertinaje. La doctrina de que el cuerpo y el mundo material son malos llevó a algunas sectas a renunciar al matrimonio y a la procreación. Otros gnósticos los mantuvieron porque sus almas eran totalmente ajenas a este mundo, y no importaba lo que en él hicieran. Los gnósticos rechazaron en general los mandamientos morales del Antiguo Testamento a los que consideraron parte de los esfuerzos del dios del mal para atrapar a la humanidad.
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FUENTES
La mayor parte del conocimiento que se tiene del gnosticismo viene de los textos cristianos opuestos a este movimiento de los siglos II y III, que aportan las únicas citas en griego de los textos gnósticos originales. La mayoría de los textos gnósticos que han sobrevivido están en copto, lengua a la que fueron traducidos cuando los gnósticos se fueron a Egipto a finales del siglo II y III. En 1945 un campesino egipcio encontró 12 códices que contenían más de 50 escritos gnósticos en copto cerca de Nag-Hammadi; se ha determinado que estos códices fueron copiados en el siglo IV en los monasterios de la región. No se sabe si los monjes eran gnósticos, si estuvieron interesados por la naturaleza ascética de los escritos, o si habían reunido los textos dentro de un estudio más completo de la herejía.
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HISTORIA POSTERIOR
Hacia el siglo III el gnosticismo empezó a sucumbir ante la oposición y persecución de los cristianos ortodoxos. En parte como reacción a la herejía gnóstica, la Iglesia reforzó su organización centralizando la autoridad en la figura del obispo, que redobló esfuerzos para suprimir a los gnósticos organizados de una forma precaria. Además, conforme la teología y la filosofía ortodoxas cristianas se fueron desarrollando, las primeras enseñanzas mitológicas gnósticas empezaron a parecer raras y toscas. Tanto los teólogos cristianos como el filósofo neoplatónico del siglo III Plotino atacaron la idea gnóstica de que el mundo material es malo en esencia. Los cristianos defendieron su identificación del Dios del Nuevo Testamento con el Dios del judaísmo y su creencia en que el Nuevo Testamento es el único conocimiento revelado. El desarrollo del misticismo cristiano y el ascetismo satisficieron la mayoría de los impulsos que habían dado lugar al gnosticismo y muchos gnósticos se convirtieron a las creencias ortodoxas. A finales del siglo III, el gnosticismo como movimiento diferenciado, parecía haber desaparecido.
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GRUPOS SUPERVIVIENTES
Una pequeña secta gnóstica no cristiana, los mandeos, existe todavía en Irak e Irán aunque no está claro que formen parte del movimiento gnóstico original. A pesar de que las sectas antiguas no han sobrevivido, periódicamente han reaparecido aspectos del mundo gnóstico bajo numerosas formas: la antigua religión dualista llamada maniqueísmo y las herejías medievales de los albigenses, los bogomilos, los paulicianos; la filosofía judía mística medieval conocida como la cábala; la especulación mística en torno a la alquimia del renacimiento; la teosofía del siglo XIX; el existencialismo y el nihilismo del siglo XX, y los escritos del psicólogo suizo del siglo XX Gustav Carl Jung. La esencia del gnosticismo ha mostrado ser muy perdurable: la idea de que el espíritu interior de la humanidad tiene que ser liberado de un mundo que es por su propia naturaleza engañoso, opresivo y malo.



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Galicanismo


Galicanismo, en la historia eclesiástica, combinación de doctrinas teológicas y posiciones políticas que apoya la relativa independencia de la Iglesia católica francesa y el gobierno galo en sus relaciones con el Papa. Era lo opuesto al montanismo extremo, que pedía la activa intervención papal en los asuntos políticos internos franceses.
Existen tres ramas distintas, aunque muy interrelacionadas, del galicanismo. El galicanismo eclesiástico mantenía que las decisiones de los concilios ecuménicos tenía supremacía sobre el Papa, el cual no era infalible, y que todos los obispos estaban establecidos por derecho divino como los sucesores de los apóstoles. El galicanismo real subrayaba la absoluta independencia de los reyes franceses de Roma en todos los asuntos temporales. El galicanismo parlamentario, una posición de los tribunales franceses o parlamentos, era más radical y agresivo, demandando la total subordinación de la Iglesia francesa al Estado y, si era necesario, la intervención del gobierno en los asuntos financieros y disciplinarios del clero.
Los orígenes del galicanismo se pueden encontrar al inicio de la edad media y en las numerosas luchas que se entablaron entre los reyes franceses y los papas sobre la autoridad política y el poder para cubrir puestos clericales y proceder al cobro de algunos impuestos. Los primeros planteamientos sistematizados del galicanismo como una doctrina articulada datan de finales del siglo XIV y principios del XV, cuando el galicanismo estuvo vinculado al movimiento conciliar y los esfuerzos para poner fin al Gran Cisma de Occidente en la Iglesia. Más tarde, el galicanismo se vio reforzado por algunas iniciativas institucionales. Mediante el Concordato de 1516, el Papa otorgó al rey francés el derecho a nombrar todos los obispos en su reino. La creación de la Asamblea General del clero francés, en el siglo XVI, reforzó la cohesión e independencia del episcopado francés con respecto a Roma. La doctrina consiguió su máximo éxito con los Cuatro Artículos Galicanos (Declaración del Clero de Francia) de 1682, promulgados por la Asamblea General encabezada por el obispo Jacques Benigne Bossuet y aceptados por el rey Luis XIV. Los Cuatro Artículos, que reafirmaban los preceptos esenciales del galicanismo real y eclesiástico, fueron rechazados de inmediato por el Papa, y más tarde el propio Luis XIV renunció a ellos. Fueron enseñados en la universidades y seminarios franceses hasta el advenimiento de la Revolución Francesa (1789).
Tras este periodo, algunas actitudes galicanas subsistieron entre el episcopado francés hasta mediados del siglo XIX. La declaración del Concilio Vaticano I (1869-1870) sobre la infalibilidad del Papa y el triunfo general del montanismo entre el clero francés puso fin al movimiento.



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Contrarreforma


Contrarreforma, movimiento que tuvo lugar en el seno de la Iglesia católica apostólica romana en los siglos XVI y XVII. Supuso un intento de revitalizar la Iglesia y oponerse al protestantismo. Algunos historiadores rechazan el término porque implica sólo los elementos negativos del movimiento y prefieren utilizar las denominaciones de Reforma católica o Restauración católica, para resaltar la alta espiritualidad que animó a muchos de los que encabezaron el movimiento, que a veces no tenía relación directa con la Reforma protestante.
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PETICIONES DE REFORMA DE LA IGLESIA
El siglo XV se caracterizó por las exigencias de una reforma de la Iglesia, como reacción al escándalo del Gran Cisma de Occidente y para corregir los abusos religiosos. El religioso italiano Girolamo Savonarola criticó con mordacidad la actitud mundana de su contemporáneo, el papa Alejandro VI. El llamado movimiento observantista desarrollado por las órdenes mendicantes intentó que sus miembros volvieran a una vida más austera, y humanistas como Erasmo de Rotterdam trataron de crear alternativas a las estériles especulaciones de la teología académica. Aun siendo sinceros estos esfuerzos, durante mucho tiempo no estuvieron coordinados y no lograron tener un impacto perceptible en la institución.
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INICIATIVAS PARA LA REFORMA
Sólo cuando Pablo III se convirtió en papa en 1534 tuvo la Iglesia el liderazgo que necesitaba para orquestar esos impulsos en favor de la reforma y enfrentarse al reto que supuso la aparición de los protestantes. Una de las iniciativas más importantes de Pablo III fue nombrar reformadores sinceros como Gasparo Contarini y Reginald Pole e incorporarlos al Sacro Colegio Cardenalicio. También impulsó nuevas órdenes religiosas como los teatinos, capuchinos, ursulinas y en especial los jesuitas. Este último grupo, bajo la dirección de san Ignacio de Loyola, estaba constituido por hombres muy instruidos, dedicados a renovar la piedad a través de la predicación, la instrucción catecumenal y el uso de los ejercicios espirituales establecidos por san Ignacio, donde debía profundizarse en la meditación personal. Tal vez la más destacada actuación de Pablo III fue la convocatoria, en 1545, del Concilio de Trento, para tratar las cuestiones doctrinales y disciplinarias suscitadas por los protestantes. Actuando a menudo en una difícil alianza con el emperador Carlos V, Pablo III, como muchos de sus sucesores, no dudó en utilizar tanto medidas diplomáticas como militares contra los protestantes.
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INSTRUMENTOS DE LA CONTRARREFORMA
Una poderosa corriente represiva, que empezó hacia 1542, penetró en el propio catolicismo romano cuando se instituyeron el Índice de Libros Prohibidos y una nueva Inquisición. El pontificado de Pablo IV aportó el más vigoroso apoyo a estas medidas. En España, la Inquisición se convirtió en un instrumento dependiente de la Corona, usado con eficacia por los monarcas españoles, en especial por el rey Felipe II, para asegurarse la ortodoxia de sus súbditos y suprimir tanto la disidencia política como la religiosa.
Hacia finales del siglo XVI, en parte bajo la influencia del Concilio de Trento, apareció en Italia un grupo de obispos, celosos por reformar su clero e instruir a su pueblo. San Carlos Borromeo, arzobispo de Milán, fue un modelo para muchos de ellos. El establecimiento de seminarios en muchas diócesis garantizó un clero honrado en el orden teológico y moral. En Roma, san Felipe Neri puso música a textos religiosos y llevó a cabo reuniones informales que pronto desembocaron en la figura (y el espacio físico) del oratorio.
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EVOLUCIÓN DE LA CONTRARREFORMA
En Alemania, los católicos siguieron intranquilos después de la Paz de Augsburgo (1555), considerada por muchos como una victoria del luteranismo. Los sacerdotes formados en Roma regresaron a su tierra natal mejor instruidos y con mayores deseos de realizar su labor eclesiástica que sus antecesores. San Pedro Canisio elaboró un catecismo que intentó servir de contrapeso al redactado por Martín Lutero, aunque no lo consiguió. Las tensiones internas, en las que se produjo una destacada intervención militar en ambos bandos, culminaron en los horrores de la guerra de los Treinta Años, que causó estragos desde 1618 hasta 1648 y dejó devastados los territorios alemanes.
Debido a las guerras de Religión (1559-1598), la Contrarreforma no tuvo apenas implantación en Francia hasta el siglo XVII. La devoción hacia los pobres, como ejemplificaron san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac, caracterizó la experiencia francesa. En este país se prestó mucha atención, al igual que en Italia, a las misiones populares que surgieron entre los campesinos. Mientras tanto, san Francisco de Sales, obispo de Ginebra, publicó su Introducción a la vida devota (1609), que se cuenta entre las más populares de todas las obras de la espiritualidad cristiana.
La espiritualidad de la Contrarreforma fue militante, encaminada a la evangelización de los nuevos territorios recién explorados en Extremo Oriente, Sudamérica y Norteamérica. Semejante entusiasmo se desplegó en el establecimiento de escuelas confesionales, donde los jesuitas desempeñaron un destacado papel de vanguardia. A pesar del énfasis puesto en el activismo, la Contrarreforma dio en España dos de los mayores místicos del cristianismo: santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz.



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Movimientos misioneros


Movimientos misioneros, grupos y organizaciones que surgen en una tradición religiosa concreta y cuyo objetivo consiste en extender las creencias de su religión. Las principales religiones misioneras del mundo son el cristianismo, el budismo y el islam.
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CRISTIANISMO
El cristianismo, religión misionera por naturaleza, fue en primer lugar propagado por los apóstoles, especialmente san Pablo, y por creyentes laicos en el curso de su vida diaria y de sus viajes.
2.1
Iglesia primitiva
La primitiva Iglesia cristiana se extendió rápidamente por el norte de África, a través de Asia Menor y en el siglo III llegó a la India. En el siglo VII alcanzó China. Se extendió con la misma rapidez en Europa a través de Grecia, Armenia y la península Itálica. Entre los siglos V y IX, el cristianismo se extendió a través de Europa, el norte de Groenlandia e Islandia; entre los eslavos por misioneros enviados por Roma como san Patricio, san Agustín de Canterbury y san Bonifacio; y desde Constantinopla por dos hermanos, san Cirilo y san Metodio, misioneros de los eslavos.
Mientras la Iglesia crecía, las órdenes y comunidades religiosas sistematizaron el trabajo de las misiones y aplicaron sus enseñanzas en América y Extremo Oriente.
2.2
Después de la Reforma
Tras la Reforma, tanto los católicos como los protestantes llevaron a cabo activos programas misioneros. Entre los jesuitas, san Francisco Javier fue muy activo en el Extremo Oriente. En 1622, el Papado, que siempre ha dirigido el movimiento misionero católico, estableció en Roma la sagrada congregación Propaganda Fide (Propagación de la Fe).
Entre los protestantes, en 1698 se fundó en Inglaterra la Sociedad Misionera para la Promoción del Conocimiento Cristiano. La Sociedad para la Propagación del Evangelio funcionó en sus colonias desde 1701.
Los franciscanos y jesuitas trabajaron en el noroeste de América. Especialmente importantes fueron las actividades evangelizadoras del franciscano español fray Junípero Serra en California, y del jesuita italiano Eusebio Francisco Kino en los actuales territorios del norte de México y suroeste de Estados Unidos.
2.3
Nuevas tierras
Los misioneros europeos dirigieron su atención hacia nuevas tierras en el siglo XIX, ampliando sus esfuerzos. El colonialismo trajo consigo un mayor conocimiento de África y Asia, y las iglesias europeas extendieron su obra en dichos continentes. Uno de los misioneros más conocidos del siglo XIX fue el médico británico David Livingstone.
Distintos grupos, como el Ejército de Salvación y otros organismos, algunos de ellos relacionados con el Consejo Mundial de las Iglesias, e individuos que pertenecen a grupos orientados hacia actividades misioneras como los Testigos de Jehová y el movimiento mormón continuaron el trabajo empezado en este periodo.
2.4
Obra de la misión moderna
Las convulsiones sociales, políticas y económicas del siglo XX afectaron a todos los aspectos de la vida. Con la Revolución Rusa y la expansión soviética, las iglesias ortodoxas orientales perdieron parte de su influencia. A pesar de la hostilidad oficial hacia la religión en la esfera soviética, la Sociedad de los Amigos realizó allí un gran trabajo. Fue uno de los pocos grupos religiosos cuya actividad estaba permitida. El desarrollo del comunismo en China terminó con la obra misionera en ese país, y en muchos estados que surgieron tras el fin del colonialismo, el crecimiento del nacionalismo fue acompañado de una tendencia a identificar el cristianismo con el colonialismo.
Estos acontecimientos provocaron un cambio de dirección en el proceder de las misiones. En la actualidad se está poniendo un nuevo énfasis en la unidad cristiana, más que en el de las confesiones particulares. En los países misionados por Occidente se está dando cada vez más responsabilidad a los nativos. La conversión se ve como la tarea creciente de las iglesias autónomas nacionales. Un nuevo movimiento evangélico, el movimiento pentecostal, se ha convertido en una fuerza importante en el ámbito protestante.
Una tendencia alejada del evangelismo, surgida en 1960, fue el resultado de otros problemas. Los movimientos misioneros en el mundo respondieron con actividades de servicio social: en las ciudades del interior, en los campos de refugiados, en los nuevos emplazamientos, y hacia los niños de ambientes urbanos deprimidos. En 1970, sin embargo, el énfasis en la evangelización aumentó de nuevo.
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RELIGIONES ORIENTALES
Dos de las religiones orientales más importantes tienen activos programas misioneros. El budismo ha sido durante mucho tiempo una religión misionera, mientras que el hinduismo ha adoptado una actitud misionera sólo en los últimos cien años.
3.1
Budismo
El budismo quizá ha sido la religión misionera con más éxito. En el siglo III a.C. se extendió a través del subcontinente indio, gracias al impulso del rey Asoka. Envió misiones a Occidente llegando al mar Mediterráneo, pero tuvieron poco efecto. Misioneros tardíos tuvieron mucho éxito en Sri Lanka y, ya en el siglo I d.C., en Asia central y China. El budismo también se extendió a través de las traducciones de sus obras sagradas. En el siglo IV d.C. los monjes llevaron su religión a muchos países del Sureste asiático, donde es hoy una de las principales religiones, y a Corea. Alrededor del siglo VI se extendió desde Corea a Japón, donde se convirtió en la religión del Estado y en una influencia unificadora en el país. Hoy el budismo tiene una influencia poderosa, y en muchas zonas, predominante, como en la mayor parte del este de Asia. Al igual que el cristianismo, sin embargo, no ha sobrevivido como una religión significativa en su país de procedencia, aunque el trabajo constante de los misioneros en años recientes ha aumentado el número de budistas en la India centrándose en los sectores de clase baja. El budismo mantiene pequeñas misiones en Europa y Estados Unidos, y en otras partes del mundo occidental.
3.2
Hinduismo
El hinduismo ha adoptado en los últimos cien años una actitud misionera, y ha llevado a cabo pequeñas misiones en numerosos países. Estas misiones ponen el acento tanto en el misticismo como en la acción social. Grupos como la Sociedad Internacional para la Conciencia Krishna y la Misión de Luz Divina se convirtieron en algo familiar en Occidente a mediados de 1970. El primero de éstos, más conocido por el nombre de Hare Krishna, alcanzó una considerable atención en Occidente.
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ISLAM
Es probable que ninguna religión haya sido más militante en su actividad misionera que el islam, conversión que en muchos casos estuvo propiciada por la conquista militar. La actividad musulmana misionera como tal, sin embargo, era el resultado de un trabajo individual desarrollado sobre todo por comerciantes árabes y viajeros por África, hasta el final del siglo XIX. Los sistemáticos esfuerzos misioneros empezaron con la formación del movimiento ahmadiyya en 1889. La actividad misionera ha tenido mucho éxito en el este y oeste de África, y se han establecido asimismo pequeñas misiones en los países occidentales.



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Movimientos milenaristas


Movimientos milenaristas, conjunto de movimientos populares, generalmente sin conexión entre ellos, que basaban sus propuestas en un cambio radical y tajante de la sociedad y que tuvieron lugar fundamentalmente en Europa durante las edades media y moderna.
Su principal característica fue el rechazo profundo y completo del mundo, al que consideraban poseído por la maldad, unido a un anhelo apasionado de lograr uno mejor. Su ideología estaba ligada al mesianismo judeocristiano, e interpretaba que el mundo existente puede llegar a su fin y surgir otro nuevo. Otra importante característica común a estos movimientos viene dada por la gran vaguedad e indefinición de sus propuestas de cambio. Por último, cabe destacar en su ideario la creencia de que el cambio vendría por medio de una indicación divina, es decir, sería un milagro que impulsaría a los hombres a acabar con lo viejo e iniciar lo nuevo. A la población le correspondería reunirse, prepararse y atender a los signos precursores del cataclismo. Para ello, debería escuchar a los profetas que predican la venida de un “Gran Día”, y adoptaría las medidas rituales que le permitirían purificarse de la escoria del mundo. Pese a que el milenarismo procede de la propia Biblia y su origen se halla en la doctrina cristiana, la Iglesia católica lo tachó de conducta herética y rechazó su visión escatológica.
Algunas corrientes revolucionarias de la edad contemporánea, como el anarquismo español que tuvo lugar en Andalucía a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, tienen rasgos milenaristas, pero los principales movimientos de este tipo se dieron durante la edad media y la edad moderna europea, si bien existen otros relativamente similares que tuvieron como escenario el continente americano, como el movimiento rastafari surgido en Jamaica o la aplicación del sebastianismo portugués en Brasil.
Han existido muchas actividades de carácter milenarista, la mayoría asociadas a sectas locales muy poco estudiadas. Mayor repercusión tuvieron algunos movimientos que alcanzaron cierta importancia en la sociedad de su época, como los que seguían a personajes considerados profetas (Tanchelijn en los Países Bajos, Pierre de Bruys en el sur de Francia, Eon de l’Étoile en la región francesa de Bretaña, y otros). Gran parte del milenarismo medieval surgió de movimientos religiosos marginados y críticos con la jerarquía eclesiástica, como el liderado por algunos franciscanos o el formado por grupos de campesinos seguidores del reformador Thomas Münzer, principal dirigente de la secta de los anabaptistas y desencadenante de las Guerras Campesinas en territorio alemán en la segunda década del siglo XVI. También son muy conocidas algunas sectas del movimiento de los husitas, que se escindieron bajo el liderato del taborita Jan Zizka a principios del siglo XV, o los ranters (en inglés, ‘oradores del populacho’) ingleses del siglo XVII, que tuvieron una gran expansión en los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil inglesa.



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Movimiento New Age


Movimiento New Age, conjunto de actitudes y actividades espirituales, sociales y políticas, que tienen por objetivo común la transformación de los individuos y de la sociedad a través del conocimiento espiritual. El movimiento New Age (Nueva Era) preconiza, por diversas vías, una visión utópica del Universo y el advenimiento de una época de armonía y progreso. Integrado por individuos, grupos activistas, empresas, grupos profesionales, líderes espirituales y sus seguidores, el movimiento impulsó reivindicaciones feministas, ecologistas y espirituales, y defendió la capacidad humana dentro de la corriente principal en la década de 1980, creando en varios países un gran mercado de libros, revistas, cintas de vídeo y casetes, y organizando talleres, retiros y exposiciones sobre el tema, así como de amuletos, alimentos naturales, libros de meditación y métodos curativos.
Desde una perspectiva histórica, el movimiento New Age surgió a mediados de la década de 1960 y se desarrolló en Alemania y Suiza a principios de la siguiente, vinculado sobre todo a manifestaciones musicales. La trayectoria de bandas como The Ones, Psy Free, Tangerine Dream o Ashra Tempel reflejaron en aquella época, en especial a través de la música electrónica y la recreación de atmósferas denominadas “cósmicas” y “celestiales”, una síntesis entre el surrealismo plástico de Salvador Dalí, la espiritualidad hippy y una inquietud próxima al sinfonismo psiquedélico. Lo psiquedélico, muy a menudo confundido en el plano terminológico con lo “psicodélico”, procede de la terminología acuñada por Timothy Leary a partir de su interés por las corrientes sinfónicas que en la década de 1960, y coincidiendo con otras posiciones innovadoras dentro del pop, se introdujeron en las líneas más vanguardistas del rock. El rock, entendido como “una forma de vida”, siempre había aparecido asociado a una estética de ruptura con lo cotidiano que abarcaba desde prototipos de la marginalidad hasta los míticos rebeldes sin causa. Algunos compositores y artistas plásticos plantearon la conciliación entre lo musical y lo visual en un contexto de nuevo espiritualismo. Leary, defensor de lo que los autores de la generación Beat (Jack Kerouac, Gregory Corso, Allen Ginsberg, entre otros) llamaron apertura de nuevos campos de conciencia, fue expulsado de la Universidad de Harvard en 1963 a causa de sus experiencias con LSD y la difusión de sus doctrinas sobre la “ampliación de la conciencia”, recogidas en la revista The Psichedelic Review y en diversos ensayos, como Política del éxtasis (1969) y La psicología del placer (1969). Se convirtió en uno de los principales exponentes y animadores del movimiento, cuya configuración se diversificaría años más tarde gracias a orientaciones procedentes de la meditación trascendental y el budismo Zen, la musicoterapia, la tecnologización en el arte y la búsqueda de un nuevo concepto de espectáculo total. Creadores como Edgar Froese, Eduard Artemiev (cuyas primeras composiciones con sintetizadores se remontan a 1961), Mike Oldfield, Jean-Michel Jarre, Kitaro, Andreas Wollenweider, Manuel Göttsching, Vangelis, Steeve Roach o Paul Horn, David Garrido o Iury Lech, entre otros, representan las muy variopintas corrientes del New Age, que se encauzan sobre todo en ámbitos tan heterogéneos como el videoarte, la ecología, el misticismo o el cine.
A menudo considerado como un paganismo resurgente o gnosticismo, este movimiento moderno tuvo sus raíces más recientes en la espiritualidad del siglo XIX y en la contracultura de la década del 1960, pues ambas rechazaban el materialismo en favor del misticismo oriental y preferían la experiencia espiritual directa a la religión organizada. Técnicas para el autoperfeccionamiento y la firme creencia en que el individuo es responsable y capaz de todo, desde la autocuración hasta la creación del mundo, han encontrado aplicaciones en el cuidado de la salud, así como defensores entre deportistas, militares y corporaciones profesionales, y han generado debates en círculos religiosos y laicos.
Una corriente del pensamiento holístico ha determinado ciertas actitudes en medicina, medio ambiente, familia, trabajo, planificación regional y organizaciones pacifistas, entre otras. Ideas asociadas con frecuencia al movimiento New Age abarcan enseñanzas en disciplinas del conocimiento tan heterogéneas como la antroposofía, bioretroalimentación, alquimia, yoga, psicología transpersonal, chamanismo, artes marciales, ocultismo, astrología, salud psíquica, percepción extrasensorial, adivinación, viajes astrales, acupuntura, masaje, tarot, Zen, mitología o visualización.



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Movimiento pacifista


Movimiento pacifista, movimiento de opinión internacional que lucha por el desarme y por otros objetivos asociados con el pacifismo, especialmente surgidos después de la I Guerra Mundial. Aunque el movimiento pacifista contemporáneo se describe frecuentemente como una organización monolítica de izquierdas, se puede comprender mejor analizándola como una heterogénea alianza de individuos, organizaciones no gubernamentales, grupos de presión, organizaciones propagandísticas y entes educativos. Desde perspectivas políticas y religiosas muy variadas, el pacifismo contemporáneo se ocupa de un amplio espectro de problemas, entre los cuales se encuentran la prevención de la guerra, la resolución de conflictos, el control internacional de armas, el desarme, la desmilitarización de la sociedad y la reducción del gasto militar en los presupuestos nacionales.
Durante siglos, los pensadores religiosos y los filósofos han buscado algún medio para la prevención de la guerra. En Europa, durante los siglos XVII y XVIII, los trabajos de William Penn, Jacques Henri Bernardin de Saint-Pierre, Jean-Jacques Rousseau, e Immanuel Kant fueron los pensadores que mayores intentos realizaron para definir el camino hacia una paz duradera. Pero los verdaderos antecedentes del movimiento pacifista contemporáneo se originan a principios del siglo XIX en Gran Bretaña. En 1816, la Sociedad de los amigos (o cuáqueros) fundó la Sociedad para el Fomento de la Paz Universal Permanente. Las primeras sociedades para la paz de Gran Bretaña y Estados Unidos compartían la doctrina cuáquera respecto al pacifismo absoluto cristiano y la fe en la bondad intrínseca del ser humano. A causa de su orientación más espiritual que política, las sociedades para la paz ocuparon una posición importante, pero algo aislada, en el naciente debate sobre las relaciones interestatales y el recurso a la guerra. Sin embargo, existía una faceta más laica del movimiento pacifista inicial que fue haciéndose cada vez más activa. Filósofos políticos como Jeremy Bentham y John Stuart Mill argumentaban que su objetivo de unas sociedades reformadas y civilizadas redundaría en un mundo en el que la guerra no sería necesaria o, al menos, un acontecimiento poco frecuente. Esta idea fue reforzada por el movimiento de libre mercado de mediados del siglo XIX y por la creencia de que el “comercio está dejando la guerra obsoleta” (John Stuart Mill). Otro pensador inglés, Richard Cobden, llevó el concepto aún más lejos al insistir en que la paz debía ser el objetivo, en vez de una característica, del libre mercado. Desde este punto de vista, los conflictos entre los estados serían tan raros que sólo se necesitaría un sistema de arbitraje para solucionar las ocasionales tensiones.
Según avanzaba el siglo XIX, el pacifismo cristiano fue desacreditado en muchos lugares por utópico e incluso por subversivo. Al mismo tiempo, el número de guerras y de retos a los intereses nacionales hicieron obvio que el libre mercado era mucho menos pacificador de lo que se había esperado. Lo que se necesitaba era algún tipo de organización internacional. Como resultado, al final del siglo XIX y a principios del XX, Europa mostró un interés renovado en ideas anteriores que abogaban por una paz mantenida a través de algún mecanismo internacional o de una federación de países. Las guerras llevadas a cabo durante el siglo XIX en Europa también provocaron la fundación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en 1863. La campaña del CICR por un comportamiento humanitario en tiempos de guerra culminó en una serie de convenciones de Ginebra que comenzaron en 1864 y en la Conferencias de La Haya de 1899 y de 1907. A finales del siglo XIX, el movimiento laico por la paz estaba dominado por los conceptos de ley internacional, arbitraje y cooperación entre los parlamentos nacionales. La Unión Interparlamentaria fue fundada en 1892.
La I Guerra Mundial influyó poderosamente en el movimiento pacifista. Sus convicciones pacifistas llevaron a muchos cuáqueros, a socialistas de la Sociedad Fabiana y a otros a declararse objetores de conciencia al servicio militar. Otros legados de la guerra fueron las obras de poetas y escritores como Wilfred Owen, Siegfried Sassoon y Erich Maria Remarque, así como los esfuerzos filantrópicos para avanzar en favor de la paz. En 1918 el industrial estadounidense Andrew Carnegie estableció su Fundación para la Paz Internacional que financia la investigación en este campo desde entonces. Algunos pacifistas concluyeron que el mayor obstáculo para la paz en Europa y en el mundo seguía siendo la soberanía sin restricciones de los estados. Las propuestas para establecer sistemas federales europeos o incluso mundiales no avanzaron. La Sociedad de Naciones, el primer organismo internacional dedicado a la búsqueda de la paz y a la seguridad colectiva, adquirió carácter oficial en enero de 1920, luego de una inclusión previa en la introducción del Tratado de Versalles (1919). La Sociedad constituyó desde su fundación un compromiso entre los estados y sus gobiernos más que un intento de imponer una autoridad superior sobre los países. El periodo de entreguerras (1919-1939) alumbró nuevas leyes humanitarias para tiempos de guerra, especialmente con el Protocolo de Ginebra de 1925 contra el uso de armas químicas y biológicas. La atención se centró también en los vendedores de armas cuyas actividades habían provocado y exacerbado supuestamente la guerra. Como resultado, muchos gobiernos aprobaron sistemas especiales de control de las exportaciones para limitar el comercio de armas.
Tras la II Guerra Mundial se hizo un nuevo intento con la creación de la Organización de las Naciones Unidas. Pero en pocos años volvieron a perderse las esperanzas de que comenzara un nuevo orden mundial pacífico con el inicio de la Guerra fría y la carrera armamentística entre este y oeste. Aunque el empleo de bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki impresionó y horrorizó a muchas personas, el movimiento pacifista fue muy lento en su desarrollo, en parte por el deseo de no verse asociado con el estigma de su posición antes de 1939. Pero su presencia se hizo notar finalmente durante toda la Guerra fría. Aunque algunas facciones del movimiento por la paz habían intentado formular un sistema internacional ideal y pacífico, durante la Guerra fría la actividad se centró en las actuaciones de los gobiernos, especialmente en el campo del desarrollo y obtención de armas atómicas. El escape de plutonio en la planta de Windscale (Gran Bretaña) en 1957 motivo el inició de la Campaña por el Desarme Nuclear (CDN) en un momento en que la política de defensa británica enfatizaba las ventajas de las armas nucleares. A partir de ese momento, el movimiento por la paz se mantuvo muy asociado al desarme nuclear. Las llamadas a favor del desarme unilateral continuaron hasta el final de la Guerra fría, aunque se argumentaba que el único método seguro de hacerlo era mediante tratados de control de armas multilaterales.
La participación de Estados Unidos en la guerra de Vietnam fue una cuestión especialmente polémica, sobre todo durante las revueltas estudiantiles de finales de la década de 1960.
La invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética en diciembre de 1979 provocó un importante deterioro en las relaciones Este-Oeste. Ese mismo mes la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) decidió la instauración de la política de ‘vía doble’: se desplegaron varios centenares de armas nucleares de alcance medio del modelo Tomahawk y Pershing en Europa Occidental. Esto provocó un enorme movimiento de protesta en toda Europa protagonizado por el CDN y por el nuevo grupo Desarme Nuclear Europeo (END). Una de las acciones más conocidas de la campaña fue la Acampada por la Paz de las Mujeres, que se inició 1983 en el exterior de la base aérea de Greenham Common (Inglaterra) cuando llegaron los primeros misiles estadounidenses a Inglaterra según el plan de despliegue 1979. La campaña no consiguió detener el despliegue de las armas nucleares pero reavivó el debate público sobre la paz y el desarme. Durante la década de 1980, la Iniciativa de Defensa Estratégica, o ‘Guerra de las Galaxias’, propuesta por el presidente estadounidense Ronald Reagan provocó una intensa polémica sobre la conveniencia de buscar una protección completa contra los ataques nucleares y sobre los recursos financieros y tecnológicos que habrían de utilizarse para tal objetivo. El movimiento por la paz europeo empezó a ocuparse de otros problemas no nucleares como la defensa territorial o no ofensiva: si las fuerzas armadas poseen cohetes antitanque en vez de tanques no serán capaces por su propia estructura de organizar un ataque, el despliegue de estos cohetes serviría para rebajar la tensión.
En noviembre de 1989, el muro de Berlín fue derribado. El comienzo del fin de la Guerra fría significaba que en adelante el movimiento pacifista tendría que ser definido en términos más amplios. El Pacto de Varsovia, cada vez con menos miembros, luchó por mantener su posición hasta su desaparición el 1 de julio de 1991. A los seis meses ocurrió lo mismo con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Al ser los enemigos y las amenazas militares más difíciles de definir, el movimiento pacifista europeo parecía haber perdido de nuevo su objetivo. Pero por el contrario, el movimiento amplió su campo de intereses e incluyó muchas ideas y temas nuevos, al mismo tiempo que repasaba cuestiones que hasta ese momento se habían considerado periféricas. Un ejemplo de esto es el tema de la defensa no ofensiva que ha recibido una atención creciente por parte de la investigación académica y política. El comercio de armamento y de las tecnologías asociadas, así como la relación entre las ayudas al extranjero y la venta de armas, han interesado más a otros componentes del movimiento pacifista. La destrucción de las minas se ha convertido en el objetivo de una campaña internacional especialmente diseñada, como quizás lo sean también en el futuro armas como los proyectores láser. Otros pacifistas se han centrado en la libertad de prensa, el control parlamentario de los temas relacionados con la defensa y la seguridad, y la reconversión de las industrias militares hacia usos civiles. Otros temas de interés son el sentido de las intervenciones militares, como en los casos de la guerra del Golfo Pérsico, la antigua Yugoslavia y Somalia, o la creación del sistema de defensa europeo y el futuro papel de la OTAN. En un plano más conceptual, la definición y el sentido de términos como defensa y seguridad tras la Guerra fría preocupan a muchos miembros del movimiento pacifista contemporáneo. Existe actualmente un consenso sobre el hecho de que la seguridad no puede enfocarse únicamente en los tradicionales términos militares, sino que deben tenerse en cuenta aspectos económicos, ambientales y sociales.
El principal interés del movimiento pacifista tras la Guerra fría sigue siendo el control y la prohibición de las armas de destrucción en masa, nucleares, biológicas o químicas. A pesar de la Conferencia sobre Armas Químicas de 1993, aún persisten problemas en el cumplimiento y verificación en temas biológicos y químicos, como puso de manifiesto el ataque con gas sarín realizado en marzo de 1995 en el metro de Tokio. Sin embargo, la principal preocupación sigue siendo la proliferación de armas nucleares. Respecto al Tratado de No Proliferación Nuclear firmado en 1968 y que fue revisado en 1995, el CDN abogaba por una extensión limitada para obligar a las naciones poseedoras de armas nucleares a respetar las promesas hechas en 1968. Otras cuestiones relacionadas con la revisión de este tratado son la prohibición de las pruebas nucleares, el control, almacenamiento y reprocesamiento del material fisible, el compromiso en cuestiones de seguridad de las naciones con armas nucleares respecto a las que no las poseen, y la adecuación del sistema de salvaguardas controlado por la Agencia Internacional de la Energía Atómica. En lo que respecta a las armas de destrucción en masa, los gobiernos y los grupos de presión comparten ahora unas preocupaciones similares frente a los peligros de su proliferación. El descubrimiento de avanzadas instalaciones de armas nucleares, biológicas y químicas en Irak después de la guerra, el temor al programa de desarrollo de armas nucleares de Corea del Norte y la probabilidad de que materiales y armas nucleares se vendan en el mercado negro internacional, se han combinado para crear un sentimiento compartido de peligro y urgencia. Las diversas organizaciones no gubernamentales y grupos de presión involucrados son ya expertos técnicamente, además de hábiles políticamente, hasta el punto de que muchas veces parecen hacer más campañas desde dentro del gobierno que contra el gobierno, por lo que son más eficaces. En otras cuestiones como el comercio internacional de armas y el problema de las minas, que antes se consideraban de segundo orden, el movimiento pacifista conserva sus características más reivindicativas. Cualquiera que sea el tema, el movimiento pacifista, en todos sus aspectos, tiene asegurada una respuesta amplia y activa, especialmente en las sociedades democráticas, y continuará sometiendo las cuestiones de defensa y seguridad a un debate público.
Recientemente, las amenazas de guerra contra Irak lideradas por Estados Unidos y Reino Unido han producido un renacimiento internacional del movimiento pacifista, concretado en masivas manifestaciones callejeras por todo el mundo: Europa, América, Oriente Medio, Oceanía y África. Especialmente relevante fue la jornada del 15 de febrero de 2003, cuando millones de personas unieron sus gritos antibelicistas simultáneamente en todo el planeta: otra señal de la importancia de Internet para la labor de estos colectivos.



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Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días


Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, grupo religioso fundado en 1830 por Joseph Smith, a quien en casi todos los países de habla española se le conoce como José Smith. A sus miembros se los denomina normalmente mormones. En sus primeros tiempos estuvo integrada por un número relativamente pequeño de miembros, si bien posteriormente éstos se incrementaron de un modo considerable debido fundamentalmente a la efectiva actividad de proselitismo que desarrollaron y, además, a la alta tasa de natalidad que caracterizó a sus seguidores desde los inicios.
2
CARACTERÍSTICAS
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es un movimiento cristiano. Su doctrina original se basó en la creencia de que el cristianismo había sufrido un proceso progresivo de deterioro y corrupción, por lo que era necesario llevar a cabo la restauración del verdadero Evangelio. Sin embargo, esa restauración hacía necesaria una nueva revelación de Dios, que entregara las verdades del cristianismo en una forma pura y que restableciera la divina autoridad sacerdotal de los antiguos apóstoles. Como se había perdido esa autoridad, sólo podría recobrarse por medio de un impulso divino. Según esto, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es a la vez cristiana y reformada.
2.1
Doctrina
Los mormones apoyan y practican la tolerancia religiosa. Sostienen que todas las religiones contienen elementos de verdad, por lo que es positivo que existan. Sin embargo, piensan que sólo la suya cuenta con una verdadera autoridad y con un total consentimiento divino, por lo que la consideran “la única verdadera Iglesia viviente sobre la faz de la Tierra”. En este derecho exclusivo sobre la verdad y en la autoridad que se atribuyen se encuentra la causa de que recorran el mundo entero predicando sus creencias.
La doctrina de los mormones se desarrolló a partir de cuatro libros básicos: la Biblia, el Libro del mormón, Doctrina y convenios (135 revelaciones y otros informes, editados casi todos por Joseph Smith durante la década de 1830 y los primeros años de la de 1840) y la Perla de gran valor (1842, una recopilación de trabajos más breves basados en ciertos documentos hallados en Egipto). Las verdades que se enuncian en dichos textos, sus Sagradas Escrituras, no pueden ser reinterpretadas ni aumentadas por sus líderes religiosos, aunque los textos de Doctrina y convenios sí pueden ser ampliados en el caso de recibir revelaciones adicionales de inspiración divina.
Algunas prácticas del movimiento mormón difieren del cristianismo tradicional: la creencia de que el alma humana existe antes de nacer; la definición de la Santísima Trinidad como tres seres individuales en las que Dios, el Padre, y Jesucristo son personas físicas unidas entre sí; y la creencia en que si los seres humanos vivieran plenamente los mandamientos de Dios, podrían alcanzar un nivel divino en futuras transubstanciaciones. Algunos estudiosos critican a los mormones por otorgar demasiada importancia a sus propios profetas. Ante ello, los mormones arguyen que los apóstoles de Cristo siempre han sido mal interpretados y perseguidos. Al igual que los anabaptistas y otros grupos restauracionistas, han sostenido que declaraciones tan básicas como el credo de Nicea (325) representan desviaciones de la pureza de las enseñanzas originales de Cristo. El movimiento mormón ha sido reacio a participar en entidades que engloban a distintas profesiones de fe cristianas, tales como el movimiento ecuménico o el Consejo Mundial de las Iglesias. Es de destacar, por otra parte, la loable labor mundial que llevan a cabo sus Servicios Sociales y Ayudas Humanitarias.
2.2
Estructura
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sigue una estructura jerárquica. Los participantes de cada congregación individual (rama o barrios) son miembros seglares que rotan en los puestos. El obispo, que junto con dos consejeros preside por lo general una rama o barrio, ocupa dicho cargo entre uno y diez años. Cada rama cuenta con unos 200 puestos, por lo que es muy alta la participación activa de sus miembros. La mayoría de éstos tiene la oportunidad de impartir clases, pronunciar sermones, trabajar en servicios de ayuda social y participar en distintas actividades.
Su organización administrativa es de tipo vertical. En el nivel superior a la rama o barrio se encuentra el distrito administrativo, que engloba varios barrios, está presidido por tres miembros y cuenta con un consejo superior formado por doce personas. Varios consejos constituyen una región. Si se sigue la estructura jerárquica de la organización, aparecen las autoridades generales, dedicadas plenamente a este trabajo. Como todos los miembros elegidos para el puesto de responsables generales son laicos, no se les puede considerar como burócratas o clérigos profesionales. Por lo general, los programas y las políticas de acción de esta confesión están determinados por un organismo central. No obstante, en ocasiones se alienta a los responsables locales para que manifiesten sus opiniones y desarrollen personal y localmente los programas de la iglesia.
Entre las autoridades generales de la iglesia existe un grupo de tres hombres que preside el obispado y el Primer Quórum de los Setenta, con siete presidentes. Por encima de ellos existe un grupo que establece las políticas de acción: el Consejo de los Doce Apóstoles. En la cúspide de esta jerarquía está el presidente de la Iglesia, a quien con frecuencia se denomina “el profeta”. Este presidente y sus dos consejeros (que integran la primera presidencia) suelen reunirse con el Consejo de los Doce Apóstoles, aunque también lo hacen por separado. Los propios apóstoles eligen a los nuevos. Según ciertos principios de antigüedad, los apóstoles van ascendiendo en la jerarquía de forma gradual. Cuando fallece el presidente, es sucedido por el apóstol de mayor edad.
2.3
Culto y actividades
El culto mormón destaca por su sencillez. Está compuesto por himnos, oraciones, el sacramento de la Cena del Señor (celebrado con pan y agua) y sermones pronunciados por miembros laicos de la comunidad de la congregación. Entre los mormones hay organizaciones que ofrecen actividades adicionales y servicios para niños, adolescentes y mujeres. Aquellos miembros que hayan demostrado un nivel mínimo de obediencia a los mandamientos de Dios van al templo a hacer convenios por sí mismos o en representación de los antepasados. Los matrimonios entre mormones devotos son consagrados “en el tiempo y para toda la eternidad”.
Además de por su pujante sistema de misiones, los mormones son muy conocidos por sus programas de ayuda social. Su Palabra de Sabiduría es un código de salud que les enseña a no consumir té, café, alcohol y tabaco. La confesión también sustenta dos instituciones mundialmente conocidas y que radican en Estados Unidos: el Coro Mormón, en Salt Lake City, y la Universidad Brigham Young, en Provo, Utah.
3
HISTORIA
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días surgió, a comienzos del siglo XIX, en el marco del auge de revitalización religiosa que recibió el nombre de “segundo gran despertar”. De acuerdo con el relato de sus adeptos, alrededor de 1820, cuando Joseph Smith tenía 14 años y vivía con su familia cerca de Palmira (Nueva York), tuvo una visión de Dios Padre y de Jesucristo en la que le aseguraron la inexistencia en la Tierra de la verdadera Iglesia.
3.1
Fundación de la Iglesia
Durante la década de 1820, mientras Smith trabajaba como campesino, fue desarrollando sus ideas religiosas, inspiradas en revelaciones divinas. Según sus propios relatos, en 1827 se le reveló el lugar donde se hallaba un libro formado por placas de oro. El libro había estado enterrado en un monte cercano y él lo había hallado gracias a las indicaciones recibidas de un ángel, el ángel Moroni. En 1830 pudo averiguar el significado de dichos textos “gracias al don y poder de Dios” y publicar el Libro del mormón que, según él, constituía un registro de verdades religiosas de antiguos profetas de diferentes lugares. El 6 de abril de 1830 Smith fundó la comunidad que pronto sería conocida por el nombre de Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Tradicionalmente se dice que la organización de la iglesia se estableció en Fayette, Nueva York. Durante los primeros meses del siguiente año su sede central se trasladó a Kirtland (actual Kirtland Hills, Ohio). De forma simultánea, otro grupo mormón se estableció en los alrededores de Independence (Missouri), lugar al que, según Smith, regresaría Jesús.
3.2
Persecución
Los mormones no recibieron una buena acogida en esta zona y muy pronto fueron víctimas de amenazas y de violentas persecuciones. En 1839 tuvieron que abandonar Kirtland e Independence para instalarse en Commerce (ciudad situada a orillas del río Mississippi, en el estado de Illinois, a la que rebautizaron con el nombre de Nauvoo). La iglesia siguió atrayendo nuevos fieles, muchos de ellos procedentes de Inglaterra. Para asegurar su permanencia en este nuevo centro, Smith y sus seguidores lograron un permiso de la asamblea del estado de Illinois para formar una milicia local, la Legión Nauvoo, que pasó a convertirse en realidad en un verdadero ejército privado. La colonia de Nauvoo creció sin interrupción, alcanzando en 1845 una población cercana a los 12.000 individuos.
La hostilidad del resto de la sociedad hacia los mormones (en los que veía posibles competidores económicos) se vio intensificada por dos circunstancias: Smith había asumido un poder absoluto en la región, y comenzó a rumorearse que sus seguidores practicaban la poligamia. En un principio las autoridades mormonas negaron este último hecho, pero más tarde lo confirmaron. En 1844 Joseph Smith y su hermano Hyrum fueron encarcelados en Cartago (Illinois) bajo los cargos de conspiración y de traición. Al poco tiempo, a pesar de que el gobernador de Illinois les había prometido seguridad, el populacho incontrolado los asesinó.
Cuando sucedieron estos episodios, el hijo mayor de Smith, Joseph Smith III, tenía tan sólo 11 años de edad. El movimiento mormón, que no tenía asegurada la sucesión de su líder, sufrió una grave escisión. Esta situación cismática se saldó con la aparición de tres grupos, liderados por Lyman Wight, James J. Strang y William Bickerton. Posteriormente surgieron más de veinte pequeñas entidades mormonas disidentes. En 1860, cuando por fin Joseph Smith III decidió asumir la jefatura del mayor grupo escindido (que residía en el Medio Oeste), nació la Iglesia reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Ésta rechazó la poligamia, así como algunas innovaciones doctrinales y teológicas formuladas en Nauvoo. La Iglesia reorganizada fue creciendo progresivamente, y a día de hoy cuenta con unos 250.000 miembros repartidos por todo el mundo. Tiene su sede en Independence, Missouri, y en 2001 cambió su denominación anterior por la de Comunidad de Cristo.
3.3
Traslado a Utah
Mientras tanto, el liderazgo de la gran mayoría de los mormones había sido ejercido por los Doce Apóstoles. En 1847, después de guiar a la comunidad en su éxodo desde Illinois hasta la Gran Cuenca, el líder de los Apóstoles, Brigham Young, fue propuesto y aprobado como presidente y profeta de la Iglesia. La zona en que se asentaron sería con el tiempo el estado de Utah, mientras que el enclave que escogieron como centro se convertiría en la ciudad de Salt Lake City. Con el tiempo se fundaron más de 300 nuevas sedes, que iban desde California a Colorado, y desde México a Canadá. No obstante, la mayoría de los mormones se concentraron en Utah y, en menor grado, en los estados vecinos. Pese a esta migración, los problemas de los mormones no concluyeron. Sus pretensiones de formar una economía comunitaria en torno a cooperativas fueron consideradas un peligro comercial. Por otro lado, el hecho de que los mormones orientaran el voto político de toda la comunidad hacia ciertos partidos despertó un fuerte descontento. Durante los siguientes 38 años se practicó la poligamia, que había sido reconocida abiertamente en 1852, aunque era defendida sólo por un grupo minoritario (entre el 10 y el 20%). A partir de una serie de informes que revelaban una actuación desleal por parte de los mormones, el gobierno federal envió un contingente de tropas a Utah en 1857, lo que ocasionó la denominada guerra de Utah (que a punto estuvo de convertirse en una verdadera catástrofe). Esta actuación gubernamental fue seguida de toda una serie de esfuerzos legislativos y judiciales tendente a modificar los hábitos de los mormones, a los que se conminó en repetidas ocasiones para que respetaran el modelo matrimonial monógamo. En 1890, finalmente, el entonces presidente de la Iglesia, Wilford Woodruff, publicó un manifiesto que ponía fin a la poligamia. Pese a que siguieron existiendo casos de relaciones polígamas y a que un pequeño grupo de mormones fundamentalistas hizo caso omiso de la amenaza de ser excomulgados y de ser castigados por el Estado si seguían practicando la poligamia, el movimiento mormón dio por terminado su apoyo a esta práctica y, poco a poco, se produjo un proceso de inserción en el sistema de vida del conjunto de la sociedad estadounidense.
3.4
Situación actual
En general se considera a los mormones como una confesión cristiana conservadora y con frecuencia se los identifica con actitudes protestantes fundamentalistas (véase Fundamentalismo). Sin embargo, las teologías de protestantes conservadores y de mormones difieren en cuestiones fundamentales tales como la naturaleza de Dios, el concepto de Iglesia y la definición de la salvación. Sí tienen mucho en común, en cambio, en sus posiciones respecto a temas sociales. Los mormones se oponen al ecumenismo y básicamente están en contra del aborto, del control de la natalidad y del sacerdocio femenino. Al igual que muchos protestantes, se consideran a sí mismos una organización opuesta al secularismo y al compromiso liberal. No obstante, y a pesar de que su tasa de natalidad es más alta que la media estadounidense, ha descendido de forma notable. Además, en la actualidad tienen permitido cierto control de la natalidad. Si bien están en contra del divorcio, en ciertos lugares existe una cierta práctica.
Durante muchos años, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tuvo fuertes restricciones doctrinales respecto a la ordenación de sacerdotes negros. Este tema tenía una importancia fundamental, ya que a todos los mormones varones, mayores de 12 años y que alcanzaran ciertos méritos, se les hacía partícipes de esta ordenación. Dicha política fue modificada en 1978, cuando la presidencia general estableció que, desde ese momento, la ordenación se realizaría “sin considerar la raza ni el color”. Por lo que se refiere a la participación de las mujeres, a pesar de que tienen muchas oportunidades para servir a nivel congregacional y se les incentiva para que puedan desarrollar sus cualidades y logren alcanzar una educación superior, no se les permite la ordenación sacerdotal ni formar parte de la jerarquía eclesiástica.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cuenta en la actualidad aproximadamente con once millones de miembros, a quienes se conoce también con el nombre de mormones. Hacia 1990 había aproximadamente cinco millones de mormones en los Estados Unidos, y en el resto del mundo había otros tantos. Antes de la Segunda Guerra Mundial la cifra más elevada de conversiones se dio en Estados Unidos, Gran Bretaña y Escandinavia, pero en los últimos tiempos ha habido notable crecimiento en países tales como México, en donde había unos 850.000 mormones en el año 2000, la mayoría convertidos en el último cuarto del siglo. En Corea del Sur, por ejemplo, no había ningún miembro en 1950, pero en el año 2000 ya contaba la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días con 71.000 miembros. El fuerte programa misionero que lleva a cabo el movimiento mormón —unas 60.000 personas dedican sus esfuerzos a esta actividad en todo el mundo— hace que el número de sus miembros crezca considerablemente. Aunque los mormones constituyen una fusión poco usual de cristianismo bíblico, pragmatismo estadounidense, expectativas milenaristas, experimentación económica, política conservadora, fervor evangélico y una fuerte actividad internacional, esta confesión se ha convertido en un credo dinámico y con un crecimiento acelerado.



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