sábado, 17 de agosto de 2013

Deirdre


Descubra, a través de la lectura del siguiente texto, la historia de Deirdre, heroína legendaria de la literatura gaélica.

Deirdre

Heroína legendaria del folclore, la mitología y la literatura gaélica de Irlanda, Deirdre era famosa por su belleza. Se crió con Concobar, el rey del Ulster, que planeaba casarse con ella, pero Deirdre se enamoró de Noíse, un sobrino del rey, y ambos huyeron a Escocia en compañía de dos hermanos de él. Más tarde, unos emisarios del rey les piden que regresen a Irlanda y en el camino matan a los tres hermanos a traición. Desconsolada, Deirdre muere. Su historia, que forma parte del ciclo de Ulster (siglo I a.C.), inspiró a poetas, dramaturgos y escritores irlandeses posteriores, como William Butler Yeats, que en 1907 publicó la tragedia en verso Deirdre, y John Millington Synge, que se basó en ella para escribir su obra de teatro Deirdre de los pesares, estrenada en 1910, después de su muerte.



Leer más...

Deforestación


La escasez de recursos

Cada año se estima que desaparecen unos 170.000 km² de pluvisilva, el equivalente a cuatro veces la superficie de Suiza. De seguir el ritmo actual de destrucción, las selvas tropicales de las zonas bajas habrán dejado de existir dentro de veinte años. Hoy día, la selva ocupa menos del 8% de la superficie de la Tierra, es decir, menos de la mitad del área que ocupaban antes de que comenzara su explotación.

A escala mundial, hay entre un 20 y un 30% menos de selva tropical de la que había históricamente, concentrándose en Brasil e Indonesia más del 45% de la pérdida total.
En la selva tropical viven numerosos pueblos indígenas como los penan de Isla de Borneo y los kayapó de Brasil. En 10 km² de selva hay más de 1.500 especies de plantas y árboles, 700 especies animales y miles de tipos de insectos. Por consiguiente, la destrucción de grandes superficies conlleva graves problemas medioambientales, pérdida de hábitats y la extinción de culturas indígenas.
La deforestación afecta a la capacidad de la Tierra para limpiar la atmósfera. La pluvisilva y otras grandes regiones boscosas sirven de pulmón al planeta al convertir el anhídrido carbónico en oxígeno y filtrar los contaminantes. Los científicos creen que la deforestación altera el clima, contribuye al calentamiento global y es responsable del 25% del anhídrido carbónico que se libera en la atmósfera cada año.
A nivel local, la deforestación produce efectos desastrosos. El suelo de las laderas, al contar con una menor cubierta vegetal para que lo fije, se erosiona rápidamente a causa de la lluvia y de la escorrentía, colmatando los ríos y lagos de limos y perjudicando a la vida acuática. Los suelos desnudos de la selva son relativamente poco fértiles y sólo son utilizables con fines agrícolas durante uno o dos años. Además, los suelos desnudos retienen sólo una parte del agua que podrían absorber con cobertura vegetal y favorecen ciclos de inundaciones y sequía en lugar de un aporte constante de agua.
Crecimiento de la población
La principal causa de la deforestación es el crecimiento de la población y el consiguiente aumento en la demanda de productos de madera de las tierras forestales. La búsqueda de nuevas tierras de cultivo en los países en vías de desarrollo es la causa de la tala y clareo de los bosques. Los ganaderos talan miles de hectáreas de selva para que el ganado paste durante uno o dos años, trasladándose una vez agotado el suelo. Con el fin de satisfacer la demanda cada vez mayor de madera y pasta de madera para casas, muebles y papel, también los países desarrollados han acudido a las enormes reservas de las selvas húmedas. Para la población cada vez más numerosa de África y Asia, la madera sigue siendo el combustible básico tanto para la preparación de alimentos como para la calefacción.
Aunque la deforestación sigue siendo un grave problema, los gobiernos y los grupos conservacionistas están adoptando medidas para reducir las pérdidas. Los países desarrollados favorecen el reciclaje con el que se reduce la utilización de productos obtenidos a partir de la madera y algunos países, como Brasil, han eliminado las subvenciones que animan a la gente a talar y establecerse en la selva tropical. Algunos grupos ecologistas privados trabajan con el fin de fortalecer las reivindicaciones de los pueblos indígenas y desarrollar mercados de productos forestales obtenidos mediante una producción sostenible; por ejemplo, las especias y plantas medicinales pueden cosecharse en las selvas sin dañar el ecosistema. Muchos países desarrollados y grupos conservacionistas internacionales han establecido intercambios de 'deuda por naturaleza', que cancela deudas por créditos internacionales a cambio de una mejor protección de los bosques.



Leer más...

Cumacanga


La cumacanga o curacanga, personaje de leyenda de origen brasileño, es la versión femenina del hombre lobo. En el siguiente texto encontrará información sobre su origen, sus características, su significado...

Cumacanga

La versión femenina del hombre lobo recibe el nombre de cumacanga. Según la leyenda, los viernes por la noche, su cabeza se separa del cuerpo y sale volando como una bola de fuego, mientras que el cuerpo permanece en casa. Se trata de un mito del estado de Pará, en Brasil, y es siempre la concubina de un cura o la séptima hija de un amor sacrílego. En Maranhão recibe el nombre de curacanga. La cabeza luminosa, uno de los elementos comunes a los mitos relacionados con el fuego, significa castigo, encantamiento o señal de riquezas.
La creencia en hombres lobo o cumacangas viene de la antigüedad y fue registrada por Virgilio. En Europa representa a los espíritus del bosque. En todos los lugares donde aparece la leyenda, el rasgo común a los hombres lobo y las cumacangas es su carácter voraz. El acto de devorar, como arquetipo simbólico, está ligado a la alternancia día/noche, muerte/vida. La garganta devora y vomita. Es, por tanto, la “iniciadora”. Adquiere, según la fauna local, la apariencia del animal más voraz: lobo, cocodrilo o jaguar. En “Mi tío el yaguareté”, cuento de João Guimarães Rosa, el personaje narrador se va transformando en jaguar mientras conversa con un visitante. Al final lo devora. El término yaguareté tiene origen tupí (véase Lenguas aborígenes de Hispanoamérica) y significa “jaguar auténtico”. El hombre lobo, y principalmente la cumacanga, equivalen a representaciones simbólicas del deseo sexual, la libido del amor y la supervivencia.



Leer más...

Crepúsculo


Polémico político e incuestionable estilista, Leopoldo Lugones, tantas veces citado por Borges, abordó casi todos los géneros. En esta obra, de carácter histórico, deslizó el autor una deliciosa descripción de un crepúsculo.
Fragmento de El imperio jesuítico.

De Leopoldo Lugones.

A la tarde el espectáculo solar es magnífico; sobre los grandes ríos especialmente, pues dentro el bosque la noche sobreviene brusca, apenas disminuye la luz. En las aguas, cuyo cauce despeja el horizonte, el crepúsculo subtropical, despliega toda su maravilla.
Primero es una faja amarillo hiel al Oeste, correspondiendo con ella por la parte opuesta una zona baja de intenso azul eléctrico, que se degrada hacia el cenit en lila viejo y sucesivamente en rosa, amoratándose por último sobre una vasta extensión donde boga la luna.
Luego este viso va borrándose, mientras surge en el ocaso una horizontal claridad de anaranjado ardiente, que asciende al oro claro y al verde luz, neutralizado en una tenuidad de blancura deslumbradora.
Como un vaho sutilísimo embebe, á aquel matiz un rubor de cutis, enfriado pronto en lila donde nace tal cual estrella; pero todo tan claro, que su reflexión adquiere el brillo de un colosal arco-iris sobre la lejanía inmensa del río. Este, negro á la parte opuesta, negro de plomo oxidado entre los bosques profundos que le forman una orla de tinta china, rueda frente al espectador densas franjas de un rosa lóbrego.
Un silencio magnífico profundiza el éxtasis celeste. Quizá llegue de la ruina próxima, en un soplo imperceptible, el aroma de los azahares. Tal vez una piragua se destaque de la ribera asaz sombría, engendrando una nueva onda rosa; y haciendo blanquear, como una garza á flor de agua, la camisa de su remero...
El crepúsculo, radioso como una aurora, tarda en decrecer; y cuando la noche empieza por último á definirse, un nuevo espectáculo embellece el firmamento. Sobre la línea del horizonte, el lucero, tamaño como una toronja, ha aparecido, palpitando entre reflejos azules y rojos, á modo de una linterna bicolor que el viento agita. Su irradiación proyecta verdaderas llamas, que describen sobre el agua una clara estela, á pesar de la luna, y la primera impresión es casi de miedo en presencia de tan enorme diamante.
Fuente: Nervo, Amado. Lecturas literarias. París: Librería de la Vda. de C. Bouret, 1918.



Leer más...

Costumbrismo


El asturiano Palacio Valdés maneja una prosa alegre y vivaz que le sirve para internarse en los más hondos sentimientos.
Fragmento de Chucho.

De Armando Palacio Valdés.

Fresnedo dormía profundamente su siesta acostumbrada. Al lado del diván estaba el velador maqueado, manchado de ceniza de cigarro, y sobre él un platillo y una taza, pregonando que el café no desvela á todas las personas. La estancia, amueblada para el verano con mecedoras y sillas de rejilla, estera fina de paja, y las paredes desnudas y pintadas al fresco, se hallaba menos que á media luz; las persianas la debajan á duras penas filtrarse. Por esto no se sentía el calor. Por esto y porque nos hallamos en una de las provincias más frescas del Norte de España y en el campo. Reinaba silencio. Escuchábase sólo fuera el suave ronquido de las cigarras y el pío pio de algún pájaro que, protegido por los pámpanos de la parra que ciñe el balcón, se complacía en interrumpir la siesta de sus compañeros. Alguna vez, muy lejos, se oía el chirrido de un carro, lento, monótono, convidando al sueño. Dentro de la casa habían cesado ya tiempo hacía los ruidos del fregado de los platos. La fregatriz, la robusta, la colosal. Mariona, como andaba descalza, sólo producía un leve gemido de las tablas, que se quejaban al recibir tan enorme y maciza humanidad.
Cualquiera envidiaría aquella estancia fresca, aquel silencio dulce, aquel sueño plácido.
Despertóle una voz bien conocida:
–Papá, papá.
Abrió los ojos y vió a su hijo á dos pasos, con su mandilito de dril color perla. Sus zapatitos blancos, y el negro y enmarañado cabello caído en bucles graciosos sobre la frente. Era un chico más robusto que hermoso. La tez, de suyo morena, teníala ahora requemada por los días que llevaba de aldea haciendo una vida libre y casi salvaje. Su padre le tenía todo el día á la intemperie, siguiendo escrupulosamente las instrucciones de su médico.
–Papá... dijo tata que tú no querías... que tú no querías... que tú no querías... comprarme un carro... y que el carnero no era mío... que era de Carmita (la hermana), y no me deja cogerlo por los cuernos y me pegó en la mano.
El chiquitín, al pronunciar este discurso con su graciosa media lengua, deteniéndose á cada momento, mostraba en sus ojos negros y profundos indignación vivísima y mucha sed de justicia. Por un instante pareció que iba á romper en llanto; pero su temperamento enérgico se sobrepuso, y después de hacer una pausa, cerró su perorata con una interjección de carretero. El padre le había estado escuchando embelesado, animándole con sus gestos á proseguir, lo mismo que si una música celeste le regalase los óidos. Al oir la interjección, estalló en una sonora y alegre carcajada. El niño le miró con asombro, no pudiendo comprender que lo que á él le ponía tan fuera de sí causase el regocijo de su papá. Este hubiera estado escuchándole horas y horas sin pestañear. Y eso que, según contaba su suegra á las visitas, cuando quería dar el golpe de gracia á su yerno y perderle completamente ante la conciencia pública. ¡¡¡Se había dormido oyendo la Favorita á Gayarre!!!
–¿Sí, vida mía? ¿La Tata no quiere que cojas al carnero por los cuernos? ¡Deja que me levante, ya verás cómo arreglo yo á la Tata!
Fresnedo atrajo á su hijo y le aplicó dos formidables besos en las mejillas, acariciándole al mismo tiempo la cabecita con las manos.
El chico no había agotado el capítulo de los agravios que creía haber recibido de su niñera... Siguió gorjeando que ésta no había querido darle pan.
–Hace poco tiempo que hemos comido.
–Hace mucho –respondió el niño con despecho.
–Bueno, ya te lo daré yo.
Además, la Tata no había querido contarle un cuento, ni hacer vaquitas de papel. Además, le había pinchado con un alfiler aquí. Y señalaba una manecita.
–¡Pues, es cierto! –exclamó Fresnedo viendo, en efecto, un ligero rasguño.– !Dolores, Dolores! –gritó después.
Presentóse la niñera. El amo la increpó duramente por llevar alfileres en la ropa, contra su prohibición expresa. Jesús, viendo á la Tata triste y acobardada, fué á restregarse con sus sayas, como pidiéndole perdón de haber sido causa de su disgusto.
–Bueno –dijo Fresnedo levantándose del diván y esperezándose.– Ahora nos iremos al establo y cogerás al carnero por los cuernos. ¿Quiéres, Chucho?
Chucho quiso descoyuntarse la cabeza haciendo señales de afirmación que corroboraban vivamente al de su media lengua. Pero echando al mismo tiempo una mirada tímida a su Tata y viéndola todavía seria y avergonzada, le dijo con encantadora sonrisa:
–No te enfades, boba; tú vienes también con nosotros.
Fresnedo se metió su americana de dril, se cubrió con un sombrero de paja, y tomando de la mano á su niño, bajó al jardín y de allí se trasladaron al establo. Al abrir la puerta, Chucho, que iba muy decidido, se detuvo y esperó á que su padre penetrase. Estaba obscuro. Del fondo de la cuadra salía el vaho tibio y húmedo que despide siempre el ganado. Las vacas mugieron débilmente, lo cual puso en gran sobresalto á Jesús, que se negó rotundamente á entrar bajo el pretexto especioso de que se iba á manchar los zapatos. Su padre le tomó entonces en brazos y pasó y quiso acercarle á las vacas y que les pusiese la mano en el testuz. Chucho, que no las llevaba todas consigo, confesó que á las vacas les tenía «un potito de miedo». A los carneros ya era otra cosa. A éstos declaraba que no les temía poco ni mucho; que jamás había sentido por ellos más que amor y veneración.
–Bueno, vamos á ver los carneros –dijo Fresnedo sonriendo.
Y se trasladaron al departamento de las ovejas. Allí pretendió dejarlo en el suelo; mas en cuanto puso los piececitos en él, Jesús manifestó que estaba cansadísimo y hubo que auparlo de nuevo. Acercólo su padre á un carnero y le invitó á que le tomase lo pensó con detenimiento. Avanzó un poco la mano, la retiró otra vez, volvió á avanzarla, volvió á retirarla. Por último, se decidió á manifestar á su papá que á los carneros les tenía «un potito de miedo». Pero, en cambio, dijo que á las gallinas las trataba con la mayor confianza; que en su vida le habían inspirado el más mínimo recelo, que se sentía con fuerzas para cogerlas del rabo, de las patas y hasta del pico porque eran unos animales cobardes y despreciables, al menos en su concepto. Fresnedo no tuvo inconveniente en llevarle al gallinero, que estaba en la parte trasera de la casa, fabricado con una valla de tela metálica. Allí, Chucho, con una bravura de que hay pocos ejemplos en la historia, se dirigió al gallo mayor, enorme animal de casta española, soberbio de postura y ardiente de ojo. Trató de cogerle por el rabo como había formalmente prometido, pero el grave sultán del gallinero chilló de tal horrísona manera, extendiendo las alas y dando feroces sacudidas, que el frío de la muerte penetró en el corazón de Chucho. Apresuróse á soltarlo y se agarró aterrado al cuello de su padre.
–¿Pero, hombre, no decías que no tenías miedo á las gallinas? –exclamó éste riendo.
–Tú, tú... cógelo tu, papá.
–Yo tengo miedo.
–No, tú no tienes miedo.
–¿Y tú, lo tienes?
Calló avergonzado; pero al fin confesó que á las gallinas también les tenía «un potito de miedo».
Desde allí llevóle otra vez Fresnedo al establo, y después de varios sustos y vacilaciones, logró que pusiera su manecita en el hocico de un borrego. Mas, ocurriéndole al animal sacar la lengua y paseársela por la mano, la aspereza de ella le produjo tal impresión, que no quiso ya arrimarse á ningún otro individuo de la raza vacuna. Subióle después al pajar. ¡Qué placer para Chucho! ¡Hundirse en la crujiente hierba, agarrarla y esparcirla en pequeños puñados; dejarse caer hacia atrás con los brazos abiertos! Pero aún era mayor el gozo de su padre contemplándole. Jugaron á sepultarse vivos. Fresnedo se dejaba enterrar por su hijo, que iba amontonando hierba sobre él con vigor y crueldad que nadie esperara en él. Mas, á lo mejor de la operación, su papá daba una violenta sacudida y echaba á volar toda la hierba. Y con esto el chico soltaba nuevas carcajadas, como si aquello fuese el caso más chistoso de la tierra. Sudaba una gota por todos los poros de su tierno cuerpecito; tenía los cabellos pegados á la frente y el rostro encendido. Cuando su papá trató de tomar la revancha y sepultarle á él, no pudo resistirlo. Así que se halló con hierba sobre los ojos, dióse á gritar y concluyó por llorar con verdadero sentimiento, cayéndole por las mejillas unas lágrimas que su padre se apresuró á beber con besos apasionados.
Fuente: Nervo, Amado. Lecturas literarias. París: Librería de la Vda. de C. Bouret, 1918.



Leer más...

Viernes negro


Viernes negro, expresión utilizada para designar una crisis financiera acaecida el viernes 24 de septiembre de 1869 en Estados Unidos. La crisis se debió a la actuación de dos especuladores financieros, James Fisk y Jay Gould, que pretendían colapsar el mercado de oro estadounidense. El 20 de septiembre empezaron a comprar oro en la ciudad de Nueva York; para el 24 del mismo mes tenían suficiente oro como para controlar la oferta disponible en la ciudad y elevar el precio, desde 140 hasta 163. Este rápido crecimiento del precio del oro provocó una gran confusión en la bolsa, por lo que se produjeron grandes fluctuaciones en las cotizaciones. La carrera inflacionista del oro se detuvo cuando el Secretario del Tesoro estadounidense, George Sewall Boutwell, anunció que el gobierno federal había puesto en circulación cuatro millones de dólares de sus reservas. Se calcula que Fisk y Gould lograron unos beneficios cercanos a los once millones de dólares, gracias a sus movimientos especulativos, y muchos hombres de negocios afirmaron que el pánico financiero los había arruinado.
También se ha utilizado el término “viernes negro” para aludir a la gran crisis de la Bolsa de Nueva York del viernes 19 de septiembre de 1873, que desencadenó el pánico financiero ese año.



Leer más...

Septiembre Negro


Septiembre Negro, organización terrorista palestina responsable de numerosos actos violentos perpetrados durante la década de 1970.
Las operaciones de las guerrillas palestinas se intensificaron después de la derrota sufrida por los países árabes ante Israel en la guerra de los Seis Días (1967), la tercera de las denominadas Guerras Árabe-israelíes. La formación de milicias irregulares en los países limítrofes con Israel trajo consigo una serie de represalias contra los palestinos, especialmente en Jordania, país del que las fuerzas palestinas fueron expulsadas en septiembre de 1970. Como consecuencia de este último hecho, los jordanos clausuraron todas las instituciones vinculadas a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y arrestó a los líderes de ésta que no pudieron huir. Estos acontecimientos motivaron la fundación del grupo terrorista Septiembre Negro, que se suponía que dependía de Jihaz ar-Rasd, la sección de seguridad e inteligencia de al Fatah (uno de los grupos fundamentales de la OLP).
La primera víctima de Septiembre Negro fue el primer ministro de Jordania, Wasfi Tal, al que consideraba principal responsable de la política jordana contraria a los palestinos, y que fue asesinado el 28 de noviembre de 1971 en una reunión de la Liga Árabe en El Cairo (Egipto). Pero su atentado más conocido tuvo lugar durante los Juegos Olímpicos celebrados en 1972 en la ciudad alemana de Munich, cuando uno de sus comandos secuestró a 11 deportistas israelíes: el incidente finalizó con la muerte de todos ellos (dos fueron asesinados al inicio del trágico suceso y nueve fallecieron durante la operación de rescate), así como de cinco terroristas y un policía. Israel respondió bombardeando campos de refugiados palestinos y localidades libanesas de la frontera. El atentado de Munich motivó que al Fatah condenara las operaciones de Septiembre Negro y que expulsara de su seno a los miembros relacionados con la organización terrorista. Uno de ellos, Ahmed Abdel-Gaffer, huyó a Libia y más tarde fue asesinado cuando realizaba una visita a Beirut. Otro, Sabri al-Banna (Abu Nidal), huyó a Irak y allí pasó a dirigir un grupo terrorista que operaba no sólo contra Israel y sus aliados internacionales, sino también contra el propio líder de al Fatah, Yasir Arafat. Septiembre Negro protagonizó otras muchas acciones (como la realizada en la embajada de Arabia Saudí en Jartum en 1973, en cuyo transcurso murió el embajador estadounidense), antes de su disolución, acaecida en 1974.



Leer más...

Orden del día


Orden del día o Principios de orden, cualquier fórmula definitiva creada para realizar reuniones parlamentarias u organizativas. Son los principios que proporcionan las directrices para sesiones y debates (entre los que se incluyen el nombramiento, deberes y prerrogativas de los políticos, el derecho de los diputados a ser oídos y la determinación y orden de los temas programados), para el voto formal (que engloba la elaboración de mociones) y para dejar constancia oficial de todos los asuntos tratados. Asimismo dotan de un formato ordenado a foros escolares, clubes cívicos y de otro tipo, partidos políticos y legislaturas gubernativas.



Leer más...

Día del Trabajo, origen

Primero de Mayo

Día del Trabajo, celebrado tradicionalmente el 1 de mayo en Europa, el Día del Trabajo es fiesta oficial el primer lunes de septiembre en Estados Unidos, Puerto Rico, Zona del Canal de Panamá e Islas Vírgenes.
Primero de Mayo, jornada que aúna la celebración festiva y la reivindicación obrera. Fue instituida como jornada de lucha por la Segunda Internacional, en 1889, para perpetuar la memoria de los trabajadores que fueron detenidos y ajusticiados por manifestarse en Chicago en petición de una jornada laboral de ocho horas. Desde 1890, los partidos políticos y los sindicatos integrados en la Internacional dirigieron, en casi todos los países industrializados, manifestaciones de trabajadores en petición de la jornada de ocho horas y como muestra de la fraternidad del proletariado internacional.
En España, la primera conmemoración de esta fecha tuvo lugar en Barcelona el 1 de mayo de 1890. Los anarcosindicalistas convocaron una manifestación ese día y una huelga general que no debía concluir hasta que se consiguiese la jornada de ocho horas, lo que supuso enfrentamientos con las fuerzas del orden y diversos actos terroristas. Sin embargo, en Madrid, las cosas fueron más pacíficas; los socialistas fueron los que organizaron la convocatoria, que, además, trasladaron al domingo siguiente y la jornada transcurrió sin incidentes.
Este origen reivindicativo y de lucha obrera está asociado al primero de mayo cuya celebración ha pasado por diversos avatares según el país y su régimen político. En la actualidad en casi todos los países democráticos es día festivo y los sindicatos convocan manifestaciones a la vez que realizan fiestas de hermandad. En 1954, la Iglesia católica, bajo el mandato de Pío XII, apoyó tácitamente esta jornada proletaria al declarar ese día como festividad de san José obrero.



Leer más...

Entradas populares