miércoles, 21 de agosto de 2013

Kisin


A Kisin, personaje del folclore centroamericano, se le atribuyen los terremotos que se producen en esa zona del mundo. Descubra su historia en este texto.

Kisin

En México y América Central, se conoce como Kisin a un personaje que vive en el subsuelo y es responsable de los terremotos que se producen en la superficie de la tierra.
Muy relacionado con los mitos de las mitologías maya y azteca, se cree que habita y gobierna una zona del infierno, Mictlán, donde van los espíritus de los muertos antes de pasar a su morada definitiva. Cuando el número de estas almas es muy elevado se rebelan contra Kisin tratando de escapar; este se enfada, ruge y comienza una batalla tremenda en la que los cimientos de la tierra se quiebran produciendo un terremoto; entonces los espíritus se escapan y consiguen la libertad, aunque vagarán por la superficie terrestre. A veces Kisin consigue sofocar la rebelión enviando las almas cautivas a otro lugar del infierno, y así ya se queda tranquilo durante algún tiempo, hasta que vuelva a tener su reino otra vez lleno. Cuando en la corteza terrestre se producen ligeros temblores de tierra, se deben a que Kisin ruge y vocifera para asustar a los espíritus con el fin de que no intenten rebelarse.



Leer más...

Justine


Con Justine, Lawrence Durrell inicia su tetralogía sobre la ciudad de Alejandría, en la que narra una misma historia desde el punto de vista de cuatro personajes. En este fragmento, Darley, atraído y enamorado de la enigmática Justine, lee un diario escrito por un tal Jacob Arnauti que describe a una joven judía de Alejandría con la que contrae matrimonio, viaja a Europa y termina divorciándose. Las coincidencias son tan asombrosas que Darley la confunde con Justine y no puede dejar de sustituir el nombre de la mujer de Jacob por el de su amada.

Fragmento de Justine.
De Lawrence Durrell.

”Más tarde, cuando viajamos al extranjero: en el Adlon, el polen de los reflectores cayendo sobre los bailarines españoles envueltos en el humo de miles de cigarrillos; junto a las aguas sombrías de Buda, sus lágrimas calientes goteando entre las hojas secas que pasaban flotando lentamente; cabalgando por las escuálidas planicies españolas, el silencio marcado como con huellas de viruela por los cascos de nuestros caballos; en el Mediterráneo, tendidos sobre alguna roca olvidada... No me afligían sus traiciones, pues con Justine el orgullo masculino de la posesión pasaba a ser algo secundario. Lo que me hechizaba era la ilusión de que tal vez podría llegar a saber cómo era de verdad; pero ahora veo que no era realmente una mujer sino la encarnación de la Mujer, que no admite vínculo alguno en la sociedad en que vivíamos.
’En todas partes ando al acecho de una vida que valga la pena de ser vivida. Quizá si me muriera o me volviera loca, llegaría a encauzar todos esos sentimientos que no tienen salida. El médico de quien estuve enamorada me dijo que yo era una ninfomaníaca, pero en mi placer no hay glotonería ni complacencia, Jacob. Desde ese punto de vista es un derroche completo. ¡Derroche, querido, derroche! Dices que gozo tristemente, como los puritanos. Pero aun en eso eres injusto conmigo. Gozo trágicamente, y si mis amigos médicos necesitan una palabra complicada para describir la criatura sin corazón que parezco ser, se verán forzados a admitir que lo que me falta de corazón me sobra de alma. Y ahí está la raíz del mal.’ Como se ve, no son éstas las distinciones de que suelen ser capaces las mujeres. Parecía como si a su mundo le faltara en cierto modo una dimensión, y que el amor se hubiera replegado hasta volverse una especie de idolatría. Al principio confundí esta manera de ser con un egotismo arrasador, que se consumía a sí mismo, porque Justine parecía ignorar todas las menudas reglas de lealtad que constituyen la base del afecto entre hombres y mujeres. Esto suena un tanto pomposo, pero no tiene importancia. Ahora, recordando los terrores y exaltaciones de Justine, me pregunto si yo tenía razón. Pienso en aquellos dramas tediosos, aquellas escenas en cuartos amueblados, Justine abriendo los grifos para ahogar el sonido de sus sollozos. Yendo y viniendo, con las manos apretadas bajo las axilas, murmurando algo para sí, inflamándose como un barril de pólvora a punto de estallar. Mi salud precaria, mis nervios frágiles, pero sobre todo mi sentido europeo del humor, la exasperaban en esos momentos más allá de toda medida. Si se sentía ofendida, por alguna afrenta imaginaria recibida en el curso de una cena, iba y venía como una pantera por la alfombra tendida a los pies de la cama. Si yo me quedaba dormido, se ponía furiosa y me sacudía por los hombros, gritando: ¡Levántate, Jacob! ¿No ves cómo sufro? Si me negaba a participar en el juego, era capaz de romper cualquier objeto del tocador, con tal de tener un pretexto para llamar a la criada. Cuántas veces habré visto las caras aterradas de las sirvientes en presencia de esa mujer enfurecida, con su vestido de fiesta dorado o plateado, que les decía con una cortesía espantosa: ’Hágame el favor de limpiar esa mesa. He roto no sé qué, soy tan torpe...’ Y luego se sentaba a fumar cigarrillo tras cigarrillo.
”—Sé muy bien lo que te pasa –le dije una vez–. Cada vez que me eres infiel y te devoran los remordimientos, me provocas para que yo te golpee y te absuelva así en cierto modo de tus pecados. Pues bien, querida, me niego a ser el alcahuete de tus satisfacciones. A ti te toca cargar con tus penas. Tratas de que yo te azote, pero sólo me das lástima.
”Debo reconocer que esto la dejó muy pensativa por un rato, y que sus manos se pusieron a acariciar involuntariamente la suave piel de sus piernas, que había depilado esa misma tarde...
”Pero más adelante, cuando empecé a cansarme de ella, me aburría tanto ese abuso de las emociones que terminé por insultarla y reírme de ella. Una noche la traté de judía histérica y exasperante. Estalló en esos terribles sollozos roncos, tantas veces escuchados que aún ahora su recuerdo (su riqueza, su densidad melodiosa) me hiere, y se tiró en la cama, los miembros fláccidos, sacudida por espasmos de histeria que eran como chorros brotando de una manguera.
”¿Eran tan frecuentes esas escenas o mi memoria las multiplica? Quizá sólo sucedió una vez, y los ecos me engañan. Como quiera que fuese, muchas veces me parece oír el ruido que hacía ella al destapar el frasco del somnífero y el menudo rumor de las tabletas cayendo en el vaso. Aunque estuviera medio dormido, las contaba para asegurarme de que no tomaría demasiadas. Pero todo esto sucedió mucho más tarde; al principio le pedía que viniera a mi cama, y ella obedecía sin naturalidad, de mala gana, fría. Yo estaba lo bastante loco como para creer que podría fundir ese hielo y darle la tranquilidad física sobre la cual suponía que descansaba la paz espiritual. Me equivocaba. Había allí un nudo profundo que ella hubiera querido desatar, y que era muy superior a mis posibilidades como amante y como amigo. Por supuesto. Por supuesto. Yo sabía todo lo que se podía saber en esa época sobre la psicopatología de la histeria. Pero detrás de eso había otra cosa, que creí poder descubrir. En cierto modo Justine no buscaba la vida, sino una revelación integradora que pudiera darle un sentido.
Fuente: Durrell, Lawrence. Justine. Editorial Hermes/Sudamericana, 1983.



Leer más...

Iroqueses


Las notas que Antonio de Alcedo aporta respecto a cuestiones de geografía, historia, etnología, climatología, etc. del continente americano, son de gran valor no sólo por la información fidedigna que contienen según ese momento, sino también por ofrecer la visión que sobre estas cuestiones tenía un ilustrado español de la segunda mitad del siglo XVIII.

Fragmento de Diccionario geográfico-histórico de las Indias occidentales o América.
De Antonio de Alcedo.
IROQUESES, Nacion de Indios de la América Septentrional de las mas numerosas, fuertes y poderosas, el país que habita está situado entre 41 y 44 gr. de lat. sept., y se dilata cerca de 80 leguas de Levante á Poniente, desde la boca del rio de su nombre hasta la de Richelieu y Sorel, y desde el lago del Sacramento hasta la caida del Nigara, y 40 leguas del N al Mediodia, desde el nacimiento del rio Agnies hasta el Ohio, el qual junto con la Pensilvania forma su frontera meridional; confina al Poniente con el lago Ontario, al S O con el Erié, al N con el Georgio y el rio de S. Lorenzo, y al N E con la Nueva Yorck: se dividen los Iroqueses en varios Cantones, y los principales cinco, que son Tsonantovans, Goyogoans, Ounotagues, Ounogoats y Agnies, cada uno de estos tiene un Pueblo grande formado de barracas; distan casi 30 leguas uno de otro, y la mayor parte están en la Costa meridional del lago Ontario; hablan todos el mismo idioma, y están unidos en una especie de democracia semejante á los Cantones Suizos; muchos de ellos se han convertido á la Fe Católica, y formado otros Pueblos, uno de los quales muy hermoso está una legua de Mont-real, situado al pié de una montaña, y desde allí hácia el rio en distancia de dos leguas y hay otros muchos.
Fuente: Alcedo, Antonio de. Diccionario geográfico-histórico de las Indias occidentales o América. 5 vols. Madrid: Imprenta de Benito Cano, 1786-1789.



Leer más...

Invocación


Camões debe su fama universal a Los Lusiadas, poema épico que narra la expansión de Portugal en el mundo sin desdeñar las tradiciones legendarias del país ni los personajes míticos. El relato describe la grandiosidad de la gesta de un pueblo con sencillez.

Fragmento de Los Lusiadas.
De Luís de Camões.
Invocación.
Canto I, I.
Las armas y varones señalados
que, de occidental playa lusitana,
por mares hasta entonces no surcados
pasaron más allá de Taprobana;
y en peligros y guerras esforzados,
más de lo que permite fuerza humana,
entre lejanos pueblos erigieran
nuevo reino que tanto esclarecieran;
Y también las memorias gloriosas
de esos reyes que fe, que imperio fueron
dilatando en las tierras criminosas,
que en África y en Asia destruyeron;
y á aquellos que por obras valerosas
de la ley de la muerte se eximieron; –
cantando anunciaré por toda parte,
si tanto es dado al numen, tanto al arte.
Callen del sabio heleno y del troyano
las grandes sendas que en la mar surcaran;
no hablen ni de Alejandro ni Trajano
la fama y las victorias, que alcanzaran;
que canto el pecho ilustre lusitano;
á quien Neptuno y Marte se doblaran.
Calle cuanto la Musa antigua canta;
que otro valor más alto se levanta.
Y vos, tagides ninfas, pues creado
habéis en mí un nuevo ingenio ardiente–
si siempre en verso humilde celebrado
por mí fué vuestro río alegremente–;
dadme hora un son más alto, levantado,
un estilo grandilocuo, valiente,
porque de vuestras aguas Febo ordene
que dejen de envidiar las de Hipocrene.
Y vos, oh prenda cierta encantadora
de la libertad vieja lusitana;
prenda no menos cierta, halagadora
de creces á la corta grey cristiana;
vos, oh nuevo temor del asta mora,
de esta edad maravilla triste arcana,
dado al mundo por Dios, que rige todo,
para ensalzarse en él por grande modo.
Vos, oh tierno renuevo floreciente
de una raíz de Cristo más amada
que ninguna nacida en occidente,
cesárea, ó cristianísima llamada,
miradlo en vuestro escudo, que presente
os muestra la victoria ya ganada
en la que os dió por armas; que os dejara
las que en la cruz él para sí tomara.
Vos, poderoso rey, cuyo alto imperio
es el que ve primero el sol naciente;
lo mira en la mitad del hemisferio;
contémplalo postrero el sol poniente:
vos, que esperamos yugo y vituperio
seréis de la agarena torpe gente,
y del turco oriental, y del pagano
que la onda sacra bebe al río indiano:
Deponed un momento la grandeza:–
si me lucís afable, yo os contemplo;
que ya brilláis, cual si en viril firmeza;
en la que iréis grande al eterno templo.
Los ojos de la real benigna alteza
bajad acá: veréis un nuevo ejemplo
de amor á patrios hechos valerosos,
en versos celebrado numerosos.
Veréis el amor patrio, no movido
de premio vil, sino alto y casi eterno;
que no es vil galardón ser conocido
como un heraldo de mi hogar paterno.
Oid: veréis el nombre engrandecido
de aquellos de quien sois señor superno;
y juzgaréis cuál es más excelente:
si ser del mundo rey, ó de tal gente.
Oid: que no veréis vanas hazañas,
fantásticas, fingidas, mentirosas,
de los vuestros loar; cual las extrañas
musas, de sublimarse deseosas.
Las vuestras verdaderas son tamañas
que exceden las sobadas, fabulosas;
á Rodamante, á Roger vano exceden,
y á Roldán; –si negarse éstos no pueden.
Por ellos os daré yo un Nuño fiero,
del soberano y reino gran subsidio;
un Egas y un Don Fúas; que de Homero
la cítara, para ellos, siempre envidio.
De Magrizo y los Doce ya os refiero
cuál fué contra Doce anglos su presidio.
Dígoos también á aquel ilustre Gama,
quien de Eneas conquístase la fama.
Ve á Carlomagno y César: los alcanza
aquí algún rey en ínclita memoria.
Mira al primer Alfonso, cuya lanza
obscurece á cualquier extraña gloria.
Á aquel contempla que su reino afianza
con una grande y próspera victoria.
Ve al otro Juan, invicto caballero,
y al cuarto y quinto Alfonsos y al tercero.
Ni dejará mi verso preteridos
á aquellos que en las tierras de la aurora
hicieron, por su brazo enaltecidos,
vuestra bandera siempre vencedora:
un Pacheco indomable y los temidos
Almeidas, á quien siempre el Tajo llora;
Albuquerque terrible, Castro fuerte
y otros á quien no pudo hundir la muerte.
Fuente: Jünemann, Guillermo. Antología universal. Friburgo: Herder, 1910.



Leer más...

Humedales


Las zonas pantanosas, marismas y turberas, conocidas con el nombre colectivo de humedales, son ecosistemas en la frontera entre agua y tierra. Independientemente de su vegetación, cada humedal se encuentra sobre un sustrato que está saturado de agua, al menos parte del año. Los humedales se encuentran en todos los tipos de regiones de vegetación natural, aunque la mayor parte de ellos son demasiado pequeños para estar representados en los mapas a pequeña escala.
Los pantanos y zonas pantanosas son áreas de vegetación inundadas. Las zonas pantanosas de agua dulce pueden situarse en las orillas de un río o en las llanuras de inundación. Otras pueden encontrarse en los márgenes de lagos o en depresiones cenagosas. Son ejemplos de grandes zonas pantanosas las selvas anegadas várzea e igapó en la Amazonía; los pantanos de Okefenokee Swamp y Big Cypress Swamp y las tierras bajas del río Mississippi en los Estados Unidos; y los pantanos de la cuenca del Congo y del curso medio del Nilo en África. En Europa, las principales zonas pantanosas son las de las desembocaduras de los ríos Danubio, Ródano, Po y Ebro.
Los manglares son el tipo de vegetación de las desembocaduras de los ríos o de las zonas costeras, de forma que el agua que inunda las raíces (y, en ocasiones, los troncos y las copas) de los árboles con la subida de la marea es salobre o salada. Las especies que crecen en los manglares pertenecen a diferentes familias, pero todas ellas están adaptadas a este medio. Los manglares son muy frecuentes en las zonas tropicales y ecuatoriales. Un manglar importante es el que se desarrolla en la región de Sundarbans de Bangladesh, donde el río Ganges desemboca en el Golfo de Bengala. Otros manglares importantes se encuentran en Filipinas, Isla de Nueva Guinea y Belice. En la desembocadura del Níger, en el Golfo de Guinea, el manglar ocupa más de 10.000 km².
En las marismas la vegetación dominante es herbácea. Las marismas de agua dulce bordean las márgenes de numerosos lagos y corrientes de agua, y pueden formarse en cualquier depresión poco profunda en que se acumule agua. En una marisma las hojas y brotes de las plantas se mantienen por encima de la superficie del agua. Las marismas pueden estar cubiertas de agua todo el año o ser estacionales. La región de As Sudd, al sur de Sudán es una marisma inmensa, y también lo son las del Delta del Okavango en Botsuana, los llanos de Venezuela, los pantanales de Brasil, Bolivia y Paraguay y The Everglades al sur de Florida en los Estados Unidos. En las Grandes Llanuras del norte en Canadá y los Estados Unidos hay numerosas depresiones en cuyas marismas anidan la mayor parte de los patos del continente.
Las marismas pueden desarrollarse en agua salobre o salada, al igual que los pantanos. Las marismas saladas de la zona templada son de los ecosistemas más productivos de la Tierra. Desempeñan un papel importante en las cadenas alimentarias de las áreas costeras; muchos de los peces y moluscos se reproducen en las marismas. Casi todas las marismas saladas se encuentran junto a las costas, pero algunas se forman tierra adentro, especialmente en zonas desérticas. Las marismas de The Wash, al este de Inglaterra, la Camarga al sur de Francia y el Parque nacional de Doñana al suroeste de España son extensas marismas, al igual que las de la Bahía de Chesapeake en los Estados Unidos.
Las turberas son humedales en los que se desarrolla la turba, restos parcialmente descompuestos de musgo y otras plantas. Por el contrario, los suelos sobre los que se forman las zonas pantanosas y las marismas se componen de minerales con una mayor o menor proporción de humus orgánico mezclado. Los humedales desarrollados sobre turba son especialmente frecuentes en las frías y húmedas regiones boreales con un alto nivel freático y drenaje insuficiente. En las turberas, el género Sphagnum y otras especies de musgo son la vegetación dominante. Como las turberas están anegadas por el agua, principalmente procedente de la lluvia, son por lo general áreas poco fértiles por lo que algunas plantas completan su dieta atrapando y digiriendo insectos. Los pantanos, con sus juncos, hierbas y arbustos, se mantienen húmedos mediante filtraciones del agua subterránea, corrientes de agua y manantiales y son más fértiles que las turberas. En la región de brezales de la costa atlántica de las Islas Británicas y de Escandinavia, se desarrollan turberas bajas pero no pueden compararse en extensión con las vastas turberas del oeste de Siberia.
Los humedales son un estadio intermedio entre tierra firme y agua en los que su aspecto puede variar radicalmente de una estación a otra, por lo que no son fáciles de clasificar.
Sobre todo en los países industrializados, los humedales se han considerado históricamente un obstáculo para el desarrollo, y en muchos casos se han desecado y colmatado para su posterior explotación. En la actualidad se aprecia cada vez más el enorme valor de los humedales, que proporcionan un control natural sobre las inundaciones y constituyen el hábitat de peces y de fauna y flora variada.



Leer más...

Homilía


Padre de la Iglesia oriental y genio de la elocuencia cristiana, san Juan Crisóstomo predicaba todos los días ante una audiencia que quedaba extasiada por el poder de su palabra. Esta homilía es uno de sus más bellos triunfos.

Fragmento de La homilía por Eutropio.
De san Juan Crisóstomo.
I.
Siempre, sobre todo ahora, oportuno es decir: «Vanidad de vanidades; todo, vanidad.» ¿Dónde están ahora las brillantes vestimentas consulares? ¿Dónde las esplendorosas antorchas? ¿Dónde los aplausos, y las danzas, y los festines, y las fiestas, y las coronas y los cortinajes? ¿Dónde el estrépito de la ciudad y las aclamaciones del hipódromo y las adulaciones de los espectadores del teatro? Todo eso se fué: sopló súbito el viento; derribó el follaje; mostrónos desnudo el árbol, sacudido, hasta las raíces mismas, lo que de él queda. Tan recia fue la ráfaga del viento, que amenazó arrancarlo de cuajo y trastornar hasta sus fibras. ¿Dónde están ahora los improvisados amigos? ¿Dónde el beber y banquetear? ¿Dónde el enjambre de parásitos, y el beber vinos generosos todo el día, y las mil artes de los marmitones, y el obrar y hablar siempre complacientes de los esclavos del poder? Noche era todo aquello y sueño: nació el día, y se desvaneció. Flor era primaveral: pasó la estación: la flor se marchitó. Sombra era, y voló: humo era, y disipóse: pompas eran de agua, y deshiciéronse: tela era de araña, y se rompió. He aquí por qué no nos cansaremos de proclamar la citada sentencia del Espíritu Santo: «Vanidad de vanidades; todo, vanidad.» Ella en muros, vestiduras, plazas, hogares, vías, puertas, vestíbulos, y sobre todo en la conciencia de cada cual indeleblemente escribirse debe y meditarse sin cesar. Desde que la conducta fraudulenta, el antifaz, la hipocresía parecen ser para muchos verdad, precisa que todos los días, al comer, al cenar, al platicar, repita cada uno esta frase á su vecino y se la oiga repetir; porque «Vanidad de vanidades, y todo, vanidad».
Fuente: Jünemann, Guillermo. Antología universal. Friburgo: Herder, 1910.



Leer más...

Hedonismo



Vivió lleno de honores a la sombra del tirano Polícrates, en Samos, y fue acogido por Hiparco en Atenas. Su género lírico y risueño es un canto a la belleza y al hedonismo.

“A la rosa”
De Anacreonte.
En la primavera hermosa,
de sus flores coronada,
á la rosa delicada
y al amor quiero cantar.
Que ella es hálito de dioses,
de los hombres gozo es ella,
de la flor de gracias bella
es la placentera estrella;
es joyel de los amores
florecientes con mil flores;
es de Venus el joyel.
Y del canto es el encanto,
de las musas hija y prez;
dulce hasta al que ha comprobado
de sus hojas las espinas;
dulce al que las manos finas
imprudente se ha clavado
al coger la flor de Amor.
Á la Aurora dedi-rósea,
braci-róseas á las ninfas,
á Afrodite de piel rósea
nombra el hombre de saber;
rosa al indocto es placer.
¿Qué las mesas convivales,
dionisíaca alegría
sin la rosa qué sería?
Al enfermo alivio da;
á los muertos brinda amparo;
á las horas desafía,
su vejez es alegría
y fragancia juvenil.
Contemos de dó nació.
Cuando de la mar cerúlea
fué entre espumas engendrada
Venus, la del mar rociada;
cuando de su testa Jove
brotó á Palas belicosa;
entonces también brotó
tierra el vástago admirando
de la rosa tierno y blando:
peregrina creación,
al dios venturoso símil.
Al nacer la rosa, Baco,
humectándola con néctar,
crióla de entre las espinas,
la hizo flor inmarcesible,
la hizo eterna florecer.
Fuente: Jünemann, Guillermo. Antología universal. Friburgo: Herder, 1910.



Leer más...

Hada


Las hadas son seres fantásticos presentes en la literatura popular universal desde la antigüedad. Descubra el mundo fascinante de estos personajes en el siguiente texto.
Hada
Según la tradición popular, el hada es un ser fantástico e inmortal, normalmente con aspecto humano, que vive en el imaginario país de las maravillas y que, con ayuda de la magia, interviene en los asuntos de los seres mortales; en el reino de las hadas viven también geniecillos, gnomos, elfos, trolls, enanos, brujas, magos, genios, silfos, ondinas y ninfas.
La creencia en las hadas es algo constante en todos los países y procede de antiguas tradiciones. El origen parece estar en la Italia de la antigua Roma (véase Mitología romana), donde ellas determinaban el destino, igual que las Parcas, y estaban dotadas de poderes proféticos. Las fatae acompañaron a la soldadesca romana en todas sus campañas, de ahí que se asentaran, y su nombre evolucionara, en todos los lugares donde estuvo el Imperio. Así, pues, el término latino fata dio: en español, hada; en francés, fée; en alemán, fee, y en inglés, fairy. Las hadas no pasaron a Grecia porque ya estaban instaladas las dríades y las ninfas, pero sí fueron a toda América en compañía de los colonos y los soldados. Son criaturas similares a las hadas las apsaras y los gandharvas, de la mitología hindú, y Hator, de la mitología egipcia.
Naturaleza de las hadas
La función primitiva de las hadas era aparecer en la casa donde iba a tener lugar un nacimiento para proteger a la parturienta y regalar un don al recién nacido, pero si no recibían un trato amable, se ofendían y entonces maldecían a la familia. Con el paso del tiempo fueron interviniendo cada vez más en los asuntos humanos.
Las hadas son seres femeninos y su tamaño varía. Los animales pueden verlas pero los humanos no, excepto en la Noche de San Juan, si hay luna llena, y entonces se las puede ver bailando; en el caso de que estas sobrenaturales criaturas sorprendan a un humano mirándolas, pueden hechizarlo. Sin embargo, cuando ellas lo desean, utilizan su glamour (cualidad innata y exclusiva de las hadas que les permite cambiar de aspecto, cautivar a los mortales y conceder dones) para dejarse ver. Son muy curiosas, sensibles y se enfadan con facilidad, por lo que hay que tratarlas con mucho tacto y delicadeza. No hay hadas malas y buenas, sino que cambian de carácter, como todo el mundo, aunque, en general, son amables, simpáticas y muy divertidas. Su mayor maldad es robar a un niño recién nacido de su cuna y reemplazarlo por otro o dejar en su lugar alguna muestra de que han sido ellas; esto lo hacen cuando creen que han recibido un agravio, dada su sensibilidad.
Hay hadas que viven solas, y otras gregarias que lo hacen en una comunidad dirigida por la reina. La sociedad total de las hadas está regida por la reina suprema, Titania, estricta, justa y bellísima, y el príncipe Oberón, compasivo, pendenciero y muy enamoradizo; como se trata de una sociedad matriarcal, Oberón es un príncipe consorte.
Las hadas en la literatura
La literatura tradicional y la de autor se han ocupado ampliamente de las hadas y a muchos de estos libros se debe el amplio conocimiento que hoy se tiene de ellas. Hay un género literario dedicado exclusivamente a este asunto, como son los cuentos de hadas, y también la literatura infantil y juvenil les concede una gran importancia. Así se conoce incluso el nombre de muchas hadas, como Morgana, por la Leyenda del rey Arturo; Melusina, por Historia de la linda Melusina, de Jean d’Arras; Campanilla, por Peter Pan, de J. M. Barrie; o Hada Azul, por Pinocho, de Carlo Collodi. Titania viene descrita tanto en Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare, como en La reina de las hadas, de Edmund Spenser. Libros importantes que tratan de las hadas son Comus, de John Milton; Cuentos de mamá Oca, de Charles Perrault; Cuentos para la infancia y el hogar, de los hermanos Grimm, y Los Cuentos y Ondina, de E. T. A. Hoffmann, entre otros.



Leer más...

Golem


En las historias legendarias judías, el golem es un objeto de barro que cobra vida. Descubra su origen, así como su presencia en la literatura de todos los tiempos.
Golem
En la leyenda judía, el golem es una estatua de barro a la que se da vida por medio de una fórmula mágica, adoptando con frecuencia el aspecto de un robot o autómata. Su nombre significa embrión, o algo que no está totalmente desarrollado. En la Biblia (véase Sal. 139,16) y en el Talmud, el término se refiere a una sustancia amorfa. El significado actual se desarrolló durante la edad media, cuando surgieron las leyendas de sabios que podían infundir la vida en las estatuas gracias a un encantamiento. Se recurría a estas criaturas para que cumplieran las órdenes de sus creadores, que generalmente las hacían para proporcionar una protección especial a los judíos. La más conocida de las historias del golem es la del rabino Juda Löw (1525?-1609) de Praga, del cual se decía que había creado un golem para usarlo como su sirviente, pero se vio obligado a destruirlo cuando se volvió incontrolable. Sobre esta historia escribió un hermoso cuento Isaac B. Singer: El golem.



Leer más...

Ginebra


Conozca quién fue Ginebra, personaje destacado en las leyendas del ciclo artúrico.
Ginebra
Ginebra (Gwenhwyfar en galés) es la esposa del semilegendario rey Arturo de Bretaña. En Historia regum Britanniae (Historia de los reyes de Bretaña), ciclo de romances artúricos del siglo XII del cronista inglés Godofredo de Monmouth, aparece como Gwanhumara, una hermosa mujer que toma los hábitos tras la derrota del rey Arturo por Mordred. En su romance del siglo XII, Lancelote en prosa o El caballero de la carreta, el poeta francés Chrétien de Troyes presenta la historia del trágico amor entre Ginebra y el caballero Lancelot du Lac. Véase también Leyenda del rey Arturo.



Leer más...

Catorce puntos de Wilson


Catorce puntos de Wilson, nombre dado a las propuestas hechas por el presidente estadounidense Woodrow Wilson, cuyo objetivo eran sentar las bases de una paz justa y duradera tras la I Guerra Mundial. El idealismo expresado en dichas propuestas gozó de gran apoyo y proporcionó a Wilson una posición de liderazgo moral en la Conferencia de Paz celebrada en Versalles. Sin embargo, al terminar la guerra, los aliados europeos se opusieron a algunos de los puntos, y el intento de puesta en práctica de los 14 dio lugar a un sistema multilateral de acuerdos secretos entre los vencedores. Para lograr el apoyo necesario para su punto 14º, el más importante de todos, en el que se requería la creación de una unión general de naciones, Wilson se vio obligado a renunciar a la aprobación del conjunto de su programa. El punto 14º de Wilson se materializó en la llamada Sociedad de Naciones, que fue el resultado de la Conferencia de Paz de París (1919).
En resumen, los 14 puntos fueron los siguientes: 1) la abolición de la diplomacia secreta mediante la firma de convenios abiertos, que debían alcanzarse públicamente; 2) la libertad de navegación fuera de las propias aguas territoriales, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra, salvo en el caso de limitación parcial o total para exigir el cumplimiento de los convenios internacionales; 3) la supresión de las barreras comerciales internacionales, allí donde fuera posible, y el establecimiento de un régimen de igualdad en las relaciones comerciales de las naciones defensoras de la paz; 4) una reducción del armamento al mínimo necesario para la seguridad interior de cada estado; 5) renuncia a las pretensiones coloniales y resolución de las disputas de acuerdo con los intereses del gobierno dirigente y de la población colonial; 6) la evacuación del territorio ruso, con la garantía de autonomía; 7) evacuación y restauración de Bélgica; 8) evacuación y restauración de Francia, incluyendo Alsacia y Lorena; 9) el reajuste de las fronteras italianas, de acuerdo con líneas de nacionalidad claramente reconocibles; 10) la autonomía para las nacionalidades existentes en Austria-Hungría; 11) evacuación de Serbia, Montenegro y Rumania, garantizando acceso libre y seguro al mar a Serbia, y protección internacional a las pretensiones nacionalistas de los estados balcánicos; 12) independencia de los pueblos no turcos del Imperio otomano, e internacionalización del estrecho de los Dardanelos; 13) creación de un estado polaco independiente, con acceso al mar, y 14) la creación de una sociedad general de naciones, según unos convenios específicos dirigidos a proporcionar garantías mutuas de independencia política e integridad territorial.



Leer más...

Entradas populares