martes, 29 de septiembre de 2015

Cuento, leyenda de la dama de blanco


Voy a contarles la experiencia paranormal  que tuve hace algunos años; experiencia que me ha llevado a creer en las cosas inexplicables  que no tienen una razón científica, por tal causa, los hombres de ciencia, simplemente las ignoran,   argumentando  que son simples casualidades, visiones  o invenciones de la gente.
Cuando cumplía quince años,  me encontraba esperando el autobús  que me llevaría de regreso a casa;  me entretenía jugando un cubo de rubik, junto a una banqueta,  cuando algo llamó poderosamente mi atención, cosa  que me sacó de la concentración de armar el rompecabezas; era una mujer de mirada intensa, que me sonreía, curiosamente  vestía de blanco,  un largo vestido que en otras circunstancias me hubieran movido a la burla;  pero extrañamente me  llamó por mi nombre con  un gesto amistoso. —¡Ven conmigo! —Me dijo dulcemente—. ¡No temas, yo te protegeré!

Siempre me han educado sobre los peligros que entrañan las calles, sobretodo, nunca hablar con desconocido. Pero la mujer de blanco me infundía confianza y  me acerqué a ella vacilante.
La miraba directamente sin quitarle la vista, sus ojos azules y tranquilos   me llamaron la atención, me pareció una buena mujer, aunque algo triste, estaba a punto de preguntarle, inquirirle sobre quien era y qué quería. En ese momento escuché un estruendo espantoso, en el lugar donde había estado jugando mi cubo de rubik, un automóvil se estrelló aparatosamente; me quedé estático por un momento, antes de correr a buscar un refugio, después   todo fue conmoción, gritos y llanto; la gente pedía ayuda para los heridos, que se miraban espantosos entre los fierros retorcidos. Las ambulancias llegaron, aumentando el desconcierto, entre la gente que se arremolinaba curiosa;  en ese momento busqué a mi salvadora, la busqué sin poder encontrarla.
Llegue a mi casa, mis padres inmediatamente se dieron cuenta que algo ocurría, mi semblante aterrado, amarillo y desencajado no dejaba ninguna duda. Caí enferma de calentura;  en ese momento les conté, casi con balbuceos lo del accidente; pero al otro día, cuando estaba más recuperada, hablé con mi madre sobre el  caso, contándole cada detalle, en especial, sobre la mujer de blanco y  sus facciones algo tristes.
Mi mamá se quedó mirándome, vi que algo ocurría, lo supe por su cara de turbación. Fue directo a un cajón, buscó por varios minutos, hasta  sacar del fondo un gran sobre, de allí se puso a mirar varias fotografías, de entre todas ellas extrajo una foto, que me mostró.
Allí estaba la mujer de blanco, exactamente como la recuerdo llamarme por mi nombre para que me acercara, cosa que salvó mi vida. —¡Es tu tía! Murió en un accidente de autos, el día en que se iba a casar; era la mayor  de las hermanas de tu padre.

Antes de ocurrirme este extraño y fortuito caso, yo me burlaba de la ignorancia de la gente que cree en fantasmas o aparecidos

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