jueves, 13 de agosto de 2015

El papalote gigante



El papalote gigante.
Pedro apenas cumplía  los seis años  y ya tenía fama de ser el mejor  construyendo papalotes. Los construía de todos los tamaños y colores que se le ocurrían; niños de calles vecinos, de otras colonias y de otros pueblos iban en su busca para que les construyera un bonito cometa.
Pedro construía estrellas, soles, aviones, culebrinas, cocoles, tiburones  y cuanta forma se ocurriera en su   hechura. Igualmente los forraba de distintos materiales, desde papel de china multicolor, hasta de grandes hojas de plástico.
Sus papalotes, eran los  mejores de la comarca, perfectos y equilibrados, volaban a la menor brisa del viento; algunos muchachos los armaban de filosas navajas que relampagueaban en el aire. Estos cometas se construían de varillas de otate, muy ligeras y resistente, tan elaborados que su construcción necesitaba de 10 largas varillas, bastante papel, engrudo y paciencia; una larga cola, fabricada de cordel trenzado y pitas de tela. En la cola iban las navajas, muy filosas; en el aire, a gran altura, se sostenían cruentos combates; los mejores papalotes, cabeceaban de un lado a otro, sacudiendo la cola , filosamente armada, cuando el papalote era maniobrado con habilidad, la cola daba un chicotazo contra la cuerda y la cortaba, el papalote empezaba  a caer, primero se deslizaba suavemente, después giraba y giraba  hasta perderse en la lejanía; los muchachos iban tras del papalote, atravesando los cerros lo perseguían  en su caída; a veces se perdían para siempre, quedando en los grandes árboles, otras veces, localizado por el enemigo, era destrozado.
Pedro y su papalote resultaban rivales   imbatibles, sus pequeñas manos, tenían tal agilidad al jalar la  cuerda que  sus papalotes obedecían dócilmente  a sus órdenes. No resultaba raro  que siempre ganara, que cortara las cuerdas de los enemigos que osaran enfrentarlo.
Un buen día, Pedro papalote, como le llamaba la gente, anunció que volaría un gran papalote, lo llevó al campo de vuelo y esperó la llegada del viento; el papalote era enorme y lleno de colorido, a la menor corriente de viento se hinchaba  y amenazaba con elevarse.
Los cordeles,  los había atado a sus  manos, Pedro papalote, como buen inventor, fabrico un par de muñequeras de cuero  que ató firmemente a sus manos: —¡No se irá sin mí —dijo misterioso.
Y efectivamente, cuando el papalote hinchó su vientre,  y el viento lo cogió para llevarlo a las alturas; se vio, que pedro papalote, a pesar de su habilidad y don de mando con estos artefactos; en esta ocasión se había extralimitado, al construir una bestia indomable.

Pedro papalote estaba bien plantado domándolo,  en las alturas  el monstruo cabeceaba y rugía  furioso,  mas no pudo más, sus pies se separaron de la tierra, a la vista y el espanto de todos; Pedro papalote no se asustó, les gritaba a todos que no se preocuparan, que iría hasta donde lo llevara  el cometa, dijo que volvería pronto, así lo escucharon en la lejanía. Muchos muchachos lo siguieron, esperanzados de que en el cerro, se atascara en algún árbol. Pero no fue así, el papalote de Pedro, seguía y seguía ganando altura, yendo más allá de las montañas.
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