viernes, 4 de marzo de 2016

La leyenda del puente de la muerte


 Por el puente pasaron millones de vehículos,  día tras día, y en las noches sin descansos los motores rugían y el  gran peso de los transportes pesados hacía trepidar la estructura del  gran puente de concreto que cruzaba el río.
Fue construido a principio de la década de los cincuenta,  ingenieros, técnicos y cientos de trabajadores  laboraron afanosos durante tres años.

El resultado fue un hermoso puente, muy resistente a las crecidas del río y al paso de los grandes vehículos; era el único paso a la costa y la única carretera que comunicaba  una parte del  estado con la otra.

Había historias y habladurías sobre la construcción del puente, trabajadores desaparecidos, sobretodo los que abusaban del  alcohol  y vivían sin familia en el pueblo.   La leyenda  en torno al puente tuvo resonancia los primeros años, luego quedó en el olvido.

El ingeniero encargado de la construcción, era un argentino  de aspecto misterioso, dado al ocultismo  y la magia negra, aprendida en  sus frecuentes viajes a Haití y Cuba. Dicen las malas lenguas, enteradas del caso, que el ingeniero Alejo Ledezma, que  así se llamaba el hombre, ordenó el sacrificio de diez trabajadores, a  los que primero se les embriagó, para después  pasar a formar parte de la estructura del concreto del puente.

Hombres de toda su confianza, depositaron  en cada muro del puente, a  un pobre  fulano, el caso es que necesitaba estar vivo, para que  surtiera efecto  la ceremonia. Al terminar la construcción del puente, se habían sacrificado diez individuos que desaparecieron misteriosamente, cosa que no le importó a nadie,  ya que no eran de la localidad.

Durante las grandes crecidas, cuando el río empujaba con furia  los muros del puente, la gente decía que de entre el murmullo del  viento se escuchaban furiosas voces  que exhortaban a resistir los embates de la corriente.
“¡Agárrense  con fuerza compadres que nos lleva la chingada!”, así decía  la conseja popular sobre las voces del puente.
Con el paso de los años  el mito del puente quedó totalmente  en el olvido, hasta 60 años después, cuando azotó la peor tormenta que se tenga historia en el país.  Los indestructibles muros del puente cedieron y se derrumbaron  ante el furioso empuje del rio.

Se interrumpió el  paso vehicular, hubo desabasto y el presidente de la república, acompañado por  el gobernador y otros funcionarios  se presentó a prometer  la pronta construcción de otro puente, mucho más resistente y moderno.

Y por increíble que parezca, el presidente  cumplió, llegaron cientos de trabajadores y maquinaria pesada. ¡Y cuál fue la sorpresa de los encargados de la obra!, al encontrar  los cadáveres   de 20 hombres dentro del viejo concreto.  En cada muro se encontraron los despojos como momias apergaminadas. Nunca se sabría la identidad de los hombres sacrificados y, tampoco nunca se castigaría a los culpables.

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