martes, 7 de junio de 2016

La leyenda de la mujer lengua chismosa.



Vivía al final de la calle, en una casa bien cuidada y bastante limpia; siempre se le veía barriendo,  limpiando o fregando; eso sí,  era muy  famosa por meterse en asuntos ajenos; si querías saber un chisme, bastaba con visitar a la mujer del final de la calle.

Conocía todos  los secretos del pueblo y,  los que no los inventaba; de su lengua y dichos dependía la honra y la decencia de las mujeres honestas y deshonestas del lugar.
Las mujeres chismosas  la frecuentaban para alimentarla de chismes, procuraban pasar cuando barría el patio y saludándose hipócritamente  empezaban a verter  tantas calumnias que nadie se salvaba, en especial las castas y decentes a quienes llamaban  “moscas muertas”, ofrecidas y demás calificativos que los chismosos suelen poner a las personas sin motivo alguno.
Se sabía de matrimonios separados por causa de Martha, que tal  era el nombre de la mujer; incluso se sospechaba que por causa suya, Epigmenio hirió gravemente a su mujer. Lo cierto es que la mujer disfrutaba enormemente decir cosas de los demás, era una sensación que la colmaba de satisfacción, sobretodo, si la calumniada era joven y modosita.
Resulta que una bella joven, al cumplir los dieciséis, se puso tan hermosa y radiante, que la chismosa del pueblo no lo soportó; le agarró tal encono que empezó a  señalarla y calumniarla: ¡creída, ni que estuviera tan bonita para darse tanta ínfula, se me hace que ya no es señorita, esas son las peorcitas! Y todo cuanto su lengua,  e infamia le permitierá, que ya de por sí era mucha.
Decidida a destruirla y, con la experiencia ganada en toda una vida de hablar mal de amigos y vecinos, le inventó una desgraciada historia.
En el mercado, la iglesia, en la escuela, en las calles, empezó a destruir el buen nombre de la bonita muchacha; quien dueña de una belleza indiscutible, tenía un espíritu frágil. Ella se dio  cuenta que la gente murmuraba a sus espaldas en la calle, que sus amigas dejaban de hablarle y ya no la invitaban a sus casas; que en la escuela la señalaban y en la iglesia se apartaban de ella. Su madre lloraba y sus familiares la veían con tristeza.

Pronto supo que la despreciaban porque vendía su cuerpo a los viejos del pueblo, algunos de ellos horribles y sin dignidad de hombre, aseguraron haberla tenido entre sus brazos; aun cuando la jovencita era virgen y nunca, nunca siquiera, había recibido un beso en la boca.

Muy temprano  la encontraron colgada, se suicidó al no soportar la maldad de la gente.
Martha la mujer chismosa del pueblo cayó enferma, como si Dios la castigara por su maldad; la lengua le creció y engordó en la boca, de tal manera que no la dejaba hablar. A los siete días, la lengua era tan horrorosa y grande  que colgaba monstruosa hasta la barbilla y siguió creciendo, espantando a quienes la veían; al verla las mujeres se santiguaban y decían: La castigo Dios por chismosa.

En cosa de un mes, la lengua de Martha se arrastraba por el pecho, las moscas la castigaban y en sus ojos se veía la gran  desesperación y el sufrimiento que padecía.
Martha vivió varios años, sufriendo su enorme lengua y sin volver jamás a decir palabra alguna.

¿Ustedes creen, que Martha la chismosa merecía lo que le pasó? ¿Usted que opina?

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