sábado, 30 de julio de 2016

La leyenda del perro milagroso





En diversas ocasiones, hemos escuchado o leído sobre hechos
sobrenaturales, acontecimientos que narran 
el milagro realizado por una divinidad; 
a través de un santo vivo o muerto, una reliquia, una imagen o  una oración o pedimento realizado  con mucha fe.

El mundo está lleno de milagros, la historia  y la literatura lo testifican, la iglesia lo
exalta, santificando a quienes se atribuyen la realización de estos hechos
milagrosos.
Todos hemos escuchado de boca de familiares o amigos: es un
santo milagroso, lo pidió con mucho fervor y le concedieron el milagro, hizo
una manda por un favor divino recibido. Estas expresiones y muchas no parecen
más interesantes, cuando la necesidad y la fe nos  mueve a pedir 
el favor de la intervención divina para curar una mala enfermedad, un
hijo descarriado, un problema de dinero y muchas cosas más que la gente le pide
a los santos y al  mismo Dios para salir
de los apuros que la vida suele poner en el camino de los hombres.
Esta es la extraña historia de milagros, ocurrida en un
pequeño pueblo  habitado por personas
creyentes  y respetuosas de la palabra de
Dios. En esta localidad se dieron hechos milagrosos, comprobados por la misma
iglesia romana y un centenar de personas que dieron fe  y juraron tener conocimiento de los milagros.
Estos hechos, no los realizó una estampa milagrosa o un Santo Cristo, estos
milagros fueron realizados por un perro, un peludo perro, andrajoso y sin dueño
que vagaba  por las calles, lleno de las
heridas y lastimaduras causadas por las personas que lo ahuyentaban
violentamente.
Un perro sin nombre, al que pronto bautizaron con el mote del
“Perro Milagroso”.  La historia comienza
una mañana de  un domingo de ramos,
cuando el perro se aproxima a un hombre ciego echado en el piso y pidiendo
limosna. El perro lamio y lamio  los ojos
lagañosos y sin luz y el hombre recuperó la vista, entre gritos de aleluya y
cantando el milagroso hecho.

No pasaba una semana, cuando el perro de los milagros volvió
a dar de que hablar. Un borracho había sido atropellado, lanzado por los aires,
el pobre hombre cayó cuan largo era, echando sangre por nariz y boca. Ya no se
movía y la gente lo daba por muerto, pero el perro llegó, quién sabe de dónde y
lamiendo la sangre que no lo dejaba resollar, lo hizo dar un tremendo suspiro,
el hombre se sentó, miró extrañado para todos lados y se marchó como si nada
hubiera pasado, eso sí, dando algunos traspiés de la guarapeta  que agarró en tres días de beber mezcal.

El tercer milagro perruno causó conmoción, estremeciendo a
toda la región.  El cortejo fúnebre,
cargaba  a  doña  
Canuta a su última morada, caía llovizna y el sepelio se antojaba
triste, doña Canuta nunca se había casado, por lo tanto no tenía hijos  y sus pocos familiares, esperaban su muerte
ansiosamente para heredar sus bienes. 
Había muerto repentinamente de un ataque fulminante, los familiares ni
tardos ni perezosos la metieron en un ataúd 
blanco, que depositaron a la entrada del panteón, para dar las  gracias a los acompañantes. Fue cuando el
perro milagroso  empezó a ladrar y a
rascar  el ataúd, lo hacía con tanto
empeño que las personas  abrieron la tapa
y el perro saltó dentro de ella causando 
admiración entre los presentes; dio varios saltos sobre la muerta antes
que esta  resucitara y provocará  la desbandada de los presentes y el disgusto
de los familiares.

A partir del electrizante hecho, el perro milagroso fue
venerado y se le atribuyeron un sinfín de milagros; la gente le tomaba fotos y
la enmarcaba y colgaba en las paredes donde le rezaban a todas horas.

El perro Milagroso curó la tifoidea de un niño, masticando
yerbajos y vomitándolos sobre su boca, curó enfermedades y salvó el alma de
prostitutas, drogadictos, rufianes y sicarios que querían salvar su alma y
enmendar el camino. El pueblo envió una solicitud para que se santificara al
perro en vida, pero fue rechazada por el Vaticano. El final del Perro
milagroso, llegó, al ser apedreado brutalmente por infieles y pecadores, que aprovechando
que el animal se encontraba   en
pleno  celo, persiguió a una perra por
una vereda solitaria. Allí lo encontraron bajo el sol, inflado y lleno de
moscas. Se decretaron tres días de luto y al Perro Milagroso  se le lloró de manera inconsolable, se le
erigió una gran estatua, y en la entrada del pueblo, un hermoso arco con su
nombre.



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