viernes, 22 de julio de 2016

Las aventuras del Niño Vejiga







Vejiga  no fue más
allá del metro cuarenta y cinco de estatura,
su padre, alcohólico y drogadicto
no lo maltrataba, pero tampoco lo envío a la escuela ni  le llamó
la atención, cuando a los  diez
años empezó a fumar  tabaco y marihuana.
De cuerpo menudo, rostro oriental, labios apenas visibles en
una boca   abultada  como pintarrajeada de manera poco seria, en
una cabeza gris  también menuda; se
paseaba descalzo, exhibiéndose por las calles del  pueblo con
un enorme cigarro pegado a los labios. Andaba, arqueando los brazos  y la espalda,
pretendiendo verse intimidante, mas, solamente causaba risa a quienes lo
veían.


Vejiga era pequeño de la cabeza a los pies y su máxima
aspiración, era tener el reconocimiento de la gente que lo conocía.

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