jueves, 6 de octubre de 2016

EL TERCER OJO


Cuando me lo platicaron no lo quise creer, me dije que debía haber un engaño, una engañifa para sorprender tontos y ganar unos pesos como espectáculo de feria  de quinta categoría. Pero pudo más la curiosidad   y al otro día que descansaba le pedí a mi amigo que me llevara;  iba escéptico, con la idea metida en la cabeza de desenmascarar la treta y venirme satisfecho de saber que pude darme cuenta del truco.
Allí lo anunciaban sin rubor, en escandalosas mantas y carteles luminosos, donde un hombre a grito pelado invitaba  a  mirar de cerca al hombre con  un tercer ojo.
¡Venga, venga, venga!  -gritaba el merolico- ¡No se quede sin ver la maravilla del  único hombre con un tercer ojo en la frente!
¡Sinvergüenzas!,  pensé  indignado, eso no existe, un hombre con tres ojos es imposible. Pero con todo y ello pagué la cuota y me formé para irme acercando al supuesto portento natural. Antes de llegar saqué conclusiones y armé varias teorías, donde concluía que el tercer ojo, debía ser un pliegue profundo en la piel de la frente, cosa que se asemejaría a un ojo, sin tener nada, nada en lo absoluto con el delicado órgano ocular. Incluso ellos mismos  debieron cortar la frente para formar la rugosidad y semejara el maravilloso tercer ojo.
De pronto lo vi, un hombre que miraba con cierto desdén a sus observadores, y los miraba con sus tres ojos parpadeando, no pude quitar la mirada de ese ojo en la frente, se apreciaba tan perfecto y funcional que me quedé atónito.
Me le acerqué  asombrado, buscando descubrir  donde estaba el engaño de ese  ojo fantástico  en medio de la frente, justamente, arriba del entrecejo; el ojo me miró, moviéndose en su órbita ocular, me observó de tal forma que lo interpreté como de impaciencia o con el menosprecio con que algunas personas suelen  ver a los idiotas, pero no sólo me miró, también me torció el gesto y me sonrió despectivamente; eso lo supe perfectamente cuando me dirigió la palabra y me dijo de manera insolente: -¡Vienes con dudas y desconfianza!, vienes  buscando lo que  jamás encontrarás porque eres incapaz de creer. Pero yo te enseñaré a tener fe.
No recuerdo si me dijo que me acercara o con ese terrible tercer ojo doblegó mi voluntad  y  lo miré  con tanta atención  y tan cerca que pude ver la humedad del interior y las delicadas venas surcarlo dentro y fuera como si una hilandera mágica hubiera cosido sus partes.

Estaba preso de su voluntad, mi cuerpo y mi pensamiento no me pertenecían  y desde entonces aprendía creer,  y, no sólo eso, él puso algo en mí, y lo que puso en mí,  me quitó para siempre la arrogancia con que acostumbraba a mirar  a las personas. Ya no soy el mismo y vivo angustiado por lo que me quitó  o o  por lo que me dio, ahora lo busco, busco esa carpa del hombre del tercer ojo, pero ha desaparecido de la faz de la tierra, como si nunca hubiera existido.

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