martes, 23 de mayo de 2017

CUIDADOS PSICOLÓGICOS Y SOCIALES DEL ADULTO MAYOR


Introducción

Se ha demostrado que el control inadecuado de las enfermedades crónicas en la vejez, repercute negativamente en la funcionalidad física, mental y social, afectando la imagen que tiene el anciano de sí mismo y por consiguiente la autoestima, generando un círculo vicioso respecto al proceso de salud, enfermedad y bienestar.
Las causas de tipo psicosocial que afectan con mayor frecuencia a las personas con algún grado de dependencia son las pérdidas físicas, de estatus, exclusión o falta de oportunidades sociales, pérdida de autoridad, de autonomía, entre otras. Algunos ejemplos son:
  • Muerte del cónyuge o pérdida de los hijos. La muerte de alguno de los hijos o del cónyuge significa una pérdida muy significativa donde los sentimientos son devastadores.
  • La percepción de control en los ancianos. Los conceptos de autoeficacia y de percepción de control se encuentran estrechamente ligados y son los elementos más eficaces para afrontar problemas y circunstancias concretas. El control es concebido en función del grado de contingencia entre una respuesta y sus resultados, se refiere a la creencia que el sujeto tiene para disponer de la respuesta oportuna y adecuada que le permitirle influir sobre los aspectos aversivos de un suceso o una situación, para que la percepción de control sea efectiva no hay necesidad de que el control sea real o ejercitado, sino tan sólo de que el individuo crea poseerlo.
  • Pérdida de la autonomía y dependencia. Un anciano podrá tener sus funciones biológicas y cognitivas enlentecidas o mermadas, puede tener problemas de comprensión, de orientación, de elaboración de una respuesta coherente, etc., pero estos déficits no tienen por qué invalidarle totalmente para tomar decisiones autónomas.
  • Soledad y aislamiento. Resulta muy difícil para muchas personas el adaptarse a estar solos, sin embargo, para las personas adultas mayores resulta aún más difícil sobre todo cuando han perdido a su pareja o sus hijos que han fallecido o se han ido poco a poco del hogar.
  • Institucionalización. Con respecto a las personas adultas mayores que han sido institucionalizadas, se puede decir que la mayoría poseen una autoestima pobre, en comparación con la de los que viven con sus familiares, ya que tienen una mayor degradación y unas menores expectativas con respecto a su posible capacidad para enfrentarse con sus circunstancias y con el mundo exterior.
Un ejemplo de los motivos del descenso de la autoestima de los ancianos institucionalizados son los siguientes:
  • Disminuye el sentimiento de poder controlar sus propias vidas, ya que el internamiento presupone la pérdida de la independencia.
  • Interpretan la institucionalización como una demostración del rechazo y el abandono de sus familiares y la pérdida del papel social. Se enfrentan con la idea de su propia muerte, debido a que el traslado lo suelen ver como el último cambio que realizarán antes de morir, lo que genera miedo, hostilidad hacia su persona o hacia los demás.
    importante señalar que más que la institucionalización, inciden en la disminución de la autoestima otras variables secundarias como el tipo y las características de la institución, la calidad de la asistencia que en la misma se proporcione al anciano, o a las distintas vivencias biográficas y sociales que el anciano vive dentro de la institución.
  • Frustración por su trayectoria de vida. En ocasiones el adulto mayor ve en su vida pasada un mundo gris lleno de vacíos y con pocas satisfacciones, por lo tanto, la frustración de todas estas situaciones o experiencias le provoca no encontrarle un sentido a su existencia, un sentimiento de fracaso y de pérdida de identidad.
  • Jubilación. La jubilación constituye un cambio importante en el patrón de actividades, una reestructuración de la utilización del tiempo, una gama de asociados diarios. Es un proceso que conduce a su vez a otras pérdidas: de poder, de autonomía económica y del rol que venía ocupando dentro de la sociedad, es por eso que todo individuo debe prepararse anticipadamente a vivir este proceso de cambio en la vida, de otra manera provoca una situación de crisis.
Durante la jubilación se presentan las siguientes etapas:
  • Separación, que aparta al individuo o al grupo del antiguo estado.
  • Liminaridad o estado marginal respecto de una cultura social o cultural dada.
  • Reagregación al nuevo estado, este alejamiento deja un vacío muy importante en la identidad social de las personas y por tanto, de su autoestima.
De esta manera la jubilación no es el único problema que presenta el adulto mayor, algunos de ellos, ante la falta de ingresos o una pensión dependen del apoyo que les pueda dar la familia, sin embargo, no todos corren con la misma suerte pues muchos de los adultos mayores viven solos y por tanto, tienen que depender de ellos mismos.
  • Falta de participación familiar y social en la vejez. El adulto mayor muchas veces ya no participa en muchas actividades dentro de la familia o fuera de ella (en la sociedad) y esto le afecta en forma importante, ya que el no sentirse útil disminuye su autoestima.
El bienestar psicológico y el comportamiento adaptativo de la persona mayor serán, en gran parte, el resultado del grado de equilibrio entre los recursos psicológicos personales y las estructuras situacionales y de oportunidad ambiental. La conducta y la experiencia personal del anciano dependen de su interacción con el ambiente. Por tanto, actividad y participación van a ser los recursos adaptativos de la persona mayor en la interacción con el medio y estos recursos ayudan a mantener un bienestar psicológico y una mayor satisfacción con la vida.
  • Discriminación. Uno de los principales determinantes de la autoestima entre los ancianos, es el de etiquetarse así mismos como viejos de manera peyorativa, cosa que puede fácilmente deberse a las connotaciones negativas que éste término acostumbra a conllevar en nuestros días y en nuestro entorno (ver capítulo de viejismo).
  • Violencia. El maltrato se refiere a las acciones y omisiones, realizadas intencionada o negligentemente, que no tienen carácter de accidentalidad, y hacen referencia a daños físicos, psíquicos y/o económicos. Estas circunstancias conducen con frecuencia a una pérdida de la autoestima, a sentimientos de inferioridad cada vez mayores y a la esperable proximidad del fin de la vida, es decir, de la muerte.

5.2 ¿Qué puede hacer el cuidador/a?

Estrategias para mejorar o fortalecer la autoestima en la vejez

A continuación presentamos algunas estrategias para mejorar o fortalecer la autoestima en la vejez es necesario considerar los factores individuales y grupales que la determinan. Son de tipo multidimensional, por lo que se deben enmarcar en lo biológico, psicológico, social, cultural, ambiental, político, económico, familiar y comunitario. En este sentido, se deben establecer programas que consideren dicho enfoque multidimensional aunque sin descuidar los elementos individualizados.
Las estrategias para fortalecer o mejorar la autoestima que pueden ser utilizadas a nivel comunitario son: (i) planear metas a corto plazo, (ii) trabajar sobre la angustia y la ansiedad, (iii) fomentar la autonomía, (iv) permitirse dar y recibir afecto, y (v) aprender a perdonar. En este sentido, algunas acciones prácticas para mejorar la autoestima del anciano a nivel comunitario son: trabajar en el plano individual y grupal para que valore y disfrute la vida en su contexto sociocultural; se acepte a sí mismo; asuma su responsabilidad familiar y social; logre una autoafirmación; que viva con un propósito para un desarrollo personal y comunitario integral.

5.3 Recomendaciones

  • Debemos vigilar cambios en la conciencia
  • Vigilancia de los cambios en el estados de ánimo
  • Vigilancia sobre alteraciones del sueño.

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